Spotify o los costes de lo gratuito.

Seabrook-Will-Streaming-Music-Kill-Songwriting-1200Esta entrada es conjunta con Luis Aguiar.

La máxima fundamental de este blog es que nada es gratis, aunque a veces parezca que sí. Los inversores de preferentes, los taxistas amenazados, los propietarios que no pueden hacer frente a sus hipotecas, los usuarios de trenes de alta velocidad o los seguidores de equipos de fútbol no ven (o no quieren ver) el alto coste de sus propuestas, pues este recaería en el conjunto de la sociedad. Por otro lado, la desconexión entre coste y disfrute puede incitar al consumidor a minusvalorar el bien, reduciendo la disposición a pagar por él en un futuro (piense en el copago sanitario) y distorsionando su demanda. Este es uno de los argumentos por el que muchos creadores exigen el cobro de derechos sobre su obra, incluso décadas después de su creación (Javier Marías, por ejemplo).

Este es el argumento también por el que algunos artistas, entre los que destaca Taylor Swift, han decidido retirar sus discos de la plataforma de escucha online, como Spotify o Deezer. Si los consumidores no adquieren el producto en un medio físico, aseguran, no valorarán el bien en su justa medida. Por tanto, es preferible sacrificar algunas ventas a corto plazo a cambio de incrementar la disponibilidad a pagar futura de los consumidores por sus discos. Para otros artistas, sin embargo, la pregunta fundamental es ¿ha supuesto la aparición de servicios de escucha digital una caída en los ingresos de los artistas? Esta es la pregunta que tratan de responder Luis Aguiar junto con su coautor Joel Waldfogel (conocido por su libro Scroogenomics).

En principio puede parecer obvio que un artista que decide voluntariamente participar en Spotify debe obtener algún tipo de beneficios. Sin embargo, este tipo de plataformas son ejemplos clásicos de mercados con externalidades de red y su irrupción influye en los ingresos de los artistas tanto si participan como si no. Si la plataforma atrae a un número elevado de consumidores y reduce las ventas tradicionales, es una cuestión empírica si el resultado final es un incremento o una caída de los ingresos para el conjunto de la industria.

Para responder a esta pregunta, por tanto, Luis y Joel utilizan datos de varias plataformas de música en línea, como Spotify, YouTube, y Pandora, así como datos sobre ventas directas de música (digitales y físicas) en EEUU. El primer objetivo fundamental del ejercicio empírico consiste en medir el desplazamiento de las ventas generado por los servicios de escucha en línea. Para identificar este efecto, usan el importante crecimiento de estos servicios durante el periodo 2013-2015. Luis y Joel estiman que unas 1000 escuchas adicionales a través de servicios en línea reducen las ventas directas de música entre 1.4 y 2.8 canciones, que multiplicados por los aproximadamente $0.82 que reciben los titulares de los derechos por cada venta, resultan en una disminución de los ingresos de entre 1.16 y 2.37 dólares (los números disponibles en el artículo son para Spotify pero las conclusiones no cambian significativamente).

Para poder medir el efecto sobre los ingresos totales de la industria naturalmente hace falta comparar estas pérdidas con las ganancias directas obtenidas por el uso de los servicios en línea. Esta parte resulta ser un poco más complicada, principalmente porque los datos referentes a los pagos recibidos por cada canción escuchada a través de un servicio en línea no son públicos y forman parte de un sistema de remuneración muy complejo y poco transparente (aquí), y no todas las plataformas de escucha digital pagan lo mismo. Sea como fuere, los autores y la mayoría de estudiosos del mercado están de acuerdo que cada 1000 escuchas adicionales a través de estos servicios generan entre 1.51 y 2.77 dólares para los titulares de los derechos.

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¿Qué significa todo esto? Como se puede ver en la Figura que acompaña el texto, el efecto total de las plataformas de ventas depende de los valores que uno elija dentro de estas horquillas. La línea azul celeste representa la horquilla de ingresos generados por las 1000 escuchas y la línea azul marino la correspondiente a las ventas perdidas. Así las cosas, el efecto global es probablemente cero pero puede existir cierta heterogeneidad, por lo que algunos artistas han visto cómo sus ingresos se reducían. Por último, cabe mencionar que este análisis no tiene en cuenta que la creciente popularidad de estas plataformas puede tener efectos significativos en la evolución del mercado, pues permite a los consumidores descubrir nuevos artistas de acuerdo con sus gustos, así como promocionar conciertos (aquí). En definitiva, parece que ni Spotify va a salvar la música ni es la culpable de su muerte.

 

Hay 6 comentarios
  • Cuestión añadida: la escucha en línea requiere probablemente mucha menos energía y, con total seguridad, materiales, que las ventas en soporte físico. Es cierto que al final también requieren espacio de almacenamiento, pero es compartido por millones de personas. Así que las cuentas ambientales parecen bastante claras. Economía Circular.

    • Es cierto. En todo caso, existen también formatos digitales como Itunes en el que el usuario adquiere directamente canciones. La novedad de las plataformas de escucha es que el usuario accede al universo de canciones disponible tras pago de una cuota o a cambio de escuchar anuncios publicitarios.

  • Recomendable que revises el inicio del post, me parece tremendamente farragoso y con frase inconexas,

    "Los inversores de preferentes, los taxistas amenazados, los propietarios que no pueden hacer frente a sus hipotecas, los usuarios de trenes de alta velocidad o los seguidores de equipos de fútbol no ven (o no quieren ver) el alto coste de sus propuestas," Esta frase sin dar ninguna explicaicón más te deja totalmente fuera de juego unos minutos

    • Gracias. Siento la confusión. Se trata de una lista de situaciones sobre las que este blog ha escrito en numerosas ocasiones en las que el coste efectivo de un producto o servicio no recae sobre su beneficiario. Del mismo modo, el uso de formatos digitales de escucha desliga la adquisición de música de su consumo y puede resultar en distorsiones similares (o eso aseguran algunos artistas mencionados en el post).

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