La reforma laboral y la productividad

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En mi primera entrada de evaluación de la reforma laboral de 2012 destaqué un aspecto positivo: la reducción de los costes de despido en los contratos indefinidos seguramente contribuya a elevar la tasa de crecimiento de la productividad (por cierto, la evaluación completa de la reforma aparece como capítulo 2 del reciente documento de Fedea, coordinado por Luis Garicano, sobre los 100 días del nuevo Gobierno). Varios comentarios de los lectores a aquella entrada cuestionaban la relación entre la protección del empleo (vulgo costes de despido) y la productividad, por ejemplo este. Aunque di algunas respuestas sobre la marcha, hoy retomo el asunto.

Reproduzco varios párrafos de un artículo de Andrea Bassanini, Luca Nunziata y Danielle Venn, economistas de la OCDE, en que se evalúa el efecto de la legislación sobre el despido en el crecimiento de la productividad.

El impacto de la legislación de protección del empleo (LPE) sobre la eficiencia técnica de la producción es un asunto poco claro. La literatura teórica se centra casi exclusivamente en el papel de las restricciones al despido, prestando poca atención a la regulación de los contratos temporales. Regulaciones del despido restrictivas elevan el coste de despedir, por lo que reducen el umbral de productividad por debajo del cual las empresas están dispuestas a despedir. Además, hacen a las empresas reacias a contratar si esperan realizar variaciones futuras del empleo importantes. Como tal, la LPE dificulta que las empresas puedan reaccionar a cambios rápidos de la tecnología o la demanda que requieran una reasignación o una reducción del empleo, haciendo así más lentos los flujos de trabajo hacia nuevas empresas, sectores o actividades con mayor productividad.

En un marco de equilibrio general, Hopenhayn y Rogerson (1993) muestran que la distorsión creada por las restricciones al despido lleva a las empresas a usar los recursos menos eficientemente. El resultado es que los niveles de empleo se ajustan más despacio y la productividad cae. Bertola (1994) presenta un modelo de crecimiento en que la protección del empleo reduce el rendimiento de la inversión y la acumulación de capital. Samaniego (2006) destaca el papel de la composición sectorial. En un modelo de generaciones de capital, las empresas optimizan reduciendo su empleo a medida que se van alejando de la frontera tecnológica. En consecuencia, las restricciones al despido son más costosas en los sectores caracterizados por un progreso tecnológico más rápido, como las tecnologías de la información y las comunicaciones. Los países cuyas regulaciones son más restrictivas tenderán a especializarse en sectores con progreso tecnológico más lento. Por último, Poschke (2007) destaca el papel de los costes de despido en la selección de las empresas más eficientes y la decisión de cerrar de las empresas menos productivas, si las empresas que cierran no pueden evitar pagarlos.

Otro mecanismo a través del cual la LPE puede afectar a la productividad es a través del nivel de riesgo que están dispuestas a aceptar las empresas. Saint-Paul (2002) defiende que los costes de despido pueden inducir innovaciones secundarias, las que mejoran productos ya existentes, en vez de introducir otras más arriesgadas. De forma parecida, Bartelsman et al. (2004) sugieren que regulaciones del despido restrictivas pueden desanimar a las empresas a experimentar con nuevas tecnologías, que se caracterizan por tener altos rendimientos pero también más varianza, a fin de evitar el riesgo de pagar costes de despido altos. Proporcionan también algunos sugerentes resultados coherentes con su hipótesis, mostrando que la dispersión en el nivel de la productividad de las nuevas empresas y de las empresas que cambian su tecnología es mayor en Estados Unidos que en Alemania.

La protección del empleo puede también afectar a la productividad mediante la reducción del esfuerzo de los trabajadores porque hay una menor amenaza de despido en respuesta a un bajo rendimiento laboral o al absentismo. Ichino y Riphahn (2005) proporcionan una estimación empírica de este efecto en una muestra de trabajadores no manuales en Italia, encontrando que el aumento de la seguridad en el empleo causado por el final del periodo de prueba induce un aumento significativo del absentismo. Riphahn (2004) obtiene resultados parecidos con datos de Alemania.

Por otra parte, como defiende Koeniger (2005), la regulación del despido podría alentar inversiones que eleven la productividad de las empresas a fin de evitar reducir su tamaño. El efecto neto sobre la innovación agregada es sin embargo incierto, pues las regulaciones restrictivas también pueden desanimar la creación de empresas innovadoras. Belot et al. (2007) proponen un marco teórico en el que, a través de la provisión de más seguridad en el empleo, la protección contra el despido puede elevar los incentivos de los trabajadores para aumentar su capital humano específico de empresa, lo que aumenta la producitividad. No obstante, hay una disyuntiva entre los efectos positivos inducidos por esta vía y los costes creados por el coste de despido al destruir empleos.

Por tanto, se puede identificar un nivel estrictamente positivo de seguridad en el empleo, que puede depender de otras instituciones que regulen la rigidez salarial y los mecanismos de redistribución. En este marco de análisis, la ganancia de la desregulación del mercado de trabajo puede ser mayor para niveles iniciales más restrictivos de LPE. Hay argumentos parecidos en Soskice (1997) y en Hall y Soskice (2001), que comparan el perfil de la innovación en Alemania con el del Reino Unido y Estados Unidos. Mientras que Alemania se especializa principalmente en innovaciones incrementales, el Reino Unido y Estados Unidos se especializan en tecnologías radicalmente novedosas. Estos dos modelos requieren regulaciones laborales distintas; relaciones estables y cooperativas entre empresarios y empleados favorecen la senda incremental.

Haucap y Wey (2004) proporcionan implicaciones de política económica similares al discutir los efectos de los distintos regímenes de negociación colectiva sobre la innovación, sugiriendo que existe una disyuntiva potencial entre el empleo y la productividad en el diseño de instituciones laborales. Sin embargo, como sugiere Wasmer (2006), al inducir la sustitución de cualificaciones generales por cualificaciones específicas, las restricciones al empleo pueden tener un efecto negativo sobre la productividad en presencia de grandes shocks, cuando se necesita reasignar trabajadores entre sectores, lo que deja obsoletas las cualificaciones específicas. Por último, si la LPE restrictiva eleva los salarios de reserva, la productividad media puede subir simplemente porque las empresas se vuelven más selectivas y los emparejamientos menos productivos no se producen (Lagos, 2006).

Fin de la cita. Esta útil enumeración de efectos revela cómo la respuesta de los trabajadores y las empresas ante los incentivos que crean las instituciones laborales puede tener efectos insospechados, a menudo de signo contrapuesto sobre la misma variable y cuya naturaleza causal es a menudo difícil de establecer.

En su exposición se mencionan tanto efectos sobre el nivel de la productividad como sobre su tasa de crecimiento; la segunda es la más importante y ha venido cayendo en la economía española desde 1995. En todo caso, los autores analizan el crecimiento de la productividad total de los factores (PTF) con datos de entre 11 y 16 países (entre ellos España) y 19 sectores en el periodo 1982-2003. Encuentran un efecto negativo de los costes de despido de los contratos indefinidos sobre ese crecimiento, lo que hace esperar que la reducción de esos costes en la última reforma laboral ayude a elevar nuestra maltrecha productividad, de forma estructural.

Esto no quiere decir que por sí sola la reforma laboral vaya ser suficiente para alcanzar buenos niveles de crecimiento de la productividad. Sin ir más lejos, la reforma ni aborda la temporalidad --que reduce la productividad-- ni puede suplir a una mejora de la política de competencia --que estimula la productividad--. Además, la innovación es un proceso que exige inversiones en capital humano e infraestructuras y, en la parte que depende del sector público, los presupuestos generales del Estado para 2012 van en sentido opuesto.

Hay 14 comentarios
  • Hola Samuel, muchas gracias por el post, es muy bueno y se agradece que muestres tanta variedad de trabajos sobre el empleo. En cuanto a los recortes en capital humano, como señalaba otro comentarista el gobierno ha acabado con el programa Educa3, uno de los pocos aciertos de la pasada legislatura. Sobre el coste de despido y la productividad, recuerdo el trabajo de un autor portugués que comparaba el mercado laboral de su país con el americano y decía que las rigideces del primero apenas habían supuesto más desempleo sino mucha menos productividad. Exponía muy bien el porqué pero no me acuerdo del nombre. Si alguno lo conocéis, enlazarlo por favor.

    Saludos

  • Este párrafo me parece clave:
    "Esto no quiere decir que por sí sola la reforma laboral vaya ser suficiente para alcanzar buenos niveles de crecimiento de la productividad. Sin ir más lejos, la reforma ni aborda la temporalidad –que reduce la productividad– ni puede suplir a una mejora de la política de competencia –que estimula la productividad".

    La flexibilidad del factor trabajo tiene que ir acompañada de un aumento de competitividad entre las empresas -competencia para atraer al consumidor, pero también a los trabajadores. Por ejemplo, en EEUU se han perseguido prácticas de algunas empresas tecnológicas que habían llegado a acuerdos para no "robarse" empleados, que es una forma -ilegal- de reducir la competencia.
    Por otra parte, hay muchisimas deficiencias en la competitividad en España. Una de las más clamorosas viene de la propia administración: la certeza de que muchos concursos está "amañados" (ORANGE MARKET y demás).

  • "La protección del empleo puede también afectar a la productividad mediante la reducción del esfuerzo de los trabajadores porque hay una menor amenaza de despido en respuesta a un bajo rendimiento laboral o al absentismo. Ichino y Riphahn (2005) proporcionan una estimación empírica de este efecto en una muestra de trabajadores no manuales en Italia, encontrando que el aumento de la seguridad en el empleo causado por el final del periodo de prueba induce un aumento significativo del absentismo."

    Equiparar absentismo y rendimiento laboral puede ser arriesgado.

    Por otro lado, ¿puede ser que nos estemos olvidando del efecto que la seguridad en el empleo (si es que la hay) tiene sobre las decisiones de consumo de las familias en el largo plazo? ¿Podría ser que el impacto sobre la productividad de un cambio en la LPE fuera meramente transitorio y que los cambios permanentes vengan dados por cambios en el modelo educativo y/o productivo del país? ¿Podría ser que estuviéramos mezclando churras (inversión en tecnologías "rompedoras") con merinas (abaratamiento del despido)? ¿No hay ejemplos de empresas en España que han invertido en tecnologías novedosas con la legislación actual y con éxito? ¿Quiere esto decir que para ser competitivos el punto de equilibrio viene dado por el país con una LPE más "flexible"? ¿Cuál es el modelo de LPE al que debemos tender? ¿Por qué 33 y no 35 días por año trabajado? ¿Y si nos centramos en resolver las distorsiones que genera la LPE (abuso por parte de algunos trabajadores/instituciones) en lugar de penalizar a aquellos trabajadores que trabajan de manera "adecuada" con la LPE actual?

    Gracias. Buen post.

    • Luis, me parece bastante claro que el absentismo es una parte del rendimiento laboral. Cuanto mayor sea el absentismo, menor será -todo lo demás constante- la producción de un trabajador.

      Pienso que la LPE no es el factor más importante para la productividad en un país, y que el nivel educativo o los incentivos para innovar (p. ej. el grado de competencia o la capacidad de conservar los rendimientos de una inversión) son más importantes. Una LPE restrictiva tiene beneficios potenciales sobre la productividad (ver los párrafos finales de Bassanini et al.) pero también limita los incentivos que tienen las empresas para invertir en nuevas tecnologías, que habitualmente requieren una reorganización del trabajo en la empresa y esta es dificultada por una LPE restrictiva.

      Por último, no creo que haya un modelo de LPE al que debamos tender. Un modelo posible es la flexiguridad: LPE poco restrictiva, prestaciones por desempleo generosas y políticas activas efectivas, pero no es el único. El modelo alemán no responde a esas características pero funciona bien. Nuestra LPE, si se suprimiera la temporalidad, podría acercarse a un buen modelo (salvo por la incógnita de qué pasará con los despidos económicos en los juzgados de lo social) si las políticas activas funcionaran.

  • Señor Bentolila.

    A pesar de todos los estudios teóricos que "parecen" indicar la necesidad de una reforma laboral hacia el cercenamiento salarial y derechos, qué explica entonces que las exportaciones hayan superado el año pasado los 200.000 millones de euros. Ya sé que, según parece, y como explicaba Pol Antrás en este blog -ver http://nadaesgratis.es/?p=12051- las exportaciones son copadas por un grupo -amplio hay que decir- de grandes empresas. Grandes empresas, todo hay que decir cuyos salarios y derechos laborales no son, precisamente, los de la tienda de motos de mi esquina.
    Desde mi punto de vista la gran gran diferencia entre unas empresas y otras está en los procesos de management y liderago, los cuáles, me temo, no quedan reflejados en ningún estudio teórico como los que ha comentado. Lo creo con absoluta sinceridad. La diferencia está en los procesos de gestión y liderazgo de las empresas.

    • Alvaro, una reforma laboral no tiene por qué cercenar derechos. La supresión de la temporalidad no lo sería. Todo depende de cuál seal la situación institucional de partida, que en nuestro caso no era buena. También ha habido un sesgo hacia el recorte salarial, derivado de la crítica situación en la que estamos, que no debería ser una característica estructural (ver esta entrada). Sobre la gestión, por una parte es limitada por las instituciones laborales pero admito que también hay un problema de capacidad empresarial, que es muy difícil de medir. Aunque no es mi campo, intentaré escribir algo sobre esto.

      • Esperaré con mucho interés lo que pueda decir al respecto pues me parece que es un campo muy olvidado por la doctrina económica española. Desde mi punto de vista me parece muy importante "matematizar" el papel de los procesos de management y liderazgo en las cuentas de resultados de las empresas, reducidos como están hasta ahora a ámbitos puramente psicológicos.

    • Juan José, en efecto, Weitzman propuso hace décadas que parte de la remuneración de los empleados dependiera de la rentabilidad de la empresa, lo que favorecería tanto la productividad como la flexibilidad salarial. Sin embargo, la propuesta no tuvo éxito y muy pocas empresas hacen ese vínculo, salvo para gestores de alto nivel. Pienso que en parte se debe a problemas de observabilidad y de capacidad de manipulación de los resultados contables, salvo quizá en las empresas más grandes. También porque se supone que la empresa tiene acceso a los mercados de capitales y debería asegurar a los empleados de las oscilaciones en su renta.

      Mi resultado con Bertola sobre la escasa dependencia del nivel de empleo medio con respecto al coste del despido sigue vivo y coleando, mira mi primera entrada sobre la reforma laboral de 2012.

  • Estoy cierto de la relación entre costes despido y "productividad", no sólo por ser un coste, sino por lo que supone de mordaza para el desarrollo de los planes empresariales potenciales. Lo que me preocupa es la no existencia de esos planes productivos. los hábitos gerenciales en España dejan mucho que desear, y la creacións destructiva no existe: muchas de las empresas que desaparecen no es porque desarrollen planes inviables, sino porque están estranguladas. Igual de preocupante: muchas de lo sobreviven y dan beneficios lo hacen a base de rentas (patentes de corso: energéticas, telefónicas, etc)
    Sé que la productividad no son los costes, ni la competitividad es la productividad. Steve Randy desde Interfluidity dice cosas bastante interesantes, a mi modo de ver, al respecto:
    http://www.interfluidity.com/v2/2968.html
    con datos del Levy Institute en un estudio de Felipe & Kumar. ¿Conclusión?
    "If Southern Europe lacks competitiveness, the part of the cost structure that needs to be reformed has to do with rents paid to capital rather than the sticky wages of workers."
    Sería la ausencia de capital, no los costes laborales, la clave. ¿Por qué no se le acaba por meter mano al sector financiero? ¿Por qué aquí no cae nadie?

  • Me parece que el texto es muy teorico. Hay mucha informacion empirica que demuestra todo lo contrarario. Paises que tienen un mercado laboral liberal, tienden a tener menos desempleo. Recuerde, que mucho de los paises de Europa, sufren mucho por la rigidez laboral, que impide al propietario incrementar las plazas. Otra vez, paises donde la regulacion es exesiva, tienden a tener un indice bajo de productividad y desarrollo. No por algo Espana esta en el puesto 44, Ease of doing business.

  • ¡y yo que siempre había pensado que los factores que mas inciden en la productividad son las decisiones empresariales! debo estar muy equivocado, y el que los trabajadores se escaqueen un poco mas o un poco menos incide mas en la productividad que las decisiones organizativas del empresario, que las decisiones respecto a que productos o servicios proporcionar, las técnicas usadas, la inversion en preparacion de los empresados (en un informe del BM que vi hace un par de años España estaba en el numero 80 de inversión empresarial en formación de los trabajadores). Y al final resulta que estaba equivocado, que ¡la forma de mejorar la productividad y la competitividad es exprimir mas a los trabajadores!

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