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Plagios y Consecuencias

Hoy, el defensor del lector de El País, Tomàs Delclós escribe sobre el caso de plagio por parte del magistrado Alfonso Villagómez Cebrián que Rodrigo Tena denunció en Hay Derecho.

Delclós explica la situación con gran cuidado y rigor. Además cita una carta que Francisco de la Torre (amigo, compañero de E-3 y de SEFOCUMA) y yo le escribimos al respecto y en la que decíamos:

“Siempre hemos contribuido (de manera no remunerada) al periódico por la satisfacción de ayudar a que el debate en la sociedad española mejore en las cosas de las “que sabemos”. Cuando alguien plagia lanza una duda sobre todos los demás “expertos”. El lector, con razón, puede empezar a pensar que lo que nosotros escribimos puede también tener poca originalidad o ser una copia descarada y por ello no prestar atención a nuestros argumentos. Entendemos perfectamente que EL PAÍS opere bajo la presunción de que los artículos que le envían sus colaboradores son originales. Es una presunción razonable y comprobar lo contrario sería innecesariamente costoso, en especial en estos tiempos de crisis económica en los medios. Pero sí que nos gustaría que el periódico, que además es un medio de referencia, tomase un actitud enérgica como respuesta a este caso, porque creemos que EL PAÍS y sobre todo sus lectores, se merecen artículos originales.”

Quería aprovechar esta entrada en NeG para añadir tres comentarios:

1) Personalmente, lo que me llevó a escribir la carta al periódico fue la “explicación” dada por el magistrado en el blog Hay Derecho. Copio de la misma:

“No trato de disculparme con la culpa ajena, pero por El País no se me confirmó ni avisó de que el texto iba a ser publicado.”

¿Y eso qué tiene que ver? ¿No envió acaso, como señala el defensor del lector, el artículo para que fuera publicado? ¿O es que si le hubiesen avisado que se iba a publicar hubiera dicho “no mira, mejor lo cambio, que no cito adecuadamente”?

Como se ve en el artículo de El País es una excusa que ha reiterado:

“…desconocía que el texto iba a ser publicado en la información que sobre el mismo tema se recogió en la edición del periódico del día 13 de abril”

Lo que me molestó profundamente es que esta es la típica excusa española: se saca uno de la manga algo que no viene a cuento para emborronar la discusión y, de manera más o menos abierta, incluir en las culpas a un tercero. Sinceramente, me parece peor la explicación que el acto original.

2) En España no hay casi nunca consecuencias de nada. El magistrado, excepto por los colores que le puedan sacar un par de entradas como esta, continuará su vida sin mayor consecuencia. Esto no debería ser así, pues este es el motivo detrás de muchos de nuestros problemas: ante la ausencia de controles, se abusa una y otra vez y, como Antonio Cabrales señalaba ya en este foro, se pierde la confianza en las instituciones.

Yo, si tuviese un caso judicial que ser dilucidado en España no querría que fuera llevado por Alfonso Villagómez. Su comportamiento (reiterado) de plagio y su respuesta en Hay Derecho y en El País hace que carezca, para mi, de la legitimidad para ejercer su cargo o para que confíe, ex ante, en su decisión. Ser magistrado es uno de las posiciones más importantes del Estado de Derecho y exige, por ello, un comportamiento exquisito.

En mi opinión, Alfonso Villagómez ha cometido de manera reiterada errores muy graves que son incompatibles con su condición de juez y debería, de manera voluntaria, abandonar la magistratura.

Desconozco si existen mecanismos disciplinarios dentro de la carrera judicial para que existan consecuencias en caso de que Alfonso Villagómez no tome la iniciativa voluntariamente, pero si tales mecanismos no existen, deberían existir.

3) Yo he sido muy crítico con los derechos de propiedad intelectual en este mismo blog. Pero mis criticas han sido siempre a sus contenidos económicos, no a los morales. A mi me parece, por ejemplo, que casos recientes como el de la traducción de las obras de Marx retiradas de internet es absurdo y que tanto el copyright como las patentes deberían ser reformadas profundamente. Jamás he negado los derechos morales del autor a ser reconocido como tal. Me parece fenomenal que alguien quiera copiar esta entrada y colgarla en su propio blog o hacer fotocopias y repartirlas a sus amigos (como por ejemplo ha ocurrido con mi famosa conferencia de ICADE). Mi derecho no es a la remuneración económica, mi derecho (moral, que no necesariamente jurídico) es que cuando se citen mis argumentos de manera directa se diga que yo soy el autor (para lo bueno y para lo malo) de los mismos.