¿Está causando desigualdad la globalización?

Esta entrada es la traducción de la aparecida en Mapping Ignorance hace unos meses. Se publica aquí con el permiso de los editores de ambos portales.

En un artículo de reciente publicación en el Journal of Economic Literature, Ravallion cuestiona la tesis de que la globalización ha sido una fuerza principal en la desigualdad. A pesar de que esa es la conclusión de dos libros de reciente publicación (este de Bourguignon y este de Milanovic), Ravallion argumenta que su interpretación de los datos no está bien deducida y que está en contradicción con la investigación económica. En esta entrada resumo su artículo.

Los patrones históricos que se identifican en ambos libros son los siguientes:

1. La desigualdad global (la desigualdad de ingresos relativa entre la población mundial) aumentó desde 1820 hasta 1990.

2. Este incremento se debió a diferentes procesos de crecimiento entre los países.

3. La desigualdad entre países se mantuvo o disminuyó durante la mayor parte de este periodo, con más intensidad en la segunda mitad del siglo 20.

4. Este patrón cambió hacia el final del siglo 20. La tendencia reciente muestra, por una parte, un decrecimiento de la desigualdad entre países que causa un descenso en la desigualdad global, y por la otra, un aumento en la desigualdad dentro de los países.

El cambio en el ingreso real en las últimas décadas tiene unas características peculiares. La gente más pobre ha visto unos incrementos muy pequeños en sus rentas. A medida que nos movemos desde la población más pobre hasta la gente en el percentil 60 observamos cada vez mayores ganancias de ingresos. A partir de este nivel hay un descenso drástico hasta casi cero ganancias en el percentil 80. Las cosas son mucho mejores para los últimos percentiles, los más ricos del mundo, aunque no ganan tanto como los del percentil 60. Todos estos cambios indican que la reducción de la desigualdad se debe al alto crecimiento del las rentas de la población alrededor de la mediana (pero no de los más pobres) y a una falta de crecimiento en la clase media alta (pero no en la clase más alta). Esta patrón en el cambio de la distribución de la renta tiene consecuencias a la hora de medir la desigualdad. Mientras que los índices más usados (Gini y Theil) muestran un descenso de la desigualdad, otros índices que son sensibles a la aversión hacia la desigualdad pueden mostrar un aumento de la desigualdad global cuando esta aversión es muy alta.

Si nos fijamos en la pobreza en lugar de en la desigualdad, los datos muestran un descenso muy grande en la reducción de la pobreza absoluta (del 36% al 19% en la población mundial), pero un progreso mucho menor en la reducción de la pobreza relativa y en la mejora de las condiciones de la población más pobre.

Una vez establecidos los datos, el reto es encontrar una explicación correcta. De acuerdo con Bourguignon y Milanovic uno debe apuntar a la globalización para encontrar la causa. La explicación sería la siguiente: gracias a la globalización los países en desarrollo incurren en menores costes de comercio y tienen mejor acceso a los mercados financieros. Al tener más oportunidades pueden acortar la distancia con los países más ricos, al menos en términos relativos. Al mismo tiempo, las clases trabajadoras en los países ricos sufren las consecuencias de la competencia que les llega del extranjero, mientras que las clases medias de los países en desarrollo ha sido las grandes beneficiadas de este proceso. Todo esto causa un incremento en la desigualdad dentro de cada país. ¿Es correcta esta interpretación? ¿Son la reasignación de los puestos de trabajo y de la actividad económica debida a la globalización la principal causa que explica los hechos observados?

Basado en los estudios más recientes, Ravallion sugiere que la respuesta a las cuestiones anteriores es negativa, puesto que muchas otras cosas han cambiado en las últimas décadas, además de la globalización:

1. El hundimiento hasta un crecimiento casi nulo alrededor del percentil 80 en la gráfica desaparece si se deja fuera a Japón y a los países de la antigua Unión Soviética (véase esta referencia de Corlett) El largo periodo de estagnación en Japón y el colapso de la URSS no pueden atribuirse a la globalización.

2. Las grandes innovaciones tecnológicas han incrementado las ganancias de los trabajadores cualificados y de los propietarios de capital.

3. Ha habido cambios significativos en las regulaciones económicas, sistemas de impuestos y en los beneficios sociales.

La apertura comercial es a menudo un predictor significativo de las tasas de crecimiento, pero no siempre, pues dependen de qué otros factores se incluyen en el análisis (p.e., véase este meta-análisis de las regresiones de crecimiento en Sala-i-Martin et al.). La mejor ilustración de todo esto es China, cuyos resultados económicos están detrás de los cambios mundiales en la desigualdad. En este país, el comercio ha desempeñado un papel importante para sostener sus tasas de crecimiento, pero estas hubieran sido mucho menores si no fuera por las reformas económicas de transición a una economía de mercado y de promoción del mercado interno.

Los efectos de la globalización en el crecimiento de las desigualdades entre países son también cuestionables. La desigualdad ha crecido en una mayoría de países en el mundo rico, pero no en todos ellos. En su libro, Bourguignon apunta al ejemplo de Francia, que ha evitado la marcada tendencia a la desigualdad que ha habido en el resto de países desde 1980. Francia no está sola entre los países de la OCDE; dependiendo del periodo de tiempo considerado (algo que puede llegar a importar mucho), también se encuentran caídas en la desigualdad en (por ejemplo) Bélgica, Grecia, Hungría y España (véase este informe de la OCDE). Los países en desarrollo muestran también mucha heterogeneidad, y en ellos se observa crecimientos en la desigualdad tan a menudo como disminuciones (Ravallion lo documenta aquí). En particular, la desigualdad parece disminuir en algunos países cuando se abren al comercio, pero parece aumentar en otros.

La hipótesis de la “U invertida” de Kuznets ha tenido mucha influencia en el pensamiento sobre políticas de desarrollo. Kuzntes argumenta que la desigualdad crece en los países pobres a medida que sus economías también crecen, debido a la urbanización; pero que a partir de un cierto punto esta desigualdad disminuirá. Sin embargo, esta hipótesis ha encontrado poco soporte empírico. A lo largo del tiempo, son pocos los países que han seguido el patrón marcado por la hipótesis de Kuznets, como se muestra aquí y aquí. Otra hipótesis, introducida por Milanovic, es la idea de lo que este autor llama “ondas Kuznets”, que comienza por asumir que las economías capitalistas tienden a aumentar la desigualdad y que, cuando esta es muy alta, hay una presión sobre los gobiernos para reducirla, pero no cuando la desigualdad ya es baja. Sin embargo, no hay una manera clara de probar esta hipótesis. Para empezar, la Gran Nivelación tras la Segunda Guerra Mundial ocurrió solo una vez y pudiera ser un periodo único en la Historia. Además, la hipótesis carece de poder de explicación en forma de un mecanismo que aumente y reduzca la desigualdad y que actúe de manera sincronizada en muchos países.

Si el capitalismo aumenta la desigualdad depende de las condiciones iniciales (incluida la distribución inicial de las dotaciones y de cómo de competitivos sean los mercados) y también de las políticas. Hay países con controles anteriores a las reformas que mantenían la desigualdad artificialmente alta, como ocurría en numerosos países de Latinoamérica. En otros países ocurría lo contrario, como en los casos de China y de la Unión Soviética. Las políticas reformistas para la liberalización económica pueden, entonces, resultar en una redistribución importante entre ricos y pobres, pero en direcciones opuestas en cada grupo de estos países. Las evidencias de que las liberalizaciones comerciales han disminuido las desigualdades pueden encontrarse aquí. Otras variables como el acceso a productos financieros o, tal vez más importante, el cambio tecnológico en sociedades distintas pueden muy bien ser fuerzas que expliquen los distintos patrones en la evolución de la desigualdad. Las políticas han sido importantes tanto para el crecimiento de los países pobres como para reducir la desigualdad entre países (p.e., los impuestos progresivos, las transferencias de renta y los salarios mínimos). Estas políticas pueden coexistir con una considerable integración global. A la globalización se le puede estar atribuyendo demasiados beneficios y, a la vez, acusándola de demasiadas cosas.

Hay 15 comentarios
  • Llamarme demagogo. Pero lo que ha supuesto entrar en el juego de la economía global, ha sido la incorporación de nuevos agentes y nuevas relaciones, que visto desde el prisma de la igualdad de oportunidades, ha supuesto un avance considerable. Pero ha generado, a su vez, un mayor aislamiento y marginalidad, de aquellos grupos humanos, que al no ambicionar más, "cuestionan" esas mismas reglas. Quedando excluidos y relegados hasta el punto de no poder optar más que a la mera supervivencia.

    • Jordi:

      El artículo que resumo en la entrada estudia los efectos de la globalización en la desigualdad en términos agregados. Para encontrar efectos negativos en algunos colectivos hace falta otro tipo de trabajo. Lo que dice este presente no es incompatible con que existan esos colectivos.

      Si aun así quieres incidir en ello estaría bien que (i) dejes claro que el comentario se aparta del tema de la entrada y que no contradice a nada de lo que en ella se expresa y (ii) aportes documentación sobre tus afirmaciones: ¿A qué colectivos te refieres? ¿Dónde está el diagnóstico que relaciona su mayor aislamiento con la globalización? ¿Cuántos son? ¿Cuánto es su mal?

      • Hola, José Luis. No niego el valor de los argumentos y razones debidamente documentadas. De hecho yo carezco de ellos, o en cualquier caso, me apoyo en el contenido de conversaciones informales mantenidas con personas migrantes en España. Aparte de estos testimonios humanos, que darían para hacer un trabajo de campo, tengo información a través de contactos en los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, que me constatan el aumento del flujo y la marginalidad de estos colectivos. Aparte de leer periódicos y ver telediarios, etc. Considero que es fundado aportar mi punto de vista en relación a la globalización. Aunque he de reconocer que el escenario que planteo, no pasa la prueba de la mera hipótesis, ya que carezco de la cualificación del especialista, en cualquier caso sirva mi visión para dar un punto humano, a un análisis técnico, que apenas tiene en cuenta aquello que no tiene cabida dentro de un muestreo, de lo meramente cuantificable, que incluso en este sentido, serían datos suceptibles de interpretación. De todas formas, he de darte la razón, voy a re-leerme el artículo con mayor atención para ceñirme a la línea de los argumentos propuestos. Un cordial saludo.

  • Se me ocurren tres cosas.

    1) ¿La globalización? Sin duda, las rentas de muchos trabajadores del mundo desarrollado se resienten por el déficit de demanda de bienes de consumo que "colocan" en el sistema los trabajadores infrarremunerados de los países en desarrollo. En otras palabras, la competencia de la que usted habla. El problema se arreglaría en un plazo más o menos largo cuando los salarios de aquellos países se equiparen a los nuestros, con crecimiento correspondiente de la demanda.

    2) Pero no es solo la globalización. Hay otra fuente de déficit de demanda (en este caso, no de bienes de consumo, pero sí de trabajadores): los aumentos de productividad debidos i) a la tecnología, ii) a la generalización mundial de la mentalidad moderna de racionalidad productiva. Creo que no tiene mucho sentido un estudio que no contemple los dos factores en conjunto.

    3) No estamos midiendo bien las rentas de las personas, pues no estamos detrayendo los "costes". (Véase mis comentarios al artículo de Julián Messina "¿Nos dejarán los robots sin empleo?") Si se midieran las rentas correctamente, sin duda se encontrarían resultados más preocupantes.

    • Sobre 1: No entiendo lo del "déficit de demanda". Creo que te estás refiriendo sin más a la competencia de los trabajadores de los países en desarrollo. Esta era la hipótesis que podría explicar o vaticinar un aumento de la desigualdad dentro de los países desarrollados. Los datos parecen indicar que esta hipótesis explica poco del aumento de la desigualdad. Esta es la idea en la que incide la entrada.

      Sobre 2: Por supuesto que hay que estudiarlo todo, pero en ciencia no puedes hacerlo todo a la vez,. Hay que buscar datos y experimentos naturales pertinentes a cada hipótesis e ir ganando conocimiento con la acumulación de pruebas. Aquí escribí sobre un survey que resumía la literatura sobre esto:

      https://mappingignorance.org/2014/02/21/causes-of-wage-inequality-trade-or-new-technologies/

      Sobre 3: No entiendo qué costes no se han detraído que tengan que ver con los robots.

      • 1. Me refiero a la competencia, sí, pero esta se produce por que los salarios allí son mucho más bajos. Desconozco si se han estudiado a fondo las causas de que crezcan tan despacio.

        2. De acuerdo. Pero ojo, no hablamos solo de las computadoras y los robots, tan de moda. Creo que el factor mentalidad tiene mucha más importancia.

        3. En mi diálogo con J. Messina explico lo de los "costes". No tengo espacio aquí para repetir el argumento, que es sencillo. No tienen que ver con los robots; son, simplemente, aquellos costes (dinerarios o no) a los que siempre debe hacer frente quien necesita trabajar para vivir. Que no sea fácil medirlos (en especial cuando son no dinerarios) no justifica en absoluto su omisión. La renta entendida como suma de ingresos es un indicador de bienestar útil para sociedades pobres (en las que merece la pena producir casi a cualquier coste), pero es manifiestamente insuficiente si se trata de las desarrolladas, en las que amplias posibilidades de ocio y hedonismo se abren ante un gran número de individuos.

        • Entiendo que lo que estás diciendo en 3 es que hay medidas de desigualdad que nos dirían que algunas sociedades son más desiguales que lo que nos parece con otras medidas. Puede ser. El artículo referido en la entrada toma dos tipos de medidas (las más usadas) como referencias. Sería interesante extenderlo a otras medidas, desde luego.

          • Cualquier ciencia empírica que se precie debe emplear las medidas más significativas, aunque no sean las más fáciles de obtener. Tratándose de rentas, habría que emplear rentas NETAS, es decir, rentas a las que se les hayan sustraído todos los COSTES, dinerarios o no.

            La salud de una empresa no la revelan sus ingresos, sino su beneficio y su rentabilidad. A nadie se le ocurriría omitir los costes. ¿Por qué no hacemos lo mismo con los individuos?.

            Ejemplo 1: comparación sincrónica. Pedro heredó un parquin en La Castellana, y gana X euros al mes de alquilar las plazas. Ana, después de estudiar durante décadas, y esforzarse duramente a diario, alquila su capacidad laboral por un salario de X euros al mes. ¿Perciben Pedro y Ana la misma renta REAL? No, la de Ana es más baja, porque sus costes son más altos.

            Ejemplo 2: comparación en el tiempo o diacrónica. En los años 80, Juan ganaba un salario de X euros al mes haciendo un trabajo para el que se le requirió poseer una titulación de grado medio. Hoy, el hijo de Juan gana un salario idéntico X (medido en euros constantes), con la diferencia de que, para acceder a su puesto de trabajo, ha necesitado una titulación superior y un máster, hablar inglés, saber informática, aceptar movilidad geográfica y desenvolverse en condiciones de inseguridad laboral. ¿Gozan Juan y su hijo de la misma renta REAL? No, la del hijo es más baja, porque sus costes son más altos.

            ¿Se puede hacer economía ignorando estas cosas?

            • Distintos índices miden distintas cosas. Cada estudio se centrará en algunos pocos de esos índices por razones obvias. Propones usar nuevas medidas de desigualdad. Me parece bien, pero no es para decir que no tengan sentido las otras.

            • ¿se puede hacer economía considerando esas cosas?. Porque a lo mejor Ana hizo como yo y se graduó jugando al mus en la cafetería a diario (que debió ser frecuente porque no siempre era fácil encontrar mesa) y agarrando unas curdas monumentales los Sábados (tradición que debe seguir existiendo a juzgar por lo que se ve paseando por Moncloa cualquier fin de semana).

              Y a lo mejor Pedro heredó el parking de un padre alcohólico que le zurraba al llegar a casa y que le causó un daño sicológico irreparable que sin duda habrá que tener en cuenta en "sus costes".

              Y Juan vino de la aldea a un suburbio urbano de mala muerte de los de la España de los 50s donde sufrió marginación y desarraigo mientras que su hijo viajaba en avión a la "movilidad geográfica" de sus cursos de inglés en Escocia o en ferrocarril en el "Interra" de sus veranos.

              No sé yo ....

  • El autor de la entrada ha interrogado al primer comentarista y me gustaría emplear el mismo estilo.

    "Otras variables como ... (la más importante) el cambio tecnológico en sociedades distintas pueden muy bien ser fuerzas que expliquen los distintos patrones en la evolución de la desigualdad"

    Esto exactamente qué quiere decir? Se puede cuantificar? Cuánto explica "el cambio tecnológico en sociedades distintas" las diferencias de desigualdad entre Francia y España, por ejemplo?

      • Muchas gracias por el link. Si entiendo bien, casi todos estos modelos explican la desigualdad por el diferente skill-biased technological change de diferentes naciones provocado en último término por la liberalización del comercio. Es así? En tu entrada, cuando te refieres a “el cambio tecnológico en sociedades distintas” como la “variable tal vez más importante” para explicar la desigualdad he entendido que esta variable era de algún modo independiente de la liberalización del comercio.

  • José Luis, gracias por la reseña descriptiva del artículo de Ravallion, a su vez una reseña crítica de los libros de Bourguignon y Milanovic. La lectura del artículo de Ravallion me trajo el recuerdo de los debates de los años 70 cuando se originó la nueva línea de análisis empírico lanzada por Hollis Chenery y su equipo en el Banco Mundial, con la participación de centros de varios países (incluyendo la CEPAL, a nivel regional en AL). En esos años no se hablaba de economía global y no se anticipaba un proceso de globalización. La preocupación de los “ingenieros sociales” era la pobreza, no la distribución de ingreso. McNamara pedía a Chenery nuevas políticas para reducir la pobreza y la urgencia hacía conveniente centrarse en la ayuda directa a los pobres, como complementarias a las políticas que los gobiernos nacionales tuvieran para acelerar el crecimiento —pero no había atajos: los diagnósticos y las políticas tomaron buen tiempo y su ejecución dejó en evidencia sus deficiencias. A principios de los años 80, el retiro de Chenery coincidió con un reconocimiento de esas deficiencias y con la urgencia de recuperar (ya no acelerar) el crecimiento económico de los gobiernos prestatarios del Banco, pero el Banco mantuvo su apoyo a las bases de datos ya disponibles y también a su expansión (algo que entiendo se acentuó a partir de 2000, cuando el Banco comenzó a perder importancia como intermediario financiero).

  • Hago referencia a ese origen de los estudios sobre pobreza y distribución de ingreso como base para la ingeniería social por dos motivos. Primero, para dejar claro que los estudios de hoy día poco tienen que ver con el interés en explicar (digamos científicamente) la historia de la distribución del ingreso a nivel de estado-nación y menos a nivel “global”. Esta explicación es una tarea distinta, propia de economistas académicos no de ingenieros sociales, y requiere un análisis distinto que, entre otras cosas, incluya la política y el gobierno (los gobiernos si el análisis se refiere a la economía global) y que no he visto se haya intentado (si usted tiene alguna referencia se la agradeceré).

    Segundo, para entender diferencias “epistemológicas” entre la investigación científica y los estudios de ingeniería social —la primera buscando regularidades en la historia de la humanidad, la segunda buscando circunstancias relevantes en esa historia. Estas diferencias permitirían considerar "la ansiedad genealógica” de nuestras creencias a que se refiere la filósofa A. Srinivasan en
    http://www.law.nyu.edu/sites/default/files/upload_documents/Srinivasan%20-%20On%20Genealogy%20-%20NYU%20%28003%29.pdf
    que le recomiendo leer dado su interés en las relaciones entre filosofía y economía.

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