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Libia y las restricciones presupuestarias

Uno de los argumentos más incomprensiblemente éstupidos (primera vez que uso esta palabra en NeG, pero lo merece) pero desgraciadamente habituales (hoy en la portada de una revista inglesa de gran tirada) contra la ayuda internacional a los ciudadanos libios que iban a ser masacrados es el “por qué sí Libia y no Barhéin o Corea o Irán”. El incomprensible argumento es que si no podemos hacerlo todo, mejor no hacer nada. Ignora restricciones presupuestarias y  el más básico sentido común. Si voy de vacaciones a Tenerife, el argumento análogo es:  mejor no ir de vacaciones a Tenerife si no vas también a Gerona que es igual de bonita. Si me compro un coche, ¿ cómo puedes comprar un Renault si no te vas a comprar también un Mercedes?

Los recursos son escasos, da rabia repetir lo obvio. De las mil situaciones inaceptables, crueles, tristes, elegimos, como sociedad, resolver algunas y no otras, por que desgraciadamente no hay recursos infinitos. No puede uno justificar no dar a una asociación contra el cáncer por no dar a la lucha contra el SIDA. Y sí, en decidir cuáles resolver, de entre las muchas que existen, puede entrar entre otras consideraciones el coste para nosotros y el beneficio (proximidad, dependencia, etc.) para nosotros;  pero eso no invalida la intervención.

La pregunta debe ser si la intervención está en si justificada, si los ciudadanos Libios van a estar mejor gracias a nuestra ayuda o no; no si habría que hacer otras tropecientos mil  otras intervenciones que también lo estarían, que desgraciadamente las hay pero que tienen un coste excesivo.  En mi opinión personal (y esto sí es una opinión personal en el que podemos muchos estar en desacuerdo) no habrá ninguna intervención tan justificada en mucho tiempo, en términos de las vidas salvadas dada la conocida inmundicia del personaje y en términos del apoyo implícito que se da a los héroes que se están jugando todos los días la vida (lo de Siria es de nuevo escalofriante, como lo de Barhein y Yemen la semana pasada) y que, de triunfar la represión salvaje, serían los siguientes asesinados.  Las bobadas de "no hay una guerra buena" ignoran el coste de oportunidad, el coste de la inacción, los cadáveres que habría hoy en cada calle de Bengasi.