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¿Quién emigraba en España?

Fuente: AGM-Sección Tropa (Archivo General Militar).

De Dacil Juif y Gloria Quiroga.

¿Hay que ser alto y educado para emigrar? Aunque la pregunta pueda parecer trivial, la selectividad de los emigrantes y sus efectos tanto en las regiones de origen como en las de destino es un tema que ha recibido una atención considerable dentro de la historia económica. Sabemos que la inmigración europea intercontinental de finales del XIX y principios del XX contribuyó significativamente al desarrollo económico en las naciones receptoras, pero los datos también indican que los emigrantes europeos fueron seleccionados positivamente en términos de alfabetización con respecto a la población de su país de origen (aquí o en esta entrada de la semana pasada).

Sin embargo, no sabemos tanto sobre las migraciones dentro de nuestro país para las mismas fechas, aunque la migración selectiva es probablemente uno de los factores que más han contribuido a la convergencia/divergencia regional. Algunos estudios muestran que la desigualdad de la renta entre las regiones aumentó a fines del siglo XIX y principios del siglo XX (un ejemplo aquí), coincidiendo con las primeras etapas de la industrialización. Este fue también el momento en que la red ferroviaria se expandió y se redujeron las barreras al comercio interno y a la movilidad laboral. Posiblemente, la migración selectiva de áreas mayormente rurales a lugares donde surgieron industrias y se crearon empleos en los servicios contribuyó a aumentar las diferencias en los niveles de desarrollo entre las regiones. Tal y como se ha señalado en otra entrada de este blog (aquí), los niveles de alfabetización de los inmigrantes nacionales en Madrid eran más elevados que los de sus paisanos que no emigraban, lo que confirma que en general, existía una selección positiva, al menos de aquellos que elegían Madrid como destino.

Pero ¿qué ocurrió con los migrantes hacia otras zonas de España? ¿Eran más o menos educados que sus paisanos de origen y de destino? ¿Provenían de regiones pobres e iban a regiones ricas? ¿Pertenecían a ambientes acomodados o eran de clases muy bajas? Vamos a intentar responder a estas preguntas para el período 1890-1950 recurriendo a la información contenida en los Archivos Militares y centrándonos en tres variables, la estatura, los niveles de alfabetización y la calidad de las firmas (este trabajo acaba de ser publicado aquí).

Ya se ha contado aquí que la historia antropométrica es una de las líneas de investigación más fructíferas en la historia económica internacional; que la estatura refleja el impacto acumulativo nutricional neto (desde que nacemos o incluso en la etapa uterina hasta que paramos de crecer), es decir, la diferencia entre lo que comemos (los nutrientes ingeridos) y lo que gastamos. ¿Y en qué gasta nuestro organismo? En primer lugar, en mantenerse (el metabolismo basal); en segundo lugar, en la actividad física (incluyendo el trabajo) y; en tercer lugar, en luchar contra la enfermedad. Y lo que queda es lo que se destina a crecer. Así pues, si comemos poco, trabajamos mucho desde edades tempranas y estamos sujetos a un medioambiente epidemiológico adverso, creceremos muy poco.

Sabemos por los datos oficiales militares, que la estatura de los españoles aumentó en diez centímetros entre 1955 y 1999. Con anterioridad a 1954, no hay información publicada, pero el Ejército desde finales del siglo XIX decidió “coleccionar” los expedientes militares de cada mozo español que o bien fue excluido o bien cumplió su Servicio Militar en el Ejército de Tierra (valga la imagen de cabecera como ejemplo de estas fuentes).  Estos expedientes los custodia el Archivo General Militar-Sección Tropa de Guadalajara y contienen los datos personales de casi veinte millones de reclutas, entre ellos el lugar de nacimiento, el lugar de reclutamiento (es decir donde vivía cuando tenía 21 años), su profesión, su estatura, si sabía leer y escribir y su firma, etc.

¿Y qué nos dicen los datos? Pues que la estatura media de los reclutas españoles sólo aumentó tres centímetros entre 1893 y 1954, crecimiento muy modesto para sesenta años y que aparece concentrado hasta 1933, porque entre 1934 y 1939 se produjo un brusco descenso, seguido de un estancamiento hasta 1945. No sería hasta 1954, cuando recuperamos la estatura media de 1933: veinte años perdidos en términos de bienestar. Además, sabemos que los españoles más altos vivían en Cataluña, en el País Vasco, en Madrid y curiosamente Canarias, y los más bajos, en ambas Castillas, Extremadura, Galicia, Murcia y Andalucía (aquí  y  aquí).

Pero también podemos saber cuál es el porcentaje de emigrantes dentro de los reclutas y las diferencias de estatura entre los que emigraban a otras regiones y los que se quedaban. Los datos nos indican que el porcentaje de emigrantes fue pequeño pero creciente durante la primera mitad del siglo XX y que la estatura de los emigrantes siempre fue mayor que la de sus colegas que se quedaron en sus lugares de origen (ver siguiente gráfico). En promedio y durante todo el período, las diferencias entre ambas series fueron de más de un centímetro, aunque hubo momentos (como a finales de los años veinte) cuando las diferencias alcanzaron los tres centímetros. Ahora bien, conforme la emigración aumentaba, las diferencias iban disminuyendo, hasta prácticamente desaparecer en 1955. El proceso de convergencia en los niveles de vida documentado a partir de los años 60 había comenzado ya unos años antes.

Parece que sí que hubo una selectividad positiva en términos de bienestar sobre todo en las dos primeras décadas del siglo XX: los emigrantes habían disfrutado durante su infancia y adolescencia de mejores condiciones de vida que sus compañeros que no emigraron: comieron mejor, estuvieron menos expuestos a enfermedades y realizaron menores esfuerzos físicos.

Y no sólo eran más altos los que emigraban, sino que también tenían un nivel de alfabetización (reportado por los reclutas mismos) más elevado como se ve en el siguiente gráfico. Además, si utilizamos, como han hecho algunos historiadores (aquí), el porcentaje  de personas capaces de firmar su nombre como medida, aunque imperfecta porque la clasificación es subjetiva (aquí), del nivel educativo, nuestro análisis muestra que la proporción de firmas que hemos clasificado como "mala", "muy mala" o "analfabeta" es de 72% por ciento para las personas que permanecen en su lugar de nacimiento y de solo 45% para  los migrantes.

Y ¿a qué se dedicaban los emigrantes?  Hemos clasificado las alturas de los reclutas por su categoría ocupacional, así como la proporción de personas que se mueven y las que permanecen en sus lugares de origen en cada grupo. La estatura media de cada grupo aumenta de acuerdo con el nivel socioeconómico y el nivel de instrucción necesario para desempeñarla. Las categorías de mayor estatus socioeconómico y mayores requisitos de habilidades están sobre representadas entre los emigrantes. Por el contrario, los que trabajaban en la agricultura tenían más posibilidades de permanecer en sus regiones de origen. El grupo con menos emigrantes son los agricultores, probablemente porque la propiedad de la tierra es más difícil de convertir en capital mueble que otros tipos de riqueza.

Por tanto, los emigrantes eran más altos, tenían más probabilidades de saber leer y escribir y de disfrutar de un estatus socioeconómico más alto según su ocupación que los que se quedaban en las regiones de origen. Para algunas ocupaciones como profesionales, empleados de cuello blanco o trabajadores industriales cualificados debía ser más fácil mudarse porque sus habilidades eran más demandadas en los centros industriales y urbanos. Parece que el efecto de atracción fue más fuerte que el efecto de expulsión, porque aquellos que tenían mejores oportunidades de vida decidieron mudarse a lugares más atractivos. Y, por último, ¿de qué regiones salieron los emigrantes? Nuestro análisis confirma que las tasas de emigración eran más altas en la parte sur y central de España, las zonas más pobres, por lo menos en términos de estatura, pero también en las provincias que rodean los polos de atracción industriales y urbanos, particularmente el País Vasco, Barcelona y Madrid. Los emigrantes no solo fueron seleccionados positivamente a nivel nacional, sino también de su provincia natal, y la ventaja en estatura y alfabetización de éstos probablemente fue mayor en las provincias más pobres. La selección positiva de los que se fueron, especialmente en las zonas más pobres, sugiere que la migración puede haber actuado como una "fuga de cerebros" y haber contribuido a la desigualdad regional dentro de España durante la primera mitad del siglo XX.