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¿Son efectivos los impuestos a las bebidas azucaradas? El caso catalán

de Judit Vall

El sobrepeso y la obesidad son problemas de salud muy importantes y actualmente muy extendidos en el mundo, sobre todo en países desarrollados: en el año 2015, el 54% de la población adulta en los países de la OCDE tenía sobrepeso y alrededor del 19,5% de la población tenía obesidad. En España, aunque la base de nuestra dieta sea “la muy saludable dieta mediteranea”, el 48% de la población adulta tenía sobrepeso en 2011 y, lo que es más preocupante, el 25% de los niños tenía sobrepeso. El consumo de azucar se considera una de las principales causas del crecimiento de las tasas de sobrepeso y obesidad y, como es sabido, las bebidas azucaradas contienen una elevada cantidad de azucar (aquí un meta analisis de la relación entre bebidas azucaradas y peso, y aquí uno que relaciona consumo de azúcar y peso). Abro un paréntesis para sugerir que, aquellos lectores que no tengan mucho conocimiento sobre la cantidad de azúcar que contienen los alimentos que consumimos de manera habitual, consulten la página web del proyecto artistico sinazucar donde, de manera muy visual, nos informan de la cantidad de azúcar de una multitud de productos de consumo habitual (cierro paréntesis). A modo de ejemplo, una lata de un refresco con gas con sabor a cola de 330 ml (sin personificar en ninguna marca en concreto) puede llegar a contener alrededor de 35 gramos de azucar (para hacernos una idea de cuanto son 35 gramos, os diré que una cucharilla de café contiene, más o menos, 5 gramos de azúcar).

En este contexto, en 2016 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe (aquí) con una lista de recomendaciones dirigidas a los gobiernos de los países desarrollados: por ejemplo la introducción de impuestos a una serie de productos que son considerados como nocivos para la salud. El objetivo último de estas medidas es la reducción paulatina del consumo de estos productos nocivos así como la mejora de la salud de la población. La OMS ponía especial enfásis en los impuestos sobre las bebidas azúcaradas y decía textualmente: “Existe evidencia razonable y creciente de que impuestos bien diseñados sobre las bebidas azucaradas resultarán en reducciones proporcionales en el consumo de estos productos, especialmente si están diseñados para aumentar los precios finales en un 20% o más”.

Seguiendo la recomendación de la OMS y el ejemplo de otros países, la Generalidad de Cataluña implementó un impuesto sobre las bebidas azucaradas embotelladas que se venden en el territorio catalán. Este impuesto entró en vigor el 1 de mayo de 2017 y grava todas las bebidas embotelladas que contengan educolrantes calóricos añadidos, como el azúcar, la miel, siropes, etc. El impuesto es de 8 céntimos de euro por litro para bebidas que contienen entre 5 y 8 gramos de azucar por 100ml, y de 12 céntimos de euro por litro para bebidas que contienen más de 8 gramos de azúcar por 100ml. Las bebidas con menos de 5 gramos de azúcar por 100ml están libres del impuesto. Una peculiaridad del impuesto catalán es que, por primera vez, establece el requerimiento de que el 100% del impuesto se debe trasladar al precio final del producto.

Con el fin de analizar si la introducción de este impuesto ha reducido el consumo de bebidas azucaradas, en un artículo reciente con Guillem López utilizamos datos de una cadena de supermercados muy extendida por el territorio catalán (Bonpreu) y que representa el 10% del mercado catalán. Los datos son de ventas semanales de 105 productos seleccionados por nosotros, entre los cuales hay bebidas azucaradas, bebidas light y "cero" y aguas. También disponemos de datos sobre precios de estos 105 productos un mes antes de la implementación del impuesto y un mes después. Con estas dos observaciones de precios para cada uno de los productos, lo primero que hacemos es calcular que, efectivamente, el impuesto se trasladó integramente al precio final de los productos. Buscamos información de los gramos de azúcar por 100ml de los productos en nuestra muestra y, como sabemos el tamaño del producto, calculamos cuanto debería ser el aumento de precio si se aplica como se establece en la ley. Al mismo tiempo, como tenemos datos de los precios reales de los productos, calculamos el aumento real del precio. Observamos dos cosas importantes: primero, vemos que el impuesto se traslada de manera total al precio final. Segundo, vemos que el aumento de precio es de entre un 5-10% para bebidas en envases pequeños (latas) pero el aumento de precio alcanza el 20% en bebidas en envases de dos litros. Esto se explica, obviamente, porque los precios de las bebidas de dos litros son menores proporcionalmente que los precios de las bebidas pequeñas pero contienen la misma cantidad de azúcar por 100ml con lo cual, en euros, el aumento de precios sí que es proporcional. Es importante resaltar que un aumento de precios del 20% es la recomendación de la OMS para que este tipo de impuestos sean efectivos.

Cuando miramos los efectos sobre el consumo de bebidas azucaradas (ver figura 1), podemos observar como: 1) El consumo de bebidas azucaradas de 2017 es superior al consumo de 2016; 2) Un par de semanas antes de la reforma aumentan las compras de bebidas azucaradas (efecto anticipación) y 3) En el momento de la introducción del impuesto se produce una caída del consumo y las compras de bebidas azucaradas que se igualan a la tendencia del año anterior. En el artículo también comprobamos que la caída del consumo es más pronunciada para bebidas de dos litros. Esta caída va acompañada de un aumento en las ventas de bebidas light y zero. Más concretamente, por cada 4,7 litros de reducción del consumo de bebidas azucaras, aumenta el consumo de bebidas light y zero en 3,5 litros.

Aparte de estos resultados generales, también comprobamos que la disminución del consumo es mayor en zonas con mayores índices de obesidad (calculados con datos de la Encuesta Catalana de Salud de 2016), como se puede observar en las figuras 2 y 3, y en regiones no turísticas.

Como he comentado anteriormente, este tipo de impuestos se vienen implementando en varios países desarrollados durante los últimos 6-8 años. El 6 de Abril de este año, entró en vigor un impuesto sobre las bebidas azucaradas en el Reino Unido (aquí o aquí). En el caso de Reino Unido hay evidencia (no científica) de que la indústria está reduciendo la cantidad de azúcares de sus bebidas. El impuesto se aprobó en 2016 dejando un margen de dos años hasta su introducción, cosa que la industria ha aprovechado para anticiparse. Francia introdujo un impuesto similar a las bebidas azucaradas en 2012 que también se aplicaba a las bebidas con edulcorantes no calóricos. Méjico hizo lo mismo en 2014 con un impuesto a las bebidas azucaradas y otro impuesto a la comida con un alto contenido calórico. También se han implementado impuestos similares en varias ciudades de Estados Unidos como Berkeley en 2015 o Oakland. Un resumen muy ilustrativo de los países que tienen gravámenes similares se puede encontrar aquí. Irlanda y Sudáfrica tienen previsto introducir impuestos similares durante 2018.

En este contexto en el que más y más países adoptan este tipo de impuestos, creemos que los resultados de nuestro estudio pueden aportar un poco de evidencia sobre las consecuencias de estos impuestos así como sobre la importancia del diseño de los mismos. Finalmente resaltar que estas reducciones en el consumo probablemente se puedan traducir a medio/largo plazo en mejoras en el peso de la población y, a su vez, en la reducción de enfermedades ligadas al consumo excesivo de bebidas azucaradas (aquí un estudio que hace el enlace entre consumo de bebidas azucaras y peso).

Figura 1. Evolución consumo de bebidas azucaradas en 2016 y 2017.

Figura 2. Tasa de obesidad por región (encuesta Catalana de Salud).

 

Figura 3. Efectividad del impuesto por región.