¿Funcionarán las medidas contra el absentismo en el sector público?

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Los empleados públicos tenemos mala fama en este país, como lo revelan desde los chistes de Forges hasta denigrantes comentarios recientes sobre renunciar al cafelito. ¿Está justificada esta imagen pública en cuanto al absentismo laboral? En tal caso, ¿tendrán efecto los planes recién anunciados del actual Gobierno para reducir ese absentismo? Tenemos alguna evidencia empírica, basada en otros países, para empezar a contestar a estas preguntas.

En general, es difícil medir la productividad de los trabajadores no manuales y en especial en el sector público (donde cuesta medir incluso la producción). Una variable relacionada con la productividad es el grado de absentismo, normalmente medido por la proporción de trabajadores que indican, en las encuestas de población activa, haber trabajado menos horas de las normales. Entre los posibles motivos para el absentismo, lo usual es fijarse en los de potencial origen voluntario. En concreto, un trabajador puede intentar trabajar menos mediante bajas por enfermedad aunque sus condiciones físicas sean compatibles con el trabajo, lo que suele llamarse riesgo moral (ver la panorámica de Simen Markussen et al.). (Huelga decir que no debe trabajar si no está en condiciones de hacerlo, por eso se le sigue abonando el sueldo íntegro, al menos inicialmente.)

Los empleados públicos faltan más a su trabajo que los privados. Según Francesco D'Amuri, en Estados Unidos en 2007 el absentismo por enfermedad en el sector público fue del 2.8%, es decir, un 41.2% más que en el privado. En Europa Occidental la diferencia era algo menor, del 20.2%. Cuando se tienen en cuenta muchos otros factores (edad, sexo, educación, antigüedad, etc.) la diferencia se mantiene.

En España también parece que se da este hecho, aunque la evidencia que muestro es muy burda (no he encontrado ningún análisis riguroso). Lamentablemente, los datos agregados no permiten cotejar rigurosamente el absentismo en el sector privado y el público, quizá se pueda hacer con los datos individuales. El siguiente cuadro muestra las tasas porcentuales de absentismo por enfermedad en el agregado de la economía y en algunos sectores de servicios (dejo fuera educación y sanidad, pues la participación pública es muy alta, pero no puedo distinguirla). Dos hechos llaman la atención. Primero, que el absentismo ha ido cayendo durante la crisis (como señaló aquí Florentino Felgueroso hace tiempo), lo que sugiere que parte del absentismo es voluntario. Y, segundo, que en la administración pública es más alto que en la media de la economía.

El mayor absentismo en el sector público no es sorprendente, pues es el absentismo función creciente de la protección del empleo. Por ejemplo, Andrea Ichino y Regina Riphahn encuentran, para el caso italiano, que el absentismo sube cuando se termina el periodo de prueba (en que no hay costes de despido). El absentismo también depende de los incentivos monetarios a la productividad. Y para los empleados públicos la protección del empleo suele ser mayor y los incentivos menores que para los privados. Por último, también importan factores como cuánto paga la empresa y cuánto cobra el trabajador si está de baja, cuándo debe certificar la baja un médico, etc., pero no suelen diferir entre el sector público y el privado.

Según D'Amuri, entre 2004 y mediados de 2008, en Italia la tasa de absentismo era del 3.5% en el sector privado y el 3.8% en el público, y el absentismo por enfermedad, del 1.6% y el 2.6% respectivamente (es decir, un 62.5% mayor en el sector público). Para intentar remediar esta situación, a finales de julio de 2008 el Gobierno italiano estableció que durante los 10 primeros días de baja por enfermedad el trabajador cobraría solo el salario base y no los complementos, que suponen el 20% del salario en promedio. También alargó de 4 a 11 horas el periodo diario en que el trabajador de baja debía estar en su casa por si aleatoriamente recibía una visita de un inspector médico. Un año después, en julio de 2009, se decidió suprimir esta segunda medida, manteniendo la rebaja salarial durante los primeros 10 días.

¿Qué efectos tuvieron estas medidas? Según las estimaciones de D'Amuri, durante el primer año el absentismo por enfermedad en el sector público cayó hasta igualarse al del sector privado. Es un efecto muy significativo y llamativo. Sin embargo, tras suprimirse la extensión del periodo de estancia en casa, el absentismo volvió a subir hasta el nivel previo a julio de 2008. Estos resultados indican que la penalización salarial no fue lo realmente importante, sino la obligación de estar en casa.

El Gobierno español está introduciendo cambios que deberían afectar al absentismo en el sector público. Por una parte, la reforma laboral de febrero de 2012 regula por primera vez el despido por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción del personal laboral del sector público. En concreto, concurren causas económicas en casos de insuficiencia presupuestaria sobrevenida y persistente (9 meses consecutivos) para la financiación de los servicios públicos. Por otra parte, en el Programa Nacional de Reformas 2012, hecho público en abril, anuncia que se van a tomar durante 2012 estas medidas: (a) no se cobrará el sueldo íntegro durante los primeros 90 días de la baja, (b) se pasará de calcular las situaciones de incapacidad temporal por meses a hacerlo por días, (c) no se pagarán subsidios por baja en caso de "resultados de alta" (esto se me escapa) o incomparecencia injustificada reconocimiento médico y (d) se acortarán los plazos para la expedición y entrega a los órganos de personal de los partes de baja.

Tanto la nueva regulación del despido, por la reducción de la protección del empleo (de los no funcionarios) que supone, como las medidas sobre las bajas por enfermedad deberían contribuir a reducir el absentismo. Por otra parte, la experiencia italiana sugiere que la reducción del salario percibido durante la baja debería ser menos efectiva que las otras 3 medidas.

No obstante, estos resultados se dan "manteniendo todo lo demás constante". Un aspecto importante que no se mantiene constante es que la situación económica actual de España es seguramente bastante peor que la de Italia en 2008. Y los empleados públicos han experimentado una reducción de salarios reales (por reducciones del salario nominal --el total de euros que cobran-- y por la inflación), de alrededor del 10% en media entre diciembre de 2009 y diciembre 2011, caída que va a agudizarse en el futuro (por reducción nominal en algunas comunidades autónomas, por la inflación y por la subida del IRPF). Por tanto, es probable que la reducción salarial durante la baja por enfermedad tenga también un impacto significativo. En fin, en el futuro sería deseable que no se usaran solo castigos sino también premios para los empleados públicos con mayor productividad.

Hay 33 comentarios
  • Permítame el editor una licencia, uno de mis hijos ha hecho una exposición en su colegio sobre los motivos de la perestroika, han pasado ya 27 años de aquel proyecto, pero me cuenta (mi hijo) que a los demás del aula les sorprendieron las causas.
    Puso, entre otros, este enlace para aclarar los motivos.
    http://elpais.com/diario/1985/04/07/sociedad/481672808_850215.html
    Creo que viene bien recordarlos.
    Por eso mismo, suscribo en su totalidad, el último párrafo de la entrada.

  • Para eliminar los comentarios del "cafetito", no basta con poner el grito en el cielo.
    Eso sucede, todos lo sabemos. No es difícil conocer algún elemento que entiende que su jornada incluye desayunar en la oficina, leer el periódico, salir al café, comentar el partido, salir al pincho, ir a la compra..
    Todos tenemos algún médico que empieza a citar a las 8:30, pero no aparece nunca por la consulta hasta las 10. Alguna ventanilla a la que sabemos que hay que ir antes de las 13:15, que si llegas más tarde te dicen que si se lían contigo, igual les da la hora, así que mejor vuelvas mañana. Alguno que queda para comer junto a la oficina, y se levanta de la mesa para ir a fichar el fin de jornada.
    Mientras eso sea tolerable, y los funcionarios de buena fe sigan negando la mayor, no hay forma de que se tome en serio su trabajo.

    Por cierto, el absentismo, en todo esto, no se ve afectado en lo más mínimo.

    • Yo quería incidir sobre esta última frase con un ejemplo real escuchado por mí de boca de varios funcionarios:

      Hace ya unos cuantos años, un departamento de un gobierno regional compartía planta con mi oficina, y decidieron trasladarlo a unas oficinas a unos 100 metros de las que tenían.
      Después de todo el trasiego del traslado me encontré con unos cuantos funcionarios a los que conocía de cruzármelos en la entrada y al preguntarles que tal las nuevas oficinas (notablemente más modernas y mejor acondicionadas) me dijeron que estaban todos bastante molestos por que ya no tenían las neveras donde "guardamos la compra del mercado".

      Estos funcionarios fichaban, pero no estaban, y tengo la impresión de que si se pudiera incluir ese tipo de actuaciones en las cifras de absentismo, estas serían muy superiores a las que se dan en el post, muy bueno por cierto.

  • Lo mejor del post, sin duda, la frase final "En fin, en el futuro sería deseable que no se usaran solo castigos sino también premios para los empleados públicos con mayor productividad".

    Ya comenté en un anterior post que ligar productividad a absentismo implica llevar al extremo la expresión 'ceteris paribus'. No conozco muchos estudios sobre el tema pero se me hace difícil pensar que una ecuación sea capaz de recoger los suficientes controles para establecer una relación clara que justifique reducir el absentismo por motivos de productividad. En otras palabras, 'estar' es condición necesaria pero no suficiente para 'ser productivo' y si una persona no es productiva simplemente porque no está en el trabajo difícilmente lo será si se le obliga a estar en el trabajo.

    Creo que las medidas deben ir claramente orientadas a retribuir la productividad y no a penalizar la ausencia. Obviamente habrá que desarrollar métodos para medir esa productividad incluso en casos difíciles, como los de los trabajadores no manuales, pero que esa no sea la excusa para tomar la vía fácil. Cómo se suele decir, "si no se puede medir, no existe".

    • Creo que esto último es lo relevante. Todos conocemos gente que "está" en el trabajo pero su productividad es nula o, en el peor de los casos, negativa porque entorpece la labor de los demás y casos de personas que "no están" pero presentan siempre los informes a tiempo y en perfectas condiciones. Esperamos un decreto ley para medir bien la productividad (y remunerarla adecuadamente).

      • Gracias por estas dos intervenciones. Van en la línea de lo que muchos funcionarios llevamos tiempo pidiendo y, sobre todo, nos protegen un poco de una "opinión pública" que me está llevando a pensar si no seré un auténtico delicuente por levantarme todas las mañanas para hacer mi trabajo.

  • En mi opinión, un aspecto muy importante en la cuestión del absentismo son los mecanismos de inspección. Según se desprende de la entrada, esto ha sido claramente ilustrado en el caso italiano, donde la medida realmente efectiva ha sido aquélla que ha obrado en el sentido de intensificar la labor inspectora.

    Un problema grave que le veo a la propuesta de nuestro gobierno es que equivale a enviar una señal de renuncia a utilizar los mecanismos de inspección a su alcance. De este modo, las medidas sólo serán eficaces si efectivamente la reducción salarial es significativa. Pero no debemos olvidar que esta reducción afectará también a aquéllos trabajadores que se encuentren de baja por motivos legítimos, por lo que resultará difícil vender políticamente reducciones drásticas que serán percibidas (pienso que correctamente) como patentemente injustas.

  • Samuel,
    El tema central es la eficiencia del sector público, uno de cuyos problemas es el absentismo. Cualquiera con basta experiencia con el sector público --empleado o usuario (casi siempre no-voluntario) de sus servicios-- sabe bien que lo primero a cuestionar son los servicios que se prestan. Si no tienen valor para la población, ojalá que los empleados públicos se queden tomando café en su casa gozando la transferencia de ingreso que su empleo significa. Pero la mayoría de los servicios tienen algún valor para algún sector de la población y a veces valor alto para toda la población. Este valor es difícil de medir directamente y --la contabilidad nacional así lo registra para la historia-- se mide por el costo de los insumos, incluyendo el trabajo.

    Eliminados los servicios con valor cero, entonces evaluaríamos la combinación de insumos usados para prestar servicios valiosos. Probablemente encontraríamos que en algunos sobra personal y en otros falta, pero los primeros no son sustitutos de los segundos. Su evaluación diría para cada servicio cuántos sobran o faltan y si su compensación total (presente y futura, monetaria y no-monetaria) difiere del costo de oportunidad de las personas necesarias. Encontraríamos que hay empleados públicos cuya compensación total es significativamente mayor que su costo de oportunidad-- y que no hay justificación derivada de asegurar su permanencia indefinida u otra justificación razonable.

    El absentismo aparecerá como un problema ex post --mal desempeño del cargo, aprovechando beneficios fáciles de abusar (las licencias médicas).

  • En UK no es rara la empresa (privada) que paga bonificaciones por no cogerse bajas. A un amigo, el mes sin baja se lo pagaban a £100, el trimestre a £200, y el año a £500. Suena escandaloso ("les pagan si no se cogen una baja!! ya me gustaría a mí!!!"), pero la verdad es que funciona para eliminar las bajas por resacas, resfriadillos, recados inaplazables, indisposiciones y días melancólicos, aunque es terriblemente injusto. Mi pobre amigo se puso enfermo "de verdad" el 20 de diciembre, y dejó de ganar £800 (perdió el bonus de diciembre, el del último trimestre, y el anual), en un trabajo en el que difícilmente llegaba a las £1500/mes, bonificaciones incluidas.

    Por otra parte, no creo que el absentismo sea un problema en España.

  • El problema del país non son los cafés funcionariales, es el 25% de actividad "negra", los cafés son un "síntoma" de una enfermedad muy grave, que afecta a todos, pero que les duele mucho a los "médicos" curar, mientras tanto vamos tirando con el uso de sanguijuelas y sangrías, que son algo que se ve y causa "consternación".

  • En tu anotación entre parentesis del apartado c "esto se me escapa", supongo que se refiere a que si un trabajador con baja de su medico de cabecera fuese ciatdo por al inspección medica y esta le diese de alta, tendría esas consecuencias, cuestión que no dejara de ser controvertida.
    Por lo comentarios, el cafetito y todo eso deduzco que en general no se tiene en cuenta que la inmensa mayoria de funcionarios lo son de la sanidad, enseñanza y cuerpos y fuerzas del Estado

  • Samuel, en mi modesta opinión las medidas contra el absentismo funcionarán el día en que reduzcan el sueldo o hasta (horror) echen a algún funcionario por absentista.

    • Mucha razón que tienes. En el papel la función pública tiene un régimen disciplinario bien desarrollado pero se usa raramente contra el absentista, jeta o como se le quiera llamar. Muchas de las sanciones que se aplican realmente no se deben a incumplimientos del trabajo, sino a conflictos personales.

      Por lo demás, como funcionario con siete trienios no puedo sino confesar que nuestra mala fama está básicamente justificada. No tengo ganas de explicar lo que se hace a diario en mi oficina, y os aseguro que es un buen sitio para el standard normal de la Administración, tanto por los jefes como por los subordinados. Y no sé qué remedio tienen estos problemas. La mayoría de las medidas que se proponen son inoperantes o contraproducentes. Por ejemplo, hace poco el dueño de mango decía que debía suprimirse la inamovilidad de los funcionarios. Pues mi modesta opinión es que esa medida solo serviría para volver a las cesantías del siglo XIX, nos echarían a los que al menos entramos por oposición para meter a sucesivas hornadas de enchufados del partido de turno. Sencillamente, la Administración es incapaz de un mínimo de objetividad en la gestión de su personal.

      • "la Administración es incapaz de un mínimo de objetividad en la gestión de su personal" ... en la gestíon de su personal ¿sólo? ... ¿en que sí es objetiva oveco? ¿en la realización de inversiones en infraestructuras? ¿en la concesión de subsidios? ¿en la aprobación de planes urbanísticos? ... no, por salir de la duda ...

  • Se hace referencia a la reforma laboral que efectivamente afecta y mucho al personal laboral de la administración pero (entiendo yo) que no afecta a los funcionarios que son porcentaje considerable.
    Efectivamente lo que distorsiona es que ni siquiera casos flagrantes lleven al despido de funcionarios (alguien tiene cifras de funcionarios que pierden la condición de funcionario?)

  • "Primero, que el absentismo ha ido cayendo durante la crisis (como señaló aquí Florentino Felgueroso hace tiempo), lo que sugiere que parte del absentismo es voluntario."

    Con respecto a esta frase, también podría apuntarse al miedo a ser despedido debido a la crisis.

    En cuanto al tema funcionarios, soy más bien de la opinión de que si los estamentos superiores no dan ejemplo o mandan cumplir las reglas, ¿para qué lo van a hacer los subordinados? Problema de difícil solución, tanto en cuanto muchos de los que producen esas pérdidas suelen ser "enchufados" que no ven peligrar su puesto.

    Saludos.

  • ¿Es cierto eso?
    http://www.rankia.com/foros/economia-politica/temas/1223628-tenemos-445-568-politicos-empleados-administracion-publica-casi-doble-segundo-que-italia
    165.967 médicos
    154.000 policías
    19.854 bomberos
    445.568 políticos
    De ser así, se entiende el absentismo, la modorra funcionarial y las duplicidades de servicios.
    Y me pregunto si en este artículo se contempla que los jardineros, los que limpian el alcantarillado, los guardabosques, esos 19.854 bomberos, médicos y enfermeras, policías, etc. son parte de esos políticos empleados del Estado; aunque mucho me temo que no, que esos no pueden abstenerse tanto.
    Personalmente conozco a una del servicio de protocolo de un conseller, que a horas de trabajo sale a hacer la compra.
    Antes de hablar de absentismo es mejor analizarlo y ponerle nombre y apellido y, si se tercia, hasta partido político. Pero eso no toca

  • 11 de enero de 1833 a 22 de mayo de 2012, es decir, 179 años, 4 meses y 11 días, si las cuentas no me fallan, y Mr. Sans-délai sigue haciendo gestiones a pesar de los pesares y satélites, teléfonos y las TIC (que debe ser el nombre de alguna marca de galletas), o sea, VUELVA USTED MAÑANA

  • A mí me parece absolutamente necesario luchar contra el absentismo. Pero lo de que un trabajador con baja médica no cobre los primeros 90 días (además de que ahora tendrá que pagar más por los medicamentos y pronto por la asistencia), me parece una medida muy cómoda pero muy injusta. ¿De verdad no hay otra forma de controlar quién tiene una baja justificada y quién no?

  • ¿Hay mucho absentismo en la administración? Es posible; seguro que medidas coercitivas hacen que disminuya, pero tampoco estaría de más analizar las causas de este absentismo; igual entre ellas está la escasa capacidad y profesionalidad de los directivos y las pocas posibilidades de promoción... ya se sabe que los políticos han de repartir muchos cargos y quedan muy pocos “premios para los empleados públicos con mayor productividad.” Y muchas otras que tienen más que ver con la organización que con una tendencia innata del funcionario al absentismo.

    Para los que aún creen que los funcionarios son los del cafelito, la compra en horario de trabajo, etc.: son funcionarios las personas que hacen que mi hija haya recibido una transferencia de la AEAT 3 días después de confirmar el borrador; son funcionarios de todas las administraciones y de muchos cuerpos distintos (además de muchos ciudadanos) todos los que intervienen para que los resultados de las elecciones generales los tengamos apenas dos horas después de cerrar los colegios electorales; son funcionarios casi todos los que han hecho que nuestro sistema sanitario esté entre los mejores del mundo... a pesar de la injerencia política en la gestión y de los bajos salarios; son funcionarios los policías que han acabado (esperemos que para siempre) con ETA; y un largo etcétera.

  • Leyendo muchos de los comentarios aquí vertidos, uno pensaría que vive en un país donde un hiperproductivo sector privado ha logrado pleno empleo, balanza comercial con saldo neto exportador, un espectacular crecimiento de la economía nacional medido en varios puntos del PIB y que el único problema que tenemos es el descanso de media mañana del administrativo del INEM.

    También llama la atención que personas de ideología liberal o conservadora se inclinen en este tema, de forma sospechosamente soviética, hacia el procedimiento sancionador extremo en lugar de hacia la implantación de un capitalista sistema de incentivos.

    Con respecto al contenido de la entrada, me ha parecido muy acertado y bien rematado. En mi opinión, el problema de base en la gestión del desempeño del personal al servicio de las Administraciones Públicas es la absoluta carencia de incentivos. Los funcionarios de carrera de la AGE, por ejemplo, no son otra cosa que empleados hipercualificados a los cuales, tras superar un riguroso y duro proceso de selección, se les asigna un puesto de trabajo consistente en la realización constante y repetitiva de tareas burocráticas exentas de creatividad y a través de las cuales es imposible obtener reconocimiento profesional material y palpable, ya sea vía remuneración, ya sea vía promoción.

    Ese es el problema: la fosilización de empleados hipercualificados en puestos de trabajo grises, sin perspectivas de futuro ni alicientes económicos a corto plazo que acaba derivando en la ley del mínimo esfuerzo.

    Si no hay incentivos, no hay excelencia.

  • Sr, Samuel : ilustrese antes de opinar , pues el derecho al subsidio de enfermedad VARïA ampliamente en la función pública

    Por ejemplo, si usted es funcionario de MUFACE , catedrático de económicas por ejemplo, no sólo tiene derecho a que le dé la baja un medico privado (que cobra honorario por ese acto) , sino que

    - no hace falta que presente el parte hasta el 4º día en su universidad
    - cobra el 100% durante los 3 primeros meses, sin inspección alguna (los partes solo se graban a partir de entonces : por eso no halla Vd. estadísticas : muerto el perro...)
    - a partir del 4º mes te rebajan algo el sueldo (si eres juez, a partir del 7º) y te pueden mandar al inspector médico e incluso recibir el "alta por idem" (lo que no implica que se agote el subsidio : eso lo decidirá tu rector)

    En cambio, si es Ud. enfermera de Hospital de la SS,
    - el parte lo presentas desde el primer día, como todo hijo de vecino....y
    - a partir del 4º día te quedas con el 60% de las retribuciones

    (¿a Vd Samuel y demás economistas les aplican eso en su empresa privada?

    Pues entonces

    • Venancia, gracias por la información. Si hubiera datos de absentismo para distintas partes de la administración se podría hacer una interesante investigación sobre los efectos de los distintos sistemas de regulación, que gracias a tanta variación arrojaría diferencias significativas.

      P.S. No soy catedrático de universidad ni empleado del sector privado.

  • - Me parece ofensivo para médicos o bomberos que se les meta en una estadística con políticos. Ojalá hubiese 400.000 médicos y 165.000 políticos, y no al revés!!
    - Por qué hay más absentismo en el setor público? no tienen miedo a que los despidan. Seguro que ahí hay algunos caraduras y también que tenemos bastantes empleados del sector privado trabajando en condiciones de salud malas (con casi un 25% de desempleo el miedo al despido es lógico).
    - Espero que no comparemos sólo empleo privado y funcionariado en términos de absentismo o de condiciones laborales en época de crisis. No escuché a los promotores inmobiliarios que recibían los ingentes beneficios de decenas de negocios cerrados a la semana durante la burbuja quejarse por que las condiciones salariales de los funcionarios en aquel momento de expansión se estuviesen depreciando en términos reales, mientras ellos multiplicaban sus ganancias. Vamos a comparar todo o, bueno, a cerrar el sector público e ir hacia un modelo completamente privado: la sanidad americana es envidiable (si tienes dinero).
    - Por supuesto, todo el mundo sabe que si las empresas españolas no son competitivas en el mundo, es por culpa del café de los funcionarios. En la empresa privada hay poco absentismo, por eso compiten tan bien. Es completamente falso que nuestro sector público sea superior al de Alemania y el resto de países del norte de Europa (sí nuestra clase política), pero es igual, si somos incapaces de competir con ellos en el mercado UE, no puede ser que nuestros empresarios tengan ninguna responsabilidad. No, los funcionarios.
    - 17 comentarios anteriores y todos hechos entre las 9 y las 19 horas. No puede ser obra más que de funcionarios camuflados, que el español honrado no se puede permitir leer blogs en sus extensas y extenuantes jornadas laborales.

    • Por mucho que leo mi comentario, no veo la posibilidad de entender lo contrario de lo que pretendo.
      Nuestro sector público ni es superior ni inferior al alemán, el problema es que está podrido por los partidos políticos; lo que debemos preguntarnos es el porqué, para, así, corregirlo. Pero eso es algo que nuestros políticos ya conocen.
      Nuestra sanidad, estoy harto de recordarlo, es pública, por tanto, del Estado; es mucho más barata y mejor que la alemana. Será que por ella pululan pocos políticos.

      • Pues, francamente, debe tener yo algún pequeño problema de compresión: "nuestro sector público... está podrido" y "nuestra sanidad, estoy harto de recordarlo, es pública... es mucho más barata y mejor que la alemana". Pobres alemanes, entonces, están más allá de lo podrido.
        En su opinión de los políticos, coincido plenamente. Sólo intento que separe política de funcionariado. No somos lo mismo. Formamos parte del Estado los dos, pero no somos ni parecidos. De hecho, nosotros tenemos una vinculación mucho más fuerte con el Estado que ellos. Ellos tienen una representación limitada en el tiempo (salvo Fraga, QEPD, que, por cierto, háblaba en los años noventa con Pujol de algo que se llamaba administración única y que muchos de los que entonces se reían de él están descubriendo ahora), nosotros, en teoría, no, y es así para garantizar la independencia del Estado respecto a lso caprichos de los políticos de turno. A más desprestigio de la función pública, menos independencia, y más subordinación a esa política que tan poco le gusta (y, a mí, menos).

  • El absentismo laboral en la administración existe y es un problema. Pero mientras muchos jefes a dedo y políticos que dirigen la administración no generen un espíritu de trabajo entre sus empleados y prefieran contratar a empresas de sus "amigos" antes que sus funcionarios saquen los trabajos hacia delante no se resolverá.
    Hace falta que los políticos sean responsables y no tan corruptos como son muchos en la actualidad.
    Y yo estoy convencido que si los funcionarios tienen trabajos importantes y responsabilidades reales el absentismo bajaría enormemente.

  • Pues mal vamos sí resulta que esos trabajadores públicos no encuentran su trabajo gratificante y no se les permite aportar nuevas ideas, ni acometer crecientes retos o sea lo que me temía. la culpa del absentismo es de los elegidos a dedo, que coartan las aportaciones y frenan aquellos impulsos que deberían aportar calidad a un sistema imprescindible para el funcionamiento de la sociedad, para evitar que se descubra su ineptitud.

  • Hace unos años intenté introducir en una pequeña dependencia provincial de la administración pública una especie de "reconocimiento al desempeño", al estilo de las empresas privadas. Fue imposible: se desataron las envidias más mundanas. También se introdujo el fichaje en el ordenador de cada cual: el 82% de la plantilla dejaba el ordenador encendido toda la noche para evitar los tres o cuatro minutos que tardaba en arrancar por la mañana. Hubo que poner un apagado automático general. Los funcionarios públicos deben reflexionar sobre su cumplimiento personal y sobre la imagen que ofrecen a los ciudadanos. Y si efectivamente hay que reconocer que hay muchos grandes servidores públicos, todos conocemos a otros muchos que no lo son tanto.

    • Estimado Enrique:

      "Los funcionarios públicos DEBEN reflexionar sobre su cumplimiento personal y sobre la imagen que ofrecen a los ciudadanos"; "deben", dice usted, y no"DEBEMOS". De donde deduzco -corríjame si me equivoco- que usted no es funcionario; y del resto de su post también deduzco que, en estos felices y democráticos tiempos, le ha correspondido a usted dirigir y controlar a un conjunto de funcionarios y -por qué no decirlo- ocupar un puesto de los que en tiempos menos felices y democráticos correspondían a un funcionario con experiencia.

      Lo cual puede que haya contribuido a configurar la opinión que nos expone,... o puede que no 🙂

  • Exactamente igual que en la empresa privada. Todos conocemos a algunos grandes profesionales y a otros que, como clientes u observadores, no nos explicamos que demonios hacen ahí.

  • Muy interesante el artículo, Samuel. El absentismo es un fenómeno engañoso. Casi todos sospechamos que es un problema pero es difícil encontrar números que avalen esta idea. A nosotros, en un estudio patrocinado por Adecco, Iese, Garrigues y Mutuas, cuyo resumen puede encontrase en:

    http://www.adecco.es/_data/NotasPrensa/pdf/362.pdf

    nos sale una tasa del 4,7% en 2011, con datos de la Encuesta Trimestral del Coste Laboral. Quizá la explicación está en que el absentismo es mucho mayor en las empresas grandes, que a su vez son menos abundantes en nuestro sistema productivo, y más escaso en las Pymes. Un dato revelador: el número de días medio en los procesos por incapacidad temporal en 2010 es de 48 si se gestionan en la seguridad social, y de 35 si se gestionan vía mutuas, lo que sugiere, a su vez, que hay margen de maniobra para mejorar en el control de las bajas, y que de este modo se podría ahorrar dinero público de la Seguridad Social que, a su vez, podría destinarse a pensiones, por ejemplo, o a reducir cotizaciones a las empresas.

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