La Monarquía: un dique contra la entropía

(Antonio Cabrales me pedía ayer que, con motivo de la abdicación del Rey, explicara mi defensa (expresada en El Dilema de España) de la monarquía y la unidad de España como lo único que no deberíamos cambiar en el país. Me cita una frase “Un proceso que cuestione la monarquía y la unidad de España es un camino del que es difícil imaginar el final." Aquí va mi respuesta.)

¿Sabían ustedes que, cada vez que cantan su himno, los holandeses recuerdan (vía Guillermo de Nassau), en la primera estrofa, su fidelidad eterna al Rey de España? (“den Koning van Hispanje heb ik altijd geëerd”—al Rey de España siempre le he sido fiel, clickear aquí para escucharlo, y aquí para leer la traducción). Creo que a nadie le puede caber duda de que, como esta promesa, la monarquía es un absurdo lógico, tanto en España, como en Holanda o el Reino Unido o Japón. A cualquier demócrata le debe disgustar, como principio, el principio dinástico. ¿Cómo puede nacer uno más importante que los demás? No debemos ser meritocráticos y democráticos en todo? Tal razonamiento nos lleva inevitablemente, como llevó por ejemplo a James Madison (Federalista 39) hacia la república como única forma a priori justicable de gobierno.
¿Por qué defender entonces, hoy, y ahora, la monarquía y la unidad de España como los dos principios desde los que empezar a regenerar y reconstruir el país?

Un país como España es un compromiso histórico de muchos para vivir juntos. No es una bandera, un himno, una emoción. Son muchas banderas, himnos y emociones, no sólo para cada pueblo, sino para cada ciudadano. Contrariamente a lo que imaginan los nacionalismos identitarios que ponen al Volk, el pueblo, como centro de referencia de todas las cosas, cada uno tenemos muchas identidades a la vez que podemos elegir según el contexto, como Amartya Sen (indio, hindú, premio Nobel de economía, profesor en Harvard) ha argumentado con elocuencia en “Identity and Violence”. No somos nosotros contra ellos. Yo, por ejemplo, soy, dependiendo del contexto, vallisoletano, español, europeo, castellano, economista, discípulo de Gary Becker y de Sherwin Rosen, europeísta, utrechttés, de “la London” (LSE), ex-alumno de jesuitas, positivista-Popperiano, madridista (aunque DelBosquista y anti-mourinhista), liberal, demócrata, de clase media, pro-Almodóvar (y por tanto, anti-Boyerista), Bergmaniano (de Ingrid, no de Ingmar), y muchísimas cosas más. Al leer mi lista, el lector tendrá diferentes reacciones emocionales: simpatía (“qué bien, un liberal, como yo”), disgusto (“qué horror, es del Madrid, yo que creía que era del Barca”), incluso enfado (“será tonto el tío, mira que no darse cuenta de que Almodóvar es un fraude y Boyero la fuente de toda sabiduría”). Nadie se puede “identificar” emocionalmente con todas estas identidades, pero nadie, seguramente, sentirá disgusto por todas - incluso el politólogo postmoderno, bergmaniano (sector Ingmar), arabista/anti-europeísta, seguidor del Barca (sector Laporta) estará dispuesto a tomar conmigo con rabia y vehemencia la bandera común del antimourinhismo. En fin, que ni yo, ni nadie, tiene una identidad, sino muchas, y todas conviven.

El trágico error de Wilson, el de la autodeterminación (que llevó a la “unificación” de todos los alemanes, incluidos por ejemplo los de Austria y Sudentes,  en 1938, y lleva ahora a la “defensa” por Putin de los “pobrecitos” indefensos ruso-parlantes de Ucrania Oriental) es tratar de hacer coincidir las fronteras de los estados con las de una de estas identidades (¿y por qué no nos autodeterminamos los economistas o los madridistas anti-mourinhistas o incluso, como proponen algunos billonarios americanos, los ricos?).  Lo contrario es el proyecto Europeo que intentamos construir desde 1951, y el proyecto de España que tratamos de construir desde 1978. Se trata (o se trataba) de dejar a un lado los proyectos identitarios, construidos a partir de identidades exclusivas y emocionales, el orgullo de ser castellano o la historia única de los andaluces o la identidad histórica de los asturianos o catalanes o vascos, y ser, simplemente, ciudadanos—partícipes en una serie de derechos y obligaciones comunes, en un área de libertad individual y de libre comercio y circulación, española y europea. Porque identidades fuertes, con soporte histórico, les guste o no a mis amigos catalanes y vascos, en España hay muchas y todas con similares derechos históricos e historias emocionales. El "yo más" no es una reacción infantil, es que la historia e identidad histórica de Asturias, de Andalucía (el Reino de Granada), de Canarias o de Aragón (eso si fue un Reino, al contrario que otros) tienen al menos la misma legitimidad emocional e histórica que la suya (lo de las comparaciones interpersonales de utilidades, y sentimientos, está prohibido por la lógica en un mundo mínimamente racional).

Por ello, el peligro de un proceso en el que se pongan en cuestión los fundamentos mismos del Estado, la monarquía y la unidad de España es un proceso en el que se abre la veda para que,  como los átomos de un gas que se expanden sin fin hasta ocupar todo el espacio disponible, todas estas emociones se lancen a una abierta competencia (yo más) que sólo puede terminar en el ¡Viva Cartagena!, la exclusión de los “traidores”, la división de familias y amigos, etc.

Este proceso desintegrador, en un caso extremo pero desgraciadamente no imposible vista la historia de nuestros pueblos, es descrito de una forma bellísima por el reciente libro de Muñoz Molina “La noche de los tiempos” (que reseñé aquí y en El Mundo, y que, debo reconocer, me entusiasmó a mí mucho más que a los que comparten la identidad de “críticos literarios”). El libro narra como de un día a otro, en el verano de 1936, la ciudad Universitaria de Madrid pasa de ser un oasis de tranquilidad para el estudio y la reflexión a un monumento a la salvajada y el odio, con fusilamientos diarios de los diferentes bandos. Quizás me gustó tanto el libro, porque siempre, como economista, he reconocido lo delicado de los arreglos informales e instituciones que ahora, en los últimos 300 años, han conseguido el progreso económico y la libertad de los hombres, y que está de nuevo, como ha estado siempre, amenazado por populistas, bolivarianos, absolutistas y radicales de todo signo –nacionalistas de derecha (FN) y neo-comunistas de izquierda.

Lo contrario es reconocer las limitaciones de cualquier arreglo humano, que para eso es humano. Nunca vamos a estar cómodos en él, siempre vamos a tener que aceptar muchas imperfecciones. Pero España sólo ha pasado unas pocas cortas décadas como democracia constitucional en toda su historia. Se trata de aceptar las limitaciones de lo que tenemos, de la monarquía y de nuestra imperfecta democracia, para, trabajando de forma incremental y progresiva, conseguir ir hacia un estado más democrático, seguramente plurinacional, imperfecto también, sí, pero que permita a los ciudadanos realizar sus aspiraciones como personas.

Y el príncipe Felipe, la monarquía, es un símbolo de esta unión imperfecta bajo la que aceptamos unas reglas comunes. El comenzar un proceso republicano supondría dar el primer paso hacia una redefinición de España de la que, como decía al principio, sería difícil predecir el final.

Por eso, desde la esperanza, el posibilismo reformista y regeneracionista, y el deseo de lo mejor para nuestro país, le deseo a Don Felipe de Bórbón y Grecia un largo y próspero reinado.

PS. El artículo terminaba con "deseamos." Un compañero del blog me ha hecho notar, con razón, que no soy la voz del blog. Mil disculpas, cambiado a "deseo".

Hay 114 comentarios
  • Como bien dice León Gross en su artículo de hoy:"Encarar el futuro apelando al pánico a un aquelarre bolivariano o al republicanismo guerracivilista tras la abdicación del Monarca es de una miopía fatídica"
    Podemos defender la monarquía apelando a la tradición, a la dificultad de la transformación de España en república dadas las mayorías y los consensos que se necesitan para ello, pero sin una monarquía ejemplar la monarquía no tendrá defensa.

    Debemos agradecerle al rey la transformación incruenta de una dictadura en una democracia sin exclusión de partidos, podemos ser indulgentes con sus aficiones etílicas y venéreas, que ya es ser indulgente, pero el que aprovechándose de su posición se haya dedicado a ser comisionista, enriqueciéndose por ello y haya tenido como banqueros y testaferros a personajes como:Javier de la Rosa, Colón de Carvajal,los Albertos, o Mario Conde es la principal razón por la que la monarquía haya perdido prestigio y sea cuestionada.
    El indulgente velo de silencio que ha protegido a la corona ha hecho un flaco favor a sus perspectivas de supervivencia y sorprende que un regeneracionista como usted sólo pueda argumentar que o esto o el diluvio, en vez de exigir para la corona la misma moralidad , transparencia y eficacia necesarias para la supervivencia de la nación.La monarquía puede ser un dique frente a la entropía o una cuña desde la que dinamitar el estado.Recuerde que AlfonsoXIII logró que un país monárquico se dirigiera a la república.
    Ah!Y el gentilicio de Utrecht es utrechtsense o utrechense, del genitivo latino utretchtensis

    • ¡Cuanto gazapo! Es que repetirse cansa 🙂 .Quise decir utrechtense o utrechense, del genitivo latino utrechtensis

    • Daniel, tu argumentación me parece impecable y la suscribo en su integridad. Pero creo que no es el momento de cuestionar la moralidad del Rey. Más indulgentes hemos sido con quienes, teniendo la potestad de elegirles, les hemos seguido votando elección tras elección. Y me temo que hubiéramos sido igual de indulgentes con un presidente de la república electo. Como igualmente lo somos con tantos "otros" actos de corrupción e inmoralidad que vemos casi a diario en nuestros propios entornos: administración, universidad, sindicatos, empresas... y hasta en las comunidades de vecinos. Pero las instituciones no pueden estar en tela de juicio cada vez que alguno de sus titulares se comportan de forma desviada. El regeneracionismo supone un cambio de moral colectiva y necesita de ejemplos a emular. Desgraciadamente, fuera del ámbito deportivo, es difícil encontrarlos.

      • Manu, te agradezco el apoyo a mis tesis,pero mi intención no es criticar la figura del rey o llevarlo a la picota.
        Ya que estamos en un blog de economía,recordaré que los seres humanos funcionamos a través de incentivos, mi única intención es que, ya que tenemos monarquía, existan controles e incentivos destinados a que el monarca se sienta motivado a seguir el recto camino: El control del presupuesto de la casa real a través de un tribunal de cuentas eficiente,el control de sus finanzas privadas con la obligada publicación de su declaración de hacienda y la de los miembros de su familia y una interpretación de la inviolabilidad de su figura reducida estrictamente a los actos realizados en el ejercicio de sus funciones reales,ayudarían mucho a que un rey se comportase probamente.
        Con respecto a la indulgencia con la corrupción política y el voto, un sistema de votaciones uniprovincial con ley de hont deja poco margen en provincias pequeñas a la aparición de terceros partidos.En Valladolid, la mía, se eligen 5 diputados, en las últimas seis elecciones generales solo los ha habido PP-PSOE, con el tercer partido a mucha distancia del escaño.Si extrapolo el voto provincial en las europeas veo que el tercer partido, IU ,está a mucha distancia de un escaño nacional. Tengo dos opciones, la pragmática ,PP-PSOE, o la ideológica, un tercer partido y rezar para que obtenga diputado. No sanciono la corrupción, pero no es fácil que nuestra desafección se traduzca en un cambio radical dada esta estructura.

  • En un tema sujeto a tanto debate como éste, tan solo quería agradecer al autor y a los comentaristas de este blog el lenguaje correcto y el intercambio de ideas basadas en la razón y el respeto que se observa.

    Es enorme el valor que tiene este blog (entradas y también aportaciones de lectores) para todos aquellos que estamos interesados en la economía y otras áreas de interés.

    Gracias por recordarnos que no todo está perdido

  • Entre los argumentos que normalmente se esgrimen para defender a la monarquía es que está fuera del ciclo político, y otorga estabilidad. Respecto a la idea de estabilidad es bastante romántica, pero no muy sostenible empíricamente. Centrémonos en las monarquías de este siglo. Basta mirar a los poderes que orquestaron la Primera Guerra Mundial, para desechar la idea de que un mapa internacional dominado por monarquías otorgue estabilidad alguna. De hecho muchas monarquías occidentales desaparecieron tras la Primera Guerra Mundial (Rusia, Turquía, Alemania y Austria). Si miramos a las monarquías de la antigüedad, la inestabilidad es infinitamente peor (hasta que llegó la célebre Pax romana, instaurada por una república por cierto, y re-encauzada por la dictadura imperial). Cierto es que en contexto parlamentario el papel del monarca pierde peso, pero la pérdida de peso de las monarquías fue para limitar la inestabilidad que generaba que alguien concentrase el poder y no al revés. En la mayor parte de los países con monarquías parlamentarias, los monarcas todavía conservan un número considerable de poderes, en algunos incluso la aristocracia los mantiene (cámara de los lores en Inglaterra). La otra cuestión: el ciclo político es más interesante. Si el verdadero problema del ciclo político es que genera corto-placismo, entonces tal vez la solución es un ciclo largo-placista, en vez de votar cada 4 años votemos cada 10. Entonces tendremos una política orientada al medio y largo plazo (esto genera sus propios problemas). La monarquía no puede cambiar los ciclos políticos, eso lo hacen las constituciones.

    • honestamente, no creo que las experiencias previas a 1950 puedan ser válidad para la actualidad. En primer lugar, por la distancia temporal e ideológica. En segundo lugar, porque en aquella época, la mayoría de los Estados europeos eran monarquías. Por tanto, era difícil que hubiera mismo número de Estado republicanos desaparecidos.

      En todo caso, yo sí apoyo la monarquía para España. Muy fiscalizada, muy controlada, con cuentas altamente transparentes. Y muy enfocada al exterior, principalmente a América Latina (donde tiene un mejor imagen que aquí)

      También creo que es un elemento estabilizador. Hablamos de una persona puesta de manera no democrática ni meritocrática. De acuerdo, pero su sujeción al puesto y el presumible conocimiento que adquiere de las instituciones y personas que en ellas habitan, le da ventajas respecto a la negociación y enfriamiento en situaciones delicadas. Un ejemplo sería ahora, con el problema del independentismo, donde el nacionalismo conservador no le tiene especial desprecio. (imaginemos un Jefe de Estado electo: éste casi con total seguridad sería del PP o PSOE. No sé si Bono, Aznar o similares podrían desempeñar un mejor rol de árbitro)

  • Siento decir, que este post es bastante poco económico.
    No me gusta el cariz que toma el blog, que se está convirtiendo más en un sitio donde los autores expresan sus opiniones personales ( económicas, políticas o de cualquier índole), más que un espacio de reflexión y análisis de la economía/política económica.
    La opinión de Garicano sobre la monarquía ( la cual respeto y comparto) no me interesa más de lo que me interesaría la de mi vecino.
    Si vengo a este blog, es para leer a grandes economistas escribiendo sobre economía que es donde me aportan más valor añadido.
    Por favor, no conviertan esté blog en la barra del bar, donde todos opinan de todo aunque quede muy alejado de su campo de experiencia.

    (Sí, lo sé, todo está relacionado con la economía. Las instituciones son importantes para el correcto funcionamiento del sistema, pero este artículo está muy traído por los pelos)

    • Hola, Luis.

      A mi me sucedía lo contrario.
      Un blog de política económica en el cual que se evita entrar en posicionamientos políticos (desde los artículos o desde los comentarios) no es un blog científico porque hace abstracción del principal motor y agente de la acción económica.

      Este era, en mi opinión, un pequeño problema de este blog que poco a poco, afortunadamente, se va resolviendo para beneficio hasta de los propios articulistas.
      Lo cual no quiere decir que las cosas deban despacharse de modo superficial ni demagógico.
      A fin de cuentas todas las ciencias sociales aspiran a ser ciencias pero difícilmente lo conseguirán si nos pasamos la vida midiendo "Fenómenos" cuidadosamente segmentados para no ver el resto de "La cosa en sí", el "Nóumeno" que casualmente es mucho más importante.

      Todas las opiniones interesan y más cuando se explican como lo hace Luis Garicano. Lo difícil es objetar, razonablemente, al mismo nivel.

      Saludos cordiales

      • Hola Manu,

        pues parece que disentimos. No pido que los autores se abstengan de comentarios políticos. Eso sería un ejercicio de abstracción del que pocos seres humanos son capaces, en lo que a la economía se refiere. Simplemente juzgo, que el artículo pasa de forma muy inadvertida el análisis económico y tan sólo explica un posicionamiento político.

        Yo llegué a NeG porque era un blog de economía, en los que los autores (con distintas formas de pensar) hablaban de economía. Sólo pido que el blog no derive en una suma de artículos de opinión sobre cualquier tema, dejando de lado el fundamento económico.

        Por supuesto todas las opiniones interesan, sólo crítico el lugar donde se hacen. Si Garicano hubiese escrito un artículo en el periódico, lo leería encantado e interesado. Pero como lector del blog, me gustaría que mantuviese su vocación de análisis económico de los fenómenos sociales y políticos.

        Pero eso, es una decisión que solo corresponde a los editores. A mi como lector, me queda el poder opinar, y si no me gusta, buscar otro blog.

        Un saludo

    • Luis,
      Disiento totalmente del mensaje central de tu comentario, pero no solo por lo que indicas tú mismo al final (efectivamente, no es un asunto monarquía sí o no, sino qué marco institucional general es preferible).
      Yo no veo en las barras de los bares a la gente discutiendo sobre patriotismo constitucional o sobre la pesada carga que nuestra historia nos impone (y con la que tenemos que apechugar). Con muy contadas excepciones, el lenguaje y el nivel de las entradas y los comentarios creo que están en otra dimensión a las conversaciones de cafetería (y me atrevería a incluír en esto a la cafetería del Congreso, aunque esto es solo una sospecha fundada en las discusiones posteriores en los plenos que sí escucho). En resúmen, si en las barras de los bares se discutiese así, probablemente muchos de los problemas que padecemos tendrían más fácil solución.
      Excluir la Historia o la Política de la discusión y del análisis de una ciencia social como la Economía ya vemos adonde nos ha conducido. La especialización es necesaria, pero a partir de ciertos niveles le pasa como al sueño de la razón (también de mi paisano Goya)... que produce monstruos.

      • Jorge,

        supongo que todo depende de que cafeterías frecuentes. Nunca he estado en la del Congreso, así que en ese sentido, no puedo opinar. Yo tan sólo tengo 20 y tantos años, y las charlas que tengo con mis amigos no difieren mucho de las que tengo aquí, y las tengo en parques, cafeterías, con una copa en la mano o en el autobús. No creo que la "dimensión de mis conversaciones" sea mejor que la de otros. Quizás diferente. Cada uno con las herramientas que "dios le ha dado", hace lo que puede.

        Pero a lo que íbamos. Que un economista analice un hecho político o social desde un punto de vista económico, me parece formidable. Esa es la razón por la que llegué a NeG. La opinión de un economista sobre un hecho político, con un análisis político, me importa bastante poco. O dicho de otra forma, me importa lo mismo que la opinión de un fontanero, médico, o arquitecto. No me aporta nada, porque creo que el economista está minusvalorando el valor añadido que puede aportar a la sociedad, que es un análisis didáctico desde el que es su campo, la economía.

        Sólo hablo de lo que yo (como lector) espero del blog al que acudo a menudo. Obviamente, son los editores y autores los que deciden.

        Un saludo

  • Buena entrada, aunque prefiero la perspectiva antropológica para comprender todo esto....

    No hay "nosotros" sin "los otros", y cuando la globalización diluyó fronteras y "nosotros" los Españoles dejamos de encontrar nuestra identidad frente al los otros "Franceses" "Portugueses" el instinto natural de identidad en la manada -que nunca desaparece- encontró sus propios y nuevos caminos de satisfacción.

    Por eso el problema de nacionalismo Europeo.

    Ni economía, ni racionalidad, simplemente...Globalización.

    Integración económica global implica desintegración política de los Estados.

    Hombre, Ser humano. Miembro de una manada.

  • Aunque siento simpatía por algunos de los argumentos desplegados (en especial el antimouriñismo que en mi caso se extiende a quien lo contrató), no me resultan convincentes.
    Creo que España está ya inmersa en un proceso de redefinición y que es necesario reformar en profundidad las instituciones (políticas y económicas), porque las actuales no satisfacen las aspiraciones personales de una parte importante de la sociedad. El hecho de que la monarquía sea un "símbolo de una unión imperfecta" no la excluye de ese proceso.
    Dicho esto, creo que un referéndum sobre la monarquía no es la forma más apropiada de empezar ese proceso. Si el conjunto de nuestras instituciones fuese una tarta, la monarquía sería la guinda. Y me parece evidente que cambiar la guinda no va a hacer la tarta más aceptable.
    Sin embargo, del mismo modo que el "mandato" de Don Juan Carlos era hacer posible la transición a la democracia, y por eso le juzgará la historia, el "mandato" de Felipe VI debería ser facilitar la indispensable reforma de nuestras instituciones. Incluida la guinda.

  • Con tanto comentario tengo mis dudas a que sea leído, por eso voy a ser tan escueto.
    Tu artículo solo admite una respuesta: democracia, que para ti eso significa radicalidad o eso parece.
    En cuanto a lo de bolivariano, pues aparte de lo mismo, decirte que las políticas económicas del "régimen", porque a la altura en que nos encontramos ya solo tiene esta definición, se parecen mucho más a las bolivarianas que a las danesas (ya me entiendes).

  • Leo siempre con gran interés los artículos de contenido económico que Vd. publica y le anticipo además que comparto plenamente, en la mayoría de los casos, sus puntos de vista. Ahora bien siento tener que decirle que me parece que sus opiniones políticas no están a la altura de sus opiniones económicas. Desde un posicionamiento liberal una monarquía es una institución obsoleta y en tiempos tan duros para la población como los que ahora vivimos mucho más. En cuanto a la unidad de España es un deseo que no se puede imponer al pueblo catalán a sangre y fuego, si podemos seguir juntos extraordinario pero .... De todas formas creo que la política sobra en este blog, sinceramente considero que seria un gran error pueden estropear el mejor blog de economía de españa .

  • Bastaba con una línea: O Felipe "El Preparado" o .... ¡el caos!. El resto del artículo sobra.

    Aquí se habla mucho siempre de meritocracia. ¿Qué méritos tiene Felipe de Borbón? ¿Cuantas matrículas ha sacado en la carrera? ¿Es premio de licenciatura? ¿Cuantos papers ha escrito? ?Cuantas oposiciones ha aprobado? ¿Cuantas empresas ha montado? ¿Cuantas elecciones ha ganado? ¿En que indicador objetivo ha destacado? ¿Qué ha conseguido por sí solo, sin el mega-enchufe de ser Príncipe de Asturias?...nada en absoluto...Viva la Meritocracia.

    Y lo peor es que tu argumento, amén de absolutamente incoherente con lo defendido hasta la fecha, ni siquiera se sostiene. Después de lo que hemos leído aquí estos años, ¿quieres hacernos creer que una reforma constitucional que nos llevara a un modelo como el de Alemania, con un sistema electoral bien diseñado, tope de transferencias fiscales y estado único sería menos estable que el estado híbrido y chapucero que tenemos ahora mismo? Lo que favorece volver al 36 es cambiar de Rey así, a final de legislatura, con Rubalcaba saliendo, y después de los números del 25M.

    ¡Y encima citas a Popper! El pobre debe estar girando como una batidora en su tumba de Viena: "A democracy is a state where the government can be changed without bloodshed". Que así sea.

  • Soy partidario de la "accidentalidad" de las formas de gobierno, es decir, que lo realmente importante no es escoger entre república o monarquía, sino el grado de calidad democrática de las instituciones. Me imagino que la gran mayoría de republicanos españoles preferirían, desde una perspectiva racional, vivir bajo la democracia sueca que no bajo la democracia griega actual, aunque la primera se desarrolle en un régimen monárquico.

    En la España de la Restauración ya se discutía sobre esta cuestión y desgraciadamente se consumieron durantes décadas una ingente energía intelectual debatiendo sobre la forma de gobierno en lugar de reflexionar cómo debería organizarse el sistema político para ser eficiente y representativo. Creo que los nuevos republicanos que afloran ahora cometen el mismo error. Imaginemos por un momento que el Estado español se transforma en república sin cambiar nada más: las disfunciones que acogotan el crecimiento de nuestra economía serían las mismas.

    En resumen, pienso que abrir el debate monarquía/república detraerá esfuerzos de la tarea más importante que es identificar y promover las reformas regeneracionistas que necesitamos.

    Respecto a la tesis de Luis, que la monarquía puede frenar el proceso de centrifugación territorial, creo que es exageradamente optimista. No me extiendo sobre ello porque creo que es una discusión que no acaba de encajar con los propósitos del blog.

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