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La curiosa visión del Ministerio de Educación sobre la confidencialidad

por Gerard Llobet el 03/02/2016

de Antonio Cabrales y Gerard Llobet.

En el mundo académico damos muchísima importancia a la confidencialidad de las evaluaciones que llevamos a cabo. Los profesores acostumbramos a evaluar exámenes con autor cuyo nombre ha sido reemplazado por un número. Los trabajos que mandamos a revistas son examinados por expertos anónimos e incluso en algunos casos los trabajos se deben mandar también anónimamente para que los expertos no se dejen influir por el nombre del autor. Este proceso de pares ciegos (peer review) hace que la evaluación tienda a ser más sincera y se proporcione más información que si el nombre del examinador fuera público. Algo parecido pasa cuando un profesor escribe una carta de recomendación para un alumno. Aunque sí conoce el autor de la carta, el alumno nunca ve su contenido dado que la institución receptora se acostumbra a poner en contacto con el profesor y pide que se la mande directamente. Esta es la manera de funcionar en todo el mundo, incluyendo universidades españolas y becas como las de La Caixa, Banco de España, Fundación Ramón Areces, Fundación Rafael del Pino, etc.

El Ministerio de Educación español tiene, sin embargo, una visión distinta de lo que significa la confidencialidad de las cartas de recomendación (por ejemplo, para las becas pre-doctorales Salvador de Madariaga). Consiste en que el profesor mande la carta al alumno en pdf y que éste no la lea y la suba directamente a la aplicación informática que gestiona la solicitud. Claro, no hay riesgo de que el alumno la vaya a leer, ¿verdad?

Pantallazo

Fragmento del formulario de solicitud del Ministerio de Educación.

¿Qué consecuencias tiene esto? Que muchas más cartas recomendación terminen siendo del estilo “Este estudiante es fantástico y lo recomiendo muy mucho”, aunque no siempre sea cierto. Dado que los mejores ya iban a recibir esa recomendación este sistema termina beneficiando a los peores estudiantes al proporcionar menos información útil para quien tiene que tomar la decisión.

En algunas universidades y en algunas disciplinas el profesor le dice directamente al alumno que se escriba su propia carta recomendación y que él la firmará. Esto es precisamente lo que este tipo de sistemas fomenta y aunque puede tener su utilidad para que el alumno se conozca a sí mismo no puede ser la base de un sistema de evaluación serio.

A menudo nos hemos quejado en este blog de prácticas habituales en la academia y la administración española que son decimonónicas y que habría que ir eliminando. Esta es una de las más obvias y más fáciles de solucionar.

P.D.: El problema se podría arreglar fácilmente si el profesor mandara las cartas con una clave de acceso, algo que el formato pdf permite el Ministerio no acepta. Aparentemente, este año si uno se quejaba el Ministerio le facilitaba una dirección de correo para mandar la carta. Este apaño no es aceptable, dado que los estudiantes pueden terminar con cartas que terminan proporcionando diferente información y, sin embargo, se consideran de la misma manera.

JJ Dolado febrero 3, 2016 a las 23:44

Como profesor y miembro del comité de selección de candidatos (no necesariamente españoles) al programa de Doctorado de Economía del European University Institute, puedo confirmar que el curso pasado tuvimos una reunión con representantes del Ministerio de Educación para denunciar estas prácticas carpetovetónicas. Prometieron solucionarlo inmediatamente , cosa que por supuesto no ha ocurrido, además agravado por el hecho de que, mientras las cartas de referencia para la admisión lógicamente se piden en ingles mientras que las de las becas se exigen en castellano!! Para cualquiera que puede escribir de 25 a 30 cartas al año para doctores candidatos al job market y a antiguos alumnos que aspiran acceder a un programa de posgrado de prestigio, ello supone una perdida de tiempo considerable, además de ser objeto de sonrojo por parte de aquellos colegas extranjeros que se sienten abochornados del las inefables practicas del Ministerio de Mala Educación en una de las grandes economías de UE ! Qué Pais que diria el gran Forges! . Ya es hora de denunciar estas prácticas. No nos merecemos a unos dirigentes tan poco profesionales.

Libertad febrero 4, 2016 a las 09:28

Yo he tenido que escribir una carta para la Salvador de Madariaga este año, pero la estudiante directamente me pidió que la enviara por email, ella misma lo solicitó al ministerio, supongo. Eso sí, olvidó mencionarme que la carta tenía que ser en castellano! Espero que no la penalicen por eso.

Rafa febrero 4, 2016 a las 10:15

Otra solución fácil del problema sería que los profesores cumplieran con su obligación y escribieran en las cartas de recomendación su sincera opinión sobre el alumno.

Gerard Llobet febrero 4, 2016 a las 18:11

¿Y cómo se comprueba eso? Cuando uno lee una carta de recomendación no sabe si es o no la opinión “sincera” del profesor. Y no podemos hacer pasar la prueba del polígrafo a un profesor por cada carta que escribe. El único mecanismo que existe actualmente es la reputación. Muchos de nosotros escribimos cartas prácticamente cada año a las mismas instituciones. Si un año escribimos una carta que no es “sincera” y con ella admiten al estudiante, una vez constatado el error nuestra carta dejará de tener valor en el futuro para esa institución. La falta de confidencialidad en casos como el que discutimos en esta entrada entorpece este mecanismo que, a falta del polígrafo obligatorio, es el único que tenemos.

Jesús Fernández-Villaverde febrero 7, 2016 a las 00:23

Esa propuesta refleja una manera de pensar en la que reside mucho de los problemas de España: esperar que la gente “cambie” en vez de cambiar las instituciones. Por mucho que quites a un politico y pongas a otro, los polticos siempre manipularan la banca publica, sean de Podemos, Ciudadanos o del Partido Democratico de Riotinto. En el caso de los profesores, dar una recomendacion negativa “publica” supone un acto muy desagradable para todo el mundo (el profesor, el estudiante) y al final, la mayoria de la gente no querra pasar por ese trago. Los seres humanos somos asi y no vamos a cambiar (y de hecho en este caso es positivo, pues supone que la gente no es psicopata y no disfruta del enfrentamiento).

Uno de mis encargos es echar a la calle a los estudiantes del doctorado que han suspendido los examenes o no han cumplido con sus obligaciones. Es algo dificil que te deja mal cuerpo por una semana.

Samuel Bentolila febrero 4, 2016 a las 10:39

Es un asunto lamentable, importante y urgente. Habitualmente no acepto escribir cartas de referencia que no sean confidenciales. Mi sorpresa ha sido que, en algunos casos en que he comunicado que no podía enviarla porque no se respetaba la confidencialidad, la entidad que solicitaba la carta me ha respondido que en ese caso sí podía enviar la carta directamente. De esta forma, como decís, se producen de facto dos estándares.

Aciex febrero 5, 2016 a las 18:30

Probad a decírselo con música:
http://www.theguardian.com/women-in-leadership/2013/oct/14/blind-auditions-orchestras-gender-bias
Lo curioso de este caso es que, cuando comenzaron este sistema de “audición ciega” en Alemania, trataban de no ser parciales hacia músicos conocidos o prestigiosos hijos de directores de orquestas rivales…no esperaban -Mein Gott! Eine Frau! detrás de la cortina.
(Blink, Malcolm Gladwell)

DFB febrero 5, 2016 a las 20:37

Escribo cartas de recomendacion habitualmente para alumnos norteamericanos y para universidades de USA. El proceso es completamente blind. El alumno propone mi nombre a la universidad, yo recibo un e-mail desde la universidad y cargo la carta de recomendación. El alumno solo propone y yo dispongo. No debe de ser tan difícil.

Julio febrero 6, 2016 a las 13:01

Lo único que habría que hacer es que el profesor firme digitalmente la carta y luego la cifre con la clave pública del certificado del Ministerio. Le da el fichero cifrado al alumno para que lo presente ante el Ministerio. El Ministerio descifraría el fichero con su clave privada y vería la firma digital del profesor, con lo que se asegura su autenticidad. El alumno no habría tenido acceso a la carta en ningún momento.

Julio febrero 6, 2016 a las 13:02

Al final quise decir “al contenido de la carta”, lo siento.

Gabo febrero 7, 2016 a las 13:09

Como candidato habitual a algunas de las becas ya mencionadas y alguna otra más, es algo que me choca mucho. Todas las becas a nivel europeo a las que he aplicado salvaguardan la confidencialidad de las cartas de recomendación, mientras que en algunas de las patrias (como las del Gobierno Vasco, o las del Ministerio en las raras ocasiones en las que sacan las convocatorias) me veo obligado a pasar por el trago de pedir la carta directamente a mis referencias… Ni que decir tiene que cuando se trata de un profesor en el extranjero paso una tremenda vergüenza.
Lo que es más preocupante aún. Con un programa tan ampliamente disponible como el Adobe PDF Creator, es posible y muy (pero muy mucho) sencillo editar el texto de un pdf.

violeta febrero 7, 2016 a las 23:27

Gracias por este post. Para todas las becas que me han dado -algunas realmente buenas- me he tenido que escribir yo las cartas. En muchos casos el catedrático me valoraba de verdad pero no tenía tiempo para escribirla. Tengo varios modelos de lo magnífica que soy, en función del tipo de beca. En fin, lamentable, porque yo leí la tesis en 2003 y esto sigue lo mismito.

Gerard Llobet febrero 8, 2016 a las 01:51

Como decía en mi entrada está práctica es demasiado habitual. Sin embargo, no estoy de acuerdo con que el catedrático no tenía tiempo para escribirla. Que un profesor universitario no tenga tiempo de escribir una carta a un estudiante es como decir que no tiene tiempo de dar una clase. Es una obligación básica e ineludible.

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