Lecciones de ciencia para el "nuevo" presidente

garabatos-de-ciencia-y-biologia_23-2147501586Tras 300 y pico días, tenemos "nuevo" Presidente del Gobierno, D. Mariano Rajoy Brey, así que me ha parecido muy apropiado traer aquí un artículo recientemente publicado en Science y titulado "Lecciones de ciencia para el próximo presidente" (en inglés, gratis, aquí). No sé si el flamante presidente electo de Estados Unidos, Mr. Donald J. Trump, lo leerá, pero ciertamente debería (aquí nos contaron que es el enemigo número uno de la ciencia). ¿Y en España? Yo personalmente creo que también y, dado que el presidente es más aficionado a leer el Marca que Science, y dado que parece que el dominio del inglés no está entre sus habilidades (ejemplos, aquí), quizá me agradezca que comente aquí en román paladino el antedicho artículo. En él, los autores comienzan por presentar una serie de casos en los que varios presidentes de Estados Unidos tuvieron que tomar decisiones sobre asuntos muy científicos, y que tuvieron serias consecuencias. Ningún nuevo presidente espera tener que tomar decisiones sobre este tipo de cosas, pero al final, preparados para ello o no, se las acaban encontrando. Por eso en el artículo se ofrece un curso exprés sobre las seis cuestiones científicas importantes que más probablemente se acabe encontrando el nuevo presidente. Y seguramente no estará de más que el nuestro también esté al tanto, así que allá vamos con mi resumen/traducción libre del texto:

Patógenos resistentes a los antibióticos. La evolución, en la que tantos estadounidenses e incluso muchos de nuestros compatriotas no creen, ha dado lugar, ayudada por el mal uso y el abuso de los antibióticos y otros medicamentos,  a bacterias resistentes a los mismos y a virus capaces de saltar de unos organismos a otros. Sólo un ejemplo: la Organización Mundial de la Salud estima en 580.000 los casos de tuberculosis "resistente a todo" registrados en el mundo en 2015. Así las cosas, el nuevo presidente debe estar listo para abordar graves epidemias o incluso pandemias provocadas por estos simpáticos bichos, pero además tendría que empezar a pensar en fomentar la investigación en nuevos antibióticos. En España ya hemos tenido un primer aviso, de hecho el primer contagio de Ébola fuera de África, pero además el VIH todavía puede avanzar mucho, puesto que hay casos sin diagnosticar y cada vez es más difícil tratarlo.

La revolución de la manipulación genética. En los últimos años se ha desarrollado una nueva tecnología, CRISPR, que permite cortar genes, introducirlos en otros ADNs, mezclarlos y hacerles toda suerte de perrerías de manera fácil (bueno, si se tiene un laboratorio) y barata. El impacto de esta tecnología es enorme, ya que podría producir nuevos tratamientos para enfermedades genéticas, o mejoras en las cosechas o el ganado, pero también plantea grandes problemas éticos: se podrían modificar embriones humanos e incluso alterar el genoma de especies enteras llegando, si se desea, a hacerlas desaparecer, con consecuencias impredecibles. Es obvio que esto plantea la necesidad de regular lo que se puede y no se puede hacer con CRISPR (por ejemplo, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos dice que CRISPR no está contemplado en la actual regulación de modificación genética de cultivos). En España somos pioneros en esta técnica, muchos investigadores y laboratorios españoles la utilizan, y por tanto estamos metidos en el problema exactamente igual que los Estados Unidos.

El cambio climático y, en particular, la subida del nivel del mar. En los últimos 25 años el nivel medio del mar ha subido unos 15 cm, tanto por dilatación por calentamiento como por el deshielo, y se calcula que para final de este siglo habrá subido mdio metro. Sin embargo, este ascenso medio no es en absoluto representativo, y en algunos sitios sube mucho más que en otros debido a las corrientes marinas o a la geología regional. El artículo cita algunos ejemplos de la costa atlántica de Estados Unidos que podrían afectar tanto al agua potable como a los ecosistemas terrestres y marinos y, en definitiva, a un 40% de la población. Aplicado a España, no tengo ninguna referencia sobre el efecto del nivel del mar, pero está claro que estamos en grave riesgo de desertificación (mapa en el sitio web del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente). Es preciso pensar qué medidas vamos a tomar para prevenirlas, si se va a abandonar algunas zonas y concentrarse en otras, y cómo nos va a afectar. Y dado que es un problema causado por todos, también hay que trabajar en promover la actuación coordinada de todos los países, más allá de las buenas intenciones de la cumbre de París.

La salud mental. La verdad: no entendemos gran cosa de cómo funciona el cerebro. En los últimos años han comenzado grandes proyectos de investigación sobre el cerebro, como el Human Brain Project en Europa o la Brain Initiative en Estados Unidos.  El problema es que como no lo entendemos, sabemos también muy poco de cómo curar o siquiera paliar enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson. Y esto, además de dramático, es muy caro, lo cual es un serio problema en vista de nuestras dificultades presupuestarias. El dato de Estados Unidos es escalofriante: en 2025 habrá 7 millones de enfermos de Alzheimer, y tan solo este año el coste de tratar estas enfermedades mentales ha sido de 236 mil millones de dólares. En nuestro país, un estudio reciente encuentra que en 2010 nos gastamos 84 mil millones de euros, incluyendo no sólo tratamientos sino también costes sociales (por ejemplo, bajas laborales). La mayor esperanza de vida en España agrava este problema. No solo deberíamos trabajar en investigación, sino que deberíamos prepararnos para un gran incremento de los costes originados por estas enfermedades, sobrepuesto al puramente vegetativo de las pensiones.

Máquinas cada vez más listas. Después de muchos años de promesas, parece que esta vez sí, la inteligencia artificial despega. La potencia de cálculo, combinada con nuevos algoritmos y la disponibilidad de enormes cantidades de datos (Big Data) está permitiendo a los ordenadores tomar decisiones y aprender para el futuro. Un ordenador con un algoritmo de inteligencia artificial acaba de derrotar al campeón del mundo de Go. Todo esto está muy bien, y la inteligencia artificial se traduce en impactos sobre la sociedad en múltiples direcciones, que van desde los coches autónomos, pendientes de regulación pero ya prácticamente en la calle, hasta nuevos tratamientos médicos. Pero también traerá consecuencias menos positivas, como la sustitución de muchos trabajos humanos, o los problemas éticos y prácticos de las decisiones tomadas por máquinas. Así que en España hay que pensar en investigar en inteligencia artificial, so pena de quedarse los últimos en otro campo más, pero también en sus consecuencias, en como prevenirlas e incluso en anticiparlas: hay ya muchas empresas aquí usando esta tecnología para decidir sobre sus clientes o preparar productos, como se pudo ver por ejemplo en este reciente evento.

Pobre percepción del riesgo. Este tema encaja muy bien con muchos de los que se tratan en este blog desde el punto de vista de la economía del comportamiento (véase por ejemplo esta entrada de Pedro sobre el tema, o este otro post suyo). Cuando estamos ante una decisión que involucra un cierto grado de riesgo, lo estimamos muy mal: sobreestimamos los riesgos de desastres y ataques terroristas, enter otros, mientras que subestimamos el riesgo de morir de un ataque al corazón o de un accidente de coche. De los riesgos de las inversiones financieras, ya mejor no hablamos. Por otro lado, tampoco comprendemos bien las estadísticas cuando nos hablan de catástrofes como terremotos o la actual crisis de los refugiados. Así pues, es preciso ser cuidadoso y a la vez claro en comunicar riesgos a la población, pero incluso el presidente estará sometido a este tipo de percepción equivocada a la hora de tomar sus decisiones. En este caso, el desafío es entender bien el riesgo de los distintos problemas (entre los que se encuentran varios de los citados más arriba) y diseñar políticas de prevención adecuadas que incluyan una información veraz y útil para el público. En nuestro país, y con las perspectivas actuales sobre las pensiones y los riesgos que puede haber detrás, por ejemplo, es necesario abordar de frente este problema.

Hasta aquí, las lecciones que propone el artículo de Science para los nuevos presidentes. Por el momento, estamos donde estábamos, lo que, en un mundo como el que vivimos que evoluciona a toda velocidad a la vez que se tecnifica, quiere decir que estamos peor. El nuevo gobierno sigue sin contar con un Ministerio de Ciencia, y la ciencia sigue dependiendo orgánicamente del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. Como Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación repetirá Dña. Carmen Vela, cuya gestión no ha contado precisamente con el beneplácito de la comunidad investigadora. Que yo sepa, el presidente del gobierno no tiene nada parecido al Consejo Asesor del Presidente de los Estados Unidos sobre Ciencia y Tecnología. Tenemos una Agencia Estatal de Investigación que nació al final de la legislatura anterior con un retraso de varios años y unos planteamientos muy limitados y mediatizados por el poder político. Además, de los problemas antes mencionados, el gobierno ya ha dejado clara su posición no ratificando el Tratado de París e impidiendo la participación de diputados españoles en la reciente cumbre de Marrakech (decisión ligeramente maquillada luego al rectificar la Mesa del Congreso y enviar a dos diputados, uno del PP y otro del PSOE). El nombramiento de D. Álvaro Nadal para un Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital (como es nuevo, solo encuentro un link en inglés) tampoco augura nada nuevo en este sentido, vista su actitud sobre las energías renovables y el fracking (como conté hace meses, no tiene mucho sentido buscar nuevos combustibles fósiles cuando no podemos quemar ni siquiera una parte mínima de las reservas ya conocidas).

Sí, ya sé que hay que dar 100 días de cortesía al nuevo gobierno, y por eso he pensado que igual era buena idea comentar este artículo sobre ciencia para nuevos presidentes, no sé, por si todavía estamos a tiempo de enderezar el rumbo dentro de los tales 100 días. Creo que en cuanto el presidente vea los problemas científicos a los que se enfrenta y a los que nos enfrentamos, cambiará el rumbo de la ciencia en España. Que sí, ya lo verán.

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Anxo Sánchez es Doctor en Física Teórica y Matemática por la Universidad Complutense de Madrid y Catedrático de Matemática Aplicada en la Universidad Carlos III. Tras dedicar quince años a estudiar solitones, dispositivos semiconductores y crecimiento de materiales, en los últimos años sus áreas de investigación tienen que ver con las aplicaciones de herramientas físicas y matemáticas en campos que van desde la biología a la economía, casi siempre desde la perspectiva de los sistemas complejos.

Hay 7 comentarios
  • Estaría bien que los presidentes tuvieran buena formación científica, pero no me parece imprescindible: pueden hacerlo estupendamente si se rodean de buenos asesores.

    En cuanto a sus seis puntos, el primero me parece que no me está muy bien presentado. Mezcla cosas como la resistencia a los antibióticos con en enfermedades viricas. Y el ejemplo de la tuberculosis puede no ser muy representativo: los tratamientos son muy largos por lo que es mucho más fácil que haya individuos que interrumpan el tratamiento antes de tiempo.

    • Gracias, Coli. Estoy de acuerdo con ambos puntos. Claro que el presidente no tiene que saber ciencia a nivel experto pero sí debe asesorarse, por eso pongo el ejemplo de la oficina que asesora (ba) a Obama. En cuanto a los "bichos malvados" que nos acechan, hay muchos aspectos de este asunto que se escapan a lo que cabe en un párrafo (como en los otros cinco puntos), y tengo en mente desarrollarlo en un post específico, precisamente para explicarlo con más cuidado. A ver si saco el tiempo...

  • Gracias Anxo

    Gracias por llamarnos la atención sobre este trabajo y por tu comentarlo.... realmente son temas muy serios. No estamos preparados para lo que viene. Cruzaremos los dedos con el nuevo ministerio (o los nuevos ocupantes del viejo ministerio).

    Pablo

  • Un artículo muy interesante, como especie tenemos grandes desafíos por delante y mucho me temo que la vieja táctica de mirar a otro lugar esperando que se solucionen solos no funcionará. Y tampoco es seguro que, por mucho que se invierta en ello, la ciencia nos ofrezca siempre soluciones milagrosas a tiempo. Son problemas que quizás tengan solución, pero requiere voluntad política y que la gente sea conciente del problema, y es por eso que sus artículos me parecen tan importantes.

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