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Horas en Clase y Desempeño Educativo

Por Lucas Gortazar y Daniel Kutner (Disclaimer)

Una de las cuestiones que se debaten permanentemente en el ámbito educativo es el número de horas de clase que se deben impartir a los alumnos en cada curso escolar. En muchos lugares muchos se preguntan acerca del tiempo óptimo al día y al año que debe un alumno pasar en el aula. Como ejemplo, el presidente de Estados Unidos Barack Obama, nada más ser elegido en 2009 hizo un llamamiento a los expertos para “repensar la jornada escolar” con el objetivo de añadir más horas de clase. “No podemos permitirnos un calendario académico que fue diseñado cuando EEUU era una nación de granjeros que necesitaban a sus hijos en casa trabajando las tierras al final de cada día. El calendario tal vez tuvo sentido alguna vez, pero hoy, nos posiciona en desventaja a la hora de competir. Nuestros hijos pasan un mes menos en la escuela que los niños en Corea del Sur”.

¿Tiene Obama razón? ¿Se trata de una intervención que va a dar frutos a los estudiantes o puede ser que demasiadas horas aburran a los alumnos? En el caso de que sea una medida positiva, cabe preguntarse, ¿afectará a todos por igual? En este artículo resumiremos los aspectos más importantes de un análisis de la literatura existente que hemos realizado recientemente (ver aquí). En la economía de la educación, es frecuente escuchar discusiones sobre inputs de una escuela, como infraestructuras, ratio alumno-profesor, calidad del profesor o autonomía de las escuelas. Sin embargo, existen pocos estudios empíricos que evalúen cuanto importa el tiempo en la escuela tanto en resultados académicos como en otras variables como el abandono escolar o la tasa de repetición.

Una de las grandes dificultades metodológicas para evaluar este tipo de intervención es que hay poca variabilidad y pocas reformas que afecten el tiempo en el aula dentro de un país o región. Por otro lado, si comparamos distintos países, nos encontramos que no hay correlación entre las horas en clase y los resultados académicos (ver figura 1). Esto ocurre porque existen infinidad de factores que influyen a la hora de explicar el éxito de algunos países en sus sistemas educativos y por tanto es difícil separar el efecto del tiempo en el aula de otras variables. Pero en otras ocasiones, una reforma institucional nos permite analizar la causalidad de una manera más sofisticada.

Fuente: Elaboración de los autores basada en los datos del informe Education at a Glance (OECD, 2012) y los resultados de PISA 2009.
Fuente: Elaboración de los autores basada en los datos del informe Education at a Glance (OECD, 2012) y los resultados de PISA 2009.

Nuestro primer ejemplo de evidencia empírica toma nota de la reforma que tuvo lugar en 2003 en Dinamarca, país que cambió su planificación de horas en el aula a través de dos canales: un incremento de horas anuales (de un 4%, de 6540 a 6810) en el aula y la descentralización de la administración de esas horas recae sobre los colegios. Las escuelas podían por tanto elegir entre aumentar el número de días al año en la escuela (margen extensivo) o aumentar el número de horas diarias (margen intensivo) en el aula. El análisis de Jensen (2009) muestra un impacto positivo en los resultados académicos, en especial en matemáticas. Además, las ganancias son aún mayores para el grupo de las niñas y los alumnos cuyos padres solo tenían estudios de secundaria.

En el caso de Chile, Pires y Urzua (2011) analizan los cambios educativos de 1997, en la cual el gobierno de Chile implementó una nueva reforma para mejorar la calidad de la educación aumentando la duración de la jornada escolar. El estudio se centra en cómo afecta la reforma a las habilidades cognitivas y no cognitivas, a la probabilidad de acudir a la escuela, a la probabilidad de embarazos adolescentes, a la probabilidad de abandono escolar y al impacto en el mercado laboral. Los resultados muestran cómo el aumento de horas de la jornada en la escuela tiene un impacto positivo en todas las variables mencionadas. Al igual que en el caso anterior, los resultados son mayores para estudiantes cuyos padres con un nivel educativo más bajo.

Lavy (2010) realiza un análisis empírico comparando a nivel internacional los resultados de los exámenes de PISA 2006, con el objetivo de identificar la causalidad entre las horas en clase y el desempeño en dicho examen. Obtiene tres resultados fundamentales:

Lo que también se puede observar, y con esto no os vamos a descubrir América, es que la forma en que los profesores usan las horas en clase es fundamental. El aumento de las horas proporciona el tiempo suficiente para cubrir más materia del curriculo y con una mayor profundidad (Checkoway et al, 2009, ver aquí). Por su parte, el modelo de escuela No Excuses (ya comentado en este blog aquí), incluye el tiempo en clase como uno de sus cinco pilares fundamentales (los demás son feedback frecuente del profesor, uso de datos para guiar al profesor, numerosas tutorías y altas expectativas): el trabajo de Dobbie y Fryer (2011) concluye la importancia de cuatro de las cinco variables a la hora de explicar los resultados, incluyendo el tiempo en clase.

En general, podemos concluir que aumentar el tiempo en clase es positivo para el desempeño de los estudiantes. En cualquier caso, faltan estudios rigurosos que se centren en los costes y beneficios de este tipo de intervención, ya que estamos hablando de medidas que pueden encarecer el gasto de manera sustancial.

Estos análisis coste-beneficio deberán tener en cuenta en todo momento el resultado fundamental de nuestro estudio: quienes más se benefician del aumento de horas en clase son los grupos más vulnerables. Los problemas a los cuales se enfrentan los grupos más desfavorecidos pueden ser mitigados muy bien aumentando el tiempo que pasan en la escuela. No sólo les da la oportunidad de aumentar su aprendizaje, sino que reduce su exposición a problemas a los cuales se enfrentan en sus casas y barrios en el día a día. No se debe obviar este resultado a la hora de tomar decisiones de políticas públicas, pues esta medida promueve una mayor justicia hacia los que provienen de entornos socioeconómicos más desfavorecidos.

Disclaimer:

Este artículo esta basado en un informe realizado como parte de nuestro trabajo en el Departamento de Educación de Europa y Asia Central del Banco Mundial. En ningún caso, los resultados del mismo deben ser considerados como la postura oficial del Banco Mundial en este tema.