Una nueva lectura de Adam Smith

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De Carlos Martínez Gorriarán

Adam Smith es considerado el padre del pensamiento económico moderno, pero su pensamiento aún es más interesante. Hace poco me vi envuelto en Twitter en un ácido intercambio sobre política y economía donde algunos sedicentes liberales invocaron el nombre de Adam Smith en vano. Respondí con un hilo de Twitter sobre el gran pensador escocés que amplío en este post. Schumpeter objetó que su obra económica incluía pocas ideas originales e incluso que estaba más atrasada que las de algunos antecesores, pero también que Smith escribió la síntesis que la época necesitaba. Creo necesaria una lectura más amplia que la puramente económica para entender por qué fue uno de los filósofos más originales y profundos de la Ilustración y, sobre todo, por qué sus ideas seminales siguen vivas, capaces de suscitar controversias iluminadoras.

Adam Smith inició la investigación que iba a producir su obra económica clásica por un punto un tanto sorprendente: la filosofía moral. Su Teoría de los sentimientos morales, publicada en 1759, fundamenta el hoy mucho más famoso La riqueza de las naciones, de 1776, obra que tuvo enseguida un gran impacto en Europa, con numerosas traducciones a las principales lenguas nacionales; la primera española, de un resumen parcial de Condorcet, data de 1792.

El brillo de las ideas de Smith sobre el origen de la riqueza, con el papel motor de la división del trabajo en la célebre fábrica de alfileres, el mercado y su famosa “mano invisible”, los tipos de valor de cambio y de uso, el rechazo del colonialismo y de la concepción mercantilista del comercio como un juego de suma cero, etc., explican el relativo eclipse posterior de su filosofía moral, nacida del prolongado debate con su amigo David Hume, como explica Rasmussen en un interesante libro. Pero la economía liberal de Adam Smith no se comprende adecuadamente sin entender su visión previa de la naturaleza moral, actualizada hoy por las ciencias cognitivas.

Las ciencias cognitivas forman un archipiélago que incluye neurociencia, psicología evolutiva, filosofía de la mente y otras disciplinas. Han dado la vuelta a la concepción intelectual y dualista de la naturaleza humana dominante desde Platón y reelaborada por los racionalistas e idealistas modernos, como Descartes, Spinoza, Kant y Hegel. Muy brevemente, esa concepción sostiene que los seres humanos somos un compuesto de cuerpo y alma racional (o espíritu, conciencia, mente o como queramos llamarlo); la razón debe controlar y someter las pasiones, instintos y necesidades corporales irracionales causantes de todo tipo de problemas, pues la razón es la principal fuente del conocimiento.

El modo cognitivo de comprendernos es bastante diferente: no somos tanto seres racionales afectados por pasiones e instintos irracionales que debemos domar, como seres emocionales dotados de razón: las ideas forman el final de una cadena iniciada por las sensaciones y seguida por emociones y sentimientos, sin las cuales no hay conocimiento ninguno. Lo explica muy bien en esta entrevista el neurocientífico Antonio Damasio. Así pues no somos seres duales, sino unitarios y (más o menos) coherentes: no hay frontera entre mente y cuerpo, ni entre las emociones y sentimientos y la razón. Hay un continuum, aunque (por motivos que no puedo explicar aquí) nos imaginemos (más o menos) como mentes o conciencias alojadas en cuerpos.

No hay economía sin naturaleza moral

Tal continuidad implica no sólo que el pensamiento racional está inevitablemente fundado en sentimientos y emociones, sino que todas las acciones típicamente humanas tienen continuidad y coherencia. Por ejemplo, la moral y la economía, como propuso y sostuvo Adam Smith. Podría decirse que somos seres económicos porque somos seres morales o sociales. Un punto de vista revolucionario contra dos mil años de tradiciones filosóficas y religiosas partidarias de que la economía es algo inmoral o amoral, como siguen pensando no sólo los altermundistas e izquierdistas, sino algunos que se consideran herederos de Adam Smith y creen, equivocadamente, que debemos separar la economía de los asuntos morales en su más amplio sentido ilustrado (que incluye el bienestar psicológico y político).

El acertado punto de vista de Adam Smith sostiene en cambio que la comprensión de la economía exige la correcta comprensión de la naturaleza moral. La razón es que la actividad económica se basa en los mismos principios instintivos, naturales, que la conducta ética y social.

Smith llegó a la conclusión de que el motor principal de la moralidad es lo que llamó “simpatía”, equivalente a la empatía actual. Y acertaba de pleno: hoy sabemos que el altruismo, la compasión y la cooperación, pero también la competencia, la rivalidad y la agresión, derivan de la empatía, firmemente anclada en nuestro equipamiento neurológico innato (como explica este artículo). Impresiona que Adam Smith, basándose únicamente en la observación y la reflexión, llegara a la conclusión, nada obvia, de que su simpatía fundamenta la conducta  moral y social, y también la actividad económica. Así, la división del trabajo, motor de la economía, es “consecuencia necesaria” de la dependencia social, con “la propensión a trocar, permutar y cambiar una cosa por otra”, y “consecuencia necesaria de las facultades de la razón y el lenguaje” (La Riqueza de las naciones, I, 2).

El caso es que Jean Jacques Rousseau, con su teoría de la maldad de la sociedad y de la cultura (y de la economía), enemigas de la bondad humana natural, teoría equivocada y peligrosa, influyó mucho más que Adam Smith en la corriente principal de las ciencias sociales y de la filosofía. De un modo bastante contradictorio Smith se convirtió en el lúgubre profeta de algo llamado “el capitalismo”, y Rousseau de las utopías encantadoras más o menos socialistas. El divorcio rousseauniano entre moralidad y economía estuvo en la raíz de esta inversión del sentido de las ideas del escocés que encontramos, por ejemplo, en Karl Marx.

Procesos creativos: la economía como sistema emergente

Contra lo que defendía Rousseau, la producción y el comercio de bienes no son vicios artificiales derivados de la maldad social. Al contrario, el enriquecimiento material forma parte del enriquecimiento moral y cultural; todo constituye el mismo proceso.

La genialidad de Smith brilla especialmente al enfocar el mercado no como una institución, sino como un proceso. El mercado se mueve por la acción de una “mano invisible”, metáfora del hecho de que el mercado no surge de una decisión centralizada aunque esté regulado por leyes y normas, sino de la interacción espontánea de multitud de acciones particulares de intercambio y producción, oferta y demanda de bienes.

La economía es, como muchos fenómenos naturales y sociales, un sistema emergente –este libro de Steven Johnson explica la idea- y creativo. También implica que su evolución es difícil de prever e imposible de planificar por una autoridad central determinada, razón de que el librecambismo sea superior al proteccionismo, la libertad mejor que el imperialismo colonial, y la igualdad de oportunidades mucho más valiosa que los oligopolios. Si un gobierno o un oligopolio limitan en exceso la creativa espontaneidad de la actividad económica, lo único que consiguen es reducir la economía y perjudicar a la sociedad. Esta es, por cierto, la explicación teorética del fracaso inevitable de los experimentos socialistas –el último y catastrófico, el de Venezuela- que pretenden sustituir la espontaneidad por la planificación autoritaria y los fenómenos emergentes por el determinismo.

La estrecha relación entre moral y economía que descubre Adam Smith va aún más lejos. La importancia capital de la división del trabajo exige comprender los posibles efectos perversos que puede tener en la calidad de vida del trabajador industrial. El trabajo fraccionado en operaciones mecánicas y repetitivas es, en efecto, rentable pero alienante. Diríamos que es un gran negocio para la industria pero una mala inversión en términos morales: ninguna sociedad se beneficia de que los trabajadores manuales padezcan una existencia frustrante y embrutecida, como comenzaba a ser evidente en la Gran Bretaña del inicio de la revolución industrial, con su corolario de miseria, analfabetismo, alcoholismo, epidemias y otras lacras. Una sociedad desmoralizada es una sociedad económicamente atrasada.

Por eso el Estado debe facilitar la libertad económica y la expansión de los mercados, del comercio y la industria, pero también, sostiene Smith, y como parte del proceso de enriquecimiento de las naciones, debe facilitar la extensión de la educación, la igualdad de oportunidades y el cuidado moral de la calidad de vida de las personas, para rectificar los inconvenientes sociales de la actividad económica libre. Como puede verse, el considerado padre del liberalismo económico lo fue también del estado de bienestar más bien atribuido a la socialdemocracia. Adam Smith no sólo quedó fascinado por cierto taller industrial de alfileres, también profundizó como pocos en las consecuencias económicas de la naturaleza innata de los seres humanos, con su doble necesidad complementaria de libertad de acción y de protección social, derivada de la continuidad entre emociones, sentimientos y racionalidad. Hoy el mundo es muy diferente al de 1776, pero afrontamos nuevos desafíos –de las migraciones huyendo de la pobreza a la desaparición de los empleos tradicionales- a los que una lectura creativa de Adam Smith tiene aún mucho que ofrecer.

Hay 25 comentarios
  • Wonder Woman lo resumió bien antes de comenzar la batalla final contra su medio-hermano Ares, ambos hijos de Zeus,

    "Los humanos son todo eso, pero mucho más que eso"

    • Un post muy interesante excepto por los dos últimos párrafos. La parte interesante va mucho más allá de lo que Adam Smith haya pensado y escrito. Esa parte tiene que ver con el resumen de Wonder Woman porque todavía hoy seguimos intentando entender nuestra naturaleza --esa que nos hace a todos miembros de una misma especie-- y nuestras diferencias, esa gran diversidad reconocida por muchos antes y después de Adam Smith. Por esa parte agradezco al autor.

      Los dos últimos párrafos no se siguen de lo anterior y no pasan de un intento simplista de aprovechar "la autoridad de los grandes pensadores" para vender ideas muy cuestionables. En este caso ideas que requieren un análisis histórico que no se ha hecho y que difícilmente alguien, algún día, haga.

      • Enrique, un libro reciente desvela muchas cosas del penúltimo párrafo!: "Trabajos de Mierda", de David Graeber. Se animan los editores a reseñarlo?

        • Gracias por la referencia. Sí, conozco el libro de David Graeber, menos exitoso que su anterior sobre Deuda pero no menos equivocado —en realidad, más equivocado porque se definición de “bullshit jobs” es ejemplo de la eterna búsqueda de “colectivos de oprimidos” para un propósito personal del autor. Las “restricciones” a mis comentarios me obligan a ser breve. Graeber ignora el análisis económico que reconoce al trabajo, es decir, al esfuerzo para ganarse la vida, como un costo que debe minimizarse por exigir tiempo que podría dedicarse al ocio (potencialmente un beneficio). Hoy muchos pueden reducir ese costo dedicándose a tareas bien remuneradas (determinantes de su capacidad de consumo) y que además le satisfacen demandas específicas, y más importante su número sigue aumentando —o sea, Graeber también ignora la evidencia histórica.

          Si usted conoce profesora o profesor que use el libro de Graeber, le agradeceré me lo haga saber para tratar de entender por qué lo hace (le recuerdo que hasta los dos reviews en The Guardian fueron negativos).

          • Hola Enrique! Si no has leído el libro ni proporcionas un link concreto que elabore una posición, tu respuesta coercitivamente breve es muy decepcionante, es cierto. Lo del "profesor que aconseje el libro" me parece muy divertido viniendo de ti, la verdad. Qué quieres decir exactamente?

          • Enrique:

            El libro de Graeber aborda un tema apasionante que exige un análisis muy cuidadoso, análisis que quizá no se ha hecho nunca y, desde luego, no lo han hecho los economistas. ¿Es el trabajo, como usted sostiene, un costo? ¿O bien, por el contrario, es un fin en sí mismo, en el sentido de que el ser humano desea producir algo ("lo que sea"), por puro amor a producir, y se siente mal cuando no lo hace? Si lo segundo es cierto, como creo que ocurre, entonces es explicable la existencia de trabajos que desde una perspectiva "racional" son absurdos o fútiles ("de mierda" es una mala traducción). Y, de hecho, esos trabajos existen, como observa cualquiera que tenga ojos para ver. (Tampoco sería la primera vez, dicho sea de paso, que la teoría económica niega la existencia de algo que a todas luces existe.)

            En cualquier caso, la medida de la renta debería incluir tanto ese costo (renta negativa) como ese deseo satisfecho (renta positiva). La econometría vigente no hace ni lo uno ni lo otro. Sencillamente, el tema le resbala.

            Es razonable pensar que el efecto no es un término constante, sino que depende del individuo (por su forma de ser y condiciones personales). O sea, que será positivo (bienestar) para algunas personas, y negativo (costo) para otras. Todo esto es demasiado sutil para la teoría ortodoxa.

            Por su formación y trayectoria, le resultará extraño lo que estoy diciendo. No le pido que me dé la razón, sino solo que se esfuerce en comprender mi punto de vista.

            • Como todo el mundo, los economistas se ganan el pan de cada día con su esfuerzo, es decir, trabajando (bajo arreglos contractuales variados que aquí no interesan). He trabajado 50 años (1957-2006) --antes, durante y después de estudiar Economía-- y desde mediados de 2006 me dedico a hacer lo que más me gusta porque ahorré lo suficiente para no tener que trabajar más. Mi experiencia es la misma que la de muchos colegas economistas, aunque las diferencias luego de nuestro retiro pueden ser grandes principalmente porque nuestras vocaciones son distintas.

              Si alguien quiere llamar trabajo a la vocación pues que lo haga pero que reconozca que su teoría sobre "bullshit jobs" en realidad es una vulgar teoría sobre "vocaciones frustradas". Nunca antes en la historia de la humanidad, tantos hemos tenido la oportunidad de dedicarnos solo a nuestra vocación en algún momento de nuestras vidas.

              Nota: Usted no conoce mi formación y no debiera hacer inferencias a partir de lo que no conoce. En todo caso, mi formación no se limita a Economía.

              Nota 2: Ninguna teoría niega lo que ha excluido. Toda teoría es abstracción y excluye lo que existe pero no considera relevante.

              • Enrique:

                Confieso que la primera parte de su respuesta me resulta un poco críptica. En todo caso, ese "que se fastidien" aplicado a quienes no lograron cumplir una vocación no parece muy digno de una ciencia aplicada, ¿no le parece? Imagine que lo único que la medicina pudiera decir a quienes sufren enfermedades fuera: ¡que se fastidien!

                Por lo que respecta a la exclusión de lo que no se considera relevante: le felicito, pues ha descrito usted el problema con una precisión que estaba fuera de mi alcance.

                En efecto, a la economía ortodoxa no le parece relevante que la gente trabaje o no en cosas que le gustan, o que el trabajo pueda ser un fin en sí mismo, es decir, no un "factor", sino un "producto".

                Por eso no me gusta la economía ortodoxa, y por eso no me parece nada mal que los sociólogos, psicólogos o antropólogos (como Graeber) entren en el terreno de la economía y aporten criterios de relevancia científicos y no arbitrarios.

          • Enrique, el libro de Graeber incluye una interesante discusión histórica. Puedes proporcionar alguna evidencia histórica o de cualquier tipo (además de la de tus amigos economistas jubilados) que respalde esto que dices?: "Nunca antes en la historia de la humanidad, tantos hemos tenido la oportunidad de dedicarnos solo a nuestra vocación en algún momento de nuestras vida". De hecho, antes habías dicho que estas ideas "requieren un análisis histórico que no se ha hecho y que difícilmente alguien, algún día, haga". No es una contradicción? Por otra parte, a Tyler Cowen le gustan los libros de Graeber! Y ése es profesor universitario de economía, no?

            • En Marginal Revolución (lo leo diariamente desde hace muchos años), Tyler cuenta las muchas cosas que le gustan —en particular la comida— algunas de las cuales tienen que ver con Economía. Si busca David Graeber en MR encuentra este listado

              https://marginalrevolution.com/?s=david+graeber

              Yo no escribo diariamente y no tengo ningún interés en agradar a nadie para que me lea. Tyler encontró su “ventaja comparativa” en lo que yo llamo “lanzar ideas” sobre cualquier tema para molestar a los que quieren decir algo sabiendo poco o nada, lo que queda demostrado por cómo han ido cambiando los “comentaristas” de MR. En todo caso, Alex Tabarrok (el otro de MR) no tiene buena impresión de Graeber.

              Respecto a la evidencia histórica que me pide, por favor lea bien lo que escribí. Hablo de oportunidad, algo que no se puede observar. Pero he vivido y recorrido el mundo lo suficiente como para darme cuenta que hoy el número absoluto de mayores de 65 años es por lejos más alto que nunca y que buena parte de estos mayores tienen las capacidades para dedicarse a su vocación, cualquiera sea (y eso sin contar que el número absoluto de menores de 65 años que hoy tienen esa oportunidad también es mayor que nunca). La demografía y la riqueza fundamentan mi afirmación.

              • Conozco la crítica de Tabarrok a Graeber (por cierto, Tabarrok usa a Adam Smith para criticar a Graber, espero que esto salve a este comentario del carácter de "marginal") y ha sido justamente ridiculizada por simplista, un poco en mi opinión como tu caracterización del trabajo asalariado como un proceso de "toma de decisiones" basado en un análisis coste-beneficio.

                Creo que confundes "nunca en la historia" con "nunca en tu vida". El análisis histórico de Graeber del trabajo asalariado empieza en la Edad Media, así que por muy mayor que seas te quedas corto. Nassim Taleb (me encantaría saber qué piensas sobre él) afirma que el trabajo asalariado es similar (y en algunos aspectos peor) que la esclavitud en Roma. Es este tipo de comparación histórica de la que te hablo, mucho más interesante que tu experiencia personal. Decir que es algo "inobservable" en mi opinión es pereza intelectual.

                Finalmente, hace tiempo te pregunté algo pero no me contestaste, y lo cierto es que tengo cierta curiosidad (tus -ciertamente desconcertantes, como dice J. de B.- pildoritas autobiográficas han conseguido despertar mi interés). Cuál es la pregunta de investigación que guía tu trabajo desde 2006? Saludos!

  • Me uno a la felicitación. Excelente.
    Recordar que las bases del actual Estado de Bienestar se deben a un liberal, William Beveridge , que por cierto visitó España en los cuarenta para asesorar al franquismo en política social.
    Recomiendo la lectura de sus papeles, la reflexión filosófica y moral sobre la mejor manera de combatir los Five Giants

  • Entraba a cuchillo pero la verdad que es un gran artículo.
    Discrepo con el enunciado. Padre de su fundamento teórico inicial (o sintetizador) vale. Consideraría padre material primigeneo al Canciller de Hierro Bismarck, tras romper con los liberales y bloquear a los socialdemocratas. De ahí la analogía con los socialismos democráticos ortodoxos (concentrados en los partidos socialdemócratas clásicos y con exclusividad desde 1917). Por no hablar del liberal Beveridge, el cual tuvo mucho apoyo por parte de los fabianos (un tipo de socialismo democrático) y el socialista Bernstein.
    Por esto, el desarrollo del mismo también está muy ligado a los socialdemócratas clásicos. No diría mal atribuido. Sin ellos, su materialización moderna sería tardía.

  • Hay otra visión de la mano invisible.
    No es por la bondad del carnicero....,resulta que el ser humano, en su búsquedadd su interés personal beneficia al prójimo y por ende a la sociedad. Esa es la mano invisible, no se busca el fin perseguido, se busca otro fin, la propia satisfacción, oero sucede que además, sin intención, como producto de una mano invisible se beneficia a la sociedad.
    Además se puede añadir, que para que se produzca el intercambio se ha de renunciar a algún porcentaje de nuestra propia satisfacción.
    Y también se puede resaltar, en otro ámbito, el tremendo error en su teoría sobre el valor, que por desgracia sirvió a Marx para fundamentar su teoría sobre la explotación, y que luego corrigieron Menger, Walrras y Llevons.

    • Quise poner, no se busca el fin conseguido, que es la satisfacción del otro, y añado que para que el intercambio se produzca ambas partes deben resultar beneficiadas, de igual forma que no se trata de un intercambio simétrico, nadie intercambia un dolar por un dolar, cuanto más dispares sean las preferencias de los agentes por lo que la otra parte les ofrezca, el intercambio podrá ser más satifactorio y de mayor intensidad.
      Y añado, olvidé felicitar al autor por lo que me parece una muy buena síntesis de esta faceta de Adam Smith.

  • Me pregunto si Damasio sabe qué es neurociencia, y si lo sabe alguien. Dado que nuestro conocimiento de cómo funciona el cerebro es muy escaso (no sabemos, por ejemplo, qué es el sueño y por qué necesitamos dormir), no parece haber justificación alguna, más allá de la meramente propagandística, para acuñar el término "neurociencia" cuando ya existía "neurología" con el significado de "estudio del sistema nervioso en su aspecto somático". ¿Llamaremos también ahora "ornitociencia" a la ornitología, para darle empaque?

    Y es que lo propagandístico tiene un peso muy importante en este tipo de discursos. Con ese "ayer no sabíamos, pero hoy sabemos" se busca embaucar a lectores poco formados y convencerlos de las bondades de un programa ideológico muy concreto. Así, la refutación que se hace hoy del dualismo desde ciertas tribunas (véase Damasio o Pinker) es de un simplismo que pone los pelos de punta.

    Dos ejemplos (no hay espacio aquí para más):

    "la economía es algo inmoral o amoral, como siguen pensando no sólo los altermundistas e izquierdistas (...)"

    "las pasiones, instintos y necesidades corporales irracionales causantes de todo tipo de problemas" (¿se puede poner esto, en serio, pero en serio, en boca de Kant o Hegel?)

    • "hoy sabemos que el altruismo, la compasión y la cooperación, pero también la competencia, la rivalidad y la agresión, derivan de la empatía, firmemente anclada en nuestro equipamiento neurológico innato (como explica este artículo)". En el artículo que cita Gorriarán no aparecen ni la competencia ni la rivalidad.

  • Excelente el escrito. Buen trabajo.

    Me parece que aún son válidos los argumentos de Smith ya que los aspectos morales y sociales vienen en decadencia teniendo importantes consecuencias en la economía.

    Saludos

    Paul Carrillo Maldonado

  • Ese conjunto de disciplinas a las que haces referencia las estudia conjuntamente la economía política, ademas Schumpeter al igual que Marx objeto las mismos conocimientos acerca del capitalismo, por eso admiraba mas a Ricardo, talvez los "Principios ..." serian una opción también a revisar.

  • Gracias por vuestros comentarios (incluso con los que salen totalmente del tema : ) y por la buena acogida. He consultado muchas veces "Nada es gratis" como usuario, ha sido un placer y un honor colaborar con un post, y más sin ser economista. ¡Buen verano a todos y larga vida a Adam Smith!

  • Buen empalme entre la Teoría de los sentimientos morales y la Riqueza de las naciones. Ya Rothbard hablaba de Smith como padre de la intervención social sobre el mercado.

    Veo a Smith también padre del taylorismo. Aplica como un esquema newtoniano a la coordinación de acciones, como los planetas se coordinan en el sistema solar. Eso vale para producir coches, por ejemplo, pero no para producir derecho, biodiversidad ni los pulmones.

    Smith no tuvo en cuenta la producción del medio ambiente, el logro evolutivo del cuerpo humano, la producción de oxígeno o de la atmósfera.

    El paleolítico no se basaba en el comercio y parió el cuerpo humano. La genética y la epigenética, la ecología y la biología tienen que aparecer en el análisis económico, no solo "la coordinación de actividades" o la "producción para el intercambio". ¿Y la producción del sentido de la vista, por ejemplo? ¿No es producto también de la acción humana? ¿De la comercial?

    Smith era "creacionista", consideró "dados" la atmósfera, los suelos, los bosques, los animales y el cuerpo humano. Pero, de alguna manera, eso hay que estar "produciéndolo" o al menos manteniéndolo continuamente. ¿Sirve el esquema de los alfileres para explicar la producción del aire respirable, la fotosíntesis o el desarrollo de nuestros sistemas corporales? ¿Y no son "productos" que la economía debe atender?

    Veo en Smith "Economía social de mercado", pero no economía ecológica. Su autoridad explica el desastre ecológico actual.

  • Excelente (y me considero socialdemócrata). Mi duda surge, no del qué sino del cómo. Cuando se indica en la entrada "Por eso el Estado debe facilitar la libertad económica y la expansión de los mercados, del comercio y la industria, pero también, sostiene Smith, y como parte del proceso de enriquecimiento de las naciones, debe facilitar la extensión de la educación, la igualdad de oportunidades y el cuidado moral de la calidad de vida de las personas, para rectificar los inconvenientes sociales de la actividad económica libre." Sólo me falta saber cuál es la idea de Smith sobre cómo se debe facilitar la extensión de la educación, la igualdad de oportunidades y el cuidado moral de la calidad de vida. Un ejemplo; ¿facilitamos la educación privada sobre la pública? En el caso de educación subvencionada; ¿pública o concertada? ¿hasta qué punto deben estar regulados los contenidos? En lo referente a sanidad y el cuidado moral, ¿hospitales públicos, concertados o privados (con un buen sistema de seguros médicos)? Dependencia,.... Creo que en el qué las ideas son muy convergentes, en temas económicos, ahora bien la guerra está en el cómo, y es la implementación de la decisión, la elección del instrumento lo que puede acabar desvirtuando la consecución del objetivo inicialmente marcado con el qué.

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