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Una mirada a los efectos de la política fiscal a través del balance financiero de los hogares

La crítica de Lucas se tragó como un Saturno el antiguo paradigma keynesiano y lo escupió convertido en la Nueva Economía Keynesiana. Sin embargo, pese a los más de cuarenta años transcurridos desde lo que parecía el derrumbe definitivo de un modo de respaldar la política económica, las propuestas fiscales inspiradas directamente en los viejos modelos keynesianos siguen recibiendo no poco apoyo entre algunos académicos y partidos políticos. ¿Cómo es esto posible?

Una explicación puede ser que algunos académicos y partidos políticos no entiendan la idea del multiplicador fiscal. También cabría la posibilidad de que reconocieran la complejidad de las relaciones causa-efecto en materia fiscal y que, por lo tanto, recurrieran al argumento de que “como nada está claro vale cualquier cosa” (comportamiento muy frecuente en la clase política y también entre algunos académicos diletantes). O, tal vez, es que los modelos englobados bajo la Nueva Economía Keynesiana (y mucho más los modelos en los que las fricciones nominales y reales no existen) han tenido verdaderos problemas en proporcionar respuestas del consumo tras una perturbación fiscal que sean consistentes con mucha de la evidencia empírica disponible.

Relacionado con esto último, la reciente crisis financiera propició que la macroeconomía dirigiera su mirada hacia la heterogeneidad en los aspectos financieros de los hogares, y a preguntarse sobre la importancia que estos canales financieros tienen en el consumo y en la transmisión de los efectos de la política fiscal. Así pues, parte de la profesión se ha puesto a bucear en los balances de los hogares como una forma de avanzar, sin abandonar la idea de que la crítica de Lucas ha debido de servir para algo, en el conocimiento de la realidad macroeconómica (el lector interesado puede encontrar ejemplos relevantes, entre otros, aquí, aquí, aquí y aquí).

En un trabajo reciente (Andrés, Boscá, Ferri y Fuentes-Albero, 2018) utilizamos microdatos  del Panel Study of Income Dynamics (PSID) de Estados Unidos para identificar seis tipos de hogares en función de la composición de sus balances financieros. Nuestra propuesta es la de dividir la población entre hogares pacientes e impacientes, e indagar dentro de los impacientes para clasificarlos en función de sus activos, pasivos y de las restricciones financieras: tenencia o no de vivienda, mayor o menor acceso al crédito hipotecario, o endeudamiento en base a tarjetas de crédito. Los resultados de este ejercicio empírico se utilizan posteriormente en un modelo de equilibrio general con seis agentes representativos que se asemejan a los observados en el PSID, y que de forma aislada han tenido algún protagonismo en la literatura. Nuestro objetivo es establecer la relevancia de los canales relacionados con los balances de los hogares en los efectos de cambios en el gasto público. A continuación se hace un resumen de los resultados:

i) En la distribución del total de la riqueza se observa que cuatro de los seis tipos de hogares se concentran alrededor de la mediana, lo que apunta a que basar la heterogeneidad de los hogares en una mera distribución de la riqueza supone no captar otras importantes fuentes de heterogeneidad relacionadas con los balances financieros. Por el contrario, en el extremo superior del 10 por cien de la riqueza sólo aparecen hogares pacientes consistentes con comportamientos ahorradores.

ii) Existe un claro desacoplamiento entre la distribución de la riqueza y la de la renta. Por ejemplo, un 32 por cien de los hogares en el extremo inferior del 10 por cien de la distribución del ingreso son hogares pacientes. Esto indica que la estrategia de identificación empleada permite separar a los hogares en relación con su actitud hacia el ahorro, y no tanto por las restricciones de liquidez impuestas por el nivel de renta.

iii) El análisis de la evolución de los pesos de los distintos tipos de hogares en la población total muestra que éstos permanecieron muy estables hasta el año 2007, año en el que, coincidiendo con el inicio de la crisis financiera, el peso de los hogares ahorradores empezó rápidamente a declinar, a la vez que aumentaba el porcentaje de hogares endeudados sin activos.

iv) Nuestro modelo teórico indica que cada uno de los tipos de hogares identificados tiene una respuesta de consumo diferenciada ante un aumento del gasto público. La distinta composición de activos y pasivos, así como la capacidad de acceso al crédito configuran en última instancia la respuesta del consumo a la política fiscal de los diferentes tipos de hogares.

v) Si nutrimos nuestro modelo con los cambios observados en la composición por tipos de hogares de la población, obtenemos un aumento a lo largo del tiempo en el valor del multiplicador (de impacto) del gasto público sobre el PIB, el consumo, y las horas trabajadas. Sin embargo, nuestros resultados muestran una reducción en el multiplicador sobre el empleo en las fases más duras de la crisis, consistente con la evidencia empírica reciente.

vi) El modelo genera una correlación positiva entre la desigualdad en riqueza del modelo y el valor del multiplicador sobre el PIB. A su vez, la correlación temporal entre el índice de Gini simulado con el modelo y el que se deduce de los datos del PSID es muy elevada.

vii) En términos normativos, los resultados de las simulaciones apuntan a que las políticas de austeridad basadas en reducciones del gasto público tienen un efecto muy negativo sobre el bienestar de los hogares con menor riqueza financiera.

En conclusión, lo que los resultados anteriores ponen de manifiesto es que un mayor cuidado en los detalles de los balances de los hogares es imprescindible para analizar y predecir con modelos macroeconómicos los diversos efectos de la política fiscal. Nuestro trabajo es un primer paso en esta dirección utilizando un marco teórico de agente representativo múltiple. La literatura reciente apunta también a las ventajas de construir modelos en un entorno de agentes completamente heterogéneos, con dinámicas endógenas de transición entre los diferentes grupos. El objetivo es conseguir un nivel cero de excusas para continuar anclando las propuestas fiscales en los viejos modelos keynesianos.