En busca de la buena evaluación docente

En este foro nos hemos quejado repetidamente de la mala situación de nuestra universidad. Y hemos sugerido algún método para dar incentivos a los departamentos y titulaciones (por ejemplo aquí) tanto desde el punto de vista docente como investigador. Pero no a los individuos. En investigación la cosa es relativamente fácil y no es muy distinto a evaluar la de los departamentos. Pero, ¿y la docencia? Como verán, los procedimientos actuales son de dudosa utilidad. Pero es urgente encontrar una solución mejor, así que propondré algunos. Porque, como les mostraré, un mal profesor les cuesta dinero.

La evaluación docente más habitual se realiza mediante encuestas, que rellenan los estudiantes de manera anónima en algún momento del curso, normalmente antes del examen final. Como nos cuentan Becker y Watts en el año 1973 solamente el 30% de las universidades americanas utilizaban estas encuestas pero hoy día las usan prácticamente todas. La costumbre llegó a España más tarde, pero hoy son igualmente frecuentes. El objetivo es medir la capacidad docente de un profesor para tenerlo en cuenta en las decisiones de contratación y promoción. Esto a su vez es necesario porque la investigación es muy importante en esas mismas decisiones. La ausencia de algún criterio objetivo de calidad docente podría dar lugar a una asignación excesiva (en algún caso hasta exclusiva) de tiempo a la investigación.

Las encuestas suelen tener preguntas sobre el cumplimiento de las obligaciones de asistencia y atención al alumno, y otras preguntas relacionadas con la claridad de las explicaciones, interés y dificultad percibida de la asignatura y los materiales docentes, así como de satisfacción global con la docencia. Típicamente las preguntas sobre claridad y satisfacción global son las que mayor atención reciben por parte de los administradores universitarios. No es raro, por ejemplo, que un profesor que recibe notas en el cuartil inferior de las encuestas vea denegada su promoción.

Algunas consecuencias positivas se derivan de estas evaluaciones. Hoy día es raro, por ejemplo, que un profesor deje de venir de manera inexcusada y reiterada a impartir su clase, algo que en mi época de estudiante de grado era muy habitual. Pero las evaluaciones también son muy contestadas. Como dicen Becker y Watts, “muchos docentes ven las evaluaciones como concursos de popularidad que pueden ser manipulados por las políticas de calificación de un instructor, la ratio de entretenimiento en el aula, y la elección de actividades en la misma.”

Por todo lo anterior, y por el trabajo que cuesta recopilarlas, analizarlas y distribuirlas estaría bien evaluar la utilidad de las encuestas respecto al objetivo final, el aprendizaje de los alumnos y sus resultados en el mercado de trabajo. La mejor evidencia que conozco procede de un artículo de Braga, Paccagnella y Pellizzari. Los autores utilizan datos de la universidad Bocconi de Milán. Esta es una universidad privada, que imparte docencia en derecho, economía y administración de empresas. Una parte muy significativa de los profesores italianos de economía que enseñan en las mejores universidades del mundo se formó allí, al igual que destacados dirigentes empresariales del país.

Una característica importante de los datos es que los estudiantes que entraron en la universidad en el curso 1998/1999 fueron asignados de manera aleatoria a los diferentes grupos de los cursos obligatorios. Estos grupos además tenían el mismo programa. Por tanto, las diferencias de rendimiento en cursos posteriores de estos estudiantes se pueden atribuir a haber estado en estos grupos y no, por ejemplo, a la auto-selección de los mejores estudiantes con los mejores profesores. Obviamente en el grupo pasan otras cosas, además de recibir clases del profesor correspondiente. Pero los autores tienen datos de las características de los estudiantes del mismo, como sus notas de las pruebas de acceso a la universidad, de manera que pueden controlar por el efecto de haber caído por suerte en un grupo con mejores estudiantes.

El primer resultado es muy importante para entender la magnitud del problema. La diferencia de rendimiento entre los estudiantes que tuvieron a los mejores profesores (la calidad se mide, como decíamos, por los resultados en cursos posteriores) respecto a los que recibieron clase de los peores es de 0.427 desviaciones estándar, alrededor del 5.6% de la nota media. Para poner este efecto en perspectiva, los autores estiman una elasticidad de 0.45 del salario inicial (sobre el que también tienen datos) respecto de las notas de los estudiantes. Esto quiere decir que un mal profesor le cuesta a un estudiante de Bocconi, cuyo salario mensual medio en su primer trabajo es de cerca de 1000 euros, unos 25 euros al mes, un 2.5% de su salario.

De manera que identificar a un mal profesor puede ser un buen negocio para los estudiantes. Pero, ¿saben hacerlo? Estrictamente hablando sí, porque sus evaluaciones predicen bien la calidad del profesor. Lo malo es que la relación es inversa. Los mejores profesores en términos de resultados tienen, en media, peores evaluaciones. Como puede verse en la primera columna de la tabla que ponemos a continuación la correlación entre la efectividad del profesor y las dos preguntas más usadas de las evaluaciones, la de satisfacción global, y la de claridad del profesor, es negativa y significativa. Y además bastante grande. Un aumento de una desviación típica en la calidad del profesor le baja la evaluación en 0.4 desviaciones típicas. De manera que un profesor que estuviera en la mediana le bajaría al percentil 29 de la distribución.

La segunda y tercera columnas son también interesantes. La correlación negativa se hace mucho más pequeña (y hasta pierde su significación, pero esto es debido también al menor tamaño muestral) cuando las clases tienen más del 25 por ciento de estudiantes de alta capacidad. La definición de alta capacidad usada aquí es que los estudiantes estén en el cuartil superior de notas del examen de acceso a la universidad. La conjetura razonable es que la correlación negativa puede venir determinada sobre todo por los peores estudiantes.

El último resultado, bastante preocupante porque es consistente con el de otros estudios (Carrel y West, o Weinberg, Fleisher y Hashimoto) es que la correlación de la evaluación en el curso con las notas del profesor es positiva. Es decir los profesores bien evaluados solamente preparan a los estudiantes para su propio examen y luego estos lo hacen mal en las siguientes asignaturas. O, incluso peor, les sobornan con exámenes facilitos para salir bien en la foto (esto se puede hacer incluso cuando los exámenes son posteriores a la evaluación, bien creando una reputación o con promesas implícitas o explícitas).

Por si alguien se pregunta si vale la pena poner en cuestión una práctica tan generalizada sobre la base de un solo estudio de una sola universidad y un solo país, vale la pena leer los otros dos estudios que acabo de mencionar, de Carrel y West y Weinberg, Fleisher y Hashimoto. Los dos concluyen que las evaluaciones docentes no tienen una relación estadísticamente significativa con los resultados de los estudiantes, más allá del curso que evalúan. Por tanto, como mínimo las evaluaciones son inútiles para predecir. Y en el peor de los casos predicen el éxito al revés.

A mí me parece que tenemos que seguir buscando maneras de evaluar a los profesores. Una técnica que se usa en algunas universidades, como señalan Becker y Watts, es la evaluación por otros profesores. Pero no me convence demasiado. Las oportunidades para que unos nos cubramos las espaldas a otros son demasiado evidentes.

Otras dos posibilidades las sugieren el estudio de Braga, Paccagnella y Pellizzari. Una es preguntar sobre todo a los buenos estudiantes. En mi época en la Universitat Pompeu Fabra el decano se reunía con alguna regularidad con los estudiantes de mejores expedientes y obtenía información muy valiosa sobre los profesores y los cursos que impartían. Pero probablemente esta solución tampoco es perfecta. Es posible que los intereses de los estudiantes más capaces no sean representativos de los demás, o que sufran menos a los malos profesores.

Y me dejo para el final mi favorita. Si los exámenes los propusieran y corrigieran instructores distintos a los que dan las clases, uno podría buscar una medida de efectividad docente parecida a la de Braga, Paccagnella y Pellizzari. Los profesores son tan buenos como los resultados de sus alumnos en estos “exámenes estandarizados”, condicionales a sus notas de entrada en la universidad. Esto es, el premio o castigo se da por el valor añadido real de un profesor. Así nos equipararíamos en forma de evaluación a la de los profesores de primaria y secundaria. Y evitaríamos un sistema que en el mejor de los casos informa poco, y potencialmente puede llevar a corruptelas e inflación de notas.

Hay 25 comentarios
  • En Italia alumnos de todo el estado llegan a la Bocconi, algunos gracias a rentas propias y otros, los menos, porque están becados. Pero no cabe duda de que puede presumir de educar a una élite sin someterse a los cambios en los dictámenes de la financiación pública.

    ¿Existe en nuestro país algo parecido? ¿podríamos llegar a tener, dada la transferencia en materia educativa, algo similar en España?
    ¿Por qué se ha permitido la creación y el mantenimiento de las agencias de evaluación regionales?
    ¿Por qué las universidades están tan preocupadas por el índice de abandono de sus alumnos de primero? ¿Y por el porcentaje de suspensos de los departamentos y profesores? Para los ajenos a la profesión, se elaboran listas con estos datos, sin descontar que la selectividad, desparecido el baby-boom, es poco selectiva.
    ¿Por que las agencias de evaluación utilizan las notas de los alumnos, sin ningún factor corrector, para valorar nuestro desempeño en clase? No hay que ser muy listo para saber que aprobar más ayuda a tener mejores notas y ha evitarse problemas. "Barriga llena corazón contento"
    ¿A quién le importa como demos las clases en un sistema donde lo que hay que hacer para llegar a ser profesor titular o catedrático, es gastar el menor tiempo posible en las clases, para poder sacar tiempo para publicar y hacerse visible?

  • Interesante y muy necesario post. Sin duda es un tema en que todos tenemos que redoblar nuestros esfuerzos.
    Otras propuestas, por si tuvieran algún interés:
    Las encuestas deben ser, naturalmente, secretas, pero sería deseable a la hora de elaborar los resultados tener en cuenta toda la información disponible de los alumnos: nota de selectividad, si proviene de ciencias o letras, calificaciones obtenidas en otros cursos, repetidor, la calificación media que otorga a los profesores del curso, etc. Los grupos son muy heterogéneos, y como cada vez son más pequeños, el efecto de los oultayers en la encuesta es potencialmente mayor, por lo que hace falta controlarlos.
    Lo de los exámenes estandarizados está bien para conocer los resultados finales del proceso formativo, pero para evaluar la calidad de la docencia debería también valorarse la situación previa de los alumnos. El mejor profesor no es el que al acabar el curso tiene mejores alumnos, sino el que más, y mejor, los ha transformado.

  • Fede, estamos de acuerdo, nota que en la entrada digo " “exámenes estandarizados”, condicionales a sus notas de entrada". El valor añadido es efectivamente lo que se debería premiar.

  • Mateo. Creo que os voy a contar otro día un artículo muy curioso, también sobre Italia, en el que se muestra que las universidades cuyos estudiantes tienen mejores resultados laborales tienen notas medias más bajas. A veces los sobornos temporales les cuestan caros a los alumnos.

  • En lo que a mi concierne, al diseño del examen he dedicado siempre miles de horas. Me parece la piedra angular de un curso bien diseñado e impartido. Eliminar exámenes "personalizados" para sustituirlos por tests estándar solucionaría algún problema pero a cambio tendría gravísimos inconvenientes.

  • Muchas gracias, pero esto los profes ya lo sabemos. Un ex-profesor siempre nos decía: "yo puedo aprobaros pero ya os suspenderá la vida".
    Es Darwinismo social, los que superan las pruebas, y en cuanto más duras y más selectivas mejor, más competitivos y más fuertes serán luego. Otra cosa es que hay detrás del dinero que reciben las universidades , de momento, parece pesar más los que nos las superan y abandonan.

  • Yo estoy más por los exámenes estandarizados con corrector externo y por crear un mercado de profesores, me explico. Creo que el futuro de la educación va más por iniciativas como la Academia Khan donde podría haber varios profesores explicando la materia y la gente eligiría al que lo explicase mejor. Luego la uni tendría que estar como un lugar para trabajar casos prácticos y concretos pero no para las clases en sí. Todo eso es sustituible por internet y un buen profesor podría enseñar a miles de alumnos a la vez mal que les pese a algunos quedarse en paro.

  • Dada la naturaleza del sistema educativo (¿español?) los sistemas de evaluación 'automatizados' del profesorado probablemente solo puedan ser orientativos, por lo que deberían estar complementados por una mayor movilidad y facilidades para fijar salarios u otros incentivos por parte de las universidades. De esta forma, el profesor que se sintiera infravalorado por el sistema de evaluación podría presionar a su universidad para que reconociera su valía o alternativamente irse a otra.
    Desgraciadamente dada la baja movilidad geográfica de los españoles, esto solo sería posible en la práctica en Madrid y Barcelona donde si podría generarse un auténtico mercado de profesores.

  • A mi lo de los exámenes estandarizados me sonaba bien, pero puede que Jorge Durán tenga razón.
    Debe haber una perfecta relación entre el examen y la docencia impartida. Normalmente los profesores escogemos libremente el temario y el examen es una consecuencia. Si por el contrario nos fijaran el examen eso nos obligaría a rediseñar los programas, no sé si eso tendría que ser malo, quizás no, pero desde luego afectaría a la libertad de cátedra.
    Aparte están las ¿millones? de asignaturas optativas que han surgido con Bolonia. ¿Pondremos a algún sufrido funcionario a preparar exámenes para todas ellas? Quizás solo sea viable para las asignaturas más estandarizadas, macro, micro, matemáticas... Asignaturas que yo no doy 😉

  • Buenos días.

    Una de las mejores formas de evaluación es la que se usaba en Prusia y en muchas otras universidades en tiempo de Kant. Le pagaban los primeros años en función de los alumnos que asistían a sus clases y así vivió el buen hombre hasta bien cerca de los 40 años. Esto se podría hacer perfectamente con muchos tandems materia-profesor haciendo electivo el tandem.
    Luego Ferderico Guillermo de Prusia, viendo que Kant les había metido un gol por la escuadra con su puesta en escena de la moral individual autónoma y los imperativos categóricos, decidió tomar cartas en el asunto y que sería mejor pagar a gente como Hegel para enseñar lo que su modelo de estado necesitaba enseñar: Respeto sagrado por la cúpula institucional del estado, dios supremo.
    De esta decisión real prusiana deriva mucho de nuestra actual enseñanza y si no que se lo pregunten a unos cuantos rectores de universidad a ambos lados del Atlántico.

    Ya sobre la situación que plantea el artículo de evaluar profesores me gustaría decir que a mí me tocó una vez, como delegado de curso en segundo o tercero, quejarme de un profesor. En el proceso tuve que reunirme con el Decano y con el profesor para explicarlo y dar ejemplos del motivo de nuestras quejas.
    Esto pasó en Deusto en 1966-67 y fue una experiencia horrorosa que me obligó a documentar ejemplos y a decirlos frente al profe delante de un decano con muy mala milk que nos daba una de las asignaturas difíciles de verdad.
    El pobre profe (era CFO de una gran industria y no dudo que supiera la materia, pero ninguno nos enterábamos) terminó aquel mes y luego cesó por voluntad propia. La asignatura era contabilidad analítica. Una materia muy fácil que en USA se enseña de forma sencilla y de una vez para siempre y aquí sigue siendo, más de 40 años más tarde, una especie de mamotreto escolástico sobre el sexo de los ángeles y los demonios que resulta indigesto de pura verborrea.
    A los profesores, salvo casos raros y sangrantes de escasa capacidad didáctica, creo que no les deben evaluar los alumnos hasta tener por lo menos 20 años de experiencia profesional. Los mejores docentes suelen ser los menos simpáticos y los más duros pero son los que dejan huella. Por eso creo que "nuestro D. Jesús" debe ser muy buen profe aunque nos sea difícil compartir algunas cosas de las que de vez en cuando escribe. Por ejemplo, su reacción con lo de Kuhn.
    Por último, una pregunta.
    ¿No existe una contradicción entre el perfil profesional de un investigador que debe hacer que aumente el conocimiento científico y el de un profesor de los que tienen que hacer que los alumnos aprendan muchas cosas en poco tiempo?
    Saludos

  • Fede y Jorge. Creo que no he dicho en ningún momento que haya que eliminar los exámenes personalizados. Más bien usarlos para las evaluaciones docentes. Los otros tienen su valor pedagógico que no conviene perder.

  • CL. Estoy completamente de acuerdo en que la clase magistral tiene los días contados. Entre un documental con guión de Prescott o Maskin y narrado por Javier Bardem y Penélope Cruz fácilmente accesible en Internet y una clase de Cabrales, francamente, no hay color.

  • Manu. No hay contradicción. La correlación entre grandes docentes e investigadores (si hacen el esfuerzo) es muy elevada y también hay evidencia sobre eso. Para otro día.

  • Creo que, por diferentes circunstancias que sería prolijo ennumerar, se suele confundir calidad de enseñanza con calidad investigadora, cosa que no coincide necesariamente. Todos tenemos experiencia de mágnificos profesores que dan clases incluso divertidas, que no tienen un historial de publicacines muy brillante y también de gente con un curriculum de publicaciones impresionante que están negados para transmitir conocimientos. A esto se añade una gestión crecientemente "capitalista" de la enseñanza, incluso de la enseñanza pública, que se refleja en el dicho:"publish or perish". En Italia, por seguir con el ejemplo antes comentado, profesor que no publica en los últimos tres años (hablo de hace tiempo, puede que la cosa haya cambiado) se le retira de la enseñanza y se le dedica a funciones administrativas, dado que no pueden despedirlos. Todo ello crea un incentivo a, como señala Mateo, no perder mucho tiempo en enseñar y dedicarlo a publicar o, lo que es peor, a participar en tertulias, que suelen dar fama y dinero.
    Desde luego, con este tipo de criterios, la mayor parte de trabajos seminales de nuestra profesión no habrian podido ser publicados.
    Por otra parte creo no se están aprovechando muchas de las posibilidades que las nuevas tecnologías permiten, como las videoconferencias, que permitirían que los mejores especialistas en cada materia impartieran clases magistrales para todo el mundo ( o para la parte de éste que esté interesada y dispuesta a pagar por ello), con lo que la labor de muchos profesores sería mas la del típico tutor de "Oxbridge" (supervisando trabajos semanales de unos pocos alumnos) que la del clásico "cátedro" hispano. Esto, además tendría la ventaja de "personalizar" la educación, pues no es igual orientar a un alumno cuyo único interés es sacar un título que le permita trabajar en una empresa, que la del que quiere ser un alto funcionario o la del que pretende dedicarse a la investigación.
    En fín, hay muchísimas posibilidades para mejorar la enseñanza en general, tema importantísimo y en el que no estamos en la vanguardia precisamente. Sólo se necesita voluntad , cierta reasignación de los recursos y tener la modestia de "copiar" lo que se ha demostrado funciona en otras partes.
    Saludos.

  • Manu,
    El sistema que propones funcionaba cuando los intereses de los alumnos estaban alineados con los de la sociedad. Ahora creo que la situación es otra.
    Frecuentemente se hacen en mi universidad seminarios, con notable afluencia de alumnos, que sirven como asignaturas de libre elección pues dan por ellos créditos sin tener que hacer ningún examen, aunque frecuentemente hay que pagar alguna cantidad. Por el contrario, otros seminarios con mayor carga formativa, pero que no dan créditos, no tienen ningún eco a pesar de ser gratuitos.
    En los tiempos que corren, si viniera Jesús -el de Galilea, no el de Pennsylvania- no tendría discípulos a no ser que diera certificados de asistencia o algún titulillo por escrito.

  • Interesantísmo el post, aunque las conclusiones no me sorprenden. Los que hemos sido estudiantes con evaluación de profesores, y hemos preguntado a nuestros colegas qué votaban, o qué les parecían algunos profesores en concreto, creo que nos dimos cuenta que el estudiante medio - el que pasaba asignaturas sin pena ni gloria - sí calificaba mal a los profesores muy malos, que no nos sobornaban, ni nos daban ningún tipo de valor añadido (Tipo 1). Sin embargo, profesores muy buenos que tendían a poner muy malas notas, o que no eran amigables con los estudiantes (curiosamente en mi caso solían ser Catedráticos) se llevaban muchos palos (Tipo 2).
    De otro lado, profesores que no aportaban nada pero que tendían a inflar las notas sin más, eran altamente apreciados (Tipo 3).
    Y finalmente, sí es cierto que los profesores muy buenos que ponían notas ni muy altas ni muy bajas, eran, en general, bien apreciados (Tipo 4).
    Por lo que creo que la opinión de los estudiantes se puede tener en cuenta, sí, pero denegarle a un profesor un ascenso por malas evaluaciones me parecería injusto. Se debería tener mejor información de los profesores. El problema es que sería deseable conseguir separar profesores 1 de 2 y 3 de 4, y ahora mismo no se puede.

    Creo que una manera de aproximar el resultado sería hacer las preguntas: "Crees que el profesor de esta asignatura es amigable? " (pregunta 1) junto con "Crees que el profesor de esta asignatura es un buen profesional?" (pregunta 2), además de la pregunta "Estás satisfecho con el global de la asginatura?" (pregunta 3)

    Los profesores tipo 1 y tipo 2 tendrán malas notas en la pregunta 3, pero los de tipo 1 tendrán malas notas de evaluación en la pregunta 2, mientras que los de tipo 2 tendrán mejores notas - aunque no necesariamente saquen dieces.

    Los profesores tipo 3 y tipo 4 tendrán buenas notas en la pregunta 3, pero los de tipo 3 tendrán malas notas en la pregunta 2 y buenas notas en la pregunta 1, mientras que los de tipo 4 tendrán buenas notas en la pregunta 2, y no necesariamente buenas en la 1.

  • Pau si todos los alumnos entendieran la separabilidad de las preferencias, entonces todos estaríamos más contentos y mejor evaluados Pero me temo que no es así.

  • Y si simplemente buscamos resultados, si tratamos a los alumnos (ya mas de 18 anyos) como adultos y les explicamos la relacion de adultos basada en resultados. Porque estudian y que quiere decir un titulo, si invitamos a los RRHH de empresas (grandes y peques) para explicar lo que les dice si una persona esta titulada aqui o alla, como sus espectativas profesionales podran estar mermadas o no por esa apreciacion.

    Si simplemente los examenes los hace alguien diferente al que ensenya, sin por ello llegar al standard, basandose en lo que y como aplicara el alumno esos conocimiento y no como unos simples ejercicios de crucigramas? hacemos una valoracion Market to Market.

    Repito, la educacion como dinamica economica (que es lo que creo se discute aqui) y no como una dinamica social retroalimentada por sus propios principios. "Back to the roots", como diria Madoff.... 😉

    Por contra, si buscamos la fuente de sabiduria para construir el nuevo hombre... ya aqui reconozco que el caos podria traer interesantes pensamientos... yo por lo pronto desisto.

  • mateo, yo creo que el alumno representativo es capaz de diferenciar, hasta cierto punto por lo menos, entre un profesor que "te gusta" (al que le pondrías el + en Facebook) del que, a pesar de no gustarte, es un buen profesional. No digo que todos los alumnos sean capaces, pero sí habrá una diferencia notoria en las notas en este caso.

  • Efectivamente, ninguna evaluación es perfecta. No hay varitas mágicas. Como explica Joel Spolsky http://www.joelonsoftware.com/articles/fog0000000070.html todos los programas de incentivos tienen efectos perversos. Recuerden que una causante de esta crisis fueron los incentivos perversos de los consejeros de bancos que cobran en función de "resultados". Por tanto, no es sorprendente que los estudiantes evalúen según sus intereses personales.

    Sin embargo, debe haber evaluaciones, pero

    - No debe haber promoción o descenso automático por el resultado de una evaluación. Si una evaluación es negativa, entonces debería haber una inspección que investigue las causas. En efecto, como nos dice este artículo, los alumnos de Termodinámica Estadístista ponen muy mal a profesor, porque en realidad, no tienen las neuronas necesarias para entenderla, lo mismo que que los alumnos de programación en http://es.wikipedia.org/wiki/C_%28lenguaje_de_programaci%C3%B3n%29 , y entonces las universidades enseñan Java que es más fácil, a costa de bajar el valor en el mercado de la titulación.

    Es un vicio frecuente de los economistas el resolver problemas humanos con varitas mágicas. La única forma de gestionar bien es prestando atención a los detalles, actuando con justicia y con humanidad. Las personas tienen incentivos mucho más complejos que los monetarios. Incentivos tales como el orgullo. Ser un jefe requiere cualidades humanas.

    - Los incentivos deben ser colectivos. El principal incentivo perverso de la Administración Pública es el corporativismo, es decir, la protección recíproca de los fallos de unos por parte de sus compañeros. Para romper esta tendencia, el sueldo de un profesor/funcionario/... debe depender del trabajo de sus compañeros, para que si uno ve a otro sin hacer nada, sepa que él está perdiendo dinero.

  • Los exámenes pseudoestandarizados no me parecen una buena idea. Recuerdo un paper (ahora no lo tengo a mano, no sé si lo colgaste tú) en el qie se veía que en los exámenes estandarizados del mismo curso, los profesores más inexpertos hacían que sus alumnos sacasen mejores notas, pero en exámenes de años posteriores en materias relacionadas los que habían tenido mejores profes sacasen mejores notas que los que anteriormente tuvieron mejor desempeño con el profe novato. Las diferencias en el primer examen estandarizado parecían deberse a cómo se ceñían unos profesores y otros al temario a examen. A largo plazo los alumnos con buenos profesores sacaban mejores notas, pero no ese año.

  • Es difícil juzgar la educación, pero es fácil juzgar sus efectos prácticos.
    Y un eminente efecto práctico es el de los ingresos que se obtienen con determinada educación. Y con ello se puede hacer una forma práctica de premiar y hacer prosperar a las buenas instituciones educadoras y a la vez hacer desaparecer a las instituciones educadoras incapaces de educar para efectos prácticos..
    Si se pusiera un impuesto porcentual perpetuo sobre los ingresos personales, destinado a la institución educativa en la que cada uno se haya educado, eso hará que las más diligentes y con métodos educativos más pertinentes puedan prosperar, crecer y educar a más, con la mejor educación a efectos prácticos.

  • Yo me repito, pero bueno algo quedara, o alguien me contradira:

    La evaluacion del docente, la concepcion de contenidos, la relacion universidad-empresa, la valoracion de las titulaciones.. etc.. todas estas discusiones pecan de lo mismo. Una ineficiente definicion del porque de la Universidad... porque tenemos Universidades o Centros de Formacion Superior?

    Si en otras epocas, las Universidades correspondian a centros de pensamiento, en muchos casos de propaganda politica. Donde los estudios daban lugar a los aparatos ideologicos sobre los que se asentaba el poder politico.. esto ha ido evolucionando y aunque manteniendo vigente esta mecanica, otros aspectos se han ido identificando y que son claves para el bienestar social (sin restar importancia a la necesidad de alinear al personal para la busqueda de metas "comunes")

    La Universidad como un elemento, un algo dentro de la dinamica economica. Esto Sres se rechaza de plano, por parte de todo el profesorado (incluido el supuestamente contestatario) como evidentemente por las organizaciones sociales que mas propension tienen a los alineamientos. Este es el nodo de discrepancia del resto de temas. Si la Universidad es un Util Economico, y eso se acepta y se asume... veran como el resto se facilita. Donde ubicamos el desarrollo social/creacion de elites/hacedores de guias universales, llamemoslo X, centros autonomos de titualaciones aparte (con sus escuelas de Politicas a la francesa, o sus business centers a la USA.. que mas da).

    Esto hace unos anyos era de escomunion directa y sin paliativos.. algo asi como decir que la UE pudiera ser no nos interesaba... como yo creo en las necesidades historicas, creo nos encontramos en un momento de necesidades donde si se puede hablar de esto y discutirlo.

    Es la Universidad un Util Economico?

  • Voto por la propuesta de que el profesor-examinador sea diferente del profesor-docente.
    (Eso sí, salvo el caso de la selectividad, no veo que en primaria o en secundaria haya algo ni remotamente parecido, y también voto porque lo haya).

  • Un post muy interesante.

    A mí un sistema que me gusta mucho es el que se aplica en algunas universidades norteamericanas a la hora de conceder la promoción a titular (por ejemplo en York University). La universidad contacta por e-mail con todos los antiguos alumnos del profesor en cuestión para que aquellos que quieran puedan pronunciarse a favor o en contra de su promoción. Por supuesto esta información tiene un valor muy relativo y es tomada con sus debidas cautelas, pero yo sospecho que es una medida de la calidad docente mejor que la que realizan los propios alumnos.

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