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La (mala) economía de las criptomonedas

Aunque en este blog siempre hemos estado pendientes de la actualidad, debo reconocer que no le hemos prestado demasiada atención a uno de los fenómenos más importantes de los últimos tiempos: Bitcoin. De hecho, no hemos escrito nada al respecto desde que Jesús Fernández Villaverde nos iluminara con tres entradas formidables en el verano de 2015 (aquí).

Desde entonces la atención que los economistas académicos han dedicado al tema ha crecido de manera substancial. En mi humilde opinión, destacan aportaciones de Bruno Biais y coautores, Markus Brunnermeier (aquí) y el propio Jesús Fernández Villaverde (aquí). Muchas de las ideas recogidas en esos artículos están perfectamente resumidas en una entrevista que Hyun Song Shin, exprofesor en Princeton y actual economista jefe del Bank of International Settlements (una especie de Banco Central de Bancos Centrales) ofreció en el Podcast Bloomberg Benchmark (aquí).

Hoy quiero hablarles de un trabajo que a mí me resulta particularmente interesante. Se trata de este paper de Eric Budish, profesor en la Escuela de Negocios de Chicago. Budish parte del trabajo original de Shitoshi Nakamoto en el que describe el funcionamiento de Bitcoin utilizando la tecnología del Blockchain y un sistema de incentivos denominado ‘Proof-of-Work’ (prueba de esfuerzo) para solucionar el problema principal de cualquier sistema monetario: el problema de doble pago.

En teoría, el funcionamiento de Bitcoin es sencillo. Cada transacción recibe una protección criptográfica que identifica al pagador y evita fraudes. Estas transacciones se recogen en un registro público (el Blockchain). Cada diez minutos, un grupo de usuarios llamados ‘mineros’ compite en un torneo computacional por el derecho de añadir un bloque nuevo al registro. Estos bloques están encadenados de modo que uno no puede resolver un problema sin haber resuelto el anterior. Cuando un minero completa el puzle, lo reporta en la red y el resto de usuarios acepta la solución al pasar a tratar de resolver el nuevo bloque. Como contraprestación, recibe un pago de un Bitcoin y las tasas que los usuarios de la red hayan pagado para agilizar sus transferencias.

El sistema es verdaderamente ingenioso y la Blockchain tiene multitud de aplicaciones formidables. Desgraciadamente, en su misión original de albergar un sistema de pagos, se enfrenta a problemas muy serios. El primer problema surge de la disipación de rentas inherente a cualquier torneo en el que no existen restricciones a la participación. A saber, en el largo plazo, el coste de intentar resolver un puzle (electricidad más coste de uso de los chips), C, tiene que ser igual al retorno esperado. Si asumimos la máxima de Nakamoto de que una CPU significa un voto, entonces el retorno esperado es el premio de resolver un bloque (B) dividido por el número de mineros (N). Es bien sabido que esta ecuación es responsable del espectacular consumo energético del Bitcoin.

El segundo problema tiene que ver con los incentivos de los mineros a aceptar una solución, en lugar de seguir intentando resolver el puzle por su cuenta. Como bien comprendió Nakamoto, si ningún minero controla una parte sustancial del poder computacional de la red, el intento de ganarle al resto en la carrera es vano. El problema aparece cuando un minero o grupo de mineros posee más de la mitad del poder de computación. En ese caso, los mineros pueden decidir efectuar un ataque de mayoría.

El plan es sencillo: los atacantes se dedican a comprar cuanto puedan durante el tiempo asignado a un bloque. Llamemos V el valor de tales adquisiciones. Las adquisiciones se registran y los vendedores efectúan los envíos. Cuando todos los mineros hayan recibido sus bienes, los mineros vuelven atrás en la cadena y resuelven los puzles desde el principio, añadiendo nuevos bloques y avanzando en paralelo a los mineros no coaligados. Como estos tienen mayoría, los atacantes conseguirán adelantar eventualmente a los demás. En ese punto, el resto de los mineros seguramente decidirá cambiar de cadena y unirse a los atacantes. Como resultado, las transacciones registradas en los bloques abandonados dejan de ser válidas y los atacantes recuperan su inversión.

El coste del ataque es proporcional al flujo de coste de la red de mineros (N*C), que tiene que ser igual al premio de resolver un puzle. El beneficio del ataque, sin embargo, depende de cuán grande sean las transacciones que un grupo de mineros pueda realizar. Esto significa que el Bitcoin es un sistema de pagos en el que el coste de registrar una transacción tiene que ser proporcional al valor máximo que esa transacción pueda reportarle a un atacante. He aquí la mala economía del Bitcoin.

En la práctica se han producido muy pocos ataques de mayoría (aquí uno de los más famosos). Como Budish explica esto se debe a que el uso de chips ASCI específicos para la resolución de puzles ha generado barreras sustanciales a la entrada, lo que dificulta el ataque en gran medida. Esta situación es probablemente transitoria y es posible que en los próximos años este tipo de ataques se hagan más frecuentes, reduciendo la confianza en la red e incrementando los costes de transacción. Les prometo que seguiremos informando.