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Los nuevos luditas y la falacia de los trabajos finitos

luddite

Hace 200 años los disturbios luditas en Inglaterra marcaban una de las mayores rebeliones contra el progreso tecnológico. El motivo: la mecanización del textil amenazaba con dejar (y dejó) sin empleo a miles de trabajadores. El mismo temor existe hoy ante la creciente incorporación de robots en el mercado laboral. Pero el rechazo a la automatización del trabajo está típicamente basado en una idea errónea: que en una economía hay un número finito de tareas por realizar, de modo que si automatizamos una parte de estas tareas los trabajadores desplazados no tienen nada más que hacer.

La semana que viene voy a impartir una serie de clases en el CaixaForum de Madrid en el marco de la Cátedra "La Caixa" Economía y Sociedad. En las clases hablaré de los efectos del cambio tecnológico en el empleo y en la desigualdad, y en particular discutiremos en qué medida están fundados los temores sobre una IV Revolución Industrial. Los lectores de NeG estáis todos invitados. En esta entrada os dejo con la discusión sobre la falacia descrita en el párrafo inicial.

150 años de progresos tecnológico

Si la teoría del trabajo finito fuera cierta, después de 150 años de progreso tecnológico acelerado tendríamos que esperar que hubiera hoy poca gente trabajando. Sin embargo, como vemos en las dos figuras de abajo, las tasas de empleo (fracción de gente trabajando) no han descendido lo más mínimo ni en el Reino Unido ni en España.

Nota: elaboración propia con datos del Bank of England
Nota: Elaboración propia con datos del Bank of England
Nota: elaboración propia con datos de Leandro Prados de la Escosura
Nota: elaboración propia con datos de Leandro Prados de la Escosura. Ver este post para una descripción de los datos.

El motivo de que las tasas de empleo no hayan caído secularmente es que la falacia del trabajo finito ignora cómo el cambio tecnológico genera nuevos empleos.

En primer lugar, la sustitución de trabajadores por máquinas requiere la construcción y programación de dichas máquinas, su mantenimiento, y distribución, y también la construcción de redes de energía o datos que las alimenten. Es decir: el progreso tecnológico genera nuevas industrias. Pocos de nuestros abuelos podrían haber imaginado que habría hoy gente ganándose la vida como community manager o especialista en ciberseguridad.

En segundo lugar, y más importante, no todas las ocupaciones se ven igualmente afectadas por el progresos técnico. Mientras que el número de trabajadores necesarios para producir un coche o una quilo de soja ha ido cayendo de forma imparable durante el siglo XX, el número de trabajadores necesarios para cuidar un bebé, tirar una caña, o tocar un concierto de rock ha permanecido más o menos invariable. Esto implica que el coste relativo del primer grupo de bienes cae relativamente respecto al segundo, o visto al revés, aumenta el valor de las actividades donde los seres humanos tienen su ventaja comparativa. Esta idea, que se debe a Baumol, es muy importante. Como los consumidores perciben que los coches y las cervezas son malos sustitutos (no quieren aumentar mucho el consumo de los primeros a expensas de las segundas), la bajada de precio de los coches se gasta en parte en aumentar el consumo de coches pero también en parte en salir a cenar más a menudo. Este efecto genera que se destruyan trabajos en automoción (un pequeño aumento de demanda de los hogares no compensa la sustitución de trabajadores por máquinas) y se creen en restauración (donde hay aumento de demanda sin mejora tecnológica). Dicho de otro modo: como la tecnología nos ayuda a producir unos bienes que nos gustan, la economía reasigna trabajadores hacia aquellos bienes que también nos gustan pero en los que la tecnología no nos regala nada.

Como el progreso tecnológico ha sido más rápido en la agricultura que en la industria, y más rápido en ésta que en los servicios, este argumento es consistente con los hechos estilizados de Kuznets-Maddison. A saber: a medida que una economía se desarrolla el empleo se desplaza primero de la agricultura a la industria y los servicios, y después de la industria a los servicios. Este patrón de reasignación del empleo lo vemos de forma clara en las dos Figuras siguientes para el Reino Unido y España (el argumento formal se puede seguir en este artículo, aunque existen también otras explicaciones para este patrón empírico,ver aquí y aquí).

Nota: elaboración propia con datos del Bank of England
Nota: elaboración propia con datos del Bank of England
Nota: elaboración propia con datos de Leandro Prados de la Escosura
Nota: elaboración propia con datos de Leandro Prados de la Escosura. Ver este post para una descripción de los datos.

Las últimas cuatro décadas

Acabamos de ver que el trabajo que se destruye en un sector se crea en otro. Coincidiendo con la entrada de los ordenadores al mundo laboral, disponemos de mejores datos para analizar qué tipo de trabajos se han destruido y que tipo de trabajos se han creado. Lo que ha sucedido desde los 80's es un fenómeno conocido como polarización del empleo (véase aqui y aqui), muy bien descrito en este post de Samuel.

Básicamente, lo que ha sucedido es que ha retrocedido el empleo en las ocupaciones basadas en tareas repetitivas y codificables, que es lo que los ordenadores hacen mejor que los humanos. Estas ocupaciones incluyen, por ejemplo, contables o empleados en cadenas de montaje.

En cambio, se ha creado empleo en (a) ocupaciones basadas en tareas manuales (entendidas como aquellas que requieren interacciones personales, adaptabilidad o reconocimiento visual) como cuidado de personas o preparación y servicio de comida, y (b) ocupaciones basadas en tareas abstractas (entendidas como aquellas que requieren resolución de problemas, intuición o capacidad de persuasión) como directivos o doctores. Las tareas manuales y abstractas requieren habilidades en las que los ordenadores han sido, hasta ahora, muy poco útiles. Pero esto podría cambiar rápido con el aprendizaje automático, que permite a los ordenadores aprender a hacer tareas por inferencia estadística basándose en millones de ejemplos en lugar de requerir un algoritmo previamente diseñado (ver esta entrada de Jesús para saber más de aprendizaje automático)

Comentarios finales

Naturalmente, reconocer la falacia en el argumento de los trabajos finitos no significa despreocuparse de las consecuencias sociales de la rápida automatización del trabajo. De hecho, hay motivos para preocuparse por las consecuencias del progreso tecnológico. Primero, a corto-medio plazo los trabajadores desempleados pueden tener problemas en encontrar nuevas ocupaciones si las cualificaciones necesarias en los nuevos empleos son muy distintas a las suyas (o si el mercado laboral funciona de forma poco eficiente). Y segundo, como sugiere la experiencia de las últimas cuatro décadas, las consecuencias del progreso tecnológico sobre la desigualdad de rentas laborales son potencialmente importantes.

El que quiera saber más sobre estos temas pude venir a clase.