La ideología de los profesores universitarios y los resultados académicos: de la guerra del Vietnam a nuestro apocalipsis económico

A los profesores nos gusta pensar que nuestras creencias personales desaparecen cuando entramos en las aulas. Por esto reaccionamos con tanta pasión cuando alguien nos acusa de “adoctrinar a los alumnos”. Pero igual nos auto-engañamos, mi colega Ignacio Ortuño me sugiere leer un artículo que provee alguna evidencia de que nuestra ideología sí que se cuela en las aulas: Talia Bar y Asaf Zussman muestran (la versión publicada está en el American Economic Journal) que en una universidad americana los resultados académicos dependen del partido al que vota el profesor. Esto es más que una curiosidad, porque puede tener impacto en nuestras aulas universitarias en la situación actual.

Antes de entrar en el detalle conviene dar un poco de información de contexto. En Estados Unidos la inflación de notas fue muy notable entre los años 60 y los 90. Las notas allí van de la A a la F. En los años 60 la C podía considerarse una nota decente, algo como un aprobado nuestro (“a gentleman’s C” se podía oír). La proporción de C’s bajó en estas tres décadas desde un 25% a un 9%. La nota máxima, la A, subió paralelamente de un 7% a un 26% en el mismo período, y las medias numéricas (donde la correspondencia es un 4 para la A y un 2 para la C) pasaron de 3,07 a 3,34 solamente entre mediados de los 80 a mediados de los 90 (toda esta información la pueden encontrar con mayor detalle en un informe para la academia de ciencias y artes americanas).

Una de las teorías clásicas sobre la inflación de notas tiene su origen en la guerra del Vietnam. Yo mismo se la escuché a mi director de tesis, pero una cita textual del informe que comentaba en el párrafo anterior (página 7) es muy iluminante a este respecto: “La evolución al alza se inició en las selvas de Vietnam, cuando aquellos de nosotros que ahora somos catedráticos estábamos a salvo del alistamiento gracias a estar haciendo el doctorado. Se nos dio una prórroga en virtud de estar estudiando, eso no era justo y lo sabíamos. Por eso, cuando llegaba el momento de las calificaciones, y sabíamos que dar una C significaba que nuestro estudiante (que merecía una D) iría a la selva, hicimos un salto y le dimos un B.” Otras teorías también tienen que ver con la ideología, porque la admisión de estudiantes de orígenes socio-económicos o raciales más diversos podía haber empujado a los profesores a ser más benevolentes con los estudiantes de algunos grupos.

Pero las teorías “ideológicas” no son las únicas, también las hay que tienen que ver con el mayor énfasis en las evaluaciones docentes y el posible “soborno académico” a los estudiantes para que mejorar las evaluaciones, particularmente dada la creciente presencia de profesores externos (“adjuntos” en inglés, lo que nosotros llamamos “asociados”), que solamente van a dar clase, únicamente se les evalúa por esto y que están en posición muy débil respecto tanto a alumnos como a la universidad. Esto tiene que ver con la consideración de los alumnos como “consumidores” a los que hay que tener contentos.

El artículo de Bar y Zussman presenta evidencia de que la teoría “ideológica” tiene algún apoyo. Bar y Zussman utilizan información de una universidad de élite americana. La base de datos contiene información sobre las notas en las diferentes asignaturas de todos los estudiantes de la universidad entre 2000 y 2004, así como de características de los profesores y los alumnos. Para conocer las preferencias políticas de los profesores, los autores explotan el hecho de que para votar en Estados Unidos hay que registrarse en una base de datos pública, y en el estado al que pertenece la universidad al registrarse uno puede declarar su afiliación política, lo que le permite participar en las elecciones primarias de ese partido. No todos los profesores se pueden localizar de esta manera, porque algunos no están registrados allí o simplemente no son estadounidenses. Pudieron localizar a 511 de 1169 profesores, aproximadamente un 44% del total. De éstos, 27 (5,3%) eran republicanos y 390 (76.3%) demócratas. Esta escasez de republicanos puede parecer sorprendente y quizá indique una universidad extraña, pero no lo es. La figura 1 del artículo muestra evidencia (extraída de aquí) comparándola con Berkeley y Stanford, y no hay grandes diferencias. Para los curiosos, los economistas tienen algo más de republicanos que otras ciencias sociales (sin ser ni mucho menos mayoría), pero no más que los departamentos de ingeniería o de química.

Los primeros análisis de Bar y Zussman tienen que ver con la relación entre las notas y la ideología del profesor. Además de la ideología del profesor, usan la ideología interactuada con la nota del SAT (un examen estandarizado que se usa entre otros factores para decidir la entrada a la universidad y que está muy correlacionado con las notas posteriores), un efecto fijo (una constante) por alumno que puede eliminar algunos sesgos debidos a variables no observables, y otros controles como sexo y edad del profesor, curso y disciplina del alumno. Quizá la forma mejor de resumir los resultados está en la figura 3. Aquí se representa la desviación respecto a la media esperada en la universidad de un estudiante (dada su nota de acceso en el SAT) si tiene a un profesor republicano. Nótese que la mínima nota de entrada en la muestra es un 700, de manera que solamente es relevante el rango a partir de esa nota. La escala del eje vertical es en puntos.

Como se puede ver, tener a un profesor republicano es un “mal negocio” en general, pero es menos mal negocio para los estudiantes con buena nota de entrada. El punto a partir del cual un estudiante debería preferir a un republicano es aproximadamente de 1200 en el SAT que se corresponde a estudiantes del cuartil (25%) superior. Para un estudiante medio en el examen de entrada (unos 1100 puntos de SAT), el efecto de un profesor republicano es de alrededor de 0,3 puntos por debajo de lo esperado. Dado que la desviación estándar en las notas es de 0,7 puntos, el efecto es del 40% de una desviación estándar (unos 15 puntos porcentuales), un efecto bastante grande en una cuestión educativa.

Como bien señalan los autores, es difícil saber a qué podemos atribuir estas diferencias. Puede ser que no haya diferencia real en la formación y solamente haya un cambio en la distribución de notas. Pero también puede ser que los republicanos tengan un estilo de instrucción que beneficia desproporcionadamente a los alumnos más brillantes (y solamente a estos).

El otro resultado interesante tiene que ver con el origen de los estudiantes. ¿Puntúan distinto los republicanos para estudiantes negros, hispanos o mujeres? Las medias sin controlar por ninguna variable las pueden ver en el siguiente gráfico:

El análisis estadístico más detallado muestra que las diferencias son significativas solamente para los estudiantes negros, que tienen notas más elevadas si sus profesores son demócratas. Como con el anterior resultado, no es posible distinguir con estos datos si las diferencias son puramente de notas o la formación también es diferente en los dos casos.

Parece claro que hay algo detrás de estos resultados, aunque claramente vale la pena investigar más. Pero estos resultados dan qué pensar respecto a nuestra situación actual. Las tasas universitarias están subiendo en nuestro país, y lo hacen de manera mucho mayor para los estudiantes con peores resultados. Algunos profesores pueden pensar que esto es “injusto”, especialmente para los alumnos de extracción social más baja. Y aunque esto no es totalmente comparable a la decisión de enviar a alguien a la guerra del Vietnam, puede haber quien se enfrente a un dilema moral análogo. En el otro lado de la ecuación tenemos universidades con menos recursos, que pueden “recuperarlos” a base de conseguir tasas más elevadas de suspensos.

¿De verdad queremos enfrentar a profesores y administradores a un dilema así? Yo personalmente creo que es muy mala idea. Si queremos ligar la financiación a algo relacionado con la docencia, sería mucho mejor que ésta dependiera de los resultados laborales. Esto alinearía de manera mucho más eficiente nuestros incentivos con los de los alumnos y la sociedad en su conjunto. Dada la situación de nuestro mercado de trabajo esto también tiene una analogía con enviarnos a todos al Vietnam, pero es una batalla en la que algunos estaríamos encantados de participar.

Hay 19 comentarios
  • Gracias por el artículo. Buena información y reflexiones para un tema vivo. En los masteres oficiales mi universidad ya hemos lidiado con eso - y necesariamente mal.
    Los que se matricularon para el curso 2011-12 en un master de 65 ECTS pagaron 1700€. Entre ellos, varios especialmente empeñados en la investigación (y algún vaguete) decidieron no entregar la tesina final (TFM) ese curso y tomarse cinco meses más para pulirla. Sin embargo, se encontraron con que la matrícula de sólo el TFM había subido a 1169€ (12 ECTS x 97€ de segunda mátricula), así que se movilizaron, con buenas razones, y tuvimos que aceptar trabajos finales cerrados a prisa y con menos vuelo de lo esperado.

  • No salgo de mi asombro con ese estudio sobre la relación entre las notas y la ideología del profesor. A que haya gente que se dedique a estudiar una cosa así, me refiero.

    Pero lo que me inquieta es esa sugerencia final de vincular la financiación a los resultados laborales. Eso suena mucho a tomar eso que se llama "empleabilidad" por el único fin de la educación, universitaria o no universitaria. Vengo de las humanidades, y he aprendido y disfrutado con este blog, pero eso me da la impresión de que la economía de la educación termina por ser 'educación para la economía', un punto de vista estrecho y unilateralmente 'economicista' sobre la educación.

    • "[...] vincular la financiación a los resultados laborales. Eso suena mucho a tomar eso que se llama “empleabilidad” [...] " Y ¿por qué no? Todo dependerá si la sociedad en cuestión tiene el suficiente interés en ciertas cosas para crear ciertos empleos . No veo porqué una sociedad a la que le importa un bledo el arte, tiene que subvencionar (vía reducción de tasas o vía becas) las carreras universitarias pertinentes.

    • Estimado schelling:

      pués, estoy seguro que nadie quiere comparar los salarios entre diferentes carreras universitarias, pero dentro de una carrera dada. Por ejemplo, estoy seguro que hay universidades que dan mejor docencia en física que otras (y, por tanto, cabe pensar que estos alumnos tengan mejor salida en el mercado de trabajo que sus competidores directos). ¿No crees que estas universidades se merecen más financiación que las mediocres? En la universidad hay profesores con calidades muy distintas (los que trabajamos en la academia somos muy conscientes de eso), pero, desafortunadamente, el sistema de financiación trata todos por (casi) igual. Es simplemente muy ineficiente.

      Y creo que en estas direcciones van muchas de las críticas que se puede hacer al gobierno actual. Sabemos que hay que recortar en muchos aspectos, pero uno no tiene la impresión que las medidas adoptadas consigan mejorar la eficiencia.

      Saludos.
      Marc

    • Otra alternativa es subvencionar menos y que cada uno decida lo que quiere hacer con su tiempo y dinero; hacer algo que disfruta pero que tiene poca rentabilidad o algo que quizá disfrute menos pero que tiene más rentabilidad laboral. Y para asegurar la igualdad de oportunidades, las tasas se difieren al momento en que uno gane lo suficiente y se recuperan vía un impuesto a los graduados, como se sugería aquí: http://nadaesgratis.es/?p=20574

  • Antonio:

    "A los profesores nos gusta pensar que nuestras creencias personales desaparecen cuando entramos en las aulas. "

    Yo no pienso así; creo que no queda más remedio que aceptar que uno va por delante con lo que tiene. Claro que al ser de filosofía (en secundaria) tal vez la cosa cambie. Y entonces, no se trata de se aséptico sino de dar opciones, de no ser conscientemente parcial. Si la parcialidad ocurre, se trata de que los que así lo ven lo demuestren y, entonces, el profesor toma las medidas oportunas para que no se repita. En ese caso, no creo que sea ni punible, ni vergonzoso.

    La cosa en secundaria tiene más tomate. Todavía recuerdo, en plena polémica sobre la Educación para la Ciudadanía, cómo los colectivos contrarios se revolvieron también contra las asignaturas de Filosofía y declararon que se podía ir contra los profesores por "Abusar de la libertad de cátedra". (Mi madre ha llegado a decir que en filosofía enseñábamos a los alumnos a tocarse el culo; será por las costumbres de los varones en la Atenas clásica.)

    Pienso que no reconocer que cada uno va con lo que tiene a las aulas y que hay una forma honrada de lidiar con ello conduce a confundir la exposición a otras ideas distintas de las propias con el adoctrinamiento. Como si el derecho de los padres a adoctrinar fuese absoluto. (Perdón, creo que ya he entrado en el terreno de la pura digresión.)

    • Sí, es algo más complicado para los economistas. Por ejemplo, nos gustaría poder hablar de manera "objetiva" sobre los efectos en inversión o consumo (agregado o desagregado) de un impuesto sobre la renta. Pero para alguno puede ser difícil separar este análisis del valor que le asignan al efecto que los ingresos correspondientes pueden tener para la redistribución de la renta. Es decir, que separar opinión de información es crucial en economía y no siempre se logra.

  • Interesantísima cuestión. Estoy completamente de acuerdo con que la valoración de la docencia debería estar ligada a los resultados laborales, sobre todo en términos de renta obtenida. Los datos existen. Bastaría con cruzar la base de datos del IRPF (Ministerio de Hacienda) con la de los egresados de las universidades (Ministerio de Educación) y controlar algunas variables de entorno.
    Supongo que no se hace porque resulta difícil pasar del nivel de facultad al nivel profesor y porque los resultados podrían escocer en algunos ámbitos, como Economía y Empresa. Me da la impresión que el plus de renta atribuible a los centros podría estar poco correlacionado con los criterios de calidad habitualmente utilizados con el profesorado universitario. El nivel de desempleo/subempleo es terrible entre los jóvenes graduados pero es sangrante entre los que están haciendo doctorados de excelencia, cuya únicas salidas son la academia (casi inexistente en la actualidad) o la emigración. Los graduados y postgrados de centros de menor excelencia muestran un perfil en general más flexible que se traduce en una mayor facilidad para colocarse y progresar en las empresas. En líneas generales, tengo la dolorosa sensación de que hoy por hoy estudiar en una universidad de prestigio española solo es rentable si se pretende emigrar.

    • Para los estudios de grado, hacer lo que dices (cruzar datos de agencia tributaria y universidades) es trivial, y hay tan poca emigración que sería bastante exacto. El output de estudios más académicos, como el doctorado, quizá sea más difícil vía renta, porque casi todos los doctores de lugares buenos trabajan fuera (ciertamente de mis 15 estudiantes que han defendido la tesis solamente dos trabajan en España) y no sé si será fácil perseguirlos por ahí. Pero en este caso podríamos ver sus publicaciones científicas de manera relativamente sencilla, para esto están las bases de datos del ISI y similares. Y esto está muy correlacionado con su renta futura.

      • Para los postoc habría que hacer alguna correlación para atribuir rentas a los que trabajan en empresas e instituciones internacionales. Son los que más ganan pero publican poco. En todo caso, a pesar de las limitaciones, la mejora de la información sería espectacular con lo que se recudiría, se supone, el ruido en el debate. ¿Qué crees que hay detrás de que no se haga? ¿Las hipótesis que apunto o simple dejación?

        • Yo creo que el problema en general es que resulta muy difícil encontrar la información. Cuando trabajé en la Pompeu Fabra recuerdo lo que nos costaba encontrar a nuestros egresados del máster dada su movilidad internacional. Por lo general llegamos a conseguir las primeras colocaciones (o estudios) de la mayoría, pero no de todos, y a la que pasaban tres o cuatro años eran casi imposibles de encontrar. Cara al futuro imagino que seremos todos más sistemáticos, pero no va a ser fácil hasta que no haya algún sistema localizador universal, y quizá no sea algo demasiado deseable desde la perspectiva de la libertad individual.

  • Sería interesante investigar por qué existe un sesgo tan grande hacia la izquierda en el profesorado universitario. Esto significa que, en comparación con la sociedad que les rodea, las universidades son una especie de reducto de las izquierdas. ¿Es algo autoperpetuante? ¿Tendrá efecto a a largo plazo en la influencia de la universidad en la sociedad (o en la falta de ella)?

    Una vez visto el sesgo ideológico, las diferencias en las notas parecen lógicas. Tanto los motivos halagüeños como los que no lo son.

  • Muy buen post...
    Respondiendo a javier y a A. Cabrales: Sartre, decía la inteligencia siempre es de izquierdas. Lo que no quiere decir que todos los de izquierdas sean inteligentes...

    Por cierto, hablando de ideología. Quizás los economistas liberales si están llenos de ideología a juzgar por entusiasmo con el que defiendo siempre reformas laborales que dañan los derechos de los trabajadores (eso sí en muchos casos hablando de insiders y outsiders, y obviando que hay división de clase más clara, que es entre empresario y trabajador). Y sobre todo me llama la atención ese empeño en las reformas laborales viendo como una y otra vez tienen resultados opuestos a los que pretendidamente serias su objetivo. Por ejemplo la última reforma, el ajuste en salarios en vez de empleo: Resultado ajuste en salarios (como nunca) y mayor ajuste en empleo, porque el salario no es un precio más sino que de él depende la demanda agregada, y el incremento de los márgenes empresariales no se realiza sin demanda....
    http://economia.elpais.com/economia/2012/11/05/actualidad/1352102400_298035.html

    Es una historia muy vieja, Kalecki ya lo demostraba en los años 30, pero nuestros economistas más influyentes siguen empecinados en que bajar salarios y derechos aumenta el empleo. Quizás es la ideología dominante en la profesión???

  • Antonio Cabrales y Fran Saurí lo expresan bastante claramente.
    Los alumnos pueden discriminar creencias y opiniones del profesor y de hecho lo hacen. Y por si fuera poco en la relación profesor alumno hay tanto lugar para Edipo que lo más probable es que las creencias del profesor sean cuestionadas "por ser vos quien sois".
    El problema es el silencio, el no hablar ni abrir horizontes. Las autocensuras.

    Este verano un matrimonio amigo fua a la graduación de su hijo menor en UK. Hablaron con varios profesores. Algunos de ellos iban a cambiar de oficio, uno les dijo claramente que había asuntos tabú y que las renovaciones de contrato pesaban.
    Esto en el UK, que tenemos por la Mecca.
    Por cierto, el joven, estupendamente educado, se graduaba en economía y dominaba, en especial, los autores y l0s temas proscritos.
    Siempre fue así. ¿No?

  • A finales del 69 en mi comuna conocí a un desertor de 24 años huido de la guerra. En España había algunos, pocos en comparación a otros países, y de paso hacia Suecia. Nuestro amigo se quedó, una malagueña de ojos verdes lo dejó medio tarumba y ya ves... (aún somos buenos amigos).
    Nuestra casa se convirtió en lugar de paso y refugio, un día o dos, entre Norteamérica y el país de acogida. Nuestro amigo recibía mucho correo que reexpedía a las familias norteamericanas. Yo era joven, solo tenía 18, no obstante, quizá por eso, por la emotividad y la empatía que sentía, o por las conversaciones que participaba, me parecían inteligentes y muy preparados. Todos eran universitarios y de raza blanca, algunos se ganaban la vida escribiendo artículos en revistas y periódicos, amagados bajo la firma de otro periodista o escritor (igual que en tiempos de McCarthy).
    Estoy seguro que en los EEUU no debió publicarse mucho sobre el fenómeno y también que, poco o mucho, debió notarse la sangría de tanta gente preparada. Creo recordar que hasta hace relativamente poco no pudieron volver a su tierra, lo que inevitablemente debió provocar resentimiento y la propagación del antiamericanismo que tan caro salió a su país.
    Ya sé que eso que digo poco tiene que ver con el tema, pero me ha hecho recordar la historia y siempre es bueno compartirla.

  • Gracias al señor Wert ya nos enfrentamos a ese dilema y la única solución correcta fue trabajar más para que nuestros estudiantes lo hicieran mejor. En mi caso, lo hicieron mejor gracias también a la presión económica. Además, la primera idea de Wert de condicionar la renovación de la beca a aprobar todas las asignaturas era perversa, porque otorgaba a todos los profesores un poder tremando de decisión sobre el alumno sin que, por otra parte, hubiese mecanismos de fiscalización sobre el profesor.
    Y sobre el artículo, que leere cuando tenga tiempo, me pregunto al momento si hay peores condiciones laborales para el profesorado en Humanidades y Ciencias SOciales (donde hay menos republicanos), hecho que explicaría mayor vulnerabilidad a la presión de los estudiantes. Por mi experiencia y referida de otros amigos, veo que durante los primeros años los estudiantes son una terrible amenaza potencial (de hecho, si te los encuentras fuera del aula, sales corriendo para evitar cualquier situación "comprometida" que luego puedan usar en tu contra) y condicionan mucho el desempeño docente. Cuando ya has logrado ganarte una reputación positiva, se puede estar más tranquilo y ser más rígido en las puntuaciones; pero al principio es muy difícil manejar al "cliente", especialmente a aquellos que son auténticos especialistas en aprovecharse de este tipo de debilidades para lograr buenas notas. Algunos hablan como si fueran a denunciarte desde el primer día y ponen sobre aviso al profesor. Si está entre el B- o el B+, será B+.

  • Ojo, que todos estos estudios son muy poco transferibles en cuanto a notas. Por ejemplo, en cuando al redondeo, pues las notas no son estándar entre las universidades, ni siquiera dentro de una misma universidad. En UTSA acaban de poner el +/- estando yo aquí, a rebufo de UT Austin, que lo puso hace poco.
    http://www.paisano-online.com/news/utsa-to-switch-to-plus-minus-grading-system-in-fall-2011-1.1777437#.UJw_sdekRlc
    Los estudiantes ya se han quejado, pues a muchos ya no les favorece el redondeo al alza automático.
    De todas maneras es muy interesante, pero yo creo que es más un factor como se ha apuntado de "young faculty" (incluso en ciencias, no quieren que se ponga C) y bajar como sea la "dropout rate" (tasa de abandono): la palabra mágica ahora es "retention". Cuando les conté que en España habíamos empezado con las encuestas a los abueletes, me dijeron "sí, aquí lo hicimos pensando mejorar, y fue el principio del fin".

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