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La Salud Mental de los Estudiantes de Doctorado en Economía

La semana pasada se celebró en Madrid el Simposio de la Asociación Española de Economía. Una de las actividades principales de este congreso es articular la posibilidad de que muchas universidades entrevisten a estudiantes de doctorado en economía con el objetivo de buscar a los mejores candidatos que puedan cubrir sus plazas de profesores. Éste, sin embargo, es solo uno de los mercados que existen en Europa, y que compite con el European Winter Meeting of the Econometric Society. Ambos mercados, por supuesto, tienen un tamaño y una repercusión que está a años luz de los ASSA meetings en Estados Unidos, donde los estudiantes e instituciones se cuentan por centenares, incluyendo las mejores universidades mundiales y las que aspiran a serlo, además de muchas empresas privadas.

Obtener un puesto en una de estas instituciones está basado esencialmente en la calidad de la investigación que el doctorando ha llevado a cabo. Es un mercado eminentemente meritocrático, a diferencia de lo que vemos en muchas instituciones en España y que hemos denunciado muchas veces en este blog (ver aquí, por ejemplo). La diferencia entre hacer una buena investigación y entrevista y otra no tan buena es abismal. Es por ello que en Nada es Gratis hemos publicado consejos para sobrevivir y tener éxito en este mercado (la versión más reciente es la de Pedro Rey sobre la investigación y el CV y la entrevista).

La incertidumbre asociada a esta experiencia añade presión a los estudiantes de universidades que aspiran a participar en este mercado. El riesgo es alto y cualquier posibilidad de mejorar el trabajo de investigación (el llamado “job-market paper”) debe ser aprovechada. No muy sorprendentemente, muchos de los que hemos sufrido este proceso sabemos que esta presión es probable que origine costes psicológicos importantes para algunos estudiantes.

Un trabajo reciente de la Universidad de Harvard ha intentado medir estos costes. Barreira et al (2018) han llevado a cabo una encuesta entre 1185 estudiantes de ocho de los mejores programas de doctorado de economía del mundo (Columbia, Harvard, MIT, Princeton, Berkeley, San Diego y Yale). Entre los entrevistados hay 65% de hombres y los extranjeros son mayoría (un 54%). El 55% de los estudiantes están casados o tienen una relación estable. Los resultados que obtienen son preocupantes y los podemos resumir de la siguiente manera:

1. El 18% de los estudiantes manifiestan síntomas de depresión y ansiedad. Este dato es mucho mayor del que corresponde a población perteneciente a este rango de edad y que ronda el 5%. Según afirman los autores, estas tasas de depresión son solo comparables a los de la población encarcelada en EEUU. El nivel de depresión y ansiedad se incrementa a medida que aumenta el tiempo en el programa y es especialmente importante para los estudiantes que encaran su quinto o sexto año (los estudiantes acostumbran a ir al mercado en el sexto año). El estudio también muestra que estudiantes que perciben a sus compañeros como muy competitivos y tienen pocos amigos tienen peor salud mental. Finalmente, la incidencia es mayor para los estudiantes extranjeros y mujeres.

2. El 11% de los estudiantes afirman haber pensado en el suicidio durante la dos semanas anteriores a la entrevista. La prevalencia es mayor para aquellos estudiantes que se arrepienten de haber empezado el doctorado o de su elección de supervisor de tesis.

3. Solo el 27% de los estudiantes que muestran síntomas de depresión o pensamientos suicidas están bajo tratamiento.

4. Al 25% de los estudiantes entrevistados les ha sido diagnosticada una enfermedad mental en algún momento de su vida. La mitad de ellos han sido diagnosticados después de empezar el programa.

5. Los estudiantes experimentan problemas de soledad e aislamiento. Esto es especialmente importante para aquellos que no trabajan en grupos de estudio durante el primer año o no tienen co-autores en su investigación.

6. Los estudiantes tienen una percepción equivocada de su salud mental. Aquellos que solicitan ayuda especializada no acostumbran a ser aquellos con los problemas más severos de depresión.

Los estudiantes también expresan cierta frustración con el programa de doctorado. Por un lado, solo el 26% de los estudiantes consideran que su trabajo es útil. En comparación, este dato es del 70% para los profesores de economía y del 63% de la población en general. El 62% de los estudiantes se sienten culpables cuando no están trabajando, un porcentaje que, por cierto, es muy parecido a lo que experimentamos los profesores. En parte por estos factores, el 13% de los estudiantes han considerado dejar el programa en las dos semanas anteriores a la entrevista.

Este estudio también proporciona pistas sobre cómo las instituciones que formamos a estudiantes para este mercado deberíamos adaptarnos a la presión que el proceso genera. Proponen hacer los cursos relevantes para la investigación lo antes posible, habilitar canales para que los estudiantes puedan expresar sus opiniones sobre la supervisión que reciben, e informarles sobre la existencia y la utilidad de los servicios de ayuda psicológica, son tres recomendaciones fáciles de implementar.

El papel de los supervisores de tesis también es esencial. Debemos fomentar que nuestros estudiantes escojan temas de investigación que consideren útiles y ayudarles a lidiar con las frustraciones y decepciones que el proceso puede ocasionar. La salud mental de los estudiantes es mejor cuando su supervisor (y otros profesores) se preocupan de sus problemas personales y cuando consideran sus reuniones más agradables. De la misma manera, aquellos estudiantes que no pueden hablar de cómo progresa su investigación, sus clases, sus presentaciones o sus perspectivas profesionales fuera del sector académico con su supervisor acostumbran a tener una peor salud mental.

Por supuesto, los datos de este estudio no significan que el proceso del doctorado no valga la pena o que sea mejor matricularse en un programa que no participa de este principio meritocrático (y donde el éxito a menudo depende de estar al abrigo del cacique de turno). Por ejemplo, no mide el valor que tiene, una vez terminado el proceso, investigar y/o dar clase en una de las instituciones intelectualmente estimulantes que acuden a este mercado de trabajo. Lo que el estudio permite decir, sin embargo, es que podríamos hacer las cosas mucho mejor.