"El trabajo fijo es un concepto del siglo XIX"

imagenEl presidente de la patronal CEOE ha vuelto a provocar fuertes reacciones con una de sus afirmaciones. Literalmente dijo que “tener un trabajo fijo, seguro es un concepto del siglo XIX en el XXI”. No es la primera vez que me sumo a estas reacciones en este blog, porque el líder de la Patronal tiene un don especial para realizar afirmaciones a veces desacertadas, y casi siempre desconcertantes. Pero en esta ocasión, no sólo la aseveración de Joan Rosell, sino también las reacciones merecen un par de reflexiones.

La primera se centra en la frase, fuera de contexto, tal como aparece en los titulares de los medios. Algunos han interpretado que la Patronal sigue en su línea y no parará de demandar de forma insaciable reformas hasta reducir los costes laborales a la mínima expresión, con el argumento de que así se compite mejor. Se suele olvidar sin embargo que el empleo fijo y seguro también es y sigue demandado por muchas empresas, incluso las del siglo XXI, y que hay argumentos económicos para explicarlo.

Para entenderlo, no hace falta remontarse al empleo fijo del tiempo de la esclavitud, o los contratos de trabajo vitalicios del período de servidumbre medieval. Si nos referimos al empleo fijo como contrato indefinido tal como lo entendemos actualmente un buen resumen histórico-jurídico se puede encontrar aquí. Como verán tampoco hace falta remontarse al siglo XIX. El concepto de contrato indefinido aparece por primera vez en la Ley de Trabajo de 1931, y para la introducción del despido improcedente y la readmisión obligatoria o el cobro de indemnizaciones habría que ir a la Ley del Contrato de Trabajo de 1944 y un decreto que data de 1956.

Si la idea de Rosell es propugnar que el problema del empleo fijo son precisamente los costes del despido y que habría que suprimirlos, es un error pensar que esta idea esté apoyada de forma generalizada por los economistas. Desde el punto de vista de la Economía Laboral se han expuesto varios motivos para fundamentar la existencia de estos costes. Vienen muy bien resumidos por Juan José Dolado en una entrada que tituló “¿Por qué hay costes de despido?”. En concreto: permiten hacer frente a problemas de riesgo moral asociados con el uso abusivo de prestaciones y subsidios; otorgan un mayor poder de negociación a los trabajadores corrigiendo los desequilibrios entre aquellos y las empresas; tienen un rol de aseguramiento para los trabajadores en un contexto en el que no existe mercados de seguros perfectos; juegan un papel de estabilizador automático del ciclo económico y compensan al trabajador por la pérdida de capital humano.

Pero, más allá de estos motivos, recuerdo con frecuencia que el maestro Luis Toharia solía decir que el contrato indefinido era un invento de los empresarios, y también, como me recordaba ayer Virginia Hernanz, una de sus más fieles discípulas, “si las empresas quisieran tendrían a todos sus trabajadores con contratos temporales”. Y es que por poco que uno piense, se encuentra también con unos cuantos motivos en la Economía Laboral para justificar que los principales interesados por el contrato indefinido podrían ser los propios empresarios.

En primer lugar, recordemos las implicaciones de los contratos de incentivos con salarios diferidos à la Lazear para resolver posibles problemas de riesgo moral. Como trabajadores no deberíamos aceptar este tipo de contratos, dado el riesgo de que los empresarios "tomen el dinero y corran". De ahí su interés en la fijación de contratos de duración indefinida con indemnizaciones, sin los que no podrían imponer su perfil salarial a los asalariados. Un segundo motivo es la retención de trabajadores que considere valiosos. El trabajador sólo tiene derecho a la indemnización y (a las prestaciones contributivas) si se ledespide, no en caso de abandono, encareciendo por lo tanto la movilidad voluntaria . En tercer lugar, el contrato indefinido se puede considerar en un modelo de salarios de eficiencia como un premio (en la versión de Akerloff-Yellen) o una promesa de renovación (por ejemplo este trabajo de Maia Güell) que aumente la productividad del trabajador. Finalmente, en modelos de diferencias compensatorias, la estabilidad laboral es simplemente un componente de la retribución laboral que puede ahorrar costes salariales directos.

El hecho es que todos estos motivos no parecen funcionar muy bien en España. Unos datos recientes corroboran, por si ya tuviéramos poca evidencia, el exceso a toda vista de rotación laboral en nuestro país. Estos datos son las tasas de salida del empleo al desempleo en los países de la UE. No cabían todos en el gráfico, pero España aparece en cualquier caso en primera posición del ranking con una tasa que dobla o triplica a la mayoría de los países europeos.

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Nótese que no sirven las excusas tradicionales referidas a la estacionalidad (todos los países parecen verse en mayor o menor medida afectados por la misma), ni que el gráfico sólo considere un período de destrucción del empleo dado que sigue siendo altísima a partir del 2014, ni tan siquiera el exceso de trabajo en sectores como los de la construcción. De hecho, la burbuja inmobiliaria ya pasó, y sin embargo, el año pasado hemos vuelto a batir el record históricos de contratos temporales alcanzado al inicio de la crisis. Como se puede ver en el siguiente gráfico, la estructura de los contratos por duración es muy similar a la del año 2007. Los contratos temporales con una duración no determinada inicialmente, principalmente los contratos de obras y servicios, han vuelto a los mismos niveles de entonces (con 1,7 millones de empleos menos en la construcción). Si superamos las cifras del 2007 es esencialmente debido al importante aumento de los contratos de una semana o menos, en especial desde el inicio de la recuperación. Cierto que estos contratos pueden venir impulsados por el crecimiento del empleo en el sector de la hostelería que más ha contribuido hasta ahora al crecimiento del empleo (con cerca del 25% del crecimiento total).

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También es cierto que este tipo de contratos tan cortos afecta “sólo” a algo más 200 mil personas en el 2015 (el doble que hace tres años), pero lo interesante es que este aumento no se origina por una mayor contratación vía ETTs, así que una pregunta que nos podemos hacer es ¿cómo se gestionan entonces y, en concreto, qué importancia tiene o tendrá la digitalización en este tipo de contratos?

graf3_contratos 1 semana ETT

Y es aquí donde cabe enlazar con una segunda reflexión sobre las afirmaciones del Presidente Rosell, esta vez completas, y ya en el contexto en el que se realizaron: la presentación de un estudio sobre transformación digital:

"Está claro de que (sic) la digitalización y también el empleo, el empleo fijo, seguro, aquel que teníamos, que es un concepto del siglo XIX en el XXI, habrá que ganárselo todos los días. Igual que las empresas, los productos, las tendencias, las modas; van a haber (sic) muchas sorpresas en el inmediato futuro...".

La era digital no sólo está teniendo un impacto sobre el empleo, y su composición, como recordé en una entrada reciente, también lo tiene y tendrá aún más en las formas de empleo y en las relaciones laborales. Posiblemente no hayamos aún captado del todo el cambio que se avecina, pero las noticias que nos llegan de otros países, en especial de EEUU,  nos dan una indicación de lo que está por llegar y ya saben, cuando las barbas de tu vecino veas pelar...

Conceptos como la uberización del trabajo, la gig economy o los supertemps, se están incorporando progresivamente a nuestro lenguaje, aunque no sepamos aún la forma más acertada de medir su extensión. En EEUU algunas estimaciones señalan que hasta un tercio de los trabajadores ya serían feelancers, cierto que la mayoría no ha sustituido esta nueva situación por el trabajo asalariado, sino como actividad complementaria. Pero la uberización del trabajo  ya no se limita al sector del taxi, y el fenómeno de los supertemps ya se ha extendido a los trabajadores más cualificados.

En varios empleos, ya no es necesaria la presencia física del trabajador, el trabajo se realiza desde casa. Los emparejamientos se realizan a través de dispositivos móviles, sin necesidad de mayor intermediación. Surgen y surgirán grandes empresas sin empleados y una miríada de trabajadores independientes. Los servicios públicos de empleo se han quedado atrás, las agencias de colocación privadas y portales de empleo tradicionales pronto también dejarán de ser alternativas, sustituidos por algoritmos cada vez más potentes, también surgirán nuevas formas de representación, con el surgimiento del sindicato de freelancers en EEUU, nuevos gremios, si, como en la edad media.

Huelga recordar que EEUU es uno de los países con menor protección del empleo, y  sin embargo, todo esto está ocurriendo allí. Resulta difícil pensar que se puedan poner puertas al campo, la revolución digital llegará también con fuerza aquí, pero seguramente seguirá habiendo empresas que prefieran el empleo fijo. Así que la pregunta que nos tenemos que hacer es si en los países con legislaciones laborales más rígidas, las nuevas tecnologías tendrán mayor o menor impacto aún que en EEUU y si esta revolución precarizará aún más nuestro mercado laboral.

Y mientras las organismos internacionales y gobiernos se están preocupando, e intentando buscar soluciones, aquí seguimos con debates poco fecundos, con propuestas que no resolverán nuestro problema de dualidad laboral y con un terreno abonado para una mayor segmentación aún del mercado de trabajo.

Hay 22 comentarios
  • La segunda reflexión la comentaba también Ignacio Sagardoy en Expansión a raíz del artículo del NYT:
    "lo usual comienza a ser el trabajo temporal, por proyectos, los trabajadores autónomos, los empleados 'a llamada', los llamados 'uberizados'; alternativas en las que es difícil identificar propiamente una relación laboral o, incluso, en las que ni siquiera conoces a tu empleador.".
    "todo ello está teniendo consecuencias notables en la protección social de estos nuevos trabajadores"
    https://pbs.twimg.com/media/CfQ72Q_WEAE60eo.jpg

    • Con unos niveles de productividad insuperables por parte de la tecnología, junto a unos costes decrecientes , al tiempo que los costes laborales suben (cada vez menos) y unos salarios que en los últimos años han perdido entre el 20% UE y el 25% ESP de poder adquisitivo. Suena ciertamente irónico pensar que el trabajo temporal (sobretodo el menos cualificado) no tiene mucho futuro, es más en breve veremos como las grandes ETTs se transforman drásticamente. ¿Se pondrán a alquilar robots para hacer ese tipo de trabajos?

  • Como tu indicas si por fijo e indefinido, queremos apuntar a un trabajo con idemnización de despido, esta se pedira que sea baja cuando se quiere despedir o se desea captar talento. Pero siempre se pedira que crezca cuando se desea captar talento en situaciones de mucha competencia. Sobre todo porque es una mochila que el trabajador no se lleva consigo (ni siquiera parcialmente) con el actual modelo ¿Porque?
    Como bien apuntas estos nuevos modelos aprovechan la capacidad de intermediación (Automatizada) para simplificar la relacción proveedor (productor o poseedor del bien) y cliente (consumidor final del mismo) Reduciendo esta tarea a un solo paso. Y embolsandose una comisión. ¿Por intermediar donde? En un nuevo mercado, el suyo. No se trata de intermediarios en un mercado abierto como la bolsa, mercado único para todos, donde intermediar no equivale a tener control del mercado. Otras plataformas y mercados paralelos son posibles, si, pero puede resultarles muy dificíl hacerse hueco.
    ¿Porque necesitamos unirnos a varias plataformas de mensajeria o redes sociales? Porque cada una es estanca. ¿Porque no sucede como con el correo electrónico? Plataforma abierta que intercambia mensajes entre distintos proveedores de servicio. Porque pierden el control del mercado.
    Por último, muchas de estas soluciones gig economy suenan muy parecido al "falso autonomo" ¿No os parece?

  • "Resulta difícil pensar que se puedan poner puertas al campo."

    Esta afirmación (que curiosamente se oye con cierta frecuencia) sólo puede ser hecha por alguien que no ha ido nunca al campo.

    En todo caso, no parece razonable impedir cualquier eficiencia que la tecnología pueda aportar, ni obligar a las empresas a cargar con los costes sociales que se derivan de la falsedad general de la ley de Say (y en particular en su aplicación al mercado laboral).

    Necesariamente habrá que admitir en algún momento no que el trabajo fijo sea un concepto del siglo XIX, sino que el trabajo es un concepto del siglo XX.

    Habrá que buscar nuevas formas para que la mayor parte de la población tenga acceso a los bienes de consumo, sin mediar un salario y sin que dichos bienes dejen de producirse.

    Esto obligará en algún momento, se quiera ver o no, a tomar control de la máquina. la alternativa es un futuro paradójico de pobreza masiva y máquina ociosa.

    • En el inicio de su conentario se equivoca de pleno, seguro que no conoce nadie que haga tantos miles de kilómetros al mes por y para vivir en el campo. Sus pocos dones como pitoniso me tranquilizan bastante en relación con el resto del comentario.

      • Sr. Felgueroso:

        Si frecuenta usted el campo (y no tengo motivo para no creerlo) sabrá usted que está lleno de cercas, vallas y cancelas. Dicho de otra manera: siempre se puede poner barreras a la libertad, en cualquiera de sus formas, y los hechos lo demuestran abrumadoramente. Otra cosa es que se deba y en qué casos.

        En cuanto al problema del trabajo, la hipótesis de partida implícita de toda la economía académica es que existe una cantidad infinita de trabajo potencial porque existe una cantidad infinita de demanda potencial. Y no se quiere hacer explícita dicha hipótesis por una razón más que obvia: es aberrante. Ni siquiera la mayor se sostiene, pues la producción puede llegar a ser realizada, en un caso límite, de manera enteramente automatizada.

        En vez de coger el toro de la realidad por los cuernos, toda la economía académica se movilizará bajo distintos estandartes, que producen cierta impresión de pluralidad, y se las ingeniará para no poner en tela de juicio el statu quo político y buscar extrañas razones para la persistencia del desempleo: los empresarios son muy malos, los asalariados son muy vagos, el mercado está demasiado o demasiado poco regulado, faltan "políticas activas de empleo", o sea, mecanismos que convenzan a los empresarios para contratar gente que no necesitan, el banco central todavía no ha impreso suficientes billetes, etc.

        • Jaime,

          el lugar común de las puertas y el campo no se refiere tanto a la imposibilidad física de construirlas como a su reducida eficacia ... sobre todo cuando se ponen en caminos que llevan a lugares donde se reparte dinero

  • Una entrada muy interesante Floren, pero si tuviéramos mejores datos sobre demanda de trabajo en España muchas de estas declaraciones se desmontarían por si solas.

  • En mi caso particular, estoy a favor de que las nuevas tecnologías y los nuevos procesos que traen consigo se incorporen al mercado de trabajo y, más en general, a cualquier ámbito de la economía. En un mundo globalizado es difícil pensar que la mayor eficiencia de ciertos instrumentos no acabe extendiéndose entre todos los agentes competidores. Me parece, además, que existe una relación inversa entre la implantación tecnológica y los índices de desempleo.
    Ahora bien, considero la economía como un instrumento ancilar de la sociedad y de sus construcciones políticas. Por tanto, como también se señala en el artículo, corresponde a los representante políticos integrar los nuevos cambios de modo que mejoren el bienestar real de los ciudadanos, en especial, de los más vulnerables. Lo que no es aceptable es la precariedad, la inseguridad económica ni la exclusión social o política de una parte de la población.
    Si los nuevos cambios conllevan un aumento de la productividad por hora trabajada y esta mejora se distribuye solidariamente, todos ganaremos. Y si, como consecuencia de una evolución tecnológica, el puesto de trabajo pierde aún más seguridad, pues habrá que encontrar fórmulas políticas que compensen este fenómeno. A mí me parece que a la larga una renta básica universal será la mejor solución, pero es solo una intuición.

    • El mundo no está tan globalizado como parece https://www.ted.com/talks/pankaj_ghemawat_actually_the_world_isn_t_flat?language=en (es un agradecido, y peligroso, lugar común) y, en cualquier caso, los "servicios", que representan el mayor peso en el PIB de los países desarrollados (y creciendo) son, en su mayoría, bienes no transables así que son, por desgracia para todos, inmunes a la "globalización" (y a las mejoras de productividad que supone).

      No sé de donde sale la relación (inversa) entre "implantación tecnológica" e "índices de desempleo": USA, UK o Alemania parecen más "implantados tecnológicamente" (whatever it means) que España, Grecia, Francia o Italia y sus índices de desempleo no son, desde luego, más elevados. Lo que sí parece haber es una relación más clara, al menos anecdótica, entre afán gubernamental por "proteger el empleo" y "índices de desempleo" (esta vez nada inversa) y, al menos, una correlación clara (esta vez sí inversa) entre cantidad de regulación y renta per capita http://www.wsj.com/articles/ending-americas-slow-growth-tailspin-1462230818?cb=logged0.38960226745095005

      "corresponde a los representante políticos integrar los nuevos cambios de modo que mejoren el bienestar real de los ciudadanos, en especial, de los más vulnerables" ... dado el track-record de los políticos "reales" (no los ángeles políticos que, contra toda evidencia, tendemos a imaginar), que Dios coja confesados a los ciudadanos; en especial a los más "vulnerables" (que, por cierto, como colectivo tienden a no ser ciudadanos de ningún país).

      El bienestar real que sí parece mejorar mucho es el de los políticos españoles ...
      http://www.elconfidencial.com/espana/2016-05-19/granados-yate-lopez-madrid-punica_1202351/

      • Muy interesante Mccloskey en este tema (la "revolución" es la mejora de las condiciones de vida de los más desfavorecidos).

        What public policy to further this revolution? As little as is prudent. As Adam Smith said, “it is the highest impertinence…in kings and ministers to pretend to watch over the economy of private people.” We certainly can tax ourselves to give a hand up to the poor. Smith himself gave to the poor with a liberal hand. The liberalism of a Christian, or for that matter of a Jew, Muslim or Hindu, recommends it. But note, too, that 95% of the enrichment of the poor since 1800 has come not from charity but from a more productive economy.

        Rep. Thomas Massie, a Republican from Kentucky, had the right idea in what he said to Reason magazine last year: “When people ask, ‘Will our children be better off than we are?’ I reply, ‘Yes, but it’s not going to be due to the politicians, but the engineers.’ ”

        I would supplement his remark. It will also come from the businessperson who buys low to sell high, the hairdresser who spots an opportunity for a new shop, the oil roughneck who moves to and from North Dakota with alacrity and all the other commoners who agree to the basic bourgeois deal: Let me seize an opportunity for economic betterment, tested in trade, and I’ll make us all rich

        http://www.wsj.com/articles/why-the-west-and-the-rest-got-rich-1463754427

  • Sobre el coste del despido, los motivos por los que supuestamente sería deseable por unos y otros, son irrelevantes más allá del debate teórico. La indemnización viene impuesta por la legislación, y el elevado paro estructural, y creo que también los bajos salarios relativos al entorno europeo desarrollado, indican que es superior al punto en el que el mercado la situaría si se determinara por el libre ajuste entre oferta y demanda.

    Las declaraciones de Juan Rosell probablemente sean exageradas. Pero, en esta misma entrada se habla de que la legislación relativa a los contratos indefinidos tiene su origen en la primera mitad del siglo XX. En una economía agrícola e industrial, orientada a la producción de bienes en cantidades más o menos estables, tiene sentido ese tipo de empleo. En cambio, en los sectores de producción de servicios bajo demanda que actualmente van aumentando de tamaño de forma continua, no tanto. Y no sólo por la tecnología. La obra civil y la construcción residencial, o la construcción de infraestructuras energéticas, por ejemplo, son actividades tradicionales en los que los contratos de obra y servicio tienen más sentido que los indefinidos.

    Supongo que esta polémica es otro ejemplo más de la rigidez institucional y la aversión al cambio de que gusta hacer gala aquí en España.

  • ¿Se imaginan que a un patricio romano, que tenía a su disposición la capacidad productiva de 30 o 40 personas, -llamese esclavos- , se le dijese que tendría que ponerse a trabajar, y además precariamente? Naturalmente no le encontraría ningún sentido.

    Pues igual deberiamos pensar nosotros, porque tambien tenemos esa capacidad productiva a nuestra disposición, aunque ahora no se llaman esclavos, sino máquinas o robots, aunque no los tengamos cada uno de nosotros, sino que esa fuerza productiva se haya concentrada en unas pocas manos llamadas empresas o multinacionales.

    Y si actualmente no contamos con esa capacidad productiva por cabeza, la gran ventaja es que mientras las unidades productivas llamadas esclavos, necesitaban más de diez años para producir otra unidad eficiente, los robots pueden replicarse en mucho menos tiempo.

    Nos sobra capacidad productiva industrial, lo que nos falta es eficacia organizativa, justicia social, interés real... o quizá lo que ocurre es algo más inquietante: Hay algo que los robots no pueden proporcionarnos, y es el "material humano". Sí, lo único que no pueden hacer los robots es esclavos.

  • Me vine de España a EE.UU. hace 10 años. No he tenido un trabajo fijo desde entonces, el que más me ha durado 16 meses. No he tenido ningún problema por ello. Mi mujer trabaja en ventas, y la mayor parte desde casa la cual ya tenemos pagada y por cierto acabamos de comprar otra en la playa.
    Podremos aplicar todas las teorías económicas o políticas que queramos, pero el futuro es de quien se adapte y sea flexible. No vale de nada lloriquear sino ver lo que se avecina y prepararse.

  • Creo que hay que hacer una diferencia entre los aspectos legales de una relacion laboral, como mercantil, si uno establece una relacion a tiempo indefinido, parte de los beneficios se encuentran en las compensaciones por fin de contrato. Al ser una relacion de desigualdad entre los firmantes el Estado fuerza a un contrato establecido. Eso es una cosa.
    Otra es el establecimiento de perfiles de trabajo por objetivos, donde la persona se especializa y puede incluso trabajar para varias empresas simultaneamente. Esta ultima vision por supuesto se puede hacer no en el total de casos, pero hace participe a la persona de la responsabilidad de ser en ultima instancia el responsable final de sus cualidades como trabajador y actor economico. Abandonando el sistema paternalista, clientelar del que se nutre la politica actual.
    En cualquier caso un cambio de mentalidad ayudaria a muchos a poder enfrentarse a ala actual situacion sin perder porque los derechos de acogerse a los contratos con indemnizacion.
    Y volver a centrar la crisis en la indemnizacion por despido es una demagogia brutal en terminos economicos, basicamente no se invierte porque los costes inerentes a una actividad economica ya antes de beneficios son tan elevadas que mejor dejarlo correr. La inversion va asociada al riesgo y beneficios esperados, y menos al coste de cerrar una operacion.

  • El sistema "capitalista" ya tiene muchos elementos del sistema "socialista". Ambos necesitan adjetivarse para resultar distinguibles: "anarco-capitalismo" o "socialismo radical" (comunismo ya no se usa dado el desprestigio al que han llevado el término sus realizaciones prácticas).

    Si "socialismo" es la propiedad estatal de los medios de producción, los gobiernos "capitalistas" ya confiscan el 40-60% de lo que producen los agentes (es más "limpio y elegante" expropiar lo que se produce que los medios necesarios para producirlo).

    A estas cifras se llega desde valores de un dígito a principios del s XX o inferiores al 20% en, por ejemplo, la España de los años 60s. El valor se estabiliza en los 90s, después de subidas de un 1-2% del PIB/año y se mantiene ahí con cambios puramente anecdóticos (+-5%) comparados con la evolución anterior.

    Dado que sabemos que el 100% de confiscación no parece crear sociedades muy "funcionales" tampoco es que haya mucho espacio para "socializar" más nuestro "capitalismo" actual.

    Si socialismo es "redistribución" los gobiernos modernos "capitalistas" ya redistribuyen el 40-50% de lo que producen los agentes (lo que recaudan menos un 10% de gasto, e incluso en este 10%, educación y sanidad, existe una componente substancial de redistribución).

    Por otro lado si no es "economía planificada" los tipos de interés negativos, la fijación por decreto de los retornos de capital de los bancos, la necesidad de licencias para cortar el pelo (Florida) o decorar interiores (California), el "mantenimiento planificado" de la producción agrícola o la extracción de carbón ... entonces ¿qué es una economía planificada?

  • José Pablo, César:

    Me parece muy interesante esta discusión.

    Tiene razón Jose Pablo cuando afirma que el estado ya desempeña un papel considerable, quizá excesivo, en la economía. Eso no significa que la panacea sea volver a las condiciones del siglo XIX, con sus asombrosos niveles de miseria urbana, desprotección de los débiles, formación de monopolios y fenómenos como la crisis del 29, cuyas consecuencias contribuyeron notablemente (no lo olvidemos) al enorme prestigio alcanzado por el sistema soviético en los años 30 y 40.

    Hay dudas razonables, por otra parte, de que aumentar aún más los impuestos (aunque sea sólo a ciertos niveles de renta) como propone Piketty, o ponerse a imprimir dinero como locos, pueda dar resultados satisfactorios y estables. Medidas de ese tipo tienden a desincentivar la producción, con los resultados esperados.

    Habrá que buscar otra vía, que consistirá en redistribuir no las rentas, sino los activos. Por una razón muy sencilla: si soy dueño del activo, ya no necesito el salario (que será cada vez más bajo, debido a la automatización) para acceder al producto. Me basta con poner el activo a producir para mí.

    O quizá fuera mejor revalorizar el trabajo reduciendo por ley la jornada laboral.

    O sea, acercarnos más a un capitalismo de pequeños propietarios como el que Adam Smith consideraba ideal, o bien a una de propietarios y asalariados revalorizados.

    ¿Cómo implantar esto? Admito que no será fácil políticamente, pero sí parece inevitable analizar en serio fórmulas para lograrlo. Ese debería ser la labor fundamental de la economía política en nuestros días.

    • Acierta Cesar queriendo terminar con los "extractores de rentas".

      No estoy seguro de que sea una lista de consenso pero: senadores, presidentes de diputación, partidos políticos del 3%, taxistas con licencia, agricultores de subvención, mineros del carbón, asesores fiscales, asesores financieros (en su mayor parte), consejeros delegados que se ponen el sueldo a sí mismos, constructoras españolas (liderando, inexplicablemente, los rankings mundiales por tamaño), aficionados a la colusión empresarial, protegidos varios de las páginas infinitas de los boes ... dan para mucha limpia.

      La redistribución de activos via "expropiación" tendría un efecto muy negativo en la productividad: en general (sin intervención estatal) los activos productivos tienden a terminan en las manos más capaces. Además, pese a la "mítica" del pequeño propietario, lo cierto es que son poco productivos.

      Pero es que, además, "redistribución de activos" ya produce el mercado: todos los activos de Inditex o de Apple o de Mercadona o de Google han sido "redistribuidos" en la última generación. En los países con más intervención esa "redistribución de activos de mercado" se produce menos (comparar la edad de las 10 empresas americanas más grandes y hacer lo mismo con el IBEX es muy deprimente).

      Creo que se infravalora, desde la Academia y las opiniones rápidas, la dificultad real que la maraña legal, fiscal y regulatoria impone a cualquier nuevo concepto. Hacer las cosas diferente o simplemente empezar a hacer cosas como "nuevo" supone interminables (e intelectualmente aburridísimas) sesiones. Y no hablo de España, hablo de USA!.

  • Las grandes corporaciones son dinosaurios que malgastan cantidades ingentes de recursos en tonterías, o bien en blindarse contra el interés general. Admito, con todo, que la productividad de la pequeña empresa y del autónomo es inevitablemente pequeña en términos relativos. No otra es la razón de que la mayoría de los emprendedores noveles fracase a los pocos años (por mucho que ahora se los quiera convertir en los nuevos mesías).

    La solución sería, por un lado, evitar las concentraciones excesivas (en la línea de la ley Sherman que salvó al capitalismo de una muerte segura en 1890) y, por otro, que la propiedad de las empresas grandes estuviera mucho más repartida, y que todos los accionistas tuvieran de verdad un poder similar dentro de la compañía.

    De esta manera se conseguirían a la vez las economías de escala de la empresa grande y la deseada evolución a una sociedad de pequeños capitalistas, dado que las rentas promedio de los no capitalistas (asalariados o parados) van a ser cada vez más bajas precisamente en la medida en que la productividad aumente gracias a mejores técnicas de organización, mayor formación y constante progreso tecnológico.

    Por lo que respecta a esa supuesto cambio de manos incesante de los activos, le recuerdo que una cosa es que cambien las empresas o marcas (que están arriba) y otra que lo hagan las personas.

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