Hay que preservar y profundizar la reforma laboral. Así no

Por Samuel Bentolila y Marcel Jansen

El Gobierno está negociando con los dos principales sindicatos y la patronal asuntos como las reformas de las pensiones, la negociación colectiva o las políticas activas de empleo. Es muy deseable que las reformas tengan el máximo apoyo social, pero en ningun caso debería el pacto servir para descafeinar la recién aprobada reforma laboral a cambio de reformar las pensiones. Ambas reformas son imprescindibles.

Desde 2005 el Gobierno sostuvo que una reforma laboral solo debería surgir de la negociación entre los sindicatos y la patronal. Aún en febrero de 2010 propuso una reforma laboral “para su discusión (…) en el marco del diálogo social”. Al fracasar definitivamente el diálogo –que languideció durante dos años–, aprobó el decreto-ley de reforma laboral de junio de 2010, luego revisado y aprobado como ley en septiembre, en ambos casos solo con los votos del PSOE, pues la oposición no ha colaborado en ninguna de las reformas.

¿Por qué pudo hacerse la reforma laboral? Varios indicadores muestran que España no es más propensa a las reformas laborales que otros países europeos y que la fracción de la población más favorable a la reforma creció poco (ver esta presentación). La reforma laboral devino políticamente viable cuando nuestros acreedores empezaron a exigir mayores tipos de interés para seguir prestándonos, por tener dudas sobre nuestra capacidad de pago. Dado que nuestra deuda total neta –pública y privada– es del 90% del PIB de un año (gráfico 5 de esta entrada de Tano Santos) y que ven improbable un crecimiento económico alto en España, esos acreedores solo se relajan cuando hacemos reformas que reducen nuestro déficit o que nos ayudan a crecer más.

Las principales reformas han sucedido tras alzas significativas de la prima de riesgo de la deuda pública española –la diferencia entre el tipo de interés del bono a 10 años español y el alemán– y la prima ha caído tras cada reforma:

De igual manera, nuestros acreedores han requerido la reforma del sistema de pensiones en vista de sus malas perspectivas financieras (ver esta entrada de Javier Díaz-Giménez y Julián Díaz-Saavedra) aunque es muy impopular.

Una vez quedó claro que la reforma de las pensiones era inevitable, se ha retomado el diálogo social, al principio solo con los sindicatos, porque conviene a ambas partes: el Gobierno reduce la contestación social a las reformas y los sindicatos evitan convocar otra huelga general fallida y reconducen la reforma laboral.

El primer logro sindical está en las novedades del borrador de Reglamento de los expedientes de regulación de empleo (ERE) requeridos para los despidos colectivos. Por una parte, en el despido por causas económicas debido a pérdidas previstas, éstas no podrán tener un carácter meramente coyuntural (en otro caso deberían generar suspensiones en vez de extinciones de contratos). No obstante, esta cualificación no estaba en la ley. El cambio afecta también a los despidos individuales, pues las causas económicas son las mismas para todo tipo de despido.

En segundo lugar, las empresas de 50 o más empleados tienen que presentar un “plan de acompañamiento social”, con medidas para reducir los efectos del despido, atenuar las consecuencias para los trabajadores y hacer posible la viabilidad del proyecto empresarial. Hay dos novedades: por un lado, el tercer tipo de medidas no existía antes y, por otro, ahora hay una enumeración exhaustiva de medidas (ver el artículo 9).

Una de las mayores limitaciones de la reforma laboral fue no suprimir la autorización administrativa de los despidos colectivos. En la práctica, los ERE solo se aprueban si se han acordado con los trabajadores y esto eleva su indemnización, que nunca es de 20 días de salario como dice la ley, sino de entre 30 y 60 días, con una media de 45. Esto, sumado a los costes burocráticos, explica porqué los ERE solo representaron el 3.5% de los despidos (2009): las empresas recurren al despido individual exprés de 45 días y a la no renovación de los contratos temporales.

De aprobarse el Reglamento en su versión actual, sería improbable que se considerasen procedentes despidos, individuales o colectivos, en empresas con beneficios, y aumentarían la incertidumbre y el coste de los ERE, reforzándose así el statu quo. Esto sería muy perjudicial para la creación de empleo indefinido. El nuevo Reglamento debería reducir la incertidumbre y el coste, como se reconoce en su preámbulo. Ello requeriría cambios. Por ejemplo, las empresas medianas y grandes que satisfagan los costes de atenuar el impacto sobre los trabajadores (formación, recolocación, etc.), deberían ser compensadas con una reducción de la indemnización.

No obstante, los sindicatos requerirán una mayor compensación para aceptar la reforma de las pensiones. Aparentemente, el Gobierno está de acuerdo en dejar que los sindicatos y la patronal diseñen la reforma de la negociación colectiva. Éste es seguramente el principal objetivo sindical.

La negociación colectiva es la única institución laboral que apenas se ha reformado, por la resistencia sindical y patronal. En 1994 hubo una reforma menor, que apenas se aplicó a cambio de una moderación salarial transitoria (ver este artículo). En 2001 hubo un conato de reforma, abortado por la reacción sindical y patronal. La reforma laboral de 2010 permite que una empresa y sus trabajadores acuerden no aplicar el régimen salarial del convenio colectivo de ámbito superior a la empresa. Es un paso en la dirección correcta, pero de alcance bastante limitado. Hace unos días el Gobierno filtró que quería modificar la ultraactividad de los convenios colectivos, es decir, que un convenio vencido siga en vigor indefinidamente hasta que se firme uno nuevo. Este anuncio ha bastado para desencadenar la reacción sindical, que de nuevo seguramente aborte la reforma, probablemente con la anuencia de la patronal.

La actual regulación de la negociación colectiva favorece que los salarios no respondan a las variaciones del paro o de la productividad, lo que genera una gran ineficiencia y mucho paro. La evolución salarial durante esta recesión constituye buena muestra de esa falta de respuesta y contrasta mucho con lo sucedido en países como el Reino Unido (como mostró Luis Garicano). Es imprescindible una nueva regulación de la negociación colectiva si queremos reducir el paro en España a medio plazo.

Por último, los sindicatos seguramente perseguirán también reconducir otros aspectos pendientes de la reforma laboral, como son la reforma de las políticas activas de empleo o el diseño del fondo de capitalización a la austriaca.

De la escasa información disponible sobre su contenido deducimos que el “pacto global” implicaría un retroceso de la reforma laboral. Aquí conviene recordar que nuestra política económica está ahora sujeta al examen de nuestros acreedores. Esto puede ser objetable desde un punto de vista democrático, pero proviene de las equivocadas decisiones de endeudamiento que colectivamente (hogares, empresas, bancos y Gobiernos) tomamos en el periodo de expansión y hemos de asumirlas. La restricción exterior está teniendo unos costes económicos y sociales enormes. El aspecto positivo es que esa restricción exterior ha dotado de viabilidad política a algunas reformas muy beneficiosas que antes carecían de ella y que contribuirán a evitar que suframos unos costes semejantes en el futuro.

La reforma laboral fue muy insuficiente para resolver los problemas del mercado de trabajo español, en especial el paro. En todo caso, nuestros acreedores evaluaron sus consecuencias para nuestra economía, teniendo en cuenta tanto las medidas adoptadas como las comprometidas en el texto de la ley. Renegar de estos compromisos, además de reducir directamente nuestro bienestar económico, podría volver a llevarnos a situaciones críticas muy costosas.

Doctor en Economía por el MIT y profesor del CEMFI. Investigador Asociado de CEPR y CESifo. Ha sido Presidente de la Asociación Española de Economía. Su investigación se centra en la economía laboral.

Hay 9 comentarios
  • Hola, Samuel & Marcel.

    Muy ilustrativo el gráfico que muestra la forma en la cual el diferencial con el bono alemán va provocando acciones gubernamentales.

    Parece que el sistema, lentamente y con mucho retraso, se va dando cuenta de las cosas.
    Lo que hace año y medio era una imagen difusa y un presidente simpático, se va haciendo más nítido en cada subasta de deuda y, tal como comentáis, los acreedores van pidiendo cosas que les tranquilicen.
    Una de ellas era la legislación laboral, otra la de las pensiones, otra la de que sindicatos & patronal dejen de ser verticales y los convenios de los grandes dejen de obligar a los pequeños, etc.
    Muy bien.
    A este paso es inevitable que en algún momento esos mismos prestamistas caigan en la cuenta de que el fondo de la cuestión no está en esas cosas que, todo lo más, nos llevarán a acercar nuestra economía privada a los costes orientales.
    En cualquier momento van a llegar a la conclusión de que el problema de fondo es el propio estado, su estructura y su dinámica, su funcionamiento y las capacidades y prioridades reales de los electos.

    Entonces comenzarán a pedir que se hagan las reformas políticas por las cuales debiéramos haber empezado.

    Ese momento va a llegar pronto porque ya es un clamor en las calles y los mercados terminan por caer en la cuenta del ruido ambiental.
    Cuando ese momento llegue nos encontraremos con algo roto por todos lados, irreparable, con unos partidos en el poder que han presidido y acentuado la debacle y con una ciudadanía terriblemente frustrada y muy atemorizada. La soledad es terrible cuando ni siquiera tenemos un atisbo de luz que nos oriente y vamos tanteando la pared y el suelo.
    No quisiera vernos en la situación en la cual la tarea más urgente de gobierno sea reprimir la indignación y la decepción de la sociedad.

    Saludos

  • Es el colmo que la cosa termine con los mercados decidiendo, qué modelo político debe gobernarnos, qué leyes y qué grado de democracia merecemos.
    No puedo más que felicitar a los que han conseguido eso y los que lo propugnan en su propia impotencia.

  • Pau,
    Las reformas son necesarias y sin duda mejorarán el bienestar social en España. La tragedia no es la presión de los mercados, sino la falta de voluntad por parte del gobierno de implementar estas reformas sin que nos presionen desde fuera.

  • Pau:

    La opción es no pedir prestado. No pidas prestado a gente de fuera y no tendrás que soportar sus presiones. Si alguien me pide un crédito, no veo ilógico que se yo me preocupe de si podrá devolverlo o no.

    Marcel:

    ¿Qué entiendes por "bienestar social"? Porque tal vez tú entiendas una cosa con base en la ciencia económica y los que no sabemos economía entendamos otra. Es posible que ambas coincidan, pero tal vez no tanto como la expresión pudiera sugerir.

    • [Respuesta de Marcel]

      Francisco,

      Ha habido varias discusiones sobre el concepto de bienestar social en alguna entrada de Luis Garicano. A lo mejor esta entrada en wikipedia te ayuda:

      http://es.wikipedia.org/wiki/Bienestar_social

      Cuando hablamos de bienestar social, hablamos esencialmente de calidad de vida, reconociendo que distintas personas valoran las mismas cosas en distintas maneras.

      En el caso particular de las reformas defiendo que estas mejoran la eficiencia de la economía española (mejor uso de los recursos) y esto nos permite mejorar las condiciones de vida de (algunas) personas.

      Seguramente habrá perdedores también (colectivos que no se beneficiarán de las reformas o que incluso pierden bienestar), pero estoy convencido que la sociedad en su totalidad sale ganando - es decir las ganancias de los colectivos que se benefician de los reformas (jóvenes, parados etc) son mayores que las perdidas de los demás. Yo por esto defiendo las reformas por que benefician a las personas que más han sufrido los efectos de la crisis.

      Finalmente, para que las reformas sean viables siempre podemos buscar mecanismos para compensar a los perdedores. Esto era más fácil al principio de la crisis cuando España todavía disponía de un colchón para hacer gastos. Pero esto por desgracia ya no es el caso. No obstante, un pacto amplio podría servir para distribuir los costes y ganancias de las reformas en manera equilibrada.

      Espero haber contestado a tu pregunta en un español aceptable.
      Saludos,

      Marcel

  • Aquí la clave es cambiar la actitud aspiracional, a ser funcionario y a lo seguro. Aquí hace falta emprendedores, pymes, ambición y ganas de comerse el mundo. Pero claro, nos tendríamos que cepillar a la maldita casta política que solo nos pone cadenas en los pies...

    Saludos 😉

  • España esta como esta porque se han cometido muchos fallos, los gobernantes y los agentes sociales no ha sabido actuar con previsión, si otros paises estan mejores es porque han actuado antes, en Alemania en 2003-2004, se unierón los partidos en un frente comun, hicierón las reformas necesarias.

    Si nosostros por si solos no somos capaces de actuar, cada dia nos enviaran la receta des de fuera, mas valdria empezar a copiar modelos que funcionan.

    Un dia son las jubilaciones, otro sera la dependencia energetica, otro la financiación de las autonomias, otro sera ....

    y el problema financiero preocupa a mucha gente pero deberia preocupar aun mas el problema estructural de nuestra economia derivado de la falta de industria, de la dimensiónes pequeñas de las empresas, el mundo empresarial tendra dos caminos, los que ya han perdido el empuje, la ilusión para seguir adelante
    ...y los empresariado que seguiran innovando, arriesgando, y desarrollaran sus planes de negocio como si no existieran politicos ni medios de comunicación, seran los que se adapten a las nuevas organizaciones de sociedad en red, la legislación deberia ser flexible para que estas empresas pudiesen desarrollar con otros parametros sus empresas.

  • Muy bien razonado, pero temo que el problema persista, como derroche en los 8000 ayuntamientos, las 51 diputaciones, las 17 autonomías, en las desgravaciones fiscales para la compra de vivienda y no para incentivar un ahorro o inversión penalizados, salvo como un plan privado de pensiones de dudosa rentabilidad.

  • Hoy leía en el blog de José Carlos Díez que la situación no era, ni mucho menos, tan grave. No solo hablamos de la deuda sino también de crecimiento. En caso de llevar razón, que es muy posible, el desempleo tendería a bajar; todo lo contrario que pensamos los empresarios.
    Por descontado, no sería la primera vez que me equivoco, que nos equivocamos... En uno u otro momento todos nos contradecimos, reconocerlo es aprender.

    En mi comentario desaparecido, respondía a Francisco Saurí que hace poco en este mismo blog se hacía mención a la responsabilidad -yo prefiero pensar en corresponsabilidad- del prestamista. Los empresarios fiamos a menudo, de otra forma no habría negocio, y la responsabilidad del fiado es pagar en su vencimiento; pero si fiamos a quien gasta más de lo que gana, cometemos una estupidez.
    A Marcel le respondía que pronto nos obligarían a cerrar algunos hospitales o a privatizarlos. Es la típica estrategia del especulador: fiar a quien no puede pagar, para cobrar con suculentas especies. Al deudor, sin embargo, le queda la posibilidad de entrar en suspensión de pagos y blindar judicialmente los bienes imprescindibles para mantener su función.
    Por lo pronto los médicos ya no visitan a domicilio, por muy anciano que sea el enfermo o urgente que sea el caso. Antes podían, ahora no. Algo ha cambiado y somos los mismos. La diferencia real será un aumento de morbilidad, por lo que no entiendo esta mejora que dice habrá, ni para quien será, excepto los cuatro que salen ganando con la crisis.
    La palabra recorte solo tiene un significado y una dirección, no existen otros: degradación.

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