Recomendación de lectura: La economía moral o por qué los buenos incentivos no son un sustituto para los buenos ciudadanos

El otro día un lector decía en un tweet que estaba deseando que llegara el verano por nuestras recomendaciones de lectura. Y como estaba leyendo un libro estupendo del que saco el título de esta entrada pensé que valía la pena comentarlo (aviso: el autor, Sam Bowles, es amigo y hemos trabajado mucho juntos en el proyecto Core). La tesis del libro se resume perfectamente en el título: es difícil, o peor, puede ser contraproducente, gestionar la economía “como si” los individuos no tuvieran sentimientos morales (y yo añado, aunque el autor no hace suficiente énfasis, también es un problema gestionarla como si no tuvieran sentimientos “inmorales”).

El libro detalla la historia intelectual, de Maquiavelo a Bentham, pasando por Hume, Rousseau y Smith, del diseño de instituciones “como si” los humanos fueran amorales. Hasta llegar al análisis económico de nuestros días, que durante mucho tiempo se desarrolló siguiendo el paradigma del “homo oeconomicus”. En algún sentido no es una mala idea, el agente amoral, exclusivamente interesado en su propio bienestar, es un punto de partida natural, y ciertamente hay una parte sustancial de los humanos que se comporta así tanto en el laboratorio como en el día a día. Pero el argumento del libro es que diseñar instituciones solamente para este individuo puede ser un problema.

El libro aclara que construir mecanismos sociales de esta manera no es un gran problema si los incentivos materiales y morales son “aditivamente separables”. Es decir, si la recompensa material y moral por realizar un acto se suman, y alguien me paga por llevarlo a cabo, lo peor que puede pasar es que el dinero sea derrochado por algo que igualmente se habría hecho. Pero esto no es así siempre. Si recibir un pago monetario por una acción disminuye mi placer intrínseco de su realización podemos acabar peor que como comenzamos.

El libro ilustra este problema con un ejemplo que a los lectores más regulares les sonará porque ya se lo contó Pedro. En una escuela en Haifa descubrieron que poner una multa los padres que llegaban tarde a recoger a sus hijos (y por tanto creaban un problema a los profesores, que salían más tarde) en realidad aumentó el nivel de incumplimiento de los padres. Claramente algunos padres que antes se comportaban bien porque eso era “lo que tocaba” aunque tuvieran que hacer un pequeño sacrificio (dar por terminada una reunión algo antes, o cortar a un colega en medio de una conversación de negocios), ahora simplemente pagaban la multa y se evitaban el problema en el trabajo.

Otro ejemplo del libro, quizá más importante desde el punto de vista de diseño institucional, está asociado con el jefe del cuerpo de bomberos de Boston. Ante una sospechosa “epidemia” de bajas laborales por enfermedad los lunes y viernes en el año 2001, decidió eliminar la generosa política del departamento sobre bajas de enfermedad pagadas de manera ilimitada. El resultado fue que ese año se “decuplicó” el número de bomberos que tomó una baja en Navidad y Año Nuevo, y duplicó el número de días de baja durante el año siguiente. Parece que muchos bomberos, insultados por la falta de confianza respondieron no yendo a trabajar cuando tenían pequeñas molestias como hacían antes. Por cierto, aunque probablemente no hay aún estudios, estaría bien ver que pasó en España en los últimos años cuando este tipo de políticas restrictivas con las bajas por enfermedad se han multiplicado en el sector público. Esto no quiere decir que los incentivos monetarios no funcionen, en estas páginas hemos también dado muchos ejemplos (desde profesores a trabajadores de salud. Simplemente quiere decir que hay que tener cuidado porque hay muchas más motivaciones para el ser humano.

El libro reseña muchos más estudios (entre ellos esta impresionante investigación sobre la posibilidad corruptora de los mercados que les contó Anxo hace poco) y es bastante más profundo de lo que yo pueda contar aquí en mil palabras. Pero para ganarme mi salario como “crítico” tengo que decir que echo en falta un poco más de énfasis en un par de puntos (estrictamente hablando se mencionan los dos, pero creo que no se les da el lugar central que merecen).

La primera cuestión es que los individuos son diferentes entre sí. Una de las cosas que he descubierto y analizado de manera más exhaustiva en mi investigación (por ejemplo aquí) es que los individuos varían mucho en sus inclinaciones a respetar las “normas sociales”. Los incentivos son un mensaje sobre lo que respetamos, sí, pero a veces hay que enviar ese mensaje. Por poner un ejemplo que está también en el libro, la cooperación en un grupo tiene una tendencia desafortunada a disminuir si uno no hace nada, como se puede ver en el siguiente gráfico que recoge resultados de experimentos de contribución a los bienes públicos en todo el mundo.
cooperacion

Una misión de los incentivos monetarios, es decirle a la gente que contribuir es bueno y tiene una recompensa. Claro que otra solución es castigar al no cooperador, como se hace en experimentos parecidos. Pero castigar es también un bien público, y no es seguro que funcione siempre. A mí me dicen muchos profesores, tanto universitarios como de escuelas e institutos, que es lamentable que todo el mundo reciba la misma recompensa cuando ellos hacen mucho más esfuerzo. La falta de incentivos es también un mensaje, en este caso de que da igual lo que hagas. Y eso importa, mucho.

La segunda cuestión es que las preferencias sociales también tienen su lado oscuro, como descubrí en un trabajo de investigación reciente, que ya les describiré con más detalle en otro momento. En nuestro experimento tenemos un agente que informa a otro. Imaginen a un vendedor recomendando un producto a un comprador. El vendedor puede recomendar algo que le venga bien a él mismo (quizá tiene una comisión del productor) pero no necesariamente al comprador o lo que le venga bien al comprador. Ese conflicto de interés (la comisión) no existe siempre, porque si no sería muy difícil que se le hiciera caso al vendedor. Con preferencias egoístas uno esperaría que el vendedor recomendara el producto con comisión cuando la tiene, o que recomendara el producto que conviene al comprador cuando no hay comisión. Los resultados a los que alude Bowles sugieren que las cosas no pueden más que mejorar cuando tenemos en cuenta que mucha gente es "moral", pues esta gente recomendará el producto correcto incluso cuando tiene comisión. Pues no es así en el experimento. Es verdad que alguna gente informa correctamente incluso con comisión. Pero otros (alrededor de un tercio de los jugadores) recomienda lo contrario de lo que le convendría al cliente incluso en ausencia de comisión, ¡cuando al vendedor no le va nada en ello! ¿Por qué? Básicamente por envidia (algo que comprobamos de manera independiente). El comprador bien aconsejado acabaría con bastante más dinero que el vendedor y a alguna gente esto le fastidia. Algo que nos recuerda a la leyenda urbana de que "el camarero escupe en la sopa", lo cual quizá no exista en su versión extrema pero sí que hay evidencia de conductas contraproducentes bajo estrés.

Pero no quiero dejar la entrada en plan negativo. El libro es muy bueno, y vale mucho la pena pensar en cómo diseñar instituciones cuando la gente es moral o inmoral en lugar de simplemente "amoral". Pero nuestros pensadores clásicos no eran tontos: mucha gente pertenece a la especia “oeconomicus” y algunos de los que no lo hacen son unos buenos pájaros y mejor protegerse. Caveat emptor.

Hay 9 comentarios
  • Al hilo de las entradas recientes de Jesús, me gustaría saber si esto no sería intrusismo para un hipotético colegio de filósofos :-D. O al menos si se suele contar con ellos para este tipo de estudios.

    El adjetivo 'moral' se refiere a un conjunto de imperativos no necesariamente racionales, válidos per se sin necesidad de reflexión o justificación (superstición). La ética, al comportamiento racional que busca como resultado el mayor bien o el menor mal. Si el imperativo categórico es 'no llegar tarde', lo de los padres de Haifa sería 'inmoral'. Sin embargo, estamos ante un conflicto entre dos obligaciones, el trabajo y el colegio, y, al establecerse un precio por el retraso, se facilitó el cálculo económico a los padres para determinar el comportamiento que reduce su malestar, pues la multa es menor que la sanción por faltar al trabajo. Y además es de cantidad determinada a diferencia del 'qué dirán'.

    Estos experimentos serían interesantes si se enfocaran a establecer la habilidad de las personas para alcanzar la solución más ética, puesto que, a diferencia de la moralidad, si responde a parámetros racionales y cuantificables. O, al menos, en muy mayor medida. Tal como se suelen plantear, dicen más de las opiniones del investigador que de los resultados del experimento.

    Y los bienes públicos entran en conflicto con la libertad de los agentes económicos. El punto de vista moral no lo cuestiona, pero el ético valoraría si contribuir implica un mayor o menor bienestar antes de juzgar.

      • El comentario del intrusismo no pretendía ser más que una ironía sin mayor recorrido. Gracias por la información sobre el libro. Se ve muy interesante y parece corresponder a lo que se esperaría de una aproximación económica y matemática a la ética. Disciplina en la que, sobre todo en lo que se trata del simplismo moral, ese tipo de intrusismo es bastante necesario. Con todos los respetos, y pensando más en el tono habitual de las campañas electorales que en estudios de conducta de débiles bases filosóficas, un estudio ético de determinadas moralidades, y sobre todo, de determinadas actitudes frívolamente moralistas, parece una necesidad intelectual y democrática un tanto urgente.

  • Antonio, gracias por la reseña. Te agradecería la referencia académica acerca del caso del cuerpo de bomberos de Boston. Cuídate.

  • "El adjetivo 'moral' se refiere a un conjunto de imperativos no necesariamente racionales, válidos per se sin necesidad de reflexión o justificación (superstición). La ética, al comportamiento racional que busca como resultado el mayor bien o el menor mal. "

    Perdón por el off-topic, pero este lugar común me crispa cada vez que lo oigo.
    "Moral" es un calco semántico latino -acuñado por Cicerón- del griego "ethikos":
    http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.04.0059%3Aentry%3Dmoralis

    Si alguno quiere insinuar que SU moral es "más evolucionada" que las ajenas está en su derecho, pero que no abuse de la pobre filología, por favor.

    • La filosofía, tanto como el significado de las palabras independientemente de su origen, ha evolucionado mucho en los últimos dos mil años. Moral y ética están relacionadas, pero no son en absoluto sinónimas. Estos apuntes sobre el particular lo explicarán mejor que yo, por más que, en esencia, el resumen de la relación entre ambas sea el comentario que escribí antes. Saludos.

      http://es.slideshare.net/joysvv/la-etica-y-la-moral-14170256

  • Gracias por la recomendación (ya tengo lectura para este verano).
    No sé bien cómo interpretar el ejemplo sobre la escuela de Haifa. Aparentemente el incentivo económico (negativo) altera la moral de algunos individuos, pero también podría entenderse como un problema de formación: una multa no es un pago por servicios, que es como parece que algunos sujetos lo interpretan.

    Sobre cómo el dinero puede afectar a la moral, a mí me resulto interesante "Lo que el dinero no puede comprar" de Michael J. Sandel, aunque el enfoque no es obviamente, económico.

    • Algunas normas sociales son una construcción colectiva. Llegar tarde es aceptable en algunos entornos, y no lo es en otros. Los autores interpretan que cuando no había multa muchos padres habían deducido que llegar tarde era una violación de una convención social y no lo hacían. La multa cambia su interpretación de la convención. Llegar tarde no está mal, es un servicio que tiene un precio y se paga por él. Efectivamente, Bowles contrasta la multa de Haifa, que no fue explicada suficientemente, con el éxito que en varios países ha tenido el cobrar unos céntimos por las bolsas de plástico en los supermercados para reducir el consumo de estas bolsas. La diferencia es que en este caso la "multa" vino precedida de una discusión pública sobre los males causados para el medio ambiente por las bolsas.

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