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La mediocridad económica de la Cuba de Castro

cuba

Acaba de morir el dictador cubano. 57 años de falta de libertades deberían ser obituario suficiente para justificar la pertenencia de Fidel Castro al conjunto de personas que más bienestar humano han destruido en las últimas décadas.

Querría, sin embargo, escribir unas líneas para resaltar un aspecto que los apologetas del régimen algunas veces esgrimen: el comportamiento de la economía de Cuba desde 1959. Desde cualquier perspectiva que se mire, 57 años de dictadura han sido un fracaso económico sin paliativos.

Antes de entrar en materia debo resaltar que no considero que los éxitos o fracasos económicos de un sistema político hayan de ser el criterio principal de evaluación del mismo. Como dice el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea:

“La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.”

Estos son los fundamentos de la legitimidad de un régimen, en la Unión o en cualquier otro lugar del planeta.

Dado que no hay defensa alguna del comportamiento de Cuba en relación con los valores expresados en el anterior artículo (excepto el tan español y tan mediocre “¡y tu más!” mencionando las posibles peores violaciones en otros países), como explicaba antes, algunos hablan sobre los “supuestos” logros de la dictadura en términos de educación o sanidad.

Este argumento siempre me ha sorprendido. En primer lugar, porque si uno quiere seguir esa errónea ruta argumental, ¿qué hace con la España de 1954 a 1975? Entre 1954, cuando según las estimaciones más solidas, nuestra renta per capita sobrepasó su nivel anterior a la guerra civil, y 1975, el PIB español per capita en pesetas constantes (es decir, ya corregido por los cambios en los niveles de precios), se multiplicó por 3. Y no solo fue un crecimiento espectacular de la renta nacional: cualquier medida que uno mire (educación, sanidad, etc.) le dirá que entre 1954 a 1975 España pasó de ser un país pobre a ser un país relativamente rico. Desde el punto de vista económico, la España de Franco es un éxito un orden de magnitud mayor que la Cuba de Castro. Es totalmente contradictorio justificar la privación de las libertades en Cuba a cambio de una supuesta ganancia en desarrollo humano y, a la vez, no justificar con ello la dictadura en España. Todo argumento en favor de Casto gracias a sus logros económicos es, implícitamente, un argumento incluso más solido en favor de Franco.

Pero como la consistencia lógica no creo que sea un atributo que los defensores de la dictadura cubana valoren en exceso, paso directamente a la evidencia.

Empecemos con el PIB per capita. Es difícil saber cuál es el PIB per capita de Cuba, pues el régimen no ha sido nunca transparente al respecto. Por ejemplo, la Penn World Table, que es la fuente estadística más común en la literatura, no incluye a Cuba (o al menos no he podido encontrar sus datos).

El proyecto de Angus Maddison señala que el PIB per capita en Cuba en 1958 era $2363 y en 2008, el último año con datos, de $3764 (estos dólares son Geary–Khamis y por tanto intentan controlar por las diferencias en niveles de precios entre países y entre años). Esto nos da un crecimiento medio de 0.9% al año. En comparación, España pasó de $3150 en 1958 a $17734 en 2008, un crecimiento medio un pelín por debajo de 3.5% al año. Mientras que España y Cuba estaban separadas por una brecha del 33% de renta per capita en 1958, en 2008 la diferencia era el 370%. Aunque la renta per capita en España lleva estancada desde 2008 (si no ha caído una cantidad pequeña) y Cuba quizás haya crecido un poco desde 2008, el panorama es el mismo. Cuba sigue siendo un país pobre, España es una nación rica.

Podría efectuar otras comparaciones, como con Costa Rica o la República Dominicana, quizás “contrafactuales” más plausibles de una Cuba sin revolución (volveré a ello en un momento). Aunque estas comparaciones son menos contundentes, pero aun así apuntan todas ellas a la misma dirección. Por ejemplo, la República Dominicana, no muy portentoso ejemplo de casi nada, ha pasado de ser en los datos de Maddison un 45% más pobre que Cuba en 1958 a ser un 25% más rica en 2008.

Existen datos de renta per capita del Banco Mundial. Yo jamás empleo datos del Banco Mundial porque, como ya expliqué en otras entradas, los mismos sufren de problemas muy serios de corrección por niveles de precios. En esta entrada del blog Katalepsis se explica bastante bien y que concluye, de manera lapidaria:

“De 30 países [nota: 30 países de las Américas excluyendo Estados Unidos y Canadá), Cuba ocupa la posición 25, con Guatemala, Guayana, Nicaragua, Honduras y Haití por detrás.

De 12 islas caribeñas, Cuba es la número 11, sólo por delante de Haití.”

Una visión más sistemática de esta línea de razonamiento aparece en este trabajo de Felipe García Ribeiro, Guilherme Stein y Thomas Kang, en el que construyen una Cuba “sintética” sin revolución mirando a cómo otros países de la zona han crecido desde 1959 (controlando, claro, por condiciones iniciales). El gráfico 3 del trabajo, que aparece en el encabezado de esta entrada representa la diferencia entre la Cuba realmente observada y esa Cuba “sintética”. En 1974 la diferencia era ya un 40% de producto perdido (aquí otra comparación semejante).

Pero no todo es renta per capita: educación o sanidad son aspectos importantísimos de cualquier sistema económico. Pero aquí voy a “subcontratar” la explicación a un gran amigo de este blog, Pseudoerasmus, que desde Chokurdakh y con una paciencia infinita analizó hace unos años la situación de Cuba en su propio blog:

“Today, Cuba’s social metrics are marginally better than Costa Rica’s, but these were achieved at huge cost in terms of lost freedoms and lost output. But Cuba without Castro would have been at least Costa-Rica-like anyway.

The same thing for life expectancy and literacy. Cuba in 1950-60 was already more advanced in these areas than most other Latin American countries and certainly more than the Dominican Republic….

My overall point can be summarised thus. It’s not technically difficult or financially onerous to substantially improve life expectancy and infant mortality even for a poor country. What usually gets in the way is a combination of politics, institutional capacity, and cultural predispositions. Cuba’s accomplishments in human development are real, but not nearly as impressive as boosters claim. First, Cuba’s social indicators were already advanced in 1960 compared with its natural peers. Second, Castro’s regime was massively subsidised by the Soviets in overcoming the fixed costs associated with improving human development to near-developed country levels. Third, Cuba’s HD outcomes were facilitated by an authoritarian central planning regime with few political and social constraints faced by most human societies, which treated prestige health and educational metrics like Gosplan production targets to be met at all cost.”

Yo soy incluso más negativo. Cuando el dictador cubano enfermó, voló al jefe de cirugía del Gregorio Marañón. Que el dictador prefiriese a un empleado del Sistema Madrileño de Salud a sus propios médicos ya lo dice todo.

Si Cuba ha sido un desastre en términos de crecimiento económico y que la evidencia de sus países vecinos es que las mejoras en términos de desarrollo humano hubieran sido iguales o mayores en ausencia de dictadura, ¿qué explica estos malos resultados?

Aquí es donde entra la última barrera de defensa de los más ciegos defensores de la dictadura cubana. ¡La culpa es de otros! Normalmente ese otro es Estados Unidos y su embargo comercial. La verdad es que este argumento me suele dejar pasmado. Primero porque si esto fuera verdad, este sería la prueba definitiva de que el comercio internacional es maravilloso, algo que los defensores de la dictadura cubana no creo que quieran admitir, pues suelen ser ellos también los que se oponen a los acuerdos de libre comercio (aparentemente el comercio de Estados Unidos con Cuba es increíblemente beneficioso para Cuba pero el TTIP es horroroso para España; como decía antes, la consistencia lógica no parece tener mucha importancia para algunos).

Segundo, porque Cuba siempre pudo comerciar con el resto de las Américas, Europa y Asia. Aunque perder el mercado norteamericano es perjudicial, cualquier modelo de comercio internacional te va a decir que si uno puede seguir comerciando con el resto de las Américas, Europa y Asia, el coste en bienestar no va a ser mayor que unos cuantos puntos de PIB (es el mismo argumento que emplee sobre Brexit).

Tercero, porque Cuba probablemente ganó mucho más de los subsidios de la Unión Soviética con la compra de azúcar a precios inflados y la venta de petróleo a precios subsidiados (luego continuada por Venezuela) y ha seguido recibiendo grandes transferencias de capital de los emigrantes a Estados Unidos. De nuevo, este es un argumento que Pseudoerasmus explica en detalle y que no tengo que repetir.

No, no es la culpa de Estados Unidos. La dictadura cubana lo ha hecho mal económicamente porque se ha basado en un sistema, el comunismo, que siempre y en cada uno de los lugares en el que se ha aplicado ha resultado un fracaso. Al prescindir del mercado y de la propiedad privada de los medios de producción, el sistema de precios desaparece, la información necesaria para la coordinación económica se esfuma y no se generan los incentivos adecuados (a fin de cuentas, esto es de lo que va el Premio a Hart y Holmström de hace unas semanas). La dictadura cubana ha fracasado porque no podía ser de otra manera: operari sequitur esse.

El año que viene será el centenario de la revolución de octubre en Rusia (aunque en realidad de “revolución” tuvo poco; fue un golpe de estado de los que habían perdido las primeras elecciones más o menos libres en Rusia y que se negaron a aceptar el veredicto de las urnas). Lenin, un fanático sanguinario, llevó a un grupo de criminales al poder. Muchos, empezando en Cuba, siguen sufriendo las consecuencias de la caja de Pandora abierta hace casi un siglo. Hoy estamos un poco más cerca de cerrar esa caja.

P.d. Agradezco a Pseudoerasmus por señalar a la profesión muchos de los enlaces que he empleado en la escritura de esta entrada. Sin su ayuda me habría costado más del doble escribir esta entrada.