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Micromachismos

IMG_9596Wikipedia define micromachismo como “una práctica de violencia en la vida cotidiana que sería tan sutil que pasaría desapercibida pero que reflejaría y perpetuaría las actitudes machistas y la desigualdad de las mujeres respecto a los varones.” Esta práctica ha recibido mucha atención mediática en nuestro país en los últimos tiempos (ver aquí  y aquí). Además, el tema se ha vuelto tan viral que nuestro gobierno ha prometido intervenir al respecto (ver aquí).

Para entender mejor de qué se trata, menciono algunos ejemplos: 1. Cuando un chico y una chica piden refresco y cerveza en un bar y el camarero que trae el pedido pone el refresco a la chica y la cerveza al chico. 2. El hecho de que la prensa hable del vestido de las políticas pero no de los políticos. 3. El que el cambiador de bebés esté dentro del baño de mujeres. 4. De mi propia experiencia: Decir que trabajas en un centro de investigación y que te pregunten si eres la secretaria. 5. Cuando hay un caso de violencia sexual y la prensa habla de cómo la victima iba vestida. 6. Cuando una mujer lleva su coche a arreglar y no le explican nada de lo que piensan hacer o incluso le cobran más.  Podéis encontrar más ejemplos en este link.

La discriminación de género o machismo es claramente un asunto que atañe a los economistas, no sólo por una cuestión de justicia social (argumento del que se ocupan más otras disciplinas) si no también porque genera ineficiencias. Por ejemplo, cuando una mujer es más productiva que un hombre pero terminan contratando al hombre para un cierto puesto de trabajo. Lo que no está tan claro es que debamos preocuparnos por los micromachismos. Éstos últimos serán interesantes en la medida en que nos "enseñen" algo sobre el machismo subyacente o tengan influencia sobre este machismo de modo que interviniendo sobre el micromachismo obtenemos un efecto sobre el machismo asociado. Yo no conozco ningún estudio económico que aborde esta específica cuestión, pero los economistas sí hemos dedicado esfuerzos a explicar el origen del machismo y analizar sus consecuencias. Los modelos que hemos usado para analizar el machismo pueden ayudarnos a clasificar los distintos tipos de “micromachismos”, y entender si se trata de prácticas que reflejan el machismo (en cuyo caso la intervención pública debería centrarse en el machismo subyacente en lugar del micromachismo en sí) o de prácticas que perpetúan el machismo (y, por tanto, la intervención pública en el micromachismo podría estar justificada).

La literatura económica sobre discriminación nació con el libro “La Economía de la Discriminación” de Gary Becker en 1975. Desde entonces han prevalecido dos tipos de modelos: modelos basados en preferencias (o prejuicios) y modelos de “discriminación estadística”. En ambos casos, se considera que hay discriminación cuando los miembros de un grupo son tratados de modo más desfavorable que otro grupo con idénticas características, pero los motivos de este trato diferencial son distintos en un caso y en otro. La discriminación por preferencias fue explicada por primera vez usando el mercado de trabajo: los empleadores sufren un coste por dar trabajo a las mujeres porque sus preferencias son tales que les gusta estar rodeados de hombres. Por ello, las mujeres que quieran ser contratadas tendrán que compensarlos trabajando más por el mismo salario o aceptando un salario más bajo por el mismo trabajo.

Sin embargo, la mayor parte del análisis económico de la discriminación desde Phelps (1972) y Arrow (1973) se ha centrado en la teoría de la discriminación estadística. La idea es que cuando existe poca información sobre ciertas características relevantes de los individuos, las personas toman decisiones asignando la característica media del grupo a todos los individuos de ese grupo. Por ejemplo, en el caso de la selección en el mercado de trabajo, los empleadores no pueden saber la cantidad de horas extras que decidirá trabajar la persona una vez contratada, pero considera que las mujeres que solicitan un puesto de trabajo harán tantas horas extra como la media de mujeres. En el primer caso, la discriminación se podría combatir únicamente con campañas para cambiar las preferencias de los individuos (cosa bastante complicada). En el segundo caso, la discriminación se puede resolver incentivando que se revele información sobre las características necesarias para la toma de decisiones.

Vuelvo a los ejemplos anteriores para determinar si se trata de micromachismos (perpetuaciones de un machismo subyacente) y si es así, qué modelo económico los explica.

  1. 1. Cuando un chicho y una chica piden refresco y cerveza en un bar y el camarero que trae el pedido pone el refresco a la chica y la cerveza al chico. Si consideramos que tanto el chico como la chica sufren el coste de la confusión de bebidas, es decir, el tener que intercambiarlas en la mesa, no se trataría de un machismo. Este trato podría explicarse fácilmente por la discriminación estadística, ya que el camarero observa empíricamente que es más común que el chico pida la cerveza. En este caso la solución podría ser explicar al camarero que es importante que pida información sobre quién ha pedido qué antes de colocar el pedido en la mesa.
  2. 2. El hecho de que la prensa hable del vestido de las políticas pero no de los políticos. En este caso existe una situación de discriminación si las políticas sufren un trato desfavorable en el sentido de que se resta importancia a su faceta profesional y se las valora por aspectos que ellas no desearían. Este fenómeno parece tener su origen prevalentemente en el hecho de que la sociedad no se siente “cómoda” con la idea de la mujer en política y por tanto tiende a infravalorar su trabajo. Parece una cuestión de discriminación por preferencias (los periodistas recogen el sentir de una parte de la población a la que no gusta ver a la mujer en política) y por tanto, mucho más difícil de resolver con políticas lanzadas desde las instituciones. Existe una literatura económica que muestra el efecto de la identidad entendida como las creencias sobre cómo una persona se debe comportar en función de su grupo social influyen en los comportamientos y las elecciones individuales (Akerlof and Kranton, 2000). Por tanto, para alterar estos comportamientos habría que cambiar dichas creencias para que las mujeres puedan ser vistas con normalidad en cualquier profesión. Para ello pueden ser útiles los modelos a seguir, es decir que las niñas y los niños empiecen a ver mujeres en todas las profesiones.
  3. 3. El que el cambiador de bebés esté dentro del baño de mujeres. En este caso sin duda existe discriminación, si suponemos (lo que resulta bastante creíble) que a nadie le gusta cambiar pañales. Se está imponiendo un coste a las madres que no se impone a los padres. Se trataría de un micromachismo que refleja y perpetúa modelos de comportamiento "tradicionales” dentro del hogar. Por un lado, se podría explicar por discriminación estadística, dado que si el cambiador de bebés estuviese en un lugar neutro, las madres serían las usuarias en la mayoría de los casos. Por otro, podemos pensar que la sociedad tiene preferencias sobre observar ciertos comportamientos de parte de las madres. En este caso, las autoridades podrían usar su poder coercitivo para prohibir o desanimar el que se coloque el cambiador dentro del baño de mujeres e implementar así un modelo que cambie  las preferencias de las futuras generaciones.
  4. 4. De mi propia experiencia: Decir que trabajas en un centro de investigación y que te pregunten si eres la secretaria. Obviamente no tiene nada de malo ser secretaria, pero la profesión tiene menos prestigio social que la de profesor (hay información sobre los distintos rankings de prestigio social de las ocupaciones aquí). Otros ejemplo bastante común de este tipo de prácticas es cuando se conoce a una persona en un congreso o evento profesional y ésta da por sentado que eres estudiante o junior por el hecho de ser mujer. Sin duda estamos ante un caso que se puede explicar fácilmente por discriminación estadística, y que puede ser resuelto con conciencia social sobre la necesidad de atender a los casos individuales (pedir información a cada individuo concreto) en lugar de a los prejuicios sobre las profesiones.
  5. 5. Cuando hay un caso de violencia sexual, se habla de cómo la victima iba vestida. Se trata de un caso de criminalización de la víctima que obviamente impone un coste en un género y no en el otro. Este fenómeno es explicable sólo por una cuestión de preferencias, en el que las mujeres son vistas como objeto del deseo de los hombres en lugar de individuos completamente libres. El hecho de que los ciudadanos señalen como inapropiados este tipo de contenidos en la prensa puede hacer a los editores de los medios de comunicación y periodistas evitar este tipo de comentarios. De este modo esta imagen de la mujer no llegaría a las futuras generaciones, que crecerían con otro tipo de preferencias.
  6. 6. Cuando una mujer lleva su coche a arreglar y no le explican nada de lo que piensan hacer o incluso le cobran más. En este caso el coste infligido al bolsillo de la mujer puede ser considerable. La reparación de los coches es un claro caso de información asimétrica donde un mecánico puede cargar un sobreprecio cuando el cliente no conoce el verdadero coste o naturaleza de la reparación. La discriminación estadística nos diría que las mujeres tienden a ignorar estos aspectos en mayor medida y algunos mecánicos usan esto para inferir que podrán aprovecharse de la  mujer que tienen delante. En este caso, la solución podría ser establecer mecanismos que obliguen al mecánico a revelar información.

En general, observamos que la teoría económica nos indica que muchos de los hechos cotidianos que vivimos “reflejan y perpetúan” la discriminación de género. En la mayor parte de los casos hay espacio potencial para la intervención pública. Además, a nivel individual sigue valiendo el principio de “la información es poder”.

Referencia:

Akerlof, George A., and Rachel E. Kranton. "Economics and identity." The Quarterly Journal of Economics 115.3 (2000): 715-753.