Pacto de salarios

pacto_1Por Samuel Bentolila y Marcel Jansen

Esta semana ha fracasado el enésimo intento de firmar un pacto salarial entre la patronal y los sindicatos mayoritarios. Todo indica que el acuerdo está lejos, pero los interlocutores están recibiendo fuertes presiones por parte del Gobierno y saben que recibirán duras criticas si no consiguen superar sus diferencias. En esta entrada queremos repasar las ventajas de un pacto entre los interlocutores sociales y los elementos que debería tener, pero también queremos discutir las disfunciones en el diálogo social.

El diálogo social durante la crisis

El diálogo social puede ser un instrumento muy útil para fomentar la cohesión social. En períodos de crisis los acuerdos entre los interlocutores sociales pueden servir para garantizar un reparto equitativo de los sacrificios, y en la actual situación el diálogo social puede contribuir a crear condiciones idóneas para una recuperación inclusiva. Es decir, los interlocutores sociales pueden pactar mejoras en las condiciones económicas de los trabajadores, pero con una tasa de paro de 23,7% estas mejoras tendrán que ser muy modestas para no poner en peligro la incipiente recuperación del empleo. De hecho, el dialogo social es un asunto de tres –-empresarios, sindicatos y parados-– y no de dos, como ya apuntamos hace años aquí y como recordó la Ministra Bañez en lunes pasado. Por último, el éxito de las reformas del mercado de trabajo depende a menudo de la cooperación de los interlocutores sociales. No se puede pedir que los interlocutores siempre apoyen las reformas pero, en línea con lo anterior, sí les podemos exigir que no se olviden del interés general.

Repasando la experiencia de los últimos años llegamos inevitablemente a la conclusión de que la aportación del diálogo social a la búsqueda de soluciones para la crisis ha sido más bien escasa. No hubo una conflictividad laboral excesiva, pero sí mucha resistencia a las reformas –-véase el caso de la reciente reforma de la formación profesional para el empleo, donde parecía más importante el deseo de controlar los fondos disponibles que mejorar la calidad de la formación-–. Y durante años los interlocutores sociales fueron incapaces de llegar a pactos en una situación económica dramática. La única excepción es el II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva, firmado en enero de 2012. Se podría objetar que este acuerdo fue motivado por el deseo de los interlocutores sociales de desactivar el peligro de una posible reforma de la negociación colectiva, pero aun así tenía elementos muy positivos. Ayudó a moderar la evolución de los salarios durante el período 2012-2014 con subidas reducidas y propuso un cambio en las cláusulas de revisión salarial que ligaba la subida máxima de los salarios negociados a la evolución del índice de precios de consumo (IPC) en el resto de la eurozona, algo fundamental para evitar posibles pérdidas de competitividad.

Las ventajas de un nuevo pacto

El escenario económico ha cambiado --el empleo ha empezado a crecer en 2014 y los precios están cayendo-- y con él las ventajas de un nuevo pacto. Como en la anterior ocasión, el pacto ayudaría a reducir la incertidumbre sobre la futura evolución de los salarios. Esta vez los márgenes están, por un lado, en evitar un crecimiento salarial excesivo, que podría perjudicar a los parados, y por otro, en minimizar el riesgo de una espiral deflacionista, que traería consigo problemas para toda la eurozona y no solo para España. Este segundo aspecto pone de manifiesto que la continuación de las reducciones salariales generalizadas no sería buena ni desde un punto de vista microeconómico ni tampoco desde el macroeconómico.

Los márgenes son estrechos. La previsión de Funcas para el IPC español en 2015 es de una caída del 0,5% en tasa interanual y un aumento medio del 0,9% para 2016 (0,7% en el caso de la inflación subyacente). Por tanto, cualquier aumento de los salarios durante este año se traducirá en un aumento de su poder adquisitivo y la estadística de convenios colectivos refleja hasta ahora un aumento medio pactado del 0,7% en los convenios con efectos económicos en 2015.

La patronal estaría dispuesta a subir esta cifra hasta un máximo del 0,9% para 2015. Los sindicatos, por su parte, emitieron un comunicado conjunto en marzo explicando que la propuesta de la patronal era inasumible porque supondría un aumento menor de lo que resultaría de aplicar las reglas de revisión del anterior acuerdo (1% para 2015 y 1,5% para 2016). Además, afirmaron que bajo ningún concepto aceptarían una pérdida de poder de adquisitivo.

Sería muy interesante conocer los detalles de la propuesta de los sindicatos, porque en su comunicado hablan de ligar los aumentos salariales a la “productividad nominal de cada ámbito de negociación (productividad real más inflación)”. Tal propuesta puede tener sentido, pero todo depende del método de cálculo y del mecanismo de revisión salarial. Por ejemplo, una revisión automática de los salarios en función del IPC español sería muy perniciosa. Sin embargo, nadie entendería que las negociaciones fracasaran por diferencias tan pequeñas, especialmente teniendo en cuenta que los sindicatos parecen estar dispuestos a aceptar una subida del 1% para 2015. Además, los sindicatos podrían pedir otro tipo de compensaciones, como que las empresas españolas se impliquen más en la formación de los jóvenes y los parados, justificando así ante los trabajadores lo que podría percibirse como una subida salarial escasa.

Consecuencias de un posible fracaso

Desde fuera es muy difícil adivinar cuál es la verdadera razón por la que se han enquistado las negociaciones, pero una posible causa es la exigencia de los sindicatos de alcanzar “un Acuerdo Interconfederal, de carácter normativo, para prorrogar la ultraactividad de los convenios”. Es cierto que la reforma laboral de 2012 permite la extensión voluntaria de la ultraactividad más allá del límite de 12 meses previsto en la ley, pero lo que en este caso pretenden los sindicatos es la vuelta a la ultraactividad ilimitada que existía antes de la reforma. No es muy probable que la patronal acabe aceptando esta exigencia, pero lo grave de la situación es que se pretenda deshacer una de las medidas clave de la reforma laboral a través de un acuerdo entre organizaciones cuya posición como interlocutores sociales está altamente protegida por el marco legal español.

En efecto, los convenios colectivos siguen gozando de eficacia general automática y la reforma de 2012 no ha alterado unos requisitos de representatividad que otorgan a los dos sindicatos mayoritarios el estatus de sindicato más representativo --dándoles un enorme poder--, mientras que la patronal ni siquiera tiene que demostrar su representatividad. Estos privilegios exigen que los interlocutores sociales velen por el interés general. Si no lo hacen, sería deseable suprimir de una vez estos privilegios para permitir la entrada de nuevas organizaciones en la representación de los intereses de las empresas y los trabajadores.

Hay 16 comentarios
  • Gracias por el post es muy interesante. Tres comentarios:
    1) Tengo serias dudas sobre la posibilidad de una espiral deflacionista con el empleo y el consumo privado creciendo a las tasas que lo vienen haciendo en los últimos trimestres. Creo que habría que ponderar más la necesidad de absorber el enorme stock de desempleados cuando pensamos en un objetivo para la subida salarial
    2) ¿No creéis que también hay un peligro derivado de una excesiva homogeneización de los incrementos salariales tras un acuerdo de este tipo?
    3)Sería muy interesante un post sobre los requisitos de representatividad, tanto de la parte sindical como de la empresarial.

    • Hola Espiral, puedo ser breve. Totalmente de acuerdo en los tres puntos. No hay peligro de un espiral deflacionista, al menos por el momento,
      pero incluso desde Europa están en favor de un acuerdo que ponga un suelo para los salarios y que aleje un riesgo de caídas descontroladas.
      No sé exactamente dónde tiene que estar ese suelo, pero sí tengo claro que la
      posible subida de las tarifas de los convenios tiene que ser mínima para no complicar la vida a las empresas que siguen teniendo dificultades.

      Para el punto 3 hemos hecho varias propuestas. Las encuentras en la página web de Fedea (nuestro antiguo anfitrón).

  • El diálogo social es totalmente ajeno a la negociación colectiva. La idea de diálogo social es ambigua intencionalmente, para que muchas organizaciones y grupos informales puedan sentirse parte de una mesa donde el gobierno es el único que tiene poder coactivo. El diálogo social es usado por los gobiernos cuando les interesa manipular a organizaciones y grupos para apoyar sus posiciones. Algunas situaciones especiales (p.ej., crisis graves de la institucionalidad de la política y el gobierno), sí ameritan un diálogo social pero el gobierno de turno puede rechazar su convocatoria por miedo a que sea tribuna para oponerse a sus posiciones. En la práctica, el diálogo social es una farsa.

    Por el contrario, la negociación colectiva ha sido institucionalizada de maneras distintas pero siempre con el propósito de empoderar a los trabajadores dependientes frente a sus empleadores. La negociación colectiva es un arma entregada a los sindicatos para defender los intereses de sus miembros y a veces también a trabajadores que prefieren no ser miembros. Sin la negociación colectiva los sindicatos tendrían poco poder. Por cierto, los sindicatos no representan a los intereses de ningún otro grupo social y hay evidencia fuerte de que los sindicalistas dan prioridad a sus intereses personales sobre los intereses de su colectivo. Para entender la negociación colectiva es esencial entender a los sindicatos, en particular su conversión en defensores acérrimos de sus derechos legales y de sus intereses. Sí, los sindicatos defienden su estatus quo contra todo aquello que amenace sus derechos e intereses.

  • Dada la magnitud del paro en España, la pregunta importante sobre los sindicatos es en qué medida son un obstáculo para aumentar el empleo. Las experiencias de otros países parecen indicar un impacto negativo importante (p.ej., El Mercurio de Santiago Chile hoy trae una estimación del fuerte impacto negativo que la reforma laboral del gobierno Bachelet tendría sobre el empleo, pero sugiero revisar la terrible historia de los sindicatos argentinos a partir de la gran reforma de 1958).

    • Revise también las experiencias de Alemania y Suecia. Ahí no parece haber un impacto negativo.

      • Como dejamos muy claro en la entrada el diálogo social puede jugar un papel muy positivo tanto en períodos de crisis como en épocas normales. Todo depende
        de las reglas. Las de España fomentan las actitudes que criticamos en la entrada.

      • Como puede leer en este artículo

        http://www.economist.com/node/21575752/print

        en Europa los sindicatos han estado en decadencia, incluso en Suecia y Alemania. La perspectiva histórica es fundamental para entender los 15 minutos de gloria de los sindicatos en algunos países. Las condiciones de los primeros 25 años de la postguerra fueron excepcionales y les permitió conseguir un poder económico que luego han ido perdiendo.

        • Es claro que los sindicatos están bajo presión en todas las partes y que no gozan del mismo poder que antes, pero decir que están en declive en toda Europa es un sinsentido. En Suecia los sindicatos se han adaptado bastante bien a la descentralización de la negociación colectiva y participan en la gestión de prestaciones. En Alemania también hubo un proceso de descentralización pero sobre todo en las grandes empresas los sindicatos continuan a
          jugar un papel fundamental en la (co)gestión de la empresa. Vuelvo a repetir: todo depende de las reglas. Si queremos una modernización de los interlocutores sociales tendremos que cambiar las reglas, obligandolas de
          ganar el apoyo de su "electorado" en vez de garantizarlos poderes enormes en base de requisitos de representatividad irrisorios.

          • Sí, siempre hay organizaciones que se adaptan a los cambios y sobreviven, pero muchas no y terminan desapareciendo. En todo caso, no deja de ser sorprendente que el fin del comunismo (URSS, Europa Oriental, China) y del socialismo (India) hayan sido fuerzas importantes en debilitar el poder económico de los sindicatos en los países más desarrollados.

  • Durante la crisis nos han dicho que los salarios deben estar vinculados con la productividad no con la inflación y ahora se escudan en esta para justificar una subida menor de los mismos, cuando la inflación vuelva a la "normalidad" dirán que hay que mirar la productividad...

    • Es cierto que las dos partes han cambiado su opinión sobre el indicador adecuado para la revalorización de los salarios en manera oportunista. Sin embargo,
      el II Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva ofreció una regla muy sensata. Solo habría que abandonar esta regla en favor de una mejor y hasta
      ahora no he visto un candidato. Donde sí hubo avances es en los convenios de las grandes empresas donde es cada vez más común que se vinculen los salarios
      a la evolución de los resultados de la empresa.

  • En los modelos macro sencillos el mercado laboral se ajusta reduciendo los salarios reales hasta que se regresa al nivel de pleno empleo que es más bien el del crecimiento potencial de la Economía. En este sentido, viendo tu post, me surge la duda de si el ajuste se hace también en el resto de factores productivos, por ejemplo, una caída del valor de la tierra o de los bienes inmuebles; este ajuste que hace atractivo a los inversores extranjeros invertir en esa economía (por ejemplo para montar una fábrica) no supone de por sí un incentivo para corregir el desequilibrio mucho más interesante en cuanto que afecta menos a la demanda interna que la propia devaluación de los salarios que tiene un efecto más negativo sobre la vida de las personas con menos ingresos y también sobre el consumo interno. Veo el problema de que es un ajuste más lento, pero la devaluación continuada de los salarios no parece neutra en cuanto que tiene efectos colaterales, como puede ser el crecimiento de partidos populistas. Parece un tema complejo... también he leído que la Fed tiene como objetivo un crecimiento anual de entre un 3%-4% del salario por hora. ¿Sabes cuál es ese dato para España en los últimos años? Gracias.

    • Jose Luis,

      Para empezar con tu última pregunta, en el blog encontrarás numerosas entradas sobre el ritmo de la devaluación interna en España. En el corto plazo la bajada de salarios ayuda a mejorar la competitividad de las empresas españolas, pero una mejora sostenida de la competitividad de la economía española solo es posible en base de aumentos en la productividad, lo que a su vez requiere inversión en educación e IDi, dos de las partidas que han sufrido mayores recortes en España.También hemos puesto énfasis en la importancia de la llegada de inversión directa. Hoy en día los salarios son (relativamente) bajos en España pero esto de por sí no garantiza la llegada de empresas extranjeras. Si quieres leer más sobre este asunto puedes leer un reciente documento de trabajo de Fedea de Arantxa Crespo y yo mismo (dt 2014-9) con evidencia reciente sobre la capacidad de empresas españolas de atraer inversión extranjera.

  • Creo que lo que hace falta es desgajar los sindicatos entre Sindicatos de Trabajadores y Sindicatos de Parados.
    Los objetivos de sendos grupos no son los mismos y por lo tanto deben ser defendidos por distintos representantes.
    Cuando los sindicatos piden más salarios están frenando la contratación de nuevos trabajadores, por lo tanto debería haber quien defendiese a los parados que quedan desprotegidos.
    Así no haría tanta falta un indicador sino una negociación a tres bandas: trabajadores, parados y patronal.

    • Querido Pabloj,

      La distinción entre trabajadores y parados es algo artificial. Muchos de los parados de hoy eran trabajadores "ayer" y todos esperemos que puedan volver a tener un puesto de trabajo "mañana". Pero tienes razón: los sindicatos protegen sobretodo a personas ocupadas y de ellas casi únicamente aquellos trabajadores con un contrato indefinido. Tu propones un sindicato de parados. La idea es simpática, pero en general los parados son un colectivo muy poco organizado. Aquí radica la importancia de diseñar un sistema de negociación colectiva que no les margina en excesivo. Y si los interlocutores no velan adecuadamente por los intereses de las personas sin trabajo, entonces el gobierno tiene que cambiar la negociación bi-partita en una negociación tri-partita donde el gobierno defiende los intereses de los parados.

      • OK.
        Sí, están desorganizados pero son los verdaderamente indefensos.
        ¿ Por qué una comisión de competencia, otra de Mercados, otras de quéseyo y ninguna que defienda a aquellos que son la mayor preocupación de la sociedad según todas las encuestas ?
        Sinceramente, a mi me parece un poco más allá de una "idea simpática"... quizá Ciudadanos querría meterse en ese berenjenal. No es de derechas ni de izquierdas, es simplemente reconocer la situación de cinco millones de personas, no es costoso en términos de gasto público y, no sé, me parece que puede ayudar bastante a acercarse a óptimos macroeconómicos...

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