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Una vieja historia

Britain_Unemployment_Stamps_1912Las prestaciones por desempleo siguen siendo un asunto controvertido. O eso he concluido tras participar, el pasado 27 de junio, en un debate sobre el paro de larga duración en España organizado por el Foro de Foros en el Col.legi d'Economistes de Catalunya. El debate se inició con una presentación mía de un artículo recientemente publicado, con J. Ignacio García-Pérez y Marcel Jansen, del que ya dimos cuenta en NeG (aquí están las transparencias de mi presentación).

En el debate, los participantes se manifestaron de acuerdo con el efecto que describí de las prestaciones sobre la duración del paro. Sin embargo, uno de los tuits de difusión de los resultados del evento recibió una respuesta que sugería que yo achacaba la existencia de parados a las prestaciones por desempleo. En realidad, mi presentación no fue sobre las causas del paro sino sobre los determinantes del paro de larga duración. La tasa de paro viene determinada por los flujos de entrada y salida, y las prestaciones por desempleo son solo uno de los determinantes de la tasa de salida. En línea con lo que dice el artículo, no propuse reducir las prestaciones por desempleo (de hecho, en 2009 algunos abogamos por elevarlas y cien economistas lo apoyaron). No obstante, el sustancial efecto de las prestaciones sobre la duración del paro no es una postura ideológica, sino que se ha confirmado innumerables veces en todo el mundo y también en España (véanse las referencias citadas en el artículo) y por eso defendemos compensar este efecto mejorando e intensificando las políticas activas de empleo.

Estos sucesos me han recordado lo que sucedió cuando apareció en 1995 en el Boletín Económico del Banco de España un resumen de una primera versión de un artículo de Olympia Bover, Manuel Arellano y mío (en adelante BAB) finalmente publicado en 2002. Describimos la reacción pública en un artículo posterior, incluido en un libro de homenaje a Luis Ángel Rojo publicado en 2004. Reproduzco aquí la parte pertinente, que sigue siendo una descripción relevante de la reacción pública a algunos resultados de la investigación económica, aunque creo que por suerte solo parcialmente. Espero que les guste.

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3.2. Valoración de los resultados e implicaciones

El valor principal del resultado de BAB está en establecer un efecto estadístico concluyente de las prestaciones sobre la salida del paro, en un contexto en que resulta difícil imaginar que se trate de un efecto espurio producido por diferencias de composición. A menudo resulta imposible encontrar evidencia empírica acerca de este tipo de efectos por falta de variación exógena en el indicador de prestaciones. Podría ocurrir, por ejemplo, que la mayoría de parados en una encuesta tuviera prestaciones y que los que no las tuvieran fuesen parados con características especiales, en cuyo caso la ausencia de prestaciones sería más un efecto que una causa de las transiciones laborales. Sin embargo, en las duraciones de la EPA de 1987 a 1994, la división entre trabajadores con y sin prestaciones fue en buena medida generada exógenamente por la reforma laboral que generalizó la contratación temporal a todo tipo de trabajadores. De hecho, las características observables de los parados con y sin prestaciones en la muestra utilizada por BAB son bastante similares.[i]

Aparte de demostrar empíricamente que las prestaciones importan en un sentido genérico, el efecto encontrado en BAB no proporciona información sobre los efectos en las tasas de salida de posibles cambios legislativos en el tiempo de derecho a prestaciones. Al no observar el periodo de derecho a prestaciones en sus datos, en BAB no se puede medir el efecto de aumentarlo o disminuirlo. Simplemente se obtiene el impacto de percibir o no percibir prestaciones sobre la tasa de salida del paro.[ii] En cualquier caso, la duración del paro no es en sí misma un objetivo de la política económica. Los efectos sobre las duraciones son sobre todo importantes en la medida en que lo sean para determinar la tasa de paro (por ejemplo, si una mayor duración conduce a una pérdida de capital humano que haga más difícil la reincorporación al mercado de trabajo).

Reacción mediática y reflexión al respecto. La publicación de los resultados de BAB (1995) en el Boletín Económico del Banco de España tuvo un eco sorprendente en los medios de comunicación. Es difícil creer que en sí misma la idea de una asociación entre prestaciones y salida del paro resultara muy novedosa; el impacto se debió a que se enunciara públicamente y acompañada de evidencia empírica.

Por un lado, es reconfortante que un resultado econométrico no sea recibido con indiferencia. Por otro, hay que reconocer que la reacción fue la de desautorizar al mensajero. Un articulista se refirió en una columna titulada El camino de la India a “la idea que acaban de emitir sectores patronales sobre el subsidio del paro”, prosiguiendo: “hasta ahora se consideraba que el subsidio (...) se daba por la existencia de lo que se llamó ‘paro obrero’; ellos resuelven que, por el contrario, es la ayuda lo que produce el paro. Estos copérnicos de la era actual deciden que al dar dinero gratis al obrero o a quien sea, éste se para automáticamente”.[iii] Participantes en debates radiofónicos o periodísticos manifestaron su convencimiento a favor o en contra de si cobrar prestaciones desincentiva la búsqueda de empleo[iv] y los más airados no tuvieron empacho en cuestionar la calidad científica del trabajo y de sus autores. También se habló del trabajo en la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados, donde el entonces Gobernador del Banco de España, tras describir las conclusiones publicadas en el Boletín Económico, salió con contundencia al paso de las críticas, por lo que los autores le estamos muy agradecidos. Como este capítulo se escribe en honor de Luis Ángel Rojo no está de más citar algunas de sus palabras en aquella ocasión. Según recoge el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados,[v] el Gobernador afirmó estar “muy picado con el tema, porque estuvieron ayer insultándome por radio durante dos horas un conjunto de personas que ni entienden de este problema ni habían leído el artículo”, continuando:

“Entonces, estos insultos de estos días lo único que están diciendo es que hay que frenar el conocimiento; esto es lo que en el fondo quieren decir, porque nadie propone ningún tipo de medida de política económica. Repito, lo que hacen es decir que hay que frenar el conocimiento; si no me gusta, que el conocimiento se frene. Esto es algo que este país ha vivido desde el siglo XVI por vías que no voy a desarrollar ahora, y a lo que yo no estoy dispuesto a jugar. De modo que estoy dispuesto a aceptar todos los insultos que recibí ayer durante varias horas para defender el derecho de estos jóvenes economistas a estudiar seriamente los problemas y a contribuir al conocimiento de esta economía.”

Las teorías económicas de búsqueda de empleo concluyen que los parados serán más selectivos con respecto a las ofertas de empleo que reciben cuanto mayor sea su renta mientras están parados. Esta noción puede producir indiferencia si se considera que el papel de los incentivos en las decisiones de los parados es secundario y hostilidad manifiesta si se le atribuye una connotación moral (al entrar en conflicto con la presunción de que un perceptor de prestaciones esté moralmente obligado a encontrar empleo lo antes posible con independencia de las prestaciones que reciba). En BAB se demuestra la existencia de un efecto de incentivos, estadísticamente muy significativo, en la medida en que para parados comparables la percepción de prestaciones reduce a la mitad la tasa de salida del paro a los tres meses. Pero éste es un efecto sin implicaciones directas de política económica, más allá de la reflexión general de que las políticas deben valorar conjuntamente los efectos deseables de las prestaciones con los no deseables derivados de alargar los periodos de paro. Los efectos deseables más obvios se deben a que las prestaciones constituyen un mecanismo de seguro que permite mantener la renta de los parados y por tanto la estabilidad de su nivel de consumo. Los resultados publicados en BAB representan una pequeña contribución, bien delimitada en su contexto, al conocimiento del mercado de trabajo español. Lo preocupante de las descalificaciones es que significan que no se acepta la autonomía de la ciencia, que en el terreno económico no hay un ámbito para el conocimiento científico, sino que cada cual encuentra lo que quiere encontrar para utilizarlo en su particular confrontación. En este sentido, la gran ventaja del método científico es que sirve para distinguir lo que tiene fundamento de lo que no, y por tanto es muy superior al método tradicional al que se refiere Luis Ángel Rojo, consistente en frenar el conocimiento de lo que no gusta. Otro aspecto a tener en cuenta es que, a diferencia de las ciencias médicas o biológicas, en las económicas son menos frecuentes los estudios que se centran exclusivamente en la investigación empírica de un aspecto concreto. En la tradición económica son habituales los estudios que abarcan distintos aspectos del problema tratado (teóricos o empíricos, junto con implicaciones normativas) y aquellos en los que las conclusiones científicas y las recomendaciones políticas se mezclan sin una línea clara de demarcación. De hecho, la distinción médica entre trabajos sobre el tratamiento de dolencias y la investigacion de base sobre sus causas carece de un paralelo de igual nitidez en la percepción pública de las ciencias sociales.

Notas:

[i] No obstante, los perceptores son mayores que los no perceptores, de menos nivel educativo, más a menudo cabezas de familia y provienen con menos frecuencia del sector de servicios.

[ii] El periodo de derecho a las prestaciones contributivas depende del tiempo trabajado en los 6 años (4 antes de 1992) previos al inicio del paro y el de las asistenciales, además del empleo, depende de la edad y de las características del hogar. Como la EPA sólo proporciona información sobre la antigüedad en el último empleo, no se pueden construir estimaciones fiables del periodo de derecho.

[iii] E. Haro Tecglen, El País, 25 y 26 de diciembre de 1995.

[iv] Por ejemplo, en La Vanguardia, 23 de diciembre de 1995.

[v] Núm. 649, 21 de diciembre de 1995, p. 19620.