¿Por qué no trabajamos menos horas?: de Luis Garicano en El País

Nota del Editor: Reproducimos por su interés este artículo de Luis Garicano en El País, que versa sobre un tema, el de los horarios, en el que hemos incidido muchas veces en el blog, más recientemente en este otro excelente artículo de Libertad González.

Durante el peor momento de la gran depresión el economista británico John Maynard Keynes publicó un optimista ensayo titulado Posibilidades económicas de nuestros nietos. En él predecía que disfrutaríamos de 100 años de elevadas tasas de crecimiento económico, tras los cuales la renta per cápita media en los países occidentales sería entre cuatro y ocho veces mayor que cuando se publicó el artículo en 1930. Como resultado de este fuerte incremento del bienestar, nuestro problema económico, que Keynes caracterizaba como “la satisfacción de nuestras necesidades básicas”, estaría resuelto. Esto permitiría que el ocio aumentara drásticamente, hasta el punto que nos bastaría con una jornada laboral de tres horas al día para alcanzar el nivel de vida deseado.

La primera parte de la predicción resultó correcta. A pesar de lo negras que parecían las cosas en 1930, y de lo negras que las vemos ahora, metidos en una nueva y profunda crisis, no cabe duda de que las ocho décadas que han pasado desde el pronóstico han supuesto un enorme crecimiento de la riqueza material. Si acaso, Keynes se quedó corto.

Por el contrario, la segunda parte de su predicción no pudo resultar más incorrecta. No sólo no trabajamos menos, sino que para muchos de nosotros, mantener el nivel de vida que deseamos supone estrés y angustia diarios. El número de tareas pendientes se acumulan. Llegamos tarde a casa, con los niños ya dormidos. Pasamos alrededor de una hora menos al día por adulto en actividades domésticas, pero este cambio no se transforma en ocio, sino en un sustancial aumento de la participación laboral de la mujer.

Esta paradoja parece aún más incomprensible cuando consideramos que la tecnología de la información y la automatización de las fábricas están eliminando la mayor parte de las tareas rutinarias y desagradables que ocupaban gran parte de la jornada laboral. Si no tenemos que buscar y archivar papeles o lavar la ropa a mano, ¿por qué no usamos ese tiempo para hacer lo que nos interesa?

De hecho, lo contrario parece suceder: la misma tecnología que reduce las tareas rutinarias permite que el trabajo invada gran parte de nuestras horas de ocio. Respondemos los correos electrónicos del trabajo por las noches y los fines de semana. Nos llevamos de vacaciones el ordenador portátil y lo usamos en parte para seguir en contacto diario con la oficina.

¿Cómo es posible que tanta automatización y tanto avance tecnológico no se hayan transformado en un incremento de nuestro ocio, de nuestro tiempo libre? ¿Por qué no estamos aprendiendo, como (erróneamente) pensaba Keynes que haríamos, a “experimentar las artes de la buena vida”?

Una primera respuesta a esta paradoja puede ser que, aunque no seamos conscientes de ello, sí ha aumentado considerablemente nuestro ocio. Nuestra esperanza de vida se ha incrementado en 20 años, y la edad de jubilación ha disminuido sustancialmente. Es por ello indudable que la fracción que pasaremos trabajando de las aproximadamente setecientas mil horas de vida que disfrutaremos en total, ha caído.

Pero esta no puede ser más que una respuesta parcial, pues deja aún un enorme interrogante cuando contemplamos nuestras apresuradas y estresantes vidas durante la edad laboral.

Otra solución parcial es que gran parte del nuevo ocio tiene lugar en la oficina. Durante la larga jornada laboral caben los cafés, las comidas, los cotilleos. Además, el trabajo en si es más interesante. De nuevo la respuesta es incompleta pues, ¿no desearíamos pasar nuestro ocio con nuestros familiares y los amigos a los que elegimos nosotros, en vez de los compañeros de trabajo que “nos han tocado”?

No podemos dar una respuesta satisfactoria a esta paradoja sin entender que una buena parte de nuestro consumo no está destinado a satisfacer necesidades absolutas, sino relativas. No aspiramos a tener un nivel elevado de consumo en sí mismo, sino a tener una posición concreta con respecto a nuestros pares. Por ello, muchos de los bienes que consumimos son “bienes posicionales”, como los llamó el economista británico Fred Hirsch. Su valor depende de lo que consuman los demás.

En parte esto es una consecuencia natural de la escasez. Muchos bienes son naturalmente escasos, y su consumo depende de que los demás no los consuman. Si la riqueza de los demás aumenta, yo tengo que pagar más para conseguirlos. Los bienes inmobiliarios en lugares particularmente deseables, son el mejor ejemplo de este fenómeno: el número de personas que pueden pagarse una casa en Chelsea, en el Barrio de Salamanca, en el Paseo de Gracia o con vista al mar, es limitado, y si los demás pueden pagar más, tengo que trabajar más para poder permitírmelo.

Pero hay otra razón: la competición por el estatus, que es una competición de suma cero (es decir, una en la que lo que yo gano, tu lo pierdes, como el tenis o el ajedrez). Si mis vecinos se compran una televisión plana de 40 pulgadas, y me importa mi estatus relativo, “necesito” tener una de 45 pulgadas. Si mi vecino tiene un Seat Ibiza, yo “tengo” que tener un VW Passat. No hay en este tipo de bienes necesidades objetivas, sino que “lo normal” se define por referencia a lo que consumen nuestros pares.

Que existen los bienes posicionales parece fácil de comprobar con un sencillo ejercicio de introspección, propuesto por el economista Robert Frank. Supongamos que nos dan a elegir entre vivir en una casa de 400 metros cuadrados cuando los demás viven en casas de 600 metros cuadrados, o vivir en una casa de 300 metros cuadrados cuando las demás casas son de 200 metros cuadrados. De acuerdo con Frank, la mayor parte de los que responden a esta pregunta prefieren la casa menor, siempre que esta sea más grande que la de los demás.

El resultado es que gran parte de la vida laboral se parece a la proverbial escalada armamentística. Trabajamos más para conseguir avanzar posiciones respecto a los demás, pero ellos responden trabajando más para conservarlas. Al final, estamos en el mismo sitio en el que empezamos, pero con menos horas de ocio.

¿Cómo parar la escalada? Convertir nuestra mayor productividad en más tiempo libre pasa en parte porque las políticas públicas permitan que ese ocio se posible. Hay que eliminar el presentismo, facilitar que la gente cumpla sus horarios, facilitar enormemente el trabajo a tiempo parcial. Si la externalidad descrita existe, también sería bueno que las políticas públicas penalicen el consumo más ostentoso con impuestos indirectos al lujo, y que la sociedad no admirara ese consumo.

Pero también es necesario que cada uno individualmente seamos consciente de lo que buscamos con nuestras elecciones. ¿Qué es lo normal? ¿Con referencia a qué grupo de pares estamos tomando esta decisión? ¿Realmente importa un carajo que nuestro vecino vea que tenemos un coche estupendo? ¿Cuántas horas más sin ver a nuestros hijos realmente queremos pasar trabajando para conseguir comprarnos ese coche?

Se trata, una vez más, de ser más productivos para vivir mejor. Hacer lo contrario, usando nuestras ganancias adicionales de productividad para empeorar nuestro nivel de vida es un malgasto del único recurso escaso que todos tenemos en nuestra vida: el tiempo.

Antonio Cabrales

Doctor en Economía por la Universidad de California, San Diego (1993). Actualmente es Profesor del departamento de economía de la University College London e Investigador Afiliado del CEPR. Sus áreas de investigación se centran en la Economía de las organizaciones, el diseño de instituciones, economía del comportamiento y economía experimental.

Hay 28 comentarios
  • Después de llevar dos semanas saliendo de trabajar lo suficientemente tarde como para que mi ocio fuera de la oficina sea el tiempo que paso en el baño por las mañanas y por las noches, findes incluidos. Ayer estuve comentando con varia gente sobre el sentido del trabajo y de porqué la gente se esfuerza por ser mejor que los demás, incluso cuando los resultados se les vuelven en contra y las conclusiones a las que llegamos fueron exactamente las mismas que las escritas en este post. La verdad, es que da que pensar a más de uno.

  • Es un tema fascinante.

    Esto sí que es una auténtica tragedia, y no la supuesta tragedia de los comunes (la producción de bienes públicos por parte del sector privado no para de crecer). Pensemos que el malestar provocado por la asignación subóptima de tiempo entre ocio y trabajo puede ser de una magnitud absolutamente inimaginable.

    Sobre esta tema hay varias teorías. La teoría de les bienes posicionales me era desconocida y resulta interesante, pero dudo que sea la única explicación.

    Otra teoría es de los empleos "bullshit" (no encuentro traducción). Según esta teoría, desde los años 1950 se habrían creado un número colosal de empleos que realmente no aportan nada a nadie y cuyo único propósito es mantener a la gente ocupada. [1]

    Por otra parte, esto de acuerdo en que hay un problema institucional. Por un lado, el salario se paga en función de las horas de trabajo y no en función del producto; por otro lado, las horas de trabajo tienden a ser fijas. Todo esto impide una asignación óptima de recursos y tiene un coste en bienestar descomunal.

    [1] http://www.economist.com/blogs/freeexchange/2013/08/labour-markets-0

  • No se no se.

    Tal vez esto valga para preguntarse por qué un estudiante de doctorado se mata por terminar enseñando en Northwestern en lugar de en el Cook County Community College.

    Para la mayoría de gente, para la gente normal, si paras seis meses de trabajar, o tienes a alguien que te mantiene o caes rápidamente en la pobreza.

    En el texto citas un ejemplo: 600 m2 o 400 m2. Bastante absurdo. En España para muchos se trata de vivir en 65 m2 a las afueras de Barcelona por 550€ de alquiler, con un sueldo de 900, una factura de la luz de 140 cada dos meses, etc etc etc. Nada de prestigio ni de comprarse un A3 en lugar de un Golf.

    Salvo aquellos que tienen amplias herencias, todos sabemos que o pedaleamos y pedaleamos al máximo según nos exige el sistema o nos vemos expulsados de él.

    Hay por ahí artículos que explican, para el caso americano, lo fácil que es quedarse sin hogar, y cuan increiblemente caro es, paradójicamente, ser homeless, y por eso es tan difícil salir de ese estado.

    A muchos les molaría trabajar tres horas al día y pasar el resto tomando el sol (gratis), leyendo la wikipedia en una biblioteca (gratis) y tomando alguna cerveza lager del Dia (barata y buena). Pero es que no se puede, y no solo porque no existan demasiados trabajos que lo permitan, sino sobretodo por el peligro que entraña, el peligro de caer de la bicicleta si dejas de pedalear.

    • Perfecta descripción de la situaciÓn en la que viven muchas personas, Hander.
      Con un miedo que atenaza todo los días, la posibilidad de pasar de una vida mala a una vida horrible, por esos 6 meses sin trabajo que te llevan de una a otra.

  • Lo malo de los bienes posicionales es que, además del beneficio relativo referido a nuestros pares, también tienen un cierto beneficio objetivo relacionado con las espectativas que creamos en los demás. Me explico: tendrás más clientes y cobrarás más si tienes tu despacho profesional, oficina, comercio...en un barrio caro que en uno barato o prueba a buscar trabajo con ropas viejas y anticuadas, aunque estén limpias y en buen estado, intente ligar con un buen coche o con uno viejo y compara resultados. Incluso tus amigos y a familiares que te conocen personalmente y te podrían valorar objetivamente, confían más en tu criterio, en tus opiniones sobre cualquier tema, si estas van acompañadas de un puesto de trabajo prestigioso y bien remunerado. Esto hace que parar la escalada sea más difícil, pero yo también creo que hay que establecer políticas que contribuyan a parar esta locura (la carrera de armamentos tiene un nombre: destrucción mutua asegurada MAD o sea, locura, por sus siglas en inglés).
    Personalmente creo que la solución debe ir por la senda de penalizar el consumo de bienes materiales y potenciar el consumo de servicios (ocio, cultura, arte, educación, sanidad, servicios jurídicos, investigación, deporte...)

  • Esta la principal paradoja del mundo actual: la automatización y el aumento de la productividad no están causando reducción de la jornada laboral, sino aumento del paro y la exclusión social.

    Uno de nuestros comentarios (en respuesta a Ernest) a la reciente entrada de Libertad González sobre los horarios españoles contiene una explicación (bastante obvia, por otra parte) del fracaso de las sociedades avanzadas a la hora, no de reducir el tiempo total trabajado (ahí están esos millones de parados), sino el tiempo del contrato promedio.

    Precisamente la existencia del paro ejerce una coacción sobre los asalariados que impide tanto el crecimiento de los salarios como la reducción de los horarios (no olvidemos que el tiempo libre es un bien económico como otro cualquiera) pronosticados por la teoría. ¿Cómo romper el círculo vicioso? Los intentos legislativos de repartir el tiempo de ocio de los parados (semana francesa de 35 horas, etc.) han fracasado por un problema de competitividad.

    Por otra parte, subir los impuestos al consumo suntuario sólo sería una buena idea si consiguiera estimular dicho consumo (¡lo que no es descartable, si el único objeto de la adquisición de dichos bienes es la ostentación!) Ya que, en una depresión de la demanda, como la que atravesamos, lo que necesita la sociedad es precisamente el gasto suntuario de los más favorecidos, única alternativa al ahorro excesivo, padre de la sobreinversión y de las burbujas.

  • El artículo y los comentarios se centran en el lado de la demanda. Pero si quieres tiempo libre, no lo tienes tan fácil. En muchas áreas profesionales simplemente, no es posible trabajar menos tiempo por menos dinero. ¿Qué ha ocurrido del lado de la oferta?

  • Interesantes reflexiones. Nada nuevo sin embargo; una persona allegada a mí llegó a esa misma conclusión hace ya años, sin duda tras sufrir el fallecimiento de un pariente muy próximo. El tiempo es el bien más universalmente escaso que existe. Y no se puede comprar o, al menos, no hay garantía de lo que se compre produzca resultados significativos. ¿Por qué no trabajar menos? En mi experiencia personal, porque salvo en determinados sectores (como el público) y/ó entidades concretas, trabajar menos por menos significa acabar trabajando lo mismo por menos, más cierto cuanta más responsabilidad se tiene.

    Y las políticas públicas, pobrecitas ellas... después de un lustro denigrándolas a más no poder... ¿quién se fía ahora de ellas? ¿Quién les va a devolver ahora la credibilidad? ¿Y cuánto va a tardar?

  • Interesante reflexión, cómo siempre.

    A todo esto contribuye también un fenómeno que se suele llamar Hedonic Treadmill: en pocas palabras, nuestro nivel de felicidad aumenta en coincidencia de la compra de un nuevo bien, sin embargo es un aumento solo puntual y el nivel de felicidad tiende a regresar hacia el mismo nivel anterior a la compra. y por esto volvemos a consumir (más).

    http://en.wikipedia.org/wiki/Hedonic_treadmill

  • El articulo es interesante, aunque un poco frivolo cuando tenemos 5M de desempleados.
    En cualquier caso, me ha recordado al tema del trabajo parcial. En España, debido a la legislacion, el trabajo a tiempo parcial supone una carga excesiva para el empleador: pagas mas impuestos si tienes a dos personas a media jornada, que si tienes a una persona a jornada completa.
    En principio, se deberian pagan los mismos impuestos, no? En USA es asi, se pagan los mismos impuestos por dos trabajadores a media jornada que por uno a jornada completa. Sin embargo, debido a Obamacare, ha habido un cambio hacia contratar a trabajadores a media jornada. La razon es que el empleador solo tiene que ofrecer seguro medico a los trabajadores a jornada completa, pero no a media jornada. Asi que es mas barato contratar a 2 trabajadores a media jornada. Esto tiene dos efectos:
    - Gente que antes estaba desempleada, ahora trabaja a media jornada.
    - Gente que antes estaba empleada en McDonalds a tiempo completo, ahora esta empleada en McDonalds a media jornada y en KFC a media jornada.

    Aunque en general este no es un escenario que nos gustaria, es facil estar de acuerdo en que trabajar a media jornada es mejor que estar en el paro. Yo conozco mucha gente en Chicago con carrera universitaria que trabajan por el salario minimo a media jornada por las mañanas, y por la tarde buscan trabajo.
    No seria esta una solucion parcial para el problema del paro en España?

  • Los seres humanos llevamos dentro todo tipo de instintos terribles, útiles quizás para el homo-hábilis, pero no siempre aceptables en una sociedad occidental contemporánea. Y tengo la impresión de que la razón de la poca claridad con la que pensamos sobre este tipo de cuestiones es un bloqueo cognitivo que nos evita reconocer que vivimos en una sociedad jerarquizada, en la que activamente nos intentamos situar (y mostrar) lo más arriba posible. Por eso, en el mejor de los casos, buscamos excusas poco verosímiles a porqué no nos apetece tomarnos una cerveza de marca blanca en un parque, o porqué en el tórrido verano madrileño necesitamos estrangularnos con corbatas que resistimos sólo gracias al aire acondicionado (caro y contaminante). En el peor, ni siquiera nos los planteamos.

    En tiempos de “austeridad”, en que pretendemos ser más “eficientes”, tiene que haber alguna extraña explicación al hecho de que no se preste mayor atención al desperdicio tan atroz que supone para la humanidad dedicar tiempo y recursos a los “bienes (y servicios) posicionales”.

    Quizá sea un problema sin solución y las políticas públicas hagan más mal que bien. Quizá sin el estímulo de tener el mejor coche del barrio nunca nadie descubrirá la vacuna contra el sida. Pero lo que no deja de asombrarme es la poca presencia que tienen estas cuestiones en el debate público y privado.

  • Este artículo vale para la pequeña minoría de la población que puede elegir entre ganar mucho trabajando pocas horas o ganar muchísimo trabajando muchas horas (entre una casa de 400 m² y una de 600 m²).

    Para la inmensa mayoría la opción está entre ganar lo justo para vivir dignamente trabajando muchas horas o no ganar absolutamente nada, porque "es lo que hay y ahí está la puerta". Y muchos ni siquiera eso, porque no hay trabajo para todos.

    Se me ocurre que parte del motivo es que la automatización y el aumento de la productividad hacen que el trabajo escasee y el paro sea crónico. Esto aumenta desmesuradamente el poder negociador de las empresas, que pueden exigir jornadas interminables sin pagar más a cambio. También podría ser prueba de ello el que, aunque la productividad ha aumentado muchísimo, en las últimas décadas los salarios reales (excepto los más altos) han aumentado poco o casi nada.

    ¿Algún economista ha tenido esto en cuenta?

    • Aunque se gane poco puede que según el caso, se pudiera trabajar menos horas con el mismo resultado, es decir, producir lo mismo en menos horas, lo que no debería suponer menos sueldo.

      • Añado una cosa...
        Para mí que las ganancias de productividad que se podrían dar no se producen porque una parte de las ganancias de las misma (más tiempo libre) no recaen en los que tienen que hacer el esfuerzo para que haya dicha mejora de productividad (los trabajadores).
        Nadie va a hacer un esfuerzo en aplicar un nuevo procedimiento o en aprender mejor una herramienta microinformática que le ahorraría tiempo si sabe que, aunque hiciera más rápido su trabajo, iba a ganar lo mismo y además iba a tener el mismo horario de trabajo (sin participar en los ahorros de tiempo).

    • ¿Dignamente? Ese concepto (tan bien y mal usado) no hace sino reincidir en la tesis del artículo, sobre los bienes posicionales. Mucho o algo de lo que hoy se considera imprescindible para mantener la "dignidad" era un lujo hace pocos años. ¿Donde, está, cuánto vale, en dinero, la dignidad?

      • "Mucho o algo de lo que hoy se considera imprescindible para mantener la “dignidad” era un lujo hace pocos años"

        eso es irrelevante. El criterio es "hoy". No tardaríamos ni 10 minutos en llegar a un consenso sobre cuál es el umbral económico de la dignidad. Si parece cursi llamarlo dignidad, evítese este nombre. Propongo: "umbral por debajo del cual está justificado lanzarse a rebanar pescuezos sin ton ni son"

  • Se pierde mucho tiempo en desplazamientos y por tanto en atascos en las grandes ciudades. Por ejemplo, son muchos los estudiantes y profesores que se desplazan a las universidades todos los días de igual manera que hace 10 años como si no hubiesen otros medios para impartir clases. Mi hija se levanta a las 6 de la mañana todos los días -coge el tren a las 6:40h y luego el metro- para estar a las 8 en la universidad. Pierde tres horas todos los días cuando dice que hay clases que sería mejor no ir pero como pasan lista.

  • Hace unos meses hice aquí algunas reflexiones relacionadas con este asunto:
    http://lasendadelcrecimiento.blogspot.com/2013/12/productividad-consumismo-y-fuentes-de.html
    Hay un aspecto que en el artículo se pasa por alto, aunque cada vez me sorprende menos. El aumento de la productividad que ha permitido el progreso material que pronosticaba Keynes pero que no hemos orientado a trabajar menos sino a consumir más no sale gratis (y es que nada es gratis, aunque los colaboradores de este blog, paradójicamente tienden a olvidarlo). Se ha hecho a costa de un incremento constante de la intensidad energética y material del trabajo. Y el consiguiente consumo creciente de materia y energía lo hace insostenible.

  • Por la parte de pymes y autonomos, hay mas puntos de vista....se trabaja mas o menos según la demanda, no por mas que planifiques, ni por mas que quieras ser mas productivo...Años de 12 horas x 6 dias pasas a años de 6 horas (efectivas,presenciales pueden ser las mismas)x 6 dias....hay pues trabajos que si no hay demanda acaban siendo presenciales....y es el momento propicio para estudiar a distancia o para cambiar de oficio.
    La flexibilidad en el trabajo esta muy bien, las bondades de la sociedad de la información y el conocimiento también, pero lo que cuenta a fin de mes es un trabajo que cree valor y deje algo de margen después de pasar por los carteristas....Creo que el quid de la cuestión es otro, cuando hay abundancia nadas en la abundancia y te regalas tus caprichos ...te montas la vida con tus ingresos....el problema viene despues, cuando los ingresos no son tan onerosos.....es cuando vienen las preguntas para que narices quiero un coche de 200 cv para ir a 110..o un reloj de 6000 euracos..(no es mi caso, es lo que creo observar) la proxima generación se olvidara, igual que nosotros olvidamos la post.guerra.

  • Estoy de acuerdo con el diagnóstico pero no con el análisis de las causas. El problema está en la propia esencia del modelo capitalista que basa su fuerza en la ambición (sana) y asume que la mano invisible acabará llevando la riqueza a todos. Y así era cuando los empresarios necesitan trabajadores para llevar adelante sus negocios. La riqueza se distribuía de forma natural. Ese era el entorno en el que Keynes desarrolló su teoría. Pero qué pasa cuando el empresario ya no necesita trabajadores? El modelo se rompe. Las grandes empresas Google, Facebook, ebay, necesitan poquísimos trabajadores. El mejor ejemplo es Amazon que en unos años va a desmantelar todo el sector minorista y cuando saque los drones, también el de transporte. La riqueza de millones irá a unos pocos. Me diran que las transformaciones de unos sectores en otros siempre han ocurrido, pensemos en la agricultura. Pero el problema es que ahora va demasiado deprisa y la sociedad es incapaz de ajustarse. Las condiciones laborales empeoran por un mero problema de oferta y demanda. La consecuencia, horarios interminables y sueldos a la baja o paro. La gente no puede trabajar menos aunque quiera. Y desigualdad. Vamos a un modelo de ricos y pobres. Por eso los productos de lujo aumentan mientras el consumo general se encoge. Y el otro mecanismo distributivo que teníamos, el estado, en plena decadencia. Y lo peor es que no tenemos un sistema alternativo.

    • Rafael:

      Tienes toda la razón. El problema es convencer a los economistas de la «corriente principal» y a la opinión pública (que luego determina el voto y el gobierno) de que necesitamos otro paradigma, nuevas ideas. En el seno de la ortodoxia, se sigue viendo el paro como un accidente del sistema, algo que se puede resolver fácilmente, por ejemplo con una reforma laboral o con un Plan E. No quiere admitirse que se ha convertido, ya, en algo estructural, en una condición. Y que los bienes de consumo ya no podrán llegar a todo el mundo vía salario, por lo que deberán hacerlo vía un derecho positivo. El reto es, sin duda, conciliar eso con una estructura válida de incentivos.

      Luis Garicano, al hablar de los horarios, ignora por completo la condición del paro, las consecuencias de esa famosa frase, que tantos asalariados oyen a diario: “si no te gusta, vete, tengo no sé cuántos como tú haciendo cola”. Y nos reconviene para que estudiemos más y seamos más productivos, como si la productividad fuera un cociente milagroso que no depende del denominador. De la misma manera, a propósito de la reciente entrada sobre los persistentes descensos salariales en Alemania, por aquí muchos comentaristas tenían el garbo de preguntarse, supongo que con toda sinceridad, por qué extraños motivos, en una sociedad próspera como la alemana, puede verse un trabajador obligado a cobrar menos.

  • El caso es que el hombre es, por naturaleza, un mono insatisfecho, y de ahí vienen todas las glorias y miserias de la especie humana. El mismo Keynes es un buen ejemplo: miembro del "Civil Service" y con bastantes posibles por su familia, podría haber llevado una vida tranquila de alto funcionario británico de paraguas y bombín. Fue sin embargo una dinamo humana de actividad, dando clases, escribiendo, participando en la política nacional e internacional e incluso especulando en su tiempo libre. Quizás refleja el clasismo de su época y entorno social que no se diese cuenta de que, igual que él, las "clases trabajadoras" tampoco se conformarían con cubrir las necesidades básicas...

    • RC, no me parece que Keynes pensara que con jornadas de 15 horas de trabajo el resto del tiempo lo tuviéramos que dedicar a rascarnos la barriga y vegetar. El ocio puede ser activo: escribir, participar en política o dedicarse a la especulación filosófica pueden muy bien ser ejemplos de cómo aprovechar el tiempo libre para desarrollarse como persona de la manera que a uno le apetezca y al ritmo que uno se imponga. Y esas posibilidades de desarrollo, a las que Keynes pudo optar en su tiempo gracias a su posición social, son las que pronosticó (parece que erróneamente) que estarían al alcance de las personas comunes si la productividad del trabajo se incrementaba lo suficiente.

  • La gran tragedia de desaprovechar el tiempo que el avance tecnológico y económico libera no es solo que los que trabajamos no sepamos aprovecharlo, sino que, encima, no se reparta el trabajo y tengamos inmensas bolsas de paro. Es alucinante constatar, haciendo "la cuenta de la vieja" que en el momento en que la Humanidad mas produce con menos trabajo, éste no se reparta. Sesudos estudios explicaran el fenómeno, pero la paradoja y la constatación de nuestro egoismo seguirán ahí.

  • Trabajo en Londres, y éste es un tema de debate entre la pandilla de amigos, todos trabajadores de oficinas.

    Bien: no hay ni uno solo que trabaje más de 15 horas a la semana. Ni uno. Evidentemente, tenemos que pasarnos el resto de horas hasta las 35 sentados en una silla sin hacer nada productivo (tanto, que algunos nos hemos buscado trabajos de traductores/diseñadores/etc. para hacer en plan freelance en horas de trabajo).

    Si uno es honesto y lo comenta a sus superiores (algunos lo hemos hecho), poco más o menos que nos dicen que nos callemos la boca y nos pasemos el día en el facebook, como el resto. Si uno lo comenta a RRHH (también ha pasado), el resultado es que al jefe de RRHH se le hace la boca agua pudiendo recortar puestos de trabajo que, claro, piensa él que pueden hacer tranquilamente los demás (cosa que no es cierta en muchos casos, dada la especialización).

    O sea, que unos no dicen nada por miedo a que recorten puestos, y otros no nos dejan irnos a casa aunque estemos calentando la silla y gastando luz y aire acondicionado porque... ¿cómo vas a cobrar lo mismo por trabajar un tercio de las horas? Seguimos ordenando el mundo laboral según los parámetros de la revolución industrial 200 años después. Es increíble. Es un círculo no ya vicioso, sino estúpido. El que logre romper esta espiral idiota ganará un nobel. Venga, pensadores, a pensar!!

    • Si te quedas más tranquilo...es un tema de conversación habitual en Madrid también. ¿Mal de muchos consuelo de tontos?

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