Inercia y cambio institucional, un problema resuelto en el regadío español

Entrada escrita por José-Antonio Espín-Sánchez

Fuente: www.campocyl.es

En estos tiempos tan revueltos se habla mucho de instituciones, de marco institucional y, sobre todo, de cambio institucional (por ejemplo aquí, aquí, aquí, aquí, aquí o aquí). En los últimos años la economía ha cambiado su forma de mirar el mundo y ha ido girando cada vez más hacia la economía política, en gran parte por el trabajo de Acemoglu, Johnson and Robinson (AJR), pero también por un nuevo auge de la historia económica, que tiene mucho de economía política.

El ejemplo paradigmático de cambio institucional es uno en el que existe una institución vieja (dictadura) que es ineficiente y una institución nueva (democracia) que es más eficiente. El problema es que el reparto de bienestar en la nueva institución es distinto que en la vieja, lo cual crea problemas. Lo que es peor aún, los agentes que tienen el poder de decidir (élites), son los que se verían perjudicados por el cambio, así que lo bloquean. En un mundo ideal, los “perdedores” (élites) podrían escribir un contrato con los “ganadores” (ciudadanos) mediante el cual se hace un cambio a la nueva institución (democracia) y, a cambio, más tarde, los “ganadores” hacen una transferencia de recursos a los “perdedores”. Dado que la nueva institución es eficiente, lo que ganan los ganadores es más que lo que pierden los perdedores, valga la doble redundancia, así que siempre se puede encontrar un “precio” para este contrato. Como en el mundo real observamos que hay instituciones ineficientes que persisten, a pesar de que todas las partes involucradas las ven como ineficientes, debemos concluir que el mundo real no es ideal.

Para responder a la persistencia de instituciones ineficientes, y en concreto a cómo cambian a otras más eficientes, y a riesgo de simplificar demasiado, se pueden distinguir dos escuelas recientes, si bien a veces no es tan fácil distinguir a que escuela pertenece un argumento en concreto. La primera es la Nueva Economía Institucional (NEI). Se asume que los agentes tienen compromiso perfecto (perfect commitment), así que lo que escriban en un contrato no se puede romper.  Sin embargo, existen costes de transacción, lo cual hace que haya una pérdida de riqueza al hacer el cambio. Las predicciones son simples, si la diferencia en bienestar entre la institución vieja (dictadura) y la nueva (democracia) son muy grandes, y los costes de transacción pequeños, entonces habrá cambio, y viceversa.

La segunda, y de nuevo simplificando mucho, es la que podríamos llamar Economía Política (EP), ejemplificado en AJR.  En este caso se asume que los agentes no se pueden comprometer a nada. De modo que los “perdedores” (élites) deciden seguir con la institución vieja (dictadura) porque no confía en que los “ganadores” (ciudadanos) cumplan su parte del trato. ¿Como se explica, por tanto, un cambio institucional en esta literatura? Dos opciones: o hay una revolución, con lo cual los “ganadores” (ciudadanos) toman el poder de decidir, o hay una probabilidad de que esto pase y la amenaza es suficiente para que los “perdedores” (élites) decidan cambiar. Las predicciones son aún más simples que antes: solo hay cambio institucional si hay un cambio político (revolución) o una amenaza suficientemente probable de que lo haya.

En resumen, la NEI se fija en cambios relativos en precios, o tecnología, para predecir cambios institucionales, asumiendo compromiso perfecto. La EP se fija en cambios políticos y de poder de decisión, asumiendo compromiso imperfecto. En un artículo recientemente publicado en el Journal of Economic History exploro una tercera alternativa, que analiza cambios institucionales cuando lo que cambia es, precisamente, la capacidad de compromiso. En lugar de asumir que la capacidad de compromiso es perfecta, o totalmente imperfecta, podemos verlo como algo entre medias. En este caso, cuando la capacidad es suficientemente alta, los “perdedores” y los “ganadores” escriben un contrato de transición. Durante este periodo de transición, la institución que existe no es ni la vieja (dictadura), ni la nueva (democracia), sino una institución cuyo único objetivo es hacer de puente entre las otras dos. Durante este periodo, los “ganadores” van haciendo pagos de la transferencia a los “perdedores”, mientras que los “perdedores” van entregando poder de decisión a los “ganadores”. La clave de que esto funcione es que se necesita un mínimo de compromiso por parte de los ganadores para empezar la transición y que los “perdedores” puedan echar marcha atrás en mitad de la transición, si sienten que no se va a completar el pago.

En el artículo, aplico este modelo a los regantes en Mula (Murcia), los cuales, después de más de 700 años usando subastas para asignar el agua del río entre los regantes, en 1966 cambiaron a un sistema de tandas, que era el más común en la región y es el que todos tienen ahora en el Mediterráneo español. La clave para este cambio fue que el Sindicato de Regantes (ganadores), consiguió en 1966 una línea de crédito para comprar los derechos de agua al Heredamiento de Aguas (perdedores). A partir de 1966 se suspende la subasta. El Sindicato y el Heredamiento acuerdan un precio fijo, que se ira renegociando, para todo el agua. El Sindicato entonces asigna el agua uniformemente entre sus miembros. Desde 1966, el Sindicato usa la línea de crédito para comprar los títulos de propiedad a los accionistas del Heredamiento. En 1981, el Sindicato ya había comprado todas las acciones con lo cual el precio fijo del agua era una transferencia interna así que se unen legalmente el Heredamiento y el Sindicato, y también la propiedad del agua y la tierra.

La pregunta en la mente del ávido lector ahora debe ser que, si este proceso fue tan simple y tan lineal, ¿por qué tardó 700 años en producirse? La clave, una vez más, está en la capacidad de compromiso. Como se ve en la Figura 1 abajo, hasta los años 60, los regantes no tenían capacidad de comprometerse a pagar las acciones del heredamiento. No tenían suficientes ahorros para comprarlas al contado y ni los dueños de las acciones ni ningún banco les prestaron el dinero. El problema reside precisamente en la transición. Durante la transición, prácticamente todo lo que producen los regantes va a parar a pagar el préstamo. De esta manera, esto puede provocar que los regantes no tengan los mejores “incentivos” para trabajar duro y pagar el préstamo. Anticipando esto, no hay prestamista que se la juegue, a no ser que los regantes pongan suficiente colateral o un pago inicial.

Figura 1: Depósitos medios reales en cajas rurales en Murcia y en España (INE).

Esto es precisamente lo que pasó. Sin embargo, en los años 50 y 60, se produce un boom exportador de productos agrícolas (frutas y verduras), desde el Mediterráneo español hacia Europa. Como se puede ver en la Figura 2, durante los años 50 y 60 se produce un aumento temporal de los precios de los productos hortofrutícolas que exportaban los huertanos. El aumento temporal de precios es suficiente para que los huertanos salieran de su particular trampa de liquidez en la que habían estado durante más de 700 años.

Figura 2: Precios reales de productos agrícolas, Pesetas/kg (1955=100)

Por primera vez en 700 años un número suficiente de regantes pueden ahorrar por encima del nivel de subsistencia y, tras algo más de una década de ahorros, pueden convencer a alguien de que les abra una línea de crédito. Así que, parafraseando a Katharine Coman (1911), el cambio institucional fue un problema de riego resuelto.

Hay 8 comentarios
    • Gracias por la pregunta Alnair,
      La razón por la ineficiencia la estudio en otro artículo con Javier Donna (The Illiquidity of Water Markets).
      En resumen, y como argumentaba Katharine Coman y muchos otros antes y después, es que en algunos veranos, los precios alcanzan valores tan altos, que los regantes no pueden comprar el agua, aunque la valoren mucho, ya que no tienen efectivo suficiente para hacer el pago. Las restricciones de "liquidez" hacen que el mercado de agua no sea eficiente.

        • Gracias por el comentario Jose Pablo.
          Unos pocos regantes que, aunque no tengan la valoracion mas alta, si que pueden pagar por el agua en efectivo.
          No es que el agua se quede sin vender, en ese caso su precio bajaria hasta que alguien la compre, sino que acaban comprandola unos regantes que no tienen la valoracion mas alta. Unos pocos se quedan con todo el agua, de ahi la ineficiencia.

          • Debería pagar más aquel regante para quien el agua tiene más valor.

            Que se la quede el regante que tiene más dinero no apunta a un mal funcionamiento de las subastas si no de los mercados financieros y de formación

            Al financiero porque en un mercado con restricciones de liquidez todo se vuelve ineficiente, por eso inventarmos los mercados financieros (y cuanto más profundos y completos mejor).

            Al mercado de formación porque los regantes que ganan las subastas están tirando su dinero al comprar un bien a un precio superior al valor que tiene para ellos.

            Para resolver una ineficiencia financiera desarrollar un mercado "primario" intrínsecamente ineficiente: conceder el agua con independencia del valor que esta tiene para cada regante, parece un error monumental.

            De hecho, si lo que pensamos es que "el agua es del que la trabaja", planteamiento "normativo" que nos llevaría al reparto "por tandas", sin duda mejoraría la eficiencia crear un mercado secundario de "derechos del agua" que permitiese a cada "propietario de derechos primarios" vender estos a quien estuviese dispuesto a pagar más por ellos, por ejemplo, organizando, por ejemplo, una subasta.

  • Resulta difícil comprender cómo se puede liar la manta a la cabeza un señor estudiado en Historia Económica y escribir un artículo como éste y como otros ignorantes, como yo, leerlo; será por la 'corrección económica' del texto.
    No es reproche ni menosprecio: es asombro después de la que nos ha caído.

    • Gracias por tu comentario pero, para que sea útil, los editores te pediríamos por favor que argumentes tu opinión.

  • Interesante trabajo. Gracias por compartir los resultados de vuestra investigación.

    Me surge una pregunta:

    Aunque hubiera regantes que, tras el aumento de los precios relativos de sus productos en los 50 y 60, hubieran conseguido ahorrar como nunca antes se había podido y conseguido una línea de crédito, entiendo que también hacía falta la disposición de los propietarios de la mayoría de acciones del Heredamiento a venderlas. Es decir, ¿se hubiera podido producir este cambio si los propietarios de la mayoría de acciones no hubieran querido venderlas (por considerar que obtendrían más beneficio de la explotación de rentas del monopolio que de la venta)?

    Por ejemplo, ¿podría haber existido, además del ahorro por parte de muchos regantes, una intencionalidad de vender las acciones por parte de los aguatenientes a causa de la creciente pérdida de rentas, en el marco de los procesos de modernización e intensificación agrícola, así como la creciente parcelación que se dio en la tierra levantina a lo largo del s.XX?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*