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Paro e instituciones laborales: más evidencia empírica y nuevas interpretaciones

 

OJB

por Samuel Bentolila y Juan F. Jimeno

Una de las preguntas que más atención ha recibido de los macroeconomistas y economistas laborales durante el último medio siglo es por qué existen diferencias internacionales tan acusadas en las tasas de paro. La respuesta convencional, que empezó a desarrollarse a principios de la década de 1980, es que, aparte de las fluctuaciones cíclicas que hacen que el paro aumente en las recesiones y disminuya en las expansiones, son las instituciones laborales que resultan de la regulación del funcionamiento del mercado de trabajo las causantes de dichas diferencias en el medio y largo plazo, es decir, una vez se han eliminado dicho componente cíclico.

Esta idea ha dado lugar a un ingente número de trabajos de investigación que han tratado de asociar, mediante comparaciones internacionales, la evolución de la tasa de paro con indicadores de instituciones laborales, tales como la legislación sobre protección del empleo, la regulación de la negociación colectiva y sus prácticas, la cobertura, duración y generosidad de las prestaciones por desempleo, o la incidencia de las políticas activas del mercado de trabajo.

Uno de los economistas que más ha contribuido al desarrollo de esta línea de investigación es Olivier Blanchard, que recibió un merecido homenaje en la última conferencia anual de investigación del FMI celebrada a principios del mes de noviembre pasado y en la que, inevitablemente, una de las sesiones estuvo dedicada a presentar y discutir nuevos resultados sobre la relación entre instituciones laborales y paro. La conferencia fue un estupendo reflejo de que pocas áreas de la macroeconomía han quedado al margen de la influencia directa (e indirecta, a través de sus numerosos estudiantes) de este “economista de los economistas”, según la acertada definición de Christine Lagarde.

Un reto ambicioso

Los trabajos empíricos referidos a esta línea de investigación tienen que resolver numerosas dificultades. En primer lugar, no es fácil resumir todo el contenido de la legislación laboral en indicadores cuantitativos que representen fielmente las diferencias entre países en lo que se refiere a la organización y la regulación del mercado de trabajo. En segundo lugar, aun cuando esto es posible para determinados elementos de dicha legislación (por ejemplo, los indicadores sobre protección del empleo de la OCDE o los de Jelle Visser sobre negociación colectiva), una cosa es cómo se definen dichos elementos en las leyes y otras normas legales y otra es cómo acaban aplicándose en la práctica (como dicen que decía el gran Yogi Berra: “En teoría, no hay diferencia entre la teoría y la práctica; en la práctica, la hay”). Por otra parte, hay algunas instituciones laborales que parecen estar asociadas a tasas de paro bajas en algunos países y altas en otros, o que fueron compatibles con tasas de paro bajas en determinados periodos, pero no en otros. Finalmente, hay que contemplar las instituciones laborales como un todo; las disfunciones laborales que una puede generar dependen del resto de instituciones con las que interacciona.

El primer desarrollo riguroso de un marco conceptual sobre las relaciones entre paro e instituciones laborales apareció en 1991 con la publicación del libro Unemployment. Macroeconomic Performance and the Labour Market de Richard Layard, Stephen Nickell y Richard Jackman. No obstante, las estimaciones que se obtuvieron entonces acerca del impacto de las instituciones laborales sobre el paro eran muy poco robustas: variaban en función de los países y periodos analizados y su significatividad dejaba bastante que desear, tanto desde un punto de vista económico como estadístico.

Un hito importante

Un artículo de Blanchard y Wolfers (2000) vino a clarificar el estado de la cuestión. Con una intuición sencilla y una formulación magistral, mostraron que era posible explicar las diferencias internacionales de paro con un conjunto reducido de instituciones laborales que provocaban que los shocks macroeconómicos −es decir, sucesos imprevistos, como una subida inesperada del tipo de interés o del precio del petróleo o un desplome de la bolsa− se tradujeran en variaciones del paro diferentes en función de las interacciones entre ambas (es decir, del producto de la institución y el shock). Esta idea es central: una determinada institución laboral puede tener un cierto efecto en ausencia de shocks y un efecto distinto en función de qué shocks afecten a la economía.

Con los datos de 20 países avanzados durante el periodo 1960-1995, Blanchard y Wolfers estimaron el impacto de tres tipos de shocks y de un conjunto de instituciones laborales sobre la tasa de paro (en la foto inicial, el primero de los autores afina la especificación de las regresiones… mientras juega a la petanca). Los shocks considerados son las variaciones de la tasa de crecimiento de la productividad (medida por el valor negativo la productividad total de los factores, TFP growth), el tipo de interés real (es decir, el nominal menos la inflación esperada, Real rate) y las fluctuaciones de la demanda de trabajo (medida como contracciones en la participación de los salarios en la renta nacional, LD shift).

Las instituciones laborales que se tienen en cuenta son las prestaciones por desempleo (tasa de sustitución y duración, RR y Ben), el gasto en políticas activas del mercado de trabajo (ALMP), la brecha impositiva (Tax), el indicador de protección al empleo bajo un contrato indefinido (EP), la tasa de afiliación sindical (Cov) y los grados de cobertura y coordinación de la negociación colectiva (Dens y Coor).

El cuadro siguiente ofrece las estimaciones del impacto de shocks e instituciones sobre la tasa de paro (las regresiones contienen efectos fijos de país, CE):

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Centrándonos exclusivamente en la primera columna, se observa no solo que los shocks tienen el efecto esperado (aumentan el paro) y sus coeficientes son estadísticamente significativos (entre paréntesis aparecen los estadísticos t de Student) sino también que las instituciones laborales ayudan a explicar las diferencias de paro entre países, con coeficientes que son económica y estadísticamente significativos.

Los nuevos tiempos

Con un cierto optimismo, otra de las características del encanto de la personalidad de Olivier Blanchard, el apartado final de su artículo con Justin Wolfers concluía:

"Si nuestra estimación es correcta, uno puede ser moderadamente optimista sobre el futuro del paro en Europa. Los efectos de algunos de los shocks negativos deberían desaparecer. El tipo de interés real probablemente será menor en el futuro que en el pasado reciente. Los efectos dinámicos que hemos identificado como desplazamientos negativos de la demanda de trabajo deberían acabar siendo favorables al empleo. Las instituciones también están lentamente volviéndose más favorecedoras del empleo. Nuestros resultados sugieren que el contexto macroeconómico más favorable y la mejora de las instituciones deberían conducir a una bajada sustancial del paro."

El siguiente gráfico representa la evolución de la tasa de paro en los 20 países analizados, antes y después de 1995 (la media en azul, el máximo en morado, el mínimo en verde y la desviación estándar en rojo):

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¿Acertaron Blanchard y Wolfers con su pronóstico? ¿Siguen siendo útiles las regresiones de Blanchard y Wolfers para entender la evolución más reciente de la tasa de paro, después de 1995 y en particular desde 2010? Para responder a estas preguntas Giuseppe Bertola ha actualizado la base de datos y ha repetido las regresiones con todos los datos disponibles (hasta 2015). Los resultados equivalentes a los de Blanchard y Wolfers son:

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La primera columna contiene los resultados para el periodo original de Blanchard y Wolfers (1960-1995, aproximadamente), la segunda extiende el periodo hasta 2015 y la tercera estima la relación solo para el periodo final (1995-2015).

En palabras, en el periodo más reciente las diferencias internacionales de tasas de paro parecen estar asociadas a los shocks, pero con un coeficiente del crecimiento de la productividad que es contrario al que cabría esperar, y no tanto a las instituciones laborales, cuyos coeficientes pierden significatividad.

¿Cabe pues concluir que las instituciones laborales ya no importan tanto como antes o es que las variables usadas por Blanchard y Wolfers para medir los shocks y las instituciones se han quedado obsoletas y hay que modificarlas? Bertola muestra que la explicación es más bien la segunda y apunta al papel de los flujos de capitales entre países como otro shock fundamental a tener en cuenta en la última década. Esto es lo que ocurre cuando a la regresión anterior se le añade el déficit de la balanza por cuenta corriente (es decir, el saldo exterior de la economía nacional, Current account/GDP) como medida de la intensidad y dirección de dichos flujos.

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Cuando se tienen en cuenta además los cambios en las instituciones laborales, que también parecen estar asociados a la integración (recordemos por ejemplo que las reformas laborales de 2010-2012 en España vinieron determinadas por nuestra pertenencia al euro, ver aquí, pp. 16-17), el poder explicativo y la significatividad estadística de las regresiones aumentan. No obstante, la evidencia no es muy fuerte y requiere de investigación adicional. Bertola concluye que la interacción entre shocks e instituciones laborales como fuente de las diferencias internacionales en tasas de paro sigue estando vigente: 

"Las reflexiones de este trabajo sugieren que el paro puede ser uno de los efectos secundarios de instituciones que pretenden redistribuir el bienestar entre distintos individuos. Los resultados empíricos indican que los shocks macroeconómicos, el cambio de las instituciones y la integración internacional dan cuenta de buena parte de la variación del paro. El determinante del paro más sólido y relevante para la política económica es el tipo de interés real, que a su vez depende no solo de shocks exógenos sino también de las políticas fiscales y monetarias. En teoría, la integración de los mercados de capital desempeña el papel tanto de shock que afecta al paro dadas las instituciones existentes como de desencadenante de los cambios institucionales. En los datos, la variación de la intensidad de los flujos de capital ayudan a identificar empíricamente algunos determinantes del paro y de las instituciones laborales."

En nuestra opinión, su interpretación del papel de las instituciones laborales como un instrumento de redistribución de bienestar entre individuos quizá sea demasiado benigna. Pero esto es asunto para otra entrada, y esta ya es demasiado larga (y seguramente tediosa para los no iniciados en esta literatura).