Ajustes fiscales y crecimiento económico en Europa I

Javier Andrés y Rafael Doménech

Este post es el primero de una miniserie -que continuará con otras dos entradas en breve- en la que se presenta un resumen de un trabajo más amplio en curso conjunto con Rafael Doménech sobre el multiplicador fiscal que completa algunas entradas anteriores de NeG. En la segunda entrega se discute el impacto que los recientes resultados de Blanchard y Leigh (2013) en su informe para el FMI, en el que encuentran que el efecto negativo de los ajustes fiscales tras la crisis puede haber sido mucho más contractivo de lo que se esperaba. En la última analizaremos la sensibilidad de estos resultados a la composición de la muestra tanto por países como por periodos de tiempo, para derivar algunas conclusiones para el diseño de la política fiscal en el futuro.

Uno de los temas más controvertidos desde el inicio de la crisis económica ha sido el efecto de las políticas fiscales sobre el crecimiento económico. A finales de 2008, la atención se centró en los efectos de las políticas expansivas que empezaron a llevarse a cabo para contener la fuerte caída de la actividad que se estaba produciendo en aquellos momentos. Desde 2010, el interés se ha desplazado justo en la dirección contraria: ante el riesgo de insostenibilidad fiscal al que se enfrentaban muchos países europeos, y que dio lugar a la crisis de deuda en Europa, las autoridades fiscales empezaron a llevar a cabo políticas de ajuste, con efectos contractivos sobre la actividad económica.

Los efectos estabilizadores de las políticas fiscales sobre el nivel de producción se miden habitualmente a través del multiplicador, que se define como la variación del PIB en términos relativos a la variación del déficit público debida a políticas discrecionales. Por discrecional se entiende aquella variación de los ingresos y gastos públicos consecuencia de una decisión de política económica discrecional, es decir, de una política fiscal activa, frente a la variación de los ingresos y gastos públicos resultado de los estabilizadores automáticos o política fiscal pasiva.

¿Por qué es importante que el multiplicador sea mayor o menor en una situación de ajuste fiscal como la actual? Si el multiplicador es muy elevado los efectos negativos de la austeridad sobre el PIB serán cuantitativamente importantes, lo que provocará una disminución de los ingresos por los estabilizadores automáticos, que podría llegar a ser en casos extremos incluso superior al ahorro público esperado ex–ante del ajuste. De hecho, algunos economistas –por ejemplo, DeLong y Summers, 2012- han llegado a defender que, en esas circunstancias, para que el déficit disminuya lo apropiado sería aumentar el gasto público –ver una discusión sobre este punto en este post reciente.

En la práctica, ¿cuál es el valor del multiplicador fiscal? Sobre este tema se han escrito ríos de tinta, y las posiciones entre algunas escuelas económicas están muy encontradas entre sí, como si se tratara de un dogma de fe. Para unos, que se identifican con las propuestas más keynesianas de utilizar lo más activamente posible las políticas de estímulo fiscal a corto plazo, el multiplicador excede 1,5. Para otros economistas, particularmente aquellos en la corriente de la supply-side view, el multiplicador es claramente inferior a la unidad a corto plazo en el mejor de los casos, e incluso negativo a largo plazo.

A modo de ejemplo de esta variedad en los valores de los multiplicadores fiscales, resulta ilustrativo mencionar dos posiciones opuestas sobre la política fiscal durante la reciente crisis económica, posiciones que además han tenido una gran influencia en las decisiones de política económica. En un extremo, la revisión de la literatura que realizó Alesina (2010), para la reunión del Ecofin de Abril de 2010, según la cual las consolidaciones fiscales pueden llegar a ser expansivas -es decir, un multiplicador fiscal negativo. En el otro, las lecciones que extrae Romer (2012), para quien los multiplicadores a corto plazo son positivos y cuantitativamente elevados, por lo que la política fiscal expansiva de EE.UU. durante la crisis -American Recovery and Reinvestment Act de 2009- ha tenido efectos estabilizadores importantes.

Una razón de estas posiciones tan encontradas en el valor del multiplicador fiscal es que su cuantificación a través del análisis de la evidencia empírica proporciona valores muy diversos. En primer lugar, porque es difícil aislar los efectos de las políticas de estímulo fiscal de otras perturbaciones que simultáneamente están afectando a la economía. Segundo, porque el valor del multiplicador depende de la composición de dicho estímulo  -qué parte es mediante aumento del gasto y qué parte reducción de impuestos- y de la características específicas de cada economía ante determinadas situaciones que son variables en el tiempo: el grado de apertura externa, el régimen del tipo de cambio, la respuesta de la política monetaria, la situación de estrés en la que se encuentren las cuentas públicas, el endeudamiento privado, la disponibilidad de crédito bancario, el nivel de endeudamiento externo, o si la medida de estímulo a corto se anuncia simultáneamente con medidas de consolidación a largo plazo.

Dos panorámicas recientes de la literatura se han ocupado de analizar la extraordinaria dispersión de valores de este multiplicador estimados en la literatura. Así Spilimbergo, Symansky y Schindler (2009) encuentran un rango de valores que va desde -1,5 hasta 5,2, si bien es muy raro encontrar multiplicadores superiores a 2. La línea del gráfico 1 -escala izquierda- representa la función de densidad de los 131 multiplicadores que aparecen en este estudio, cuya media es 0,54. Como puede observarse los valores más frecuentes son positivos aunque ligeramente inferiores a la media. Igualmente, Gechert y Will (2012) analizan una muestra más amplia de 89 estudios con la que realizan un meta-análisis de 754 multiplicadores fiscales, cuya distribución de frecuencias se representa a través de las barras del gráfico 1 -escala derecha. La media de estos multiplicadores se encuentra entre 0,5 y 1,0 dependiendo del instrumento fiscal utilizado y del método de estimación aunque los valores varían notablemente entre 2,82, que es el impacto máximo que se consigue con un aumento del gasto militar en modelos neo-keynesianos de equilibrio general cuando los tipos de interés alcanzan el límite cero, y un mínimo de -1,3 que se obtiene como respuesta a un aumento de las transferencias en un modelo de ciclo real en una economía muy abierta al exterior.  

GRA1

En base la evidencia que acaba de presentarse, antes de la crisis solía aceptarse comúnmente un multiplicador fiscal entre 0,5 y 1 –intervalo ligeramente inferior al que señala Ramey (2011) en una reciente panorámica sobre el efecto de incrementos del gasto público. Entre estos valores se encuentra por ejemplo el implícito en el modelo de equilibrio general REMS de Boscá, Doménech, Ferri y Varela (2011) para la economía española en el que el multiplicador del gasto es 1,0 en el primer trimestre y 0,52 para el conjunto del primer año.

La influencia de estos valores estimados en la elaboración de la política económica es muy notable como muestra la comparación entre los valores de los multiplicadores que el propio Fondo Monetario Internacional presenta en sus informes de 2010 y 2012. En concreto, en el en el World Economic Outlook de 2010 los investigadores del Fondo concluyen que el impacto de una consolidación fiscal de 1 punto porcentual del PIB puede tener un efecto positivo a largo plazo pero puede llegar a reducir el output a corto plazo entre 0,5 y 1 punto porcentual, en función de la reacción de la política monetaria y las exportaciones. Muchas de las predicciones recientes del FMI y de otros organismos sobre la evolución de las distintas economías en el actual contexto de consolidación presupuestaria se han basado en estos valores. Pero este efecto ha sido revisado recientemente al alza en el reciente WEO de octubre 2012 que plantea que la utilización de este valor en los ejercicios de simulación y predicción en su modelo GIMF (FMI, 2010) ha dado lugar a un error de predicción y que el multiplicador durante la recesión puede haber alcanzado un valor hasta dos veces superior. En los próximos post discutimos estos nuevos resultados y analizamos su relevancia para el actual escenario de consolidación fiscal.

Hay 13 comentarios
  • Mucho se ha hablado de multiplicadores del gasto público pero su significado sigue oscuro para quienes no han estudiado macroeconomía.

    La macroeconomía pretende explicar tendencias y variaciones sobre las tendencias de indicadores agregados de producto, ingreso y consumo de un país, mal integrado a la economía mundial. Los indicadores se toman de la contabilidad nacional. Digamos que inicialmente la economía consiste sólo de empresas privadas y familias. Ignorando las transferencias al exterior, PBI (= valor agregado durante año en consideración) igual al ingreso de familias (Y), e ignorando variaciones en activos y pasivos con el exterior, Y se gasta en consumo hoy CP(=C) o en consumo futuro o inversión I.

    Introducimos el Gobierno financiado con impuestos (=T) para comprar bienes a las empresas privadas --CG (C=CP+CG)-- o dar efectivo a las familias (TR). Sin otra fuente de financiamiento, TN=T-TR=CG y cuanto mayor CG, menor CP, pero C no cambia. Sí, los impuestos se pagan alegremente sin costo alguno y la redistribución de ingreso no se cuestiona. Pero si el Gobierno puede endeudarse o apropiarse del señoreaje, la situación cambia: el Gobierno compite con las familias por el producto (el endeudamiento es voluntario y la captura de señoreaje transforma el circulante en hot potato). Bajo extraordinaria circunstancias (no bien especificadas), estas dos formas de financiamiento pueden generar un uso más intensivo de los recursos y un mayor producto --este aumento del producto se atribuye al mayor gasto así financiado y se mide como un múltiplo del aumento del gasto. ¡Viva la magia!

      • KEyNES,

        Ni John M. K. --a pesar de la gran ayuda de John Hicks-- pudo hacer macro a partir de las cuentas nacionales de R. Stone y C. Clark, ni Milton F. pudo hacer una teoría monetaria a partir de una identidad contable formulada por Martin de Azpilcueta en 1556 (¡más de cuatro siglos!).

        Teorías basadas en agregados mal sumados y peor consolidados se hunden solas. Le agradeceré explique en detalle cómo la falacia de composición es pertinente a lo que yo dije en mi comentario

    • Quasimontoro
      Pues sí. A partir de las entidades parece magia, pero la macroeconomía además de identidades y definiciones tiene condiciones de (des)equilibrio y ecuaciones de comportamiento, que estoy seguro que conoces.
      Lamentablemente si consideramos todas estas condiciones adicionales el razonamiento macro ya no cabe en unas pocas líneas ni es tan simple como parece. Pero sabemos que bajo ciertas condiciones, no muy extremas por otra parte, eso que te parece magia no es tal, sino el resultado de gente razonable tomando decisiones en los mercados.
      Por lo menos esa es la macro que he aprendido y la que trato de transmitir.

      • Javier,

        El punto crítico para efectos de tu entrada es cómo se inserta el Gobierno en una economía privada. Bien podría ignorar las cuentas nacionales y partir con un análisis de equilibrio general de la economía privada, pero luego se me plantea el problema de cómo introducir el Gobierno en ese análisis --pero introducirlo en serio, no suponiendo un Gobierno a la Tinbergen (sí, se que le dieron el primer Premio Nobel por su contribución al análisis normativo de políticas económicas, pero fue en tiempos en que creíamos que la tierra era plana). Ese problema todavía no ha sido resuelto (y si estoy equivocado agradeceré urgente las referencias).

        Por el contrario, siguiendo el camino tradicional de la macro en base a agregados (que insisto están mal sumados y peor consolidados) y a suponer un Gobierno a la Tinbergen, mi larga carrera académica y profesional me ha convencido que podemos concluir lo que nos guste o se nos pida, como si fuéramos abogados.

        • Javier,

          Permíteme agregar un punto importante respecto al análisis del gobierno en la teoría macroeconómica. Cualquier simplificación analítica no puede ignorar tres fuentes distintas de financiamiento del gasto público: los impuestos presentes, los impuestos futuros (endeudamiento), y el señoreaje (fondos generados por el sistema de pagos). Se habla de déficit cuando los impuestos presentes son menores que el gasto del período bajo análisis (generalmente un año), pero la pregunta pertinente es la que en otro contexto se hicieron M&M y los llevó a postular la indiferencia entre deuda y capital propio en el financiamiento de las empresas.

          ¿Qué diferencia hacen el endeudamiento o el señoreaje? Barro y otros jugaron con la equivalencia ricardiana para argumentar la indiferencia entre ingresos presentes e ingresos futuros (muy M&M) y por siglos muchos han jugado con la neutralidad del dinero. Pero el mundo perfecto de la teoría, aquel en que muchas cosas se suponen iguales y otras terminan siendo iguales (fungibles en derecho o sustitutos perfectos en economía, requisito para agregaciones como lo dijo Hicks antes que yo naciera, pero error capital para un “hayekiano“) nos ayuda poco en entender las economías de mercado y nada en justificar un Gobierno a la Tinbergen. Sí, el teorema de M&M, la equivalencia ricardiana y la neutralidad del dinero de la teoría contradicen nuestras percepciones e intuiciones de las economías de mercado, pero esto no implica que cualquier supuesto que nos lleve a conclusiones que nieguen esas ideas es mejor --sólo es distinto.

  • Si prescindo del sector exterior... ¿ cómo se supone que financio el déficit ?
    1- Con más moneda.
    2- Suponiendo a su vez que el gasto público es tan tan rápido que inmediatamente genera C e I sin expulsar la inversión privada.
    3- Creando una teoría convincente que haga que la gente crea que incrementando el gasto público se crece y, de ese modo, genero expectativas ex nihilo.

    Me quedo con Hayek y Buchanan de largo.

    • Hay quien se queda con Hayek y hay quien se queda con Keynes, ambos excelentes economistas. Pero la cuestión aquí es lo que dice la evidencia empírica.

      • Pues del articulo lo que se deduce es que la evidencia empirica no dice nada concluyente. Asi que volvemos al principio y elegimos al economista con el que no sintamos mas comodos.... oye, hay gente que se queda con Marx (espero que Groucho)

        • Peter
          Que no dé un número válido para cualquier situación y tipo de estímulo no quiere decir que no diga nada. Malo sería que obtuviéramos un resultado de este tipo, cuando sabemos que las condiciones económicas determinan los resultados de cualquier tipo de política.
          La conclusión que cabe obtener es que los gobiernos no pueden aplicar mecánicamente estas políticas sino que deben elegir con mucho cuidado el momento, la forma y la intensidad de los estímulos. Y luego monitorizar los resultados por si se desvían para mal de los esperados.

          • Es que en ningun momento yo he dicho que no dijera nada. He dicho que no dice nada concluyente, al menos tras leer el articulo, los papers en que se basa, e incluso mirando la grafica. Si no sabes que tipo de estimulo tienes que aplicar, en que momento, y en que forma, pues lo que tienes es algo que no es concluyente, nada mas.

            Da igual que uno pueda pensar que en el proceso de agregacion de las actuaciones de los agentes se produzcan fenomenos emergentes que impliquen la existencia de multiplicadores, o sencillamente que no sepamos como agregar sin mas dichas actuaciones sin caer en un error (que no falacia) de composicion. El caso es que si no hay una forma clara y concreta de realizar dichas politicas, y de medirlas para comprobar su eficacia en el largo plazo, seguiran pareciendo trucos contables mas que generaciones de riqueza "ex nihilo".

  • En mi opinión, la discusión está afectada por el supuesto típico de la macroeconomía estándar de la existencia de agentes representativos. Bajo este supuesto tiene sentido hablar de gastos e ingresos públicos de forma unitaria y comparar directamente los resultados obtenidos por países y periodos.
    Sin embargo, ¿alguien puede creer realmente que tiene el mismo efecto multiplicador la mejora de las aceras de toda la nación que la inversión en educación o la creación de un sistema de distribución eléctrica de alta tensión?¿Es lo mismo elevar el IVA que el IAE?
    Parece claro que es posible encontrar actuaciones públicas con todo tipo de multiplicadores. La clave está en la elección de las medidas, pero para eso necesitamos de modelos válidos.

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