El laberinto de la política agraria común

La política agraria de la Unión Europea no tiene desperdicio. Resulta carísima para los consumidores por su coste directo, su administración genera costes impresionantes, su gestión se convierte en un auténtico laberinto legal y en una fuente creciente de corrupción. Además distorsiona los precios relativos, y para colmo se trata de una competencia desleal frente a los países en desarrollo. Vamos, un puñado de virtudes.
Para muestra de los incentivos perversos introducidos por estas políticas mirad un artículo en el New York Times sobre los subsidios al azúcar. Desde luego no es que los americanos puedan dar lecciones en esto, dado el poder que los lobbies productores tienen allá.
En fin, espero que alguien ponga fin en algún momento futuro a este cúmulo de despropósitos.