Moving to Opportunity: una intervención pública para reducir las trampas de pobreza en las ciudades

por David Cuberes el 08/03/2016

En una reciente entrada (ver aquí) hable sobre segregación por riqueza en nuestras ciudades. Allí comenté que, en la mayoría de ciudades estadounidenses, los pobres viven concentrados cerca del centro de la ciudad, mientras que los ricos tienden a vivir en las afueras, donde es más fácil comprar una vivienda grande y donde las escuelas son, en general, mucho mejores. En Europa y América Latina, este patrón no es tan marcado, y, en ciudades como París, incluso se observa lo contrario, es decir que los pobres viven en las afueras de la ciudad.

En esta entrada quiero concentrarme en el hecho de que, independientemente de cómo de lejos del centro vivan los ricos y los pobres en las ciudades, existe una gran y creciente segregación por riqueza en la mayoría de ellas, al menos en países desarrollados (ver aquí).

Esta segregación es una de las principales causas de la falta de movilidad intergeneracional en muchos países, incluido Estados Unidos (ver aquí). Existe amplia evidencia que individuos que han nacido en barrios pobres, tienden a vivir en esos barrios el resto de su vida y, por lo tanto, su estatus económico y social apenas cambia a lo largo del tiempo. Esto es especialmente importante en países como Estados Unidos, donde las prestaciones sociales para los ciudadanos más pobres son relativamente pequeñas. Sin embargo, cualquier sociedad que valore positivamente la movilidad intergeneracional, debería preocuparse por las causas y efectos de la segregación geográfica determinada por la riqueza.

Entre los años 1994 y 1998, el gobierno de Estados Unidos (en concreto su departamento de vivienda y desarrollo urbano) introdujo el programa Moving to Opportunity (ver aquí) en las ciudades de Baltimore, Boston, Chicago, Los Ángeles y Nueva York. En él participaron 4.604 familias pobres y con niños que vivían en viviendas públicas de barrios con un nivel alto de pobreza (con una tasa de pobreza por encima del 40%). La clave de este experimento es que estas familias fueron elegidas aleatoriamente, de forma que el posible efecto de esta intervención fuera mucho más fácil de interpretar.

En concreto, las familias fueron seleccionadas aleatoriamente en tres grupos: un grupo experimental, que recibió un cupón (voucher) que subsidiaba el alquiler de una vivienda en barrios con un nivel de pobreza por debajo del 10%, un grupo que recibió cupones para vivir en cualquier barrio, y un tercer grupo que no recibió ningún cupón. Las familias que recibieron estos cupones, dispusieron de 4 a 6 meses para usarlos alquilando una vivienda.

En un reciente trabajo (ver aquí) los economistas Raj Chetty, Nathaniel Hendren y Lawrence Katz evalúan los efectos de este programa en la prosperidad de los individuos que participaron en él. Este estudio es especialmente importante puesto que, a diferencia de anteriores (ver aquí), el hecho de que hayan pasado suficientes años desde el experimento, permite estudiar el efecto que tuvo en los niños de menor de edad afectados que son hoy ya adultos.

Los nuevos resultados de la evaluación de este proyecto indican que el efecto de este experimento fue sustancial: en media, los niños cuyas familias se trasladaron a barrios de baja pobreza cuando tenían menos de 13 años tuvieron unos ingresos anuales de 3.477 dólares (un 31%) mayores que el grupo de control que no recibió cupones y cuyos ingresos medios fueron de 11.270 dólares. Esta estimación sugiere que, trasladar a un niño de 8 años de una vivienda pública a un vecindario de baja pobreza cuando tiene 8 años, llevó en media, a un aumento de los ingresos a lo largo de su vida de alrededor de 302.000 dólares. Aunque, a priori, uno podría pensar que este resultado era de esperar, hay que tener en cuenta que, si bien en principio un adolescente puede beneficiarse de un entorno social mejor y de mejores escuelas, existen también costes significativos de trastornos asociados a adaptarse a un entorno completamente diferente. De hecho, para los niños que tenían 15 años en el momento del experimento, el efecto del programa fue, en media, ligeramente negativo, con una reducción de alrededor de 967 dólares en sus ingresos. Los resultados de este estudio son similares para blancos, negros, e hispánicos, así como para niños y niñas.

Este resultado me recuerda a la literatura, liderada por James Heckman y discutida en anteriores entradas del blog (ver aquí), que argumenta que las intervenciones a temprana edad son fundamentales para el desarrollo y el éxito de los individuos. En sus trabajos, y los de sus coautores, Heckman asegura que las semillas para tener una vida productiva son las habilidades no-cognitivas (autodisciplina, paciencia, curiosidad, creatividad, fidelidad) inculcadas por las familias durante la infancia. Aunque los resultados del programa Moving to Opportunity no establecen una relación directa entre estas habilidades no-cognitivas y el nivel de pobreza en el barrio donde los niños residen, cabría esperar que esta relación existe y es relevante.

 

En cualquier caso, los resultados de este programa sugieren que este tipo de políticas pueden tener impactos significativos en los individuos más pobres de nuestras ciudades. Una pregunta que cabe hacerse, sin embargo, tiene que ver con el coste económico de un programa de estas características para la sociedad puesto que, probablemente, el votante medio es el que acabará financiándolo con sus impuestos. En este sentido, Chetty y sus coautores muestran que las ganancias asociadas a este proyecto superan sustancialmente sus costes e incluso pueden aumentar la base impositiva de la sociedad, es decir, son suficientes para autofinanciarse. En concreto, sus cálculos muestran que, los niños de las familias que recibieron estos cupones cuando tenían menos de 13 años pagaran 394 dólares adicionales en impuestos federales cuando tengan alrededor de 20 años. Si estas ganancias se mantienen en los siguientes años, los ingresos adicionales generados superan claramente los costes asociados a la financiación de la vivienda pública. Esto sugiere que, incluso si el votante medio es indiferente al bienestar de los ciudadanos más pobres, no existen motivos económicos que indiquen que se opondría a una intervención pública de este tipo.

 

Por otro lado, una crítica habitual a este tipo de intervenciones es que solamente afectan a una muy pequeña parte de los pobres- aquellos que son seleccionados aleatoriamente para recibir cupones. Relacionado con esto, hay quien dice que es moralmente difícil de justificar estas intervenciones puesto que pueden tener un gran impacto en los afortunados, y parece frívolo que sean elegidos al azar. En mi opinión, la principal ventaja de este tipo de intervenciones públicas es que nos ayudan a entender si existe un efecto causal entre, en este caso, el nivel de pobreza de un barrio, y el porvenir económico de los individuos que residen en él. Sin este tipo de ejercicios, especialmente diseñados para aislar el efecto estrictamente debido al programa, es muy difícil llegar a conclusiones claras. Solo una vez que entendamos bien estas conclusiones, es posible pensar en diseñar e implementar políticas más ambiciosas que puedan afectar a una mayor parte de la población.

Como ya comenté en mi entrada sobre desigualdad económica en las ciudades, desafortunadamente en España hay pocos estudios que analizan de forma detallada la segregación por riqueza dentro de las ciudades. Esta falta de investigación sobre el tema se debe probablemente a la falta de datos (al menos públicos) para áreas geográficas pequeñas en nuestro país. En este sentido sería deseable contar con datos más detallados para poder estudiar esta problemática e incluso plantearse la posibilidad de implementar un programa parecido a Moving to Opportunity.

JesusR marzo 8, 2016 a las 10:54

Parece que poner a los niños pobres con los ricos beneficia a los pobres. Pero, ¿perjudica a los niños ricos? (que es lo que temen los padres ricos). Supongo que con un predominio mayoritario de los ricos no, pero me parece verosímil esperar que el efecto positivo vaya reduciéndose a medida que la ratio pobres/ricos aumenta.

David Cuberes marzo 8, 2016 a las 12:32

Hola Jesus, gracias por tu comentario. Es una muy buena pregunta… y complicada de responder. Raquel Fernández de New York University (https://sites.google.com/site/raquelfernandezsite/) tiene varios trabajos sobre este tema. Una de sus conclusiones es que políticas bien diseñadas para redistribuir riqueza hacia los ciudadanos más pobres, aumentar el gasto en educación en las comunidades más pobres y hacer las comunidades más pobres más atractivas para los ricos hacen que la calidad de la educación aumente en todas las comunidades, ricas y pobres.

JesusR marzo 8, 2016 a las 15:16

Muchas gracias por la explicación y la referencia.

Juan marzo 8, 2016 a las 11:10

Muy interesante.
La pregunta, casi obvia, es si esos resultados no se pueden conseguir mediante inversiones en los barrios pobres (mejores escuelas, bibliotecas, centros de ocio, fomento del asociacionismo,…) en lugar trasladando a las personas a barrios menos pobres.

David Cuberes marzo 8, 2016 a las 12:37

Hola Juan, como comento más arriba, sí es posible diseñar políticas de redistribución y de inversión que mejoren las situaciones de los barrios pobres sin necesidad de trasladarles a barrios ricos. Este trabajo: https://ideas.repec.org/a/ucp/jpolec/v111y2003i4p858-897.html analiza el efecto de diferentes planes de financiación de la educación, con resultados muy variados.

Antonio marzo 8, 2016 a las 17:07

Como ejercicio académico, el caso es interesante, y corrobora que el entorno es fundamental en la determinación del futuro personal. Ahora bien, como medida política, los movimientos masivos de población implicarían unas distorsiones tan grandes en las poblaciones de los barrios de origen y destino, en el mercado inmobiliario, las cuentas públicas, etc, que dudo mucho que la hicieran, no ya viable, sino ni siquiera popular.

En estos casos sería de utilidad disponer de un análisis de los costes de estas medidas, que supongo que aumentarían de forma más que proporcional a la cantidad de afectados por ellas. Por no hablar de los efectos inesperados fruto de las reacciones de los individuos involucrados directa o indirectamente en el proceso. En estos casos no se puede dejar de pensar en Hayek y sus afirmaciones sobre la insuficiencia de información y la consiguiente falla sistémica en todo proceso de planificación centralizada.

David Cuberes marzo 9, 2016 a las 14:46

Hola Antonio. No sugiero en ningún momento que sería deseable organizar de forma centralizada un movimiento masivo de gente pobre a barrios ricos. Creo que lo que experimentos como Moving to Opportunity muestran es que el entorno en el que creces importa y mucho y que mejoras en este entorno, si te afectan cuando eres muy joven, pueden tener un impacto enorme. Tal vez la implicación en términos de políticas económicas sería que conviene mejorar la situación económica de los barrios más pobres si se busca un impacto real en la vida de sus habitantes. Cómo hacer eso es una pregunta mucho más complicada, entre otras cosas porque habría que estudiar con detalle que es exactamente lo que hace que un buen entorno mejore las perspectivas de la gente: mejore escuelas, menos crimen, más oportunidades de trabajo?

Javier Rodríguez marzo 12, 2016 a las 18:10

Todo muy bien. pero en España el alquiler es mínimo comparado con otros países. Aquí hasta los pobres compran piso, lo que significa que están más “fijados al territorio”.

David Cuberes marzo 15, 2016 a las 07:00

Hola Javier, gracias por tu comentario. Si la gente es menos móvil en España, esto parece reforzar la importancia de mejorar las condiciones en los barrios pobres, ¿no? En mi opinión, también sería deseable aumentar la movilidad fomentando más el alquiler versus la compra de viviendas. Más movilidad hace que la gente pueda adaptarse mejor a shocks locales en el mercado de trabajo.

Saludos

David

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