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de Guindos, el Rescate y el Partido Popular

guindos

(Esta entrada es conjunta de Jesús Fernández-Villaverde y Tano Santos)

Este fin de semana, gracias a la maravilla que es Kindle para comprar todos los libros españoles que uno quiera en Estados Unidos de manera inmediata, leímos en nuestro propio “club de libros” privado las recientes memorias publicadas por Luis de Guindos.

Contrario a todas nuestras expectativas, el libro resulta apasionante. Afrontamos la lectura del mismo, al principio, más por “obligación profesional” que por deseo con, al menos, el consuelo de saber que era corto (192 páginas en tapa blanda, según vemos en Amazon; 2345 locs. en la versión en Kindle). A menudo, este tipo de libro no es más que una versión esterilizada de los eventos sin valor alguno. Pero según íbamos pasando las páginas eran las ganas de ver dónde llegaba de Guindos y no una llamada al deber la que nos empujaba. Al alcanzar la última página, solo podíamos concluir que son estas unas memorias que requieren repetida lectura. El libro es sibilino en sus argumentos y revela mucho entre líneas. No solo importa lo que las memorias dicen, importa cómo lo dicen e incluso más lo que omiten.

El mensaje principal del libro es desmontar la narrativa oficial del gobierno sobre las causas de la crisis y el rescate, el papel del Partido Popular –primero en el oposición y luego en el gobierno- sobre el rescate y la recuperación. Años de ruedas de prensa, de ensayado marketing electoral y de “mensaje” de decenas de portavoces del partido quedan disueltos como un terrón de azúcar en las memorias del ministro. La contra-narrativa escrita por de Guindos es un torpedo de primera magnitud. Comentaban las noticias la semana pasada de la frialdad del presidente para con de Guindos el día de la presentación de su libro, que prologa también de forma gélida. No nos sorprende.

Y eso que Mariano Rajoy apenas figura en este libro: está desaparecido. En las pocas ocasiones que se asoma, de manera furtiva, está mal aconsejado o no tiene nada que decir (“España es un gran país” como todo consejo que puede dar a de Guindos en las duras negociaciones con el Eurogrupo.) En la resolución de la crisis no hay nadie más que de Guindos. Montoro solo es citado un par de veces; Álvaro Nadal, el director de la Oficina Económica del Presidente y que ha jugado un papel tan destacado en la gestión de la crisis, nunca es mencionado y Fátima Báñez apenas recibe una frase rápida cuando se discute la reforma laboral.

Pero el ejercicio de desconstrucción acometido por de Guindos va mucho más lejos que citar a unos e ignorar a otros.

Primero, de Guindos nos confirma el papel central del Partido Popular en la gestación de la crisis. España fue rescatada fundamentalmente como consecuencia de las cajas de ahorro que formaron el núcleo de Bankia gestionadas de manera política por los populares por años. Esto es, por ejemplo, lo que de Guindos nos cuenta sobre el nombramiento de Rato y los problemas de Caja Madrid:

“Rodrigo Rato accedió a la presidencia de Caja Madrid en enero de 2010 tras una negociación política de un año y, en especial, una dura batalla interna dentro de PP, muy reveladora de lo que eran las cajas de ahorro en España….

La verdad es que fue Rato quien pidió el puesto a Rajoy y este debió considerar las capacidades que quien pilotó la política económica con éxito reconocido durante los gobiernos de José María Aznar. No tenía que ser un mal banquero” (loc. 242 y siguientes; en Kindle es difícil dar la loc. exacta, así que esta es aproximada).

de Guindos, con total honestidad, no tiene reparo en subrayar la responsabilidad del Partido Popular y de Rajoy en la situación de Bankia. Él no es miembro del partido y, durante los peores años de las cajas, estuvo apartado de la primera línea de la discusión (“Por aquel entonces, yo veía un poco los toros desde la barrera. Daba clases en el Instituto de Empresa….Escribía un artículo semanal en el suplemento Mercados de El Mundo….”).

Segundo, de Guindos nos corrobora los errores fundamentales de gestión que se produjeron entre diciembre de 2011 y el rescate bancario de junio de 2012. Esto se ve en dos referencias.

La primera sobre la potencial amenaza de salida del euro en la reunión del G-20 en Los Cabos del 18 al 19 de junio de 2012:

“algún miembro de la delegación española empezó a especular con la posibilidad de amenazar con que abandonábamos la moneda única. Lo que se dice tirar la toalla desde un sexto piso y lanzarse detrás de ella” (loc. 1517).

Estas especulaciones no se limitaron a una conversación en la delegación española: se habían repetido en muchas ocasiones en reuniones en Madrid en las semanas anteriores y eran las que nos llevaron a escribir nuestro artículo “No queremos volver a la España de los 50” que había salido unos días antes (1 de junio de 2012) donde hablábamos de:

“…nuestra infantil amenaza de romper la baraja.

Y es que salirnos del euro, por mucho que resulte tentador, sería, muy probablemente, mucho peor de lo que imaginamos. Los que escuchan el canto de esta sirena nos dicen que eliminaría a la vez la deuda privada y pública y mejoraría la competitividad. La realidad es que, el día después de la salida, la situación sería complicadísima.”

Lejos de un firme compromiso con el euro, importantes miembros del equipo económico de Rajoy coquetearon de manera abierta con salirnos del euro. Y aunque ahora puedan argumentar que tal postura era sólo un “farol” (¿pues qué pueden decir excepto eso?), tales rumores dañaron nuestra credibilidad.

La segunda referencia es al proceso de negociación con Bruselas:

“En el centro del campo, al presidente Rajoy le hicieron un pase que pretendía ser de gol y que acabó en tarjeta roja. Alguien desde Moncloa le recomendó que hiciese pública nuestra pretensión de conseguir un déficit de 5.8% del PIB….

Estaba claro que al presidente no le habían orientado bien.” (loc. 964 y siguientes)

Y no fue este un episodio menor. La declaración de Rajoy de marzo de 2012 donde, a diferencia del 4.4% acordado en el Consejo Europeo con el gobierno saliente de Zapatero, el presidente anunció que el objetivo del déficit sería del 5.8% tuvo un efecto demoledor. de Guindos nos aclara que esta declaración no estuvo consensuada con él, que era quien llevaba las negociaciones con Bruselas. de Guindos culpa a Moncloa por este mal consejo que se le dio al presidente. Nuestra política de comunicación en Europa era manifiestamente mejorable. Esto es lo que uno de nosotros escribió en su día:

“Hubo otra consecuencia, más grave aún, de la mala apreciación que de nuestra situación tenía el gobierno y es la que se refiere a la relación y comunicación con nuestros socios de la Eurozona. El gobierno cometió en esto un error gravísimo y costosísimo para nuestros intereses. El primer error fue el anuncio por parte del presidente Rajoy, justo después de la reunión del Consejo Europeo el primer día de marzo donde se tomó la decisión de adoptar un duro pacto fiscal, de que España fijaría un objetivo del déficit del 5.8% frente al 4.4%, pactado el año anterior; que ésta era un decisión soberana de los españoles y que ya se lo comunicaría a la comisión en abril. El objetivo del 4.4% era, en efecto, completamente irrealista y contraproducente el intentar tal ajuste fiscal en nuestras difíciles circunstancias. Pero era insólito tal anuncio después de la firma del compacto fiscal, que parecía poner en duda precisamente lo que se había firmado; destrozaba nuestra credibilidad, algo innecesario para nuestro país que ya cumplía uno de los requisitos del mismo, que era precisamente la introducción de una norma constitucional que limitase el déficit, y enojaba a nuestros socios y otras instituciones europeas.”

Tercero, de Guindos nos explica que, contrario a la narrativa del Partido Popular, no fue el gobierno el que evitó el rescate total: fue la imposibilidad de acometer tal rescate por las instituciones internacionales dado el tamaño de nuestra economía.

Un rescate global de nuestra economía desaparece de la cartera global de soluciones factibles de la crisis de la eurozona en algún momento del 2011. ¿Por qué? Porque las necesidades de financiación de España son enormes. Si a España (o a Italia) se le hubiese puesto bajo el corsé del rescate, se le habría “sacado del mercado” y por tanto toda la refinanciación de su economía, tanto del sector público como del sector privado, hubiera tenido que pasar por los mecanismos de asistencia a nivel europeo. Esto hubiera requerido financiar estos mecanismos con cantidades gigantescas y probablemente la asistencia del BCE. Esto hubiera causado problemas políticos profundos en Alemania, y quizás también en Holanda y Finlandia, ante la reticencia de sus contribuyentes a financiar a un rescate de esa magnitud. La crisis griega había minado la voluntad del votante alemán de poner en marcha nuevos programas de rescate. Como relata Tim Geithner, el ministro de finanzas alemán, Wolfang Schauble, sugirió que una salida de Grecia del euro facilitaría el apoyo del contribuyente alemán a nuevos programas de rescate ya que estos no se percibirían como otro rescate encubierto de los griegos.

Además, el FMI hubiera tenido que ser parte del rescate. Pero esto habría obligado a una expansión importante de su balance y probablemente a una ampliación de su capital, algo delicado dado que el FMI está controlado por estadounidenses y europeos. Una ampliación de capital, abierta a países como la China o India, diluiría dicho control.

En definitiva: incluso en el peor momento de la crisis durante la primera mitad de 2012, el rescate global de la economía española no le interesaba a nadie. Ni a la clase política española, que hubiera perdido prestigio y capacidad de maniobra, ni a nuestros socios de la Eurozona, que se hubieran enfrentado al problema de tener que justificar levantar tales cantidades de un contribuyente escéptico después del fiasco griego. El plan de expulsar Grecia de la zona euro para cambiar las voluntades del contribuyente alemán, no prosperó porque como explica bien Geithner en sus memorias “It wasn’t clear why a German electorate that hated the Greek bailouts would feel much better about rescuing Spain or Portugal or anyone else” (p. 483).

El propio de Guindos en su fascinante relato de este periodo avala esta tesis cuando describe la famosa reunión en la que se deciden los términos del Acuerdo de Entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés el rescate bancario y que describimos aquí y aquí). En esta reunión en algún momento se intentó ligar la línea de crédito disponible para la recapitalización bancaria con la condicionalidad macroeconómica, algo que el gobierno se negaba (y con buen motivo, como dijimos aquí). de Guindos reacciona así:

“Yo no podía aceptar que a España le dirigiera la política económica, desde fuera, la troika en pleno porque hubiera sido tanto como ir al rescate completo pero sin dinero para tal fin.

Ahí me plante y dije que me levantaba de la mesa. Que si esto es lo que querían, solicitaba un programa completo para España por medio billón de euros y que después ya podían ir preparando otros 700,000 millones para Italia.” (loc. 1355)

Es de Guindos quien amenaza a nuestros socios con solicitar el rescate, no al contrario. Estos dos párrafos destruyen de forma completa la narrativa que el gobierno ha intentado presentar sobre la pericia que se exhibió en evitar la “ignominia” del rescate. Es justo al contrario. Eran nuestros socios los que no querían el rescate global.

Nos quedan muchas cosas más que contar, como sobre los dos decretos de reforma financiera, la formación del banco malo, sobre la recuperación de la economía o la todavía pendiente consolidación fiscal, pero paramos aquí por el momento. Pero si usted, querido lector, quiere “desmontar” el discurso económico del Partido Popular no nos lea a nosotros. Lea a de Guindos. Él se lo cuenta de primera mano.