Cómo conseguir que los economistas sirvan para algo

COUNCIL OF ECONOMIC ADVISORS, 'Really? -- I heard the same theory from MY barber.'

A los economistas nos encanta discutir sobre nuestro lugar en el mundo. Siendo muchos los que pensamos, como Tony Atkinson, que no tiene sentido ser economista si no es para ayudar a construir una sociedad y un orden internacional mejores, una de nuestras obsesiones es resultar útiles para las decisiones de políticas económicas. En mi caso, ya dejé claro en la motivación de este libro que esa inquietud fluctúa entre la segunda y la tercera posición de la lista de mis manías de cualquier tipo.

La influencia de los economistas en los debates públicos y en las decisiones de política económica varía entre países. Es bastante elevada en Estados Unidos y en el Reino Unido (al menos lo era antes del debate sobre Brexit) y escasa en Francia y España. Agnès Bénassy-Quéré, Olivier J. Blanchard y Jean Tirole, en una nota para el Consejo de Asesores Económicos francés, identifican los límites del conocimiento económico, las actitudes de los economistas, sus interacciones con las administraciones públicas y con los medios, y otras barreras que dificultan el buen uso del conocimiento económico… en Francia. A continuación resumo sus principales conclusiones y recomendaciones y mis opiniones sobre si son aplicables a la realidad española.

Las limitaciones…

Para empezar conviene definir (una vez más) de quiénes estamos hablando. Según Bénassy-Quéré, Blanchard y Tirole, un economista es quien “hace uso diario de sus aptitudes y conocimientos para comprender (o ayudar a otros a comprender) fenómenos económicos”. Al contrario que en otros oficios, no hay una certificación profesional que acredite tales aptitudes, conocimientos y dedicación. Por eso proliferan, en todos los ámbitos, personajes que “se presentan como economistas sin tener las cualificaciones necesarias para ello” (para los que he propuesto la denominación de econópatas).

Los economistas influyen en el proceso de decisión de políticas económicas por tres vías y en todas ellas de manera limitada. Una es su participación directa como gestores administrativos o, por ejemplo, miembros de gabinetes ministeriales o de bancos centrales (con mayor frecuencia, como “fontaneros” o “sherpas”, en la jerga endogámica, que como directores, gobernadores, ministros o presidentes de instituciones con competencias en materias económicas). En Francia esta participación es poco frecuente por el predominio en estas labores de cuerpos de funcionarios de élite, procedentes de su prestigiosa Escuela Nacional de Administración. En España ocurre algo similar, si bien aquí son los Técnicos Comerciales del Estado los que mayoritariamente ocupan esas posiciones.

Otra es la participación indirecta mediante contribuciones a comités de trabajo, consejos de asesores económicos u otros grupos de consultoría de las administraciones públicas. En Francia existe un consejo de asesores económicos de larga y excelente tradición, aunque no tanta como la del CEA de Estados Unidos, que parece resistir incluso a Trump. No obstante, la influencia de los economistas en este caso depende de la recepción que los políticos otorguen a los informes emitidos en el seno de este tipo de grupos de trabajo. En España no existe un consejo de asesores económicos como tal y tampoco parece haber mucha confianza en las recomendaciones de grupos de expertos nombrados ad hoc para informar sobre cuestiones económicas.

Finalmente, los economistas pueden influir difundiendo su conocimiento entre la clase política y la opinión pública. Pero para tal fin dependen de los medios de comunicación. En Francia, la investigación económica en los medios y los economistas académicos en las redes sociales, tienen menor presencia que en Alemania y, por supuesto, que en Estados Unidos. Sobre España no dispongo de datos fiables pero me aventuraría a conjeturar que ambas cosas son aun menores que en Francia.

Los economistas tenemos también mucha culpa de nuestra escasa influencia. Debemos mejorar a la hora de comunicar lo que sabemos, lo que no sabemos, y los conflictos de intereses e ideológicos que condicionan nuestras conclusiones y recomendaciones. También tenemos que explicar mejor en qué consiste nuestras ventajas comparativas: interpretar (bien) los datos, identificar relaciones económicas relevantes, y proporcionar argumentos completos que tengan en cuenta el comportamiento de todos los precios, las rentas y los mercados que condicionan la transmisión de los efectos de las medidas de política económica.

y algunas recomendaciones para superarlas

Esto es lo que Bénassy-Quéré, Blanchard y Tirole recomiendan para superar las limitaciones al buen uso del conocimiento económico en Francia.

A los economistas, en primer lugar, tres reglas de comportamiento ético: debatir sobre ideas, no sobre personas (evitar argumentos ad hominen); no decir nunca en público o escribir en informes para políticos o medios cualquier cosa que no estén dispuestos a defender frente a sus colegas; y nunca emitir opiniones sobre materias en las que su conocimiento sea demasiado vago. Las asociaciones profesionales de economistas deberían difundir estas buenas prácticas y obligar al cumplimiento de una carta ética que incluya la declaración de conflictos de intereses e ideológicos. Y todo ello ha de hacerse de manera transparente y accesible a la opinión publica y, en particular, a los medios de comunicación social. También recomiendan la constitución de paneles de expertos económicos que, actuando bajo estas normas éticas, sean consultados regularmente sobre cuestiones prácticas y proporcionen el consenso existente (o no) entre los economistas acerca de dichas cuestiones (como, por ejemplo, este panel)

A los políticos, perder el miedo a los economistas y establecer mecanismos regulares de comunicación con ellos. Por ejemplo, sería muy conveniente que hicieran un uso sistemático de equipos de investigadores para la evaluación de políticas públicas. También que en las administraciones públicas se abrieran más puestos de responsabilidad a profesores-investigadores y que se gestionaran las carreras individuales en estos puestos de una manera más transparente para que la movilidad entre las posiciones académicas y los puestos de responsabilidad de las Administraciones Públicas con competencias en políticas económicas pueda aumentar significativamente.

A los periodistas, adquirir mejor información (y formación) sobre las cuestiones económicas que difunden a la opinión publica. Dos medidas pueden resultar útiles a tal fin. Una es prestar mayor atención a índices de aptitudes y conocimientos de los economistas y a su cumplimiento de las normas éticas citadas anteriormente; otra es participar en seminarios y sesiones de formación sobre cuestiones económicas donde puedan interactuar más estrechamente con investigadores económicos acreditados.

También en España, todos (economistas, políticos y periodistas) deberíamos tener en cuenta estas recomendaciones muy seriamente y con urgencia.

Hay 14 comentarios
  • Buen post Juan,

    En este país creo que la única forma de hacer cambios significativos en esta dirección es meterse en política como Garicano y Toni y cambiar todo desde dentro. Es lo único que he visto que hayan conseguido grandes cosas como el pacto de investidura y avanzar en una economía del conocimiento.

    Ójala podamos veros a algunos de vosotros también dirigiendo programas económicos!

    Un saludo.

    • Fran,
      Gracias por el comentario. Hay que tener muchos arrestos para "meterse en política" y tampoco eso garantiza que puedas "cambiar todo desde dentro". Desde luego, mi ocupación preferida (que confieso en la página 75 de mi libro "Crecimiento y empleo") no es ni la de político ni la de asesor económico de políticos.
      Saludos.

  • Creo que lo que más tienden a saltarse los economistas (y algunos premios Nobel en particular) son los puntos de " no decir nunca en público o escribir en informes para políticos o medios cualquier cosa que no estén dispuestos a defender frente a sus colegas" y "nunca emitir opiniones sobre materias en las que su conocimiento sea demasiado vago"

    Stiglitz y Krugman se salen una y otra vez de sus campos de especialización, en una tradición inaugurada por Milton Friedman, que siempre parecía forzar los datos para tener la última respuesta a todos los temas.

    Yo añadiría que hay que sospechar siempre de los economistas de los que sabes la respuesta antes de formular la pregunta. ¿Qué va a decir Rallo sobre cualquier pregunta sobre la bondad del mercado? ¿qué contestará Sala i Martin sobre cualquier cuestión relacionada sobre las ventajas económicas de una Cataluña independiente? Lo sabemos todos a priori (curioso silencio al respecto entre sus colegas). Ninguna empiria les puede convencer de lo contrario de sus creencias subjetivas, a las que dan un barniz de ciencia mediante un descarado Cherry Picking.

    Hay esperanza. Empezando por usted, Jesus Fdez-Villaverde, Jose Luis Ferreira, y todo Nada es Gratis. Me gusta el cuidado en el argumento (con el que luego se puede estar o no de acuerdo) y el intento de no caer en explicaciones simplonas. Eso sí, seamos claros, salvo quizá Fdez-Villaverde, pisar callos y criticar argumentos d tótems cuesta. Debería hacerse.más.

    • Ramiro,
      Muchas gracias por tu comentario. Por lo que a mi respecta, mi objetivo no es pisar callos. Se trata de discutir de ideas, no de personas. Si no llego a discutir otros argumentos es por falta de conocimiento, teórico y empírico, no por falta de ganas.
      Saludos.

      • Que no se entienda mal el comentario, para nada hablo de atacar a la persona. Eso es sagrado. Me refiero a que por ejemplo si Sala i Marin hace un cherry picking demostrable por su ideología independentista, cuesta, por ser quién es (uno de los mejores economistas sin lugar a duda y autoridad mundial en cosas como la convergencia), decir las cosas claras y entrar en discusión. En ocasiones, creo que eso echa para atrás y no contribuye al debate: el miedo a plantear una discusión abierta con tótems de la profesión. Por supuesto, pisar callos (argumentales) no es el objetivo. Pero no debe ser un impedimento para entrar al fondo de las cuestiones, a eso me refería. Muchas gracias por la rápida contestación y la disposición a contarnos cosas, seguiré de cerca (como ya hago) las nuevas publicaciones.

        • Como editor de NeG, intentaré cumplir las tres normas éticas que se mencionan en la entrada. También haré lo posible por encontrar colaboradores con conocimiento suficiente para entrar a discutir aquellas cuestiones que se consideren relevantes en cada momento.

  • Es curioso porque uno no ve artículos sobre la utilidad de los médicos en las revistas de medicina o de los ingenierios en las revistas del ramo; sin embargo, entre los economistas esta es una reflexión recurrente (en NeG hay varias entradas sobre el tema). Lo bastante recurrente como para pensar que no se ha encontrado, aún, una respuesta satisfactoria.

    En la prueba del 9 de la utilidad profesional: la existencia de "clientes" (personas que acceden sin coacción a renunciar a parte de su utilidad a cambio de mis servicios), un observador imparcial tendria problemas para concluir "sin duda razonable" que los economistas son útiles (al menos comparados con abogados, fiscalistas, médicos, ingenieros ...). Incluso observaría una "corriente beligerante" contra la utilidad de la profesión en comentarios como los de Warren Buffett (que sí tiene "clientes"): "si tu empresa tiene un economista en plantilla tiene un economista más de los que necesita" o Peter Lynch cuando afirma "Quantitative analysis [at Wharton] taught me that the things I saw happening at Fidelity couldn't really be happening".

    En cualquier caso siempre me pone "tenso" el objetivo de "construir una sociedad y un orden internacional mejores", con esa misma intención se han justificado las mayores aberraciones en la historia de la humanidad.

    • Jose Pablo,
      Me parece que no has entendido el sentido de la entrada que va sobre la participación y la influencia de economistas académicos-investigadores en la formulación de políticas económicas. También me parece que el último párrafo de tu comentario es injusto e, incluso, irrespetuoso. Si piensas que no hay problemas sociales por resolver o que la mejor política económica es la que no existe, creo que la mayoría de las entradas de este blog te van a resultar aburridas y desencaminadas.
      Saludos.

  • La economía política (entiendo que es de la que se habla aquí, fundamentalmente) es útil como ciencia descriptiva, ordenadora de conceptos y generadora de algunas identidades que no son autoevidentes y resultan muy valiosas en la exposición de hechos sociales..

    Los trabajos que el Sr. Jimeno presenta aquí habitualmente son un ejemplo de lo anterior. Solamente un ignorante puede afirmar que esos trabajos son inútiles.

    Ahora bien, la economía política apenas es capaz de hacer predicciones y, por ende, no puede usarse como una herramienta infalible, capaz de dictar las políticas adecuadas en cada lugar y momento, apartando el simple sentido común o la "intuición del experto" (igual de falibles ambos, por cierto).

    En ese sentido, la economía hipermatematizada (pongamos por caso, casi todos los trabajos que han valido el premio del banco de Suecia -mal llamado Nobel- en los últimos 50 años) no es más que una gigantesca estafa intelectual. Las matemáticas son el reino de lo preciso, pero la economía pretende ser una ciencia fáctica. Si la precisión alcanzada en el papel no casa con la realidad, (y no casa, según evidencia empírica abrumadora), lo honrado sería admitir el fracaso.

    • Jaime,
      La entrada va del papel de los economistas en las políticas económicas, no de Economía Política. En cuanto al papel de las matemáticas en la economía, no se trata de utilizarlas o no, se trata de utilizarlas bien.
      Saludos.

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