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Bancos, lobbying y crecimiento urbano

¿Cuánto contribuyen los bancos al desarrollo económico de un país o una región? Esta es una pregunta interesante, al menos por dos razones. En primer lugar, la reputación de los bancos y otras entidades financieras se ha visto mermada notablemente desde la enorme crisis financiera que afectó a la mayor parte de países ricos del 2007 al 2009. Por otro lado, pensando en políticas económicas que pueden ayudar al desarrollo de países pobres, es importante no solo saber si invertir en el sector financiero del país merece la pena, sino, en caso positivo, si esta inversión es más productiva que, por ejemplo, la inversión en infraestructura o educación.

El problema es que responder a esta pregunta de forma rigurosa es muy complicado. La dificultad es parecida a la que discutí hace ya algún tiempo sobre el análisis de cómo la introducción del ferrocarril afecta al crecimiento económico de una determinada región (ver aquí). Dado que los bancos, como cualquier otra empresa privada, suelen tener como objetivo maximizar sus beneficios, elegirán abrir oficinas en las localidades que más prometen. (Esto pasa en menor medida con los bancos públicos, pero en esta entrada me centro en el sector privado que, además, es el que mayor peso ha tenido históricamente en el sector bancario.) Si esto es así, es muy difícil atribuir el crecimiento económico de una ciudad o región al hecho de que allí se abrió un banco. En otras palabras, es muy probable que estas localidades habrían crecido rápidamente, aunque no hubieran tenido ningún banco.  Por otro lado, siempre es difícil tener en cuenta cualquier otra variable que afecte al crecimiento económico de una ciudad o una región (por ejemplo, el nivel de educación de sus habitantes, su infraestructura, etc.). Esto puede llevarnos a atribuir a los bancos crecimiento económico y poblacional que, en realidad, es fruto de otras inversiones.

En un reciente trabajo  (ver aquí) con Howard Bodenhorn de Clemson University, utilizamos datos históricos de Estados Unidos para identificar el efecto de los bancos en el crecimiento local. Puesto que nuestros datos cubren el periodo 1820-1870 y estudiamos centros urbanos en vez de estados, solamente analizamos el crecimiento de la población de estas localidades. Sin embargo, en esta época especialmente, las localidades más pobladas eran también las más ricas, así que nuestro análisis estudia, realmente, qué determinó el desarrollo económico local en este contexto histórico.

La clave para identificar el efecto de los bancos en la población urbana en nuestro trabajo es utilizar datos sobre el sistema de asignación de bancos en el estado de Nueva York durante los años 1821-1835 (algunos otros estados tenían sistemas parecidos, pero nuestros datos cubren solo este estado). Los potenciales banqueros neoyorquinos no podían abrir una oficina en la localidad de su elección sin que antes recibieran autorización del gobierno estatal. En nuestro trabajo argumentamos que la legislatura de Nueva York en esa época no podía considerarse liberal, es decir que no era nada fácil convencerle de que una ciudad necesitaba un banco: entre 1821 y 1835, hubo 563 peticiones y solamente 45 de ellas tuvieron éxito. Además, la clave para nuestro ejercicio es que, en muchos casos los bancos se concedían a aliados políticos (después de 1835 el sistema de asignación de bancos paso a ser mucho más competitivo, en gran parte para evitar el efecto de estas manipulaciones políticas. Así pues, descartamos los años posteriores a 1835 en nuestro análisis.)

El proceso de asignación de bancos en Nueva York durante el periodo 1821-1835, aunque no completamente exógeno, generó la suficiente aleatoriedad en el proceso para que podamos decir que las localidades que terminaron teniendo un banco fueron sustancialmente diferentes a las que lo hubieran conseguido si el proceso hubiera sido llevado a cabo con el único objetivo de maximizar beneficios por parte de los banqueros.

En nuestra estimación tenemos en cuenta otros factores que pueden explicar, al menos parcialmente, el crecimiento urbano: la presencia de canales, ríos o lagos cerca de la localidad, su población en 1820 y el porcentaje de población trabajando en agricultura en ese año, la presencia de rutas históricas usadas por nativo americanos, y la altitud geográfica de la localidad.

Nuestros cálculos muestran, tal vez de forma esperada, un gran efecto positivo de los bancos en el crecimiento urbano. Los pueblos y ciudades que obtuvieron al menos un banco entre 1821 y 1835 crecieron mucho más rápido que los que pidieron bancos, pero no recibieron ninguno. En 1870, cuatro décadas después del periodo que consideramos (1821-1835), las localidades que recibieron un banco tenían prácticamente el doble de población que las que lo intentaron sin éxito. Algunos de los factores mencionados antes son relevantes para explicar el crecimiento de estas aglomeraciones, pero no eliminan en ningún caso el papel jugado por los bancos.

Una condición imprescindible en este tipo de estudios (difference-in-differences) es que el grupo de tratamiento (treatment group) – en nuestro caso los pueblos y ciudades que solicitaron un banco y lo recibieron – y el grupo de control (control group) – los pueblos y ciudades que solicitaron un banco y no lo recibieron, presenten una evolución parecida antes del periodo de tratamiento. En nuestro ejercicio la clave es que, antes de 1821, no haya diferencias importantes en el crecimiento de la población de estos dos grupos de localidades. En su ausencia de una tendencia similar en la evolución de la población, uno podría sospechar que factores que nada tiene que ver con la presencia de un banco ya determinaban las trayectorias divergentes en la población de los dos grupos.

El siguiente gráfico muestra nuestros resultados con claridad. En ella se muestran los coeficientes asociados al crecimiento (logarítmico) de las ciudades con bancos respecto a las que los pidieron, pero no tuvieron éxito. Antes de 1821, si bien es cierto que las ciudades que recibieron bancos tenían un mayor tamaño, no se aprecia ninguna diferencia sustancial en el crecimiento de la población de los dos grupos (nótese que para que la diferencia sea significativa, los errores representados por las líneas verticales no pueden cruzar la línea del cero). Sin embargo, a partir de 1830, las localidades con bancos empezaron a crecer a mayor ritmo, y esa diferencia se fue agrandando hasta 1870, el último año que consideramos en el estudio.

Apertura de bancos y crecimiento poblacional entre 1800 y 1870

La conclusión de nuestro trabajo es muy sencilla: el sector financiero fue un factor fundamental para explicar el proceso de urbanización del estado de Nueva York en el siglo XIX. Tener un banco fue clave para el crecimiento de las ciudades incluso después de tener en cuenta muchas otras variables que pueden explicar su trayectoria.

Nuestra aportación es intentar medir el efecto causal de los bancos en el proceso de urbanización de un país. Obviamente, es difícil sacar conclusiones de política económica a partir del estudio ya que éste hace referencia a un país y un periodo muy concretos. Tal vez la principal lección es que, a menos que se disponga de algún factor suficientemente exógeno o aleatorio que altere la asignación de bancos a ciudades o regiones, es muy difícil sacar conclusiones sobre el papel jugado por estos bancos. Por ejemplo, en países en vías de desarrollo, puede ser muy tentador afirmar que, si uno observa mayor crecimiento en regiones con un mayor número de bancos, los bancos ayudan de forma inequívoca al crecimiento. Nuestro estudio muestra que, para llegar a tal conclusión, es imprescindible explotar algún tipo de exogeneidad en el proceso por el cual las ciudades reciben bancos.

Un trabajo muy interesante (ver aquí) parecido al nuestro utilizó el hecho de que, en Italia, el gobierno del dictador Benito Mussolini restringió la entrada de nuevos bancos en diferentes regiones en respuesta a la crisis bancaria de 1930–1931. Estas restricciones fueron diferentes en distintas áreas del país y, en muchos casos, no respondieron a criterios puramente económicos. Esta aleatoriedad permite a los autores mostrar que las regiones con un mayor número de bancos crecieron a mayores tasas que el resto del país.

Las dictaduras a menudo ofrecen experimentos muy apetecibles para los economistas, ya que con dictadores lo suficientemente estúpidos o corruptos, muchas de sus decisiones son exógenas respecto al desarrollo económico. Es como si alguien echara los dados y eso determinara qué región recibe un banco, una escuela, o una carretera. Puesto que en una situación así el azar juega un papel clave en quién obtiene el “premio”, uno no puede argumentar que las regiones con mejores perspectivas son las que reciben mejor trato y, por lo tanto, es posible aislar el efecto causal de estos premios en el desarrollo económico. Tal vez en España sería posible identificar algún tipo de aleatoriedad en la asignación de recursos (bancos, escuelas, infraestructuras, etc…) durante la dictadura Franquista que permitiera estudiar efectos causales en el desarrollo económico de diferentes regiones o ciudades. Por si alguien busca inspiración o simplemente para los interesados en la historia bancaria de España, termino recordándoos esta excelente discusión en Nada es Gratis.