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De subvenciones encubiertas y resistencia a las reformas

por Gerard Llobet el 29/11/2014

Muchas de las reformas que requiere este país consisten en introducir competencia y reducir las restricciones a la entrada en muchos mercados. Es por ello que cualquier iniciativa que vaya en esa dirección es especialmente bienvenida. Estos días hemos sido testigos de la implementación de una reforma que podría haber ido en esa dirección. Lo interesante, sin embargo, es como los antiguos beneficiarios han articulado un mensaje afirmando que como la reforma ha conseguido el objetivo deseado el cambio no solo es injusto con ellos sino también malo para el país. Y lo peor es que su presión ha conseguido el objetivo deseado.

¿A qué me refiero? La semana pasada se celebró la primera subasta de interrumpibilidad eléctrica (aquí está la publicación del BOE). Como parte del funcionamiento del mercado el gestor del mercado eléctrico, Red Eléctrica Española, debe garantizar que la demanda no supere la oferta y así evitar apagones. Una manera de hacerlo es, cuando se generan picos de demanda, solicitar que algunos grandes consumidores reduzcan temporalmente su uso de la electricidad. En particular, se compraba de algunos consumidores el derecho a poder reducir su consumo durante el año según las necesidades a un precio fijo. Este sistema ha sido criticado por la Unión Europea como una ayuda encubierta de Estado, al beneficiar a algunos consumidores con un precio que no refleja el valor del servicio que se estaba comprando a las empresas. Tema aparte sería entender porque este tipo de ayudas de Estado (aunque con formas más sutiles) pudiera estar sucediendo en otros países europeos y no se ha ido contra ellos.

A pesar de que la reforma eléctrica ha sido en España un ejemplo de chapuza e improvisación que hemos criticado en varias ocasiones en este blog (aquí, aquí o aquí), el asignar los derechos de interrumpibilidad mediante subasta es sin duda un progreso. Las empresas interesadas podían pujar por el precio al cual estarían dispuestas a ceder el derecho a que su servicio se viera interrumpido durante el año 2015. El diseño de la subasta era como mínimo curioso, dado que consistía en ofrecer 9 lotes 90MW y otros 238 de 5MW de manera secuencial, cual subasta de atunes en el mercado de Tsujiki. No se que propiedades deseables tiene este tipo de subastas (comparado con una subasta simultánea simple) pero es sin duda una mejora substancial con respecto al anterior sistema.

Como resultado de esta subasta se habría reducido notablemente el importe a pagar por este concepto (y que, no olvidemos, indirectamente estamos pagando todos en nuestra factura de la luz) de 550 millones de euros al año a unos 350. Sin embargo, las empresas “afectadas”, tal y como reflejan algunos medios de comunicación, han calificado el resultado de esta subasta como un “desastre” porque se ha encarecido el coste de su electricidad. Es decir, parte de la subvención que recibían anteriormente mediante la compra de derechos a precio fijo se ha diluido debido a la competencia y con ello han aumentado sus costes.

La explicación de la supuesta injusticia que ha llevado a una disminución de sus ingresos es como mínimo sorprendente. Se habla de que el precio cayó porque “nuevos entrantes han hundido el precio” o “aquellos para los que los costes energéticos no son relevantes han aceptado cualquier precio”. Este tipo de comentarios son precisamente un síntoma de que la subasta ha funcionado. El objetivo era precisamente obtener los derechos de aquellas empresas para las que interrumpir el servicio generara un coste menor y, mediante la competencia, que estos derechos se cedieran de la manera que minimizara el coste para el Estado de hacerlo.

Sin embargo, el hecho de que las empresas beneficiadas anteriormente quieran hacer pasar este cambio como una injusticia (y los medios de comunicación lo hayan comprado) es un reflejo de la extraña manera que algunos entienden el funcionamiento de una economía. Bajo el sistema anterior la interrumpibilidad era únicamente la excusa para que algunas empresas recibieran un subsidio, poniendo de manifiesto que las objeciones de la Unión Europea eran fundadas. Con la subasta se ha abierto el acceso a otras empresas, promoviendo la competencia y una asignación más eficiente de los derechos.  Como resultado, los consumidores pagaremos menos y se reducirá la distorsión sobre la competencia entre las empresas que recibían compensación y las que no. Pero los "afectados" no intentan cuestionar esto, sino que se quejan porque como el nuevo sistema está pagando a empresas para las que la interrumpibilidad tiene un menor coste, ellas se han quedado fuera.

Esto podría haber sido el final feliz de la historia pero este país siempre nos depara nuevas decepciones. Algunos de los "afectados" han anunciado su intención de cerrar plantas de producción en España y han relacionado esta decisión a que no han recibido la subvención deseada, aunque parece que también tiene que ver con que sus plantas utilizaban una tecnología antigua que ya no era eficiente sin subsidios. Aparentemente,  su presión ha llevado al Ministro de Industria a rectificar, después de su acertada resistencia inicial, y comprometerse a que los 200 millones que las empresas no iban a cobrar debido a la subasta se asignen en una segunda ronda. Así que parece que, después de todo, el capitalismo castizo goza de la buena salud de siempre.

Evidentemente, este despropósito no es excusa para olvidar que en España tenemos un importante problema con el mercado energético. Las malas decisiones de política energética de los últimos 15 años (ver, por ejemplo, la información reciente sobre los CTCs) han encarecido el coste de la electricidad, reduciendo gravemente la competitividad de las empresas españolas. Este es el problema de primer orden y no que se intente utilizar un mecanismo pensado para gestionar la interrumpibilidad del sistema como una manera de... gestionar la interrumpibilidad del sistema.

@gllobet

Gonzalo García Abad noviembre 29, 2014 a las 09:30

Gran artículo. Me parece muy inquietante que muchas empresas industriales, y no industriales, sobrevivan en España gracias a los beneficios que les otorgan las decisiones políticas. Por ejemplo, muchas subvenciones, deducciones de impuestos, exenciones, tipos de gravamen reducidos o cualquier otro tipo de beneficio que se dice que se dirige al consumidor termina trasladándose a las empresas, por ejemplo por una oferta bastante inelástica, sin que muchos ciudadanos piensen siquiera quién acaba siendo el beneficiario de esa política. Lo mismo se puede decir, por ejemplo, de muchas obras públicas, que benefician a empresas concretas. Siempre que sea más barato, y otorgue más beneficios, organizar grupos de presión para obtener medidas favorables que innovar, ¿por qué van a innovar la empresas españolas? Me da la sensación de que se crea una especie de burbuja donde se invierte por la medida favorable, se obtiene un beneficio, que otorga mayor tamaño y poder de presión que se acaba trasladando en nuevas medidas.

Y no olvidemos que esos menores costes de las empresas españolas se transforman en un precio más competitivo internacionalmente que desplaza una cierta producción de otros países, muchas veces de la UE, hacia España. Si todos los países de la UE lo hacen sistemáticamente, estamos creando barreras encubiertas al intercambio provenientes de decisiones políticas que, por desgracia, creo que son uno de los grandes caballos de batalla de la UE. ¿Cómo se podría resolver?

Un cordial saludo.

Daniel Garcia noviembre 29, 2014 a las 11:03

Felicidades por el artículo! Cuando leí la noticia recogida en la prensa asturiana (caso Alcoa) creí que el día de los Inocentes había llegado.

Greg noviembre 29, 2014 a las 12:06

Buen ejemplo. Claramente la comisión europea tenía razón y había una subvención encubierta porque el precio bajó.

Hay un ejemplo mucho más políticamente incorrecto: el IVA cultural. Hacer que los consumidores de películas paguen el mismo IVA que soportan la gran mayoría de bienes y servicios vendidos en España se ha presentado como un ultraje contra la cultura y como un intento de ponernos al borde del abismo del salvajismo e ignorancia para siempre. Nunca mejor dicho: nos han vendido una película.

El PSOE ha prometido que cuando gobiernen, bajarán el IVA cultural al 5% — casi equiparando digamos “Rec 4 Apocalypse” o la próxima película norteamericana de súper héroes a la comida de primera necesidad, los medicamentos y los libros. Puesto que los medios de comunicación están también muy interesados en el tema, casi no hay debate a favor del concepto del mismo IVA para todos para poder pagar los servicios públicos para todos.

LuisBravo noviembre 29, 2014 a las 16:15

Para entender el sistema eléctrico en España,

incluidas subidas de la luz

y políticos PPSOe en eléctricas,

es recomendable ver el informativo “Apaga y Vámonos”:

http://www.youtube.com/watch?v=4IBkqrtN1Fs

Ramón García noviembre 29, 2014 a las 18:00

Muy, muy buen artículo. Muchas gracias Gerard.

Joan Vila noviembre 29, 2014 a las 19:24

Buen artículo. Está bien ser transparente y eliminar la interruptibilidad si no es necesaria, pero habrá que encontrar una solución a los costes eléctricos para los grandes consumidores. La amenaza de irse no es ningún farol, pues en los países vecinos también subvencionan este escalón consumidor.

Gerard Llobet noviembre 29, 2014 a las 19:42

Joan,
Estoy de acuerdo con lo que mencionas. Como decía en mi entrada, en este caso confluyen dos problemas adicionales. Primero, el hecho de que en otros países el precio de energía para estos grandes consumidores esté subvencionado. Segundo, que España tenga uno de los costes de la electricidad más altos de Europa (para todos los consumidores).
La respuesta a ambos problemas no pasa ni por hacer una subasta-farsa ni por seguir subvencionando a según qué empresas.

Jorge Bielsa noviembre 30, 2014 a las 02:11

Pues claro que pueden amenazar y claro que es un problema. Pero no se pueden mezclar las cosas porque así no hay forma de aclararse.
Una cosa es la interrumpibilidad (vaya palabro) que permite no tener que dotar a toda la red de una potencia para las puntas de demanda, y otra cosa es si el precio que finalmente pagan las empresas podría ser menor si el mercado eléctrico se ajustase más a lo que sería un mercado.
El precio de mercado de la interrumpibilidad baja por la sencilla razón de que la potencia instalada se corresponde con unas expectativas de consumo eléctrico que hubo cuando parecía que nos íbamos a comer el mundo. Luego ha resultado que no nos lo hemos comido y lo más normal es lo que ha ocurrido, Incluso puede que aún se haya quedado alto el precio final. Si no fuera porque hay que tener en cuenta la distribución geográfica de ofertas y demandas (la electricidad no se mueve en el vacío y sin pérdidas), no existe necesidad agregada de “interrumpibilidad”.
Si eso se solapa con la competitividad de las empresas o con otras cosas, lo único que hacemos es enredar más la madeja; cosa que le encanta a la gente que trata de que no se aclare la factura eléctrica. Si la interrumpibilidad estaba tapando un problema de precios altos a las industrias, háblese de éso; pero no tapemos lo uno con lo otro.
La entrada me parece excelente y más que oportuna.

Manu Oquendo noviembre 29, 2014 a las 21:28

Muchas gracias por el artículo.

Hoy día, cada vez que escucho hablar de competencia –algo con lo que toda la vida he estado, en abstracto y en la práctica, muy de acuerdo– me vienen a la memoria la Guerra del Opio y unas cuantas otras “guerras” cuyo objetivo aparente era garantizar la libertad de comercio…del más fuerte.

Un ejemplo parecido al de la energía es el del agua con la que hoy regamos el secano para cultivar maíz para el ganado. La subvencionamos en su mayor parte los “urbanitas” y no nos quejamos a la UE ni al WTO.

Se entiende mal que cosas tan abundantes en este planeta como la energía y el agua sean tan astronómicamente caras. Ya sabemos que el negocio es generar “escasez”. Pero, ¿tanta?

Y es que cuando miramos a los costes vemos que son Fiscales y Políticos y por encima del 75% del coste-producto. Amén de unos sistemas de facturación que exacerban vía “progresividades” y otras trampas (mínimos de consumo) la “Extractividad” al ciudadano normal.

Otro asunto que no solemos mirar cuando hablamos de competencia son las Externalidades. Muchas innovaciones productivas generan externalidades. Efectos sociales negativos que no soporta el agente innovador. Por ejemplo el subsidio de desempleo y otros.

Por ello cuando leo artículos como el de Gerard, estando de acuerdo, me prometo abordar el asunto desde una perspectiva que incluya la Escasez Forzada y las Externalidades que debemos financiar con deuda porque el sistema productivo se extingue.
¿Está el juguete a punto de romperse?
Saludos

EB noviembre 30, 2014 a las 15:04

Hola Manu,

Por afirmaciones suyas en comentarios a posts de varios blogs, no me sorprendió su afirmación sobre la extinción del sistema productivo. Sí, por supuesto, eso podría ocurrir porque los bárbaros están siempre amenazando. Los bárbaros están dentro y fuera de las fronteras que tracemos, pero hace diferencia si nuestro territorio es pequeño o grande. Hoy más que nunca esa destrucción difícilmente se concrete, excepto en territorios muy pequeños y más por emigración que por presión de los bárbaros. Si algo nos dejaron Mao y los Soviéticos es que no importa el costo que unos pocos bárbaros estén dispuestos a pagar para que sus naciones limiten su producción y la condicionen a sus caprichos, la reacción de sus pueblos los detendrá. Si hoy los Castro y otros bárbaros insisten en el poder total al costo de la miseria de sus pueblos es por la complicidad cobarde de extranjeros que los mantienen (algo que los cobardes no pudieron hacer en China y la Unión Soviética). Siempre doy gracias a Deng Xiaoping por haberme dado la oportunidad de trabajar como asesor en China cuando dijo basta.

Aunque España difícilmente volverá a crecer, más por razones demográficas y culturales que por la institucionalidad de su política y gobierno, no hay razón para anticipar una caída fuerte en la producción. Esa institucionalidad incentiva la elección de inútiles y corruptos pero les pone límites que no se atreven a pasar (mi larga experiencia en LA me permite tener confianza en que así es).

golpedefecto noviembre 30, 2014 a las 08:00

Gracias por el artículo. Sin embargo, creo que el tema es más complejo que el planteado aquí. Me resulta sorprendente que la interrumpibilidad sea necesaria cuando en el momento de máxima demanda anual se ha utilizado aproximadamente el 40% de la potencia instalada. Quizá sea por una mala planificación en que se ha potenciado excesivamente la potencia instalada renovable.
Este incremento de potencia renovable, conjuntamente con otros parámetros, ha dado lugar a que la parte fija de la factura se incremente considerablemente, dando lugar a un incremento de costes importante en los sectores intensivos en energía que pueden afectar a su competitividad y por tanto al mantenimiento de empleo.
Por tanto los costes de interrumpibilidad pueden considerarse una subvención encubierta, pero podría ser innecesarios si los costes de electricidad no se hubieran incrementado de forma desproporcionada como consecuencia de una mala estrategia en la configuración del mix eléctrico.

Jorge Bielsa noviembre 30, 2014 a las 18:18

@golpedefecto.
En mi comentario de arriba señalo una explicación a tu sorpresa de la utilización máxima del 40 % de la potencia instalada. Te lo explico con un ejemplo: un pico de demanda en Benidorm por aire acondicionado en plena campaña turística difícilmente puede resolverse con una central de ciclo combinado instalada en La Coruña. Aún así, es cierto que hay tanta potencia instalada de más que es muy poco probable que haya apagones locales (razón de más para abaratar la interrumpibilidad al bajar la probabilidad de incurrir en los costes por parte de los que contratan ese servicio).
Y eso de identificar el exceso de potencia con la energía renovable y de ahí pasar a la parte fija de la factura es otra de las simplificaciones que circulan por ahí.
La potencia renovable se instaló porque teníamos (y tenemos) que cumplir con un compromiso de emisiones de CO2, porque se consideó estratégico (y luego se ha pasado a considerar como el coco) y porque, como se está viendo ahora claramente, produce la electricidad más barato. Si quieres encontrar aumentos de potencia recientes y no necesarios, échale un vistazo a las centrales de ciclo combinado. Además, determinadas centrales nucleares se tenían que ir cerrando (o eso era lo que habíamos quedado). Todo es muy complejo, pero casi ningún razonamiento es neutro.

Manu Oquendo diciembre 1, 2014 a las 15:27

Oportuno el artículo. Y premonitorio.
Alcoa anuncia un despido colectivo en las plantas de Avilés y A Coruña
Agencia EFEAgencia EFE – .
Avilés, 1 dic (EFE).- La multinacional del aluminio Alcoa ha hecho entrega hoy a los representantes sindicales de una carta en la que expresa su intención de aplicar un despido colectivo en las fábricas de Avilés y A Coruña, que atribuye a la imposibilidad de acceder a una energía a precios competitivos.
Donde no hay mata…..

Escotero diciembre 3, 2014 a las 23:48

Confieso, soy coruñés, nacido justo en frente a la playa de Riazor a menos de 300 metros del estadio. No tengo ningún tipo de relación directa con Alcoa, la tuve. Hace ya más de treinta años un primo carnal mio trabajó en la factoría de San Cibrao cuando aún era de INESPAL.
Por otra parte, entiendo – creo – y comparto en gran medida el sentido del post del Sr. Llobet. Agradecería una reflexión sobre la siguiente noticia: http://www.expansion.com/2014/12/02/pais-vasco/1417515677.html

Gerard Llobet diciembre 4, 2014 a las 09:48

No hay mucho que reflexionar. La regulación del mercado energético no es de país serio.

Escotero diciembre 4, 2014 a las 22:01

¿Hay algo en este país que sea serio? Cada día tengo más, perdón, menos dudas.

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