Evitar la porcata a la americana o a la italiana

Coincidiendo con la gran entrada de hoy de Manuel y Gerard, este interesante artículo de Víctor Lapuente discute un tema parecido: la manera de evitar la corrupción, vía reglas o mecanismos de selección de gestores públicos. Algo también relacionado con una entrada mía anterior sobre nuestros excesos regulatorios como solución a la corrupción.

Antonio Cabrales

Doctor en Economía por la Universidad de California, San Diego (1993). Actualmente es Profesor del departamento de economía de la University College London e Investigador Afiliado del CEPR. Sus áreas de investigación se centran en la Economía de las organizaciones, el diseño de instituciones, economía del comportamiento y economía experimental.

Hay 8 comentarios
  • Mejorar la independencia de todo órgano de control, como los órganos reguladores, policiales y judiciales es imprescindible. No necesitamos muchos más controles, sino controles más independientes. Dejar más libertad de decisión a los funcionarios puede ser muy bueno con dos precauciones. La primera es la lucha contra los corruptores, y contra las situaciones que generan incentivos para la generación de clientelas políticas. Sin ella podríamos sustituir la corrupción política por corrupción funcionarial, la presión sobre los funcionarios puede ser muy fuerte. La segunda es que, si en un momento dado existe una voluntad democrática de ejecutar políticas de un determinado tipo, no se debe ver frenada por los funcionarios. Debe haber amplios espacios para la libertad del funcionario, pero también para la libertad política y del ciudadano.

    Es muy conveniente que las reformas que se introduzcan deben reducir el número de normas. Cuantas más normas más desconocimiento, mayor probabilidad de manipulación y sobre todo de acumulación de errores. Los fallos en una regulación pública influyen en otros sectores de la Administración y de la economía en general, de forma que los errores más que sumarse se multiplican. Cuantas más actuaciones mayor probabilidad de que algo falle y de que el fallo se arrastre por todo el sistema.

    Un enlace muy interesante es el artículo recopilatorio de Pablo Simón hoy en Politikon sobre el mismo tema:

    http://politikon.es/2014/10/28/de-la-corrupcion-en-espana/

    Un cordial saludo.

  • Solo añadir a Antonio que Victor Lapuente es de las personas que escribe cosas mas interesantes en España sobre instituciones y que merece siempre la pena leerlo.

  • Leo regularmente a Victor Lapuente y hoy su columna me pareció mala. Igualmente el post de Manuel y Gerard me parece malo. Ninguno argumenta el grado de extensión de la corrupción en España ni detalla una hipótesis sobre su origen y extensión ni menos se dice cómo se podría superar.
    El editorial Amenaza al sistema en El País intenta argumentar que la corrupción fue consecuencia de "la construcción del Estado autonómico y la potenciación de la vida municipal, sin el acompañamiento del refuerzo del control de un creciente gasto público". Admite un problema sólo a nivel autonómico y municipal, pero no hay prueba de que así sea. Pienso que la corrupción a nivel de Estado nacional es grave pero no se investiga porque no hay nadie por encima del Estado nacional (dejemos a la UE para otro día) y porque la judicatura española es corrupta.
    Hoy en El País, Félix de Azúa publica Un origen secular y castizo donde en referencia a la corrupción alega que "Y si hubiera que buscar a la madre del cordero yo diría que es la irresponsabilidad española. Nadie es responsable de nada nunca." Sí, quizás se pueda alegar que la cultura de los humanos españoles no promueve y protege la responsabilidad individual (de Azúa cree que se debe al tipo de catolicismo practicado en España e Italia por comparación con otros), pero entonces será difícil superar la corrupción (de Azúa reconoce que se requeriría un cambio radical en la educación).

  • Tengo una pequeña discrepancia con Víctor.

    Comparto sus ideas sobre la independencia de la Administración y la política, y establecer incompatibilidades estrictas entre ambas. Pero no creo que sea suficiente. El ejemplo perfecto para mí es USA, donde la financiación privada constituye un soborno encubierto. Que Microsoft pague la campaña de Bush para no ser condenada por abuso de posición dominante es horrible.

    Además, este solapamiento del poder económico y el político es un motor de desigualdad.

  • Es legal en EEUU que una empresa financia de forma casi ilimitada a la campaña de un candidato vía organizaciones que se llaman “Super PACS”. Por tanto, las empresas y el “1%” dominan la financiación de las campañas de una forma que sería ilegal en España. La puerta giratoria entre el sector privado (mucho dinero) y público (mucho poder) es una lacra constante. Por tanto no veo EEUU como el ejemplo a seguir en la financiación de los partidos o en la gestión de las AAPP públicas. En cambio, Reino Unido, con su sistema de profesionalización del funcionariado, puede ser un modelo a seguir para reducir la corrupción y arbitrariedad en la gestión: el jefe del funcionariado tiene que ser otro funcionario (un permanent secretary) en lugar de un político y un funcionario no puede convertirse en político sin antes renunciar definitivamente a su puesto en las AAPP. Un funcionariado despolitizado ayudaría a frenar las adjudicaciones a dedo y las concursos amañados con el soborno del 3%. Lo que me temo es que la "solución" española va a ser más bien la italiana: más reglas formales y burocracia en lugar de cambiar el fondo del funcionamiento de las AAPP.

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