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Un índice mundial del capital humano

Hace unas semanas el Banco Mundial lanzó a la luz su Human Capital Project, una iniciativa que pretende acelerar la inversión en el capital humano de las personas, con el objetivo final de conseguir un reparto más equitativo del crecimiento económico. Adam Smith fue seguramente el primer economista que utilizó el concepto de capital humano, aunque la idea fue popularizada mucho más tarde por Gary Becker y otros economistas de la Universidad de Chicago. Aunque inicialmente recibió cierto rechazo – lo de capital humano sonaba a pensar en personas como máquinas – la idea de entender el trabajo de las personas como una combinación de sus horas de esfuerzo y a la vez su educación, salud, etc. fue rápidamente incorporada al análisis económico.

¿Por qué deberíamos invertir en capital humano? ¿Es posible que intervenciones para mejorar la salud y la educación de los niños a corta edad tengan un impacto significativo en su vida como adultos? ¿A qué tipo de barreras se enfrentan los Gobiernos de los países que intentan mejorar el capital humano de su población? Estas son algunas de las preguntas que aborda el Banco Mundial en este proyecto.

Uno de los principales productos de este proyecto es la construcción de un índice de capital humano (The Human Capital Index) alrededor del mundo. Este índice pretende medir el capital humano que un niño/a nacido hoy puede esperar alcanzar cuando tenga 18 años, dados los riesgos de salud y educación prevalentes en el país donde vive. Construir un índice de este tipo de forma rigurosa es una tarea muy complicada. Pensemos, por ejemplo, en medir el nivel de educación en diferentes países y tratemos de establecer comparaciones que tengan sentido. Rápidamente uno se da cuenta de que esto es una tarea muy difícil. Por ejemplo, 10 años de educación en Mozambique no equivalen a 10 años de educación en España. La infraestructura de las escuelas, la calidad del profesorado y el número de clases perdidas, entre muchas horas variables, varían muchísimo alrededor del mundo.

El Human Capital Index (HIC) recoge información para todos los países del mundo sobre las siguientes variables: la probabilidad de sobrevivir a los cinco años, los años que se espera que un niño permanezca en la escuela, una medida de los resultados en los exámenes, el total de años en la escuela, el porcentaje de niños menores de cinco años que no sufren enanismo, y la edad de supervivencia como adultos. Además, todas las variables están disponibles para hombres y mujeres. Los datos están disponibles para el que quiera analizarlos en más detalle. La metodología empleada para recoger los datos y construir el índice es complicada y no quiero entrar en detalles en esta entrada. Para el lector interesado, este es el trabajo que explica cómo se construyó el índice (ver aquí).

El HCI está medido en unidades de productividad relativas al punto de referencia de educación completa y nivel máximo de salud, y oscila entre 0 y 1. Un valor de x en el HCI indica que un niño nacido hoy puede esperar ser x*100 por cien tan productivo en el futuro como lo sería si hubiera tenido un nivel máximo de educación y salud. El punto de referencia de “educación completa” se define como 14 años de escuela (ajustados por cuanto se aprende allí mediante índices de la calidad de la educación en cada país). El punto de referencia de “salud completa” se define como una probabilidad del 100% de sobrevivir a los 18 años y no sufrir enanismo. Consideremos, como ejemplo, el caso de Marruecos, con un FCI e 0,5. Esto significa que, si las condiciones de educación y salud en Marruecos no cambian, un niño/a nacido hoy será, cuando tenga 18 años, solamente la mitad de productivo de lo que podría haber sido de haber disfrutado una educación y salud plenas.

El siguiente mapa muestra como varia el índice alrededor del mundo. Lo más llamativo (aunque seguramente no sorprenda mucho) es que el HCI varía enormemente entre países, oscilando entre 0,3 y 0,9. El área azul, que incluye Europa, Norte America, Australia y algunos países de Asia, representa el mayor nivel de capital humano, mientras que los niveles más bajos aparecen en naranja y corresponden a países del África subsahariana y algún país de Oriente Medio. En la página web del banco se puede acceder a este mapa interactivo y ver el valor del índice para cada país. España, por ejemplo, tiene un índice del 0,74, muy parecido al de Francia (0,76), Alemania (0,79), o Gran Bretaña (0,78) o Estados Unidos (0,76). La Republica Democrática del Congo, en comparación, tiene un valor bajísimo de 0.37

Otra forma de resumir este índice es correlacionarlo con el nivel de PIB per cápita de cada país. El siguiente gráfico muestra, como cabría esperar, una fuerte correlación positiva entre el nivel de riqueza de un país y su capital humano.

A la cabeza del índice están países como Singapur, Alemania, Estados Unidos y Corea del Sur. En la cola del índice aparecen países sobre todo del África subsahariana como Malawi, Mozambique y Chad.

Respecto a las diferencias de género, los datos indican que éstas son especialmente pronunciadas en cuanto a la probabilidad de sobrevivir a los 5 años y de sufrir enanismo, donde las niñas, tienen una menor probabilidad en la mayoría de países, El número esperado de años de escolarización y los resultados en los exámenes son también mayores para niñas que para niños en dos tercios de los países El siguiente gráfico (donde los niños están representados por cuadrados y las niñas por líneas) muestra que, las niñas tienen mayores valores del HCI que los niños en la mayoría de los países. La brecha entre niños y niñas tiende a ser menor e incluso se invierte entre los países más pobres, aunque hay que tener en cuenta que los datos desagregados en estos países son menos completos.

Aunque en estos momentos solo se dispone de datos para un año, es de esperar que este índice se publique a partir de ahora de forma periódica y permita entender la evolución del capital humano en diferentes países y estudiar las posibles causas de las enormes diferencias que se observan. Este tipo de datos deberían ser de enorme utilidad para poder formular políticas que reduzcan estas desigualdades. Uno de los mayores problemas respecto a la inversión en capital humano es que los beneficios de estas inversiones normalmente se materializan bastantes años mas tarde y, por lo tanto, no son muy visibles para los políticos e incluso los votantes. Esto lleva a que, a menudo, no se prioricen programas de inversión en la formación de capital humano. Tal vez iniciativas como la del Banco Mundial contribuyan a una mayor concienciación de la importancia de este tipo de inversión.