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Instituciones, desigualdad y desarrollo económico en el (muy) largo plazo: Edición española

La importancia de las instituciones en el desarrollo económico es algo que prácticamente ya no se pone en duda en economía (aquí). Douglas C. North, uno de los autores que más ha contribuido a desarrollar este campo de investigación, definía las instituciones como las reglas de juego de una sociedad, las que estructuran tanto los incentivos como las limitaciones que guían nuestra conducta (NeG homenajeó a este premio nobel con dos entradas que nos daban una visión de sus contribuciones: aquí y aquí). Las instituciones pueden ser reglas formales (como las leyes o los derechos de propiedad) o informales (como las tradiciones, las costumbres o los tabúes). Ejemplos de instituciones históricas que han tenido un impacto negativo en el potencial económico de las sociedades en las que estaban insertas incluyen el tráfico de esclavos en África, la mita en Peru o la desigualdad en el acceso a la tierra, entre otras muchas. Aunque la literatura sobre la calidad de las instituciones no está exenta de problemas (un muy buen resumen en esta serie de entradas), es justo decir que muchas de las críticas se refieren a la propia definición del término institución y al cómo se aísla su efecto empíricamente (aquí o aquí).

El papel de las instituciones a la hora de explicar el atraso económico histórico de España ya ha sido discutido otras veces en NeG. Este animado debate (aquí, aquí y aquí) confrontaba, por ejemplo, el impacto negativo del absolutismo frente al de la excesiva fragmentación de los mercados (derivada de la fragmentación política territorial). Siguiendo la estela de la literatura sobre instituciones inclusivas y extractivas, dos trabajos recién publicados por Daniel Oto-Peralías y Diego Romero-Ávila ponen el énfasis en la excesiva concentración del poder que las élites económicas y políticas disfrutaban en ciertas regiones de nuestra geografía.

Para ello analizan cómo los efectos de las instituciones heredadas de la Reconquista y la repoblación posterior, un proceso que se extendió durante casi ocho siglos (722-1492) y que finalizó hace ya más de quinientos años, todavía contribuyen a explicar parte de las diferencias regionales en los niveles de desarrollo económico dentro de la Península Ibérica. Estos autores argumentan que, bajo una economía de frontera, el ritmo de la expansión territorial, junto al nivel de inseguridad de la propia frontera, influyeron en el grado de concentración del poder económico y político, con el consiguiente impacto en la estructura de propiedad de la tierra. Al excluir a gran parte de la población del acceso a oportunidades económicas, estas instituciones extractivas acabarían frenando el desarrollo de estas sociedades en el largo plazo.

En el primero de estos estudios, estos autores documentan que en aquellas etapas en las que la Reconquista y la posterior colonización del territorio avanzó con mayor rapidez, los niveles provinciales de renta per cápita en la actualidad son menores. El ritmo de la Reconquista está calculado dividiendo el área conquistada en cada etapa entre el tiempo que duró esa expansión (en años). La figura 1 muestra cómo esta variable refleja bastante bien las etapas de la Reconquista que la historiografía ha identificado.

Fig. 1. La ReconquistaFigure 1 joeg

El siguiente gráfico muestra la relación básica que hay detrás de este trabajo: el vínculo negativo entre la velocidad de la Reconquista y el nivel de desarrollo económico regional (medido por la renta per cápita en 2005). Esta relación no se explica por el hecho de que la mitad sur peninsular tenga unas características geográficas y climáticas propias (el gráfico ya muestra la relación entre esas dos variables después de haber controlado por una serie de factores que podrían estar afectando al análisis). Este resultado se mantiene también con distintas especificaciones del modelo o cuando, en lugar de provincias, se utilizan municipios como unidad de análisis.

Fig. 2. Ritmo de la Reconquista y PIB per cápita en 2005Figure 2 joeg

El artículo argumenta que la velocidad de la Reconquista influyó en la concentración del poder económico y político en las distintas regiones. Así, en contraste con procesos de repoblación más graduales, auspiciados por la propia Corona y protagonizados por colonos individuales, que desembocaron en distribuciones más equitativas de la tierra, la conquista y colonización de grandes porciones de territorio estuvieron dominadas por la nobleza y las órdenes militares. La extrema desigualdad resultante en la estructura de la propiedad persistió a través de los siglos e impidió que amplios segmentos de la sociedad aprovechasen las oportunidades que se abrieron con la llegada de la industrialización. El ejercicio econométrico de hecho confirma que el efecto negativo del ritmo de la Reconquista en los niveles de desarrollo (medido esta vez a través del grado de urbanización) se hace más fuerte a partir de 1860. La desigual distribución de la propiedad también pudo limitar los niveles educativos, un mecanismo que Julio Martínez-Galarraga y yo mismo hemos documentado y del que hablamos más extensamente en esta otra entrada.

El segundo de sus trabajos centra el foco en cómo una mayor peligrosidad de la frontera favorecía un equilibrio político en el que las élites militares disfrutaban de un peso muy importante, lo que generaba una sociedad muy desigual. Para lograr su objetivo, estos autores explotan las diferencias a ambos lados de la frontera que separaba la Corona de Castilla del Reino de Granada, una frontera que se mantuvo relativamente estable durante dos siglos y medio. En este sentido, la amenaza militar obligaba a la Corona a depender de la nobleza y las órdenes militares para defender el territorio a cambio de generosas concesiones políticas y económicas. Por contra, una vez que Castilla conquistó el Reino de Granada (lo que tuvo lugar en relativamente poco tiempo: de 1481 a 1492), las áreas que había que reorganizar ya no estaban sujetas a la amenaza de la frontera lo que modificaba completamente el equilibrio político resultante y, por tanto, la distribución del poder económico y político.

Fig. 3. La frontera de Granada y el porcentaje de jornaleros sin tierra en 1787Figure 2 jeea

Como se ve en el mapa anterior, los municipios que están del lado cristiano tenían, a finales del siglo XVIII, un mayor porcentaje de trabajadores sin tierra (el artículo también evidencia que estos municipios sufrían una mayor concentración de la riqueza y un mayor grado de derechos jurisdiccionales en manos de las clases privilegiadas). Al comparar zonas que de otra manera son muy similares (el artículo analiza concretamente los municipios que caen dentro de una distancia de 25 kilómetros de la frontera), esta estrategia permite aislar convincentemente el efecto diferencial de estas instituciones. Los autores controlan además por una batería de variables geográficas y climáticas para capturar posibles diferencias en los municipios existentes a los dos lados de la frontera. Y el efecto de la frontera no sólo es visible a finales del siglo XVIII sino que persiste todavía hoy en día: tanto en indicadores de desigualdad en el acceso a la tierra como de desarrollo económico, lo que vuelve a subrayar el negativo efecto de la excesiva concentración del poder en manos de unos pocos en la trayectoria a largo plazo de la sociedad.

Aunque no hay que olvidar, como mencionamos al inicio, las limitaciones de este tipo de estudios, es muy buena noticia que la historia de la Península Ibérica esté en el centro del debate internacional sobre la influencia de las instituciones en el crecimiento económico. Así, este otro trabajo que está a punto de ser publicado de Eric Chaney y Richard Hornbeck estudia los efectos de la expulsión de los moriscos del Reino de Valencia en 1609 (más de 130.000, lo que suponía alrededor de un tercio de la población total). Aprovechando la diferencia entre áreas donde los moriscos eran importantes de donde lo eran relativamente menos, estos autores muestran la persistencia de instituciones extractivas en las áreas moriscas más de siglo y medio después de su expulsión. Las causas del atraso económico español son pues variadas y complejas y nuevas contribuciones al debate son siempre bienvenidas.