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“¿Qué será de mi pensión?”: Recomendación de lectura para jubilados y los que aspiran a serlo

por admin el 27/05/2014

de Juan F. Jimeno

Los editores de NeG me pidieron algunos comentarios sobre el libro “¿Qué será de mi pensión?” que acaba de ser publicado. Tratándose de una descripción de la situación del sistema público de pensiones en España y siendo José Ignacio Conde-Ruiz su autor, fue una oferta que no pude rechazar, por tres razones, cada una de ellas suficiente en sí misma.

En primer lugar, creo que desde mediados de los años 1980s, cuando se inició el debate sobre la necesidad de reformar las pensiones públicas en España, la información que mayoritariamente se ha transmitido a la opinión pública sobre esta cuestión tan importante y decisiva para el bienestar social ha sido insuficiente y, en demasiadas ocasiones, errónea. Por ello, considero imprescindible que vean la luz libros didácticos que tengan la intención de dar a conocer al público en general la verdadera situación y las perspectivas de futuro del sistema público de pensiones, algo en lo que, por otra parte, varios colaboradores de NeG también han contribuido frecuentemente.

En segundo lugar, el autor es especialmente docto para esta tarea. Desde el inicio de su carrera profesional, ha llevado a cabo una amplia y excelente labor investigadora sobre la economía de las pensiones y, además, en su etapa de asesor económico del Gobierno, ha tenido la oportunidad de conocer de primera mano cómo se analiza esta cuestión en la esfera política y cómo se plantean y desarrollan reformas en ese ámbito.

En tercer lugar, Nacho y yo somos colegas y amigos. Lo conocí cuando llegó por primera vez a FEDEA en 2002. Desde entonces, hemos compartido trabajos de investigación, escrito artículos conjuntamente, participado en aventuras profesionales varias e, incluso, sufrimos solidariamente la pasión futbolística por un equipo que ha sido capaz de ganar la décima agónicamente y solo después de dejar generosamente que sus dos rivales más enconados se pelearan por un campeonato doméstico. No obstante, he intentado y espero haber conseguido que estas relaciones profesionales y de amistad no sean óbice para que mis comentarios tengan la dosis de objetividad que los lectores de NeG merecen.

El contenido del libro

Se trata de una obra de divulgación sobre los sistemas públicos de pensiones de jubilación que presta una especial atención al caso español. Está, por tanto, dirigida a todos aquellos interesados en conocer qué son, qué deberían ser y que serán las pensiones públicas de jubilación en nuestro país.

La estructura del libro refleja muy bien la manera en la que se deben abordar estas cuestiones. El primer capítulo explica por qué ha de existir un sistema público de pensiones y cuáles deberían ser sus objetivos. Los dos capítulos siguientes describen los tipos de instrumentos que se pueden utilizar para instaurar dicho sistema, es decir, pensiones de reparto o de capitalización, contributivas o asistenciales, de prestación definida o de contribución definida. Tras la exposición de objetivos e instrumentos, se detallan las restricciones a tener en cuenta, sean estas de naturaleza demográfica (capítulos 4 y 7), económica-laboral (capítulo 5) o de Economía Política (capítulo 6). A continuación, se documenta la situación actual del sistema de pensiones en España y cómo se ha llegado a ella (capítulos 8 a 10) y se argumenta que, a la vista de objetivos, instrumentos y restricciones, en ausencia de más reformas, el sistema no va a poder cumplir adecuadamente su función (capítulo 10). Finalmente, el libro concluye con una evaluación de las reformas realizadas recientemente (capítulos 11 y 12), con propuestas sobre cuáles deberían ser las próximas (capítulo 13) y con una reflexión general sobre cómo afectarían estas a los jubilados presentes y futuros (capítulo 14). La exposición es ágil, accesible para lectores no iniciados en el tema, y se apoya en material gráfico y estadístico de fácil comprensión y, al mismo tiempo, suficientemente actualizado como para que resulte también interesante para los iniciados.

Todo ello constituye una tarea muy necesaria, especialmente en un país donde los principales mensajes que reciben los ciudadanos sobre estas cuestiones están basados en intereses particulares y, no tanto, en análisis rigurosos. En parte por culpa de aquellos que sostienen que mantener las pensiones públicas en las condiciones actuales es solo cuestión de voluntad política y que las restricciones demográficas, tecnológicas y económicas no son tales; en parte, por la de los que dicen que el sector público no debería entrometerse con “juegos de Ponzi” en las decisiones de ahorro de las familias, que el sistema público está quebrado y que todo debería fiarse a pensiones privadas; y, sobre todo, por la de políticos que suelen modular sus mensajes en función de si su partido está o no en el Gobierno y de la coyuntura electoral, los ciudadanos tienen que seguir tomando sus decisiones de ahorro y de jubilación en un contexto de elevada incertidumbre y gran confusión acerca de las prestaciones que ofrecerá el sistema público de pensiones en los próximos años.

Sus principales mensajes

Resulta imposible resumir en una breve reseña toda la riqueza de resultados, argumentos y propuestas que se desarrollan en “¿Que será de mi pensión?”. Por tanto, centrando la atención exclusivamente en lo más relevante, creo que merece la pena destacar las siguientes proposiciones (en forma de medio decálogo):

  1. El sistema público de pensiones de reparto, basado en un pacto intergeneracional por el cual la población en edad de trabajar provee, conjunta y solidariamente, de pensiones vitalicias a la generación anterior, constituye un avance social muy importante sobre la situación previa en la que el soporte de la renta durante la vejez dependía exclusivamente de vínculos familiares. Por tanto, debe mantenerse y consolidarse.
  2. No obstante, este pacto intergeneracional está siendo sometido a fuertes tensiones derivadas, principalmente, del cambio demográfico que hará que el tamaño de las generaciones futuras que tendrán que hacer frente al gasto en pensiones en relación con el del las generaciones que las van a disfrutar, disminuya mucho y muy rápidamente. Además, dicho pacto intergeneracional, que también está basado en transferencias de renta para la financiación de la educación y en la existencia de unas perspectivas laborales razonables para las nuevas generaciones, se resquebraja cuando el sistema educativo no cumple adecuadamente su función, la regulación laboral discrimina contra los trabajadores más jóvenes, estén o no suficientemente formados, y la movilidad internacional de los trabajadores tiene una incidencia elevada.
  3. Para preservar este pacto intergeneracional y, así, el sistema público de pensiones de reparto, no hay más remedio que proceder a reformas que reduzcan la tasa de sustitución de las pensiones públicas (la ratio entre pensión percibida y el salario durante la vida laboral).
  4. Hay muchas maneras de conseguir dicha reducción. Una es la congelación perenne de las pensiones, lo que supone una pérdida notable de su poder adquisitivo a lo largo del periodo de jubilación y hace recaer el riesgo de variaciones inesperadas de la inflación sobre los jubilados. Otra es aumentar el carácter asistencial de las pensiones, por ejemplo, haciendo que las pensiones máximas disminuyan en relación al salario medio. La que se está siguiendo en algunos países consiste en transitar hacia un sistema de pensiones de contribución definida con cuentas nocionales. Las dos primeras alternativas tienen graves inconvenientes y, sin embargo, las reformas recientes en España, en su mayor parte, han optado por ellas. Un sistema de cuentas nocionales con pensiones de contribución definida es superior en términos de suficiencia, sostenibilidad, eficiencia y equidad (intra e intergeneracional). A pesar de ello, todavía no se ha considerado esta opción seriamente en nuestro país.
  5. Dado que la tasa de sustitución de las pensiones públicas va a disminuir inexorablemente, tendremos que complementarlas con otras fuentes de renta. Por ello, el ahorro para la jubilación debe aumentar. Para conseguirlo, hay que reconsiderar las medidas de ayudas fiscales al ahorro a largo plazo, que son manifiestamente mejorables, y dotar a los ciudadanos de los instrumentos financieros necesarios (hipotecas inversas, rentas vitalicias, etc.) para el uso de dicho ahorro durante la jubilación, en condiciones mucho más favorables que las actuales y con el suficiente aseguramiento contra el riesgo de longevidad.

En mi opinión, Nacho no solo acierta cuando llama la atención sobre estas conclusiones, sino que, además, las justifica con documentación estadística pertinente y argumentos lógicos convincentes. Por ello, “¿Qué será de mi pensión?” es un libro muy recomendable tanto para aquellos que no llegan todavía a comprender la complejidad de la situación y desean adquirir información y conocimiento sobre estas cuestiones, como para los que las entienden mejor, estén de acuerdo o no con las conclusiones anteriores. Por otra parte, dada la importancia de las decisiones de ahorro y jubilación, su lectura, a poco que estimule el estado de conciencia acerca de las mismas, resultará ser una inversión muy rentable. Y, por último, una pequeña contribución a los derechos de autor de Nacho tendría un impacto positivo sobre su ahorro y su pensión futura. Esto aliviaría a sus tres encantadoras hijas, a las que el libro está dedicado, probablemente para que siempre tengan presente la importancia de los pactos intergeneracionales.

Ruralita mayo 27, 2014 a las 11:36

Muchas gracias por la interesante la recomendación, aunque requiere un trabajo de lectura que, lamentablemente, sólo hará una pequeña parte de la población. En cambio, los partidos políticos del batacazo plantean propuestas simplistas en función de si están en el gobierno o no: “mantendremos el poder adquisitivo”, “el gobierno castiga a los pensionistas”, etc. Y los alternativos dicen cosas como que “todos nos jubilemos a los 60″ y que “se prohíban por ley los recortes de las pensiones”, etc.
Desde una óptica izquierdista hay una propuesta que no oigo defender a ningún partido y que a mí me parece más razonable:
– La base máxima de cotización en el régimen general está en 3.500 euros (más o menos, creo). Es decir, que el tramo de salario por encima de esa cuantía no cotiza. ¿No podría subirse ese tope y que todo el mundo cotice por todo su salario? Pero manteniendo la pensión máxima. Es decir, los trabajadores de mayor salario serían más solidarios que el resto. Su tasa de sustitución sería más baja. Pero por otro lado, al ser los que tienen salarios más altos es más fácil que se provean de otras redes de seguridad alternativas.
Evidentemente es un perjuicio para ellos, pero gobernar es también decidir entre distintos perjuicios, ¿no?

Ruralita mayo 27, 2014 a las 17:34

Me responde gentílmente el señor Conde Ruíz en la charla de El País que destopear la base máxima sin aumentar la pensión máxima es la llamada “reforma silenciosa” que ya estaría en marcha y que conduciría, en el medio plazo, a un sistema público asistencial.
Pero se me escapa el porqué de este razonamiento. Tal y como yo lo veo, a corto plazo conduciría a un aumento de ingresos de la SS (por la parte cotizada de más) sin un aumento correlativo de gastos. Y esto a costa de las empresas que contraten a trabajadores con muy buenos salarios; y de los propios trabajadores de sueldos altos.
¿Tal vez estos mismos trabajadores puedan constituirse en grupo de presión -más o menos difuso- contra el sistema público debido a lo mucho que aportan frente a lo “poco” que reciben?
Yo veo un sistema solidario y progresivo en el que el Estado garantiza una pensión mínima digna; y topea la pensión máxima en un nivel más que digno (unos 2.500 euros/mes, que tampoco está mal, digo yo, ¿no?).

EB mayo 27, 2014 a las 12:49

No he leído el libro y por lo tanto lo siguiente no se refiere al libro sino sólo a lo que el autor del post plantea como primer punto del medio decálogo. Este punto me plantea dos problemas. El primero se relaciona con la sociedad relevante porque se sigue suponiendo que esa sociedad es España cuando la discusión sobre Cataluña y la discusión sobre la Unión Europea plantean precisamente la definición de la sociedad en que la solidaridad debiera darse. No cuestiono que se siga optando por España pero sí que se ignore que toda estructura de niveles múltiples de gobierno implica haber definido mecanismos para redistribuir ingreso entre niveles que, con otros factores, determinan la distribución de la población en el territorio del nivel más alto (la UE en este caso). El segundo problema es que tal como está escrito ignora los objetivos múltiples de cualquier nivel de gobierno y más importante los trade-offs entre objetivos, algo que es previo a los cuatro puntos restantes del medio decálogo. Un error común en el análisis de políticas públicas es introducir estos trade-offs arbitrariamente en la evaluación de instrumentos aparentemente eficaces para lograr un único objetivo mal definido.

LuisXXI mayo 27, 2014 a las 14:49

¿Podremos?

Llego ya tarde al encuentro que ha tenido en El País el autor del libro y por eso pregunto aquí, aprovechando la reseña.
Estas elecciones están de moda por el movimiento Podemos -entiendo que mayoritariamente juvenil-. Yo sin embargo soy de los que peinan canas…en casa de momento, porque soy de los desempleados de larga duración -mayores ya de 51- a los que se les hurtó el subsidio de desempleo a los 52 años y que ahora asiste a una reforma de las pensiones donde no se resuelve el hecho de que tras haber cotizado más de 27 años, podría haber contribuido al sistema para al final no obtener nada de él de permanecer en esta situación, que no deseo, y que no creo que deseen muchos seniors que estén igual.
La pregunta entonces es si en el libro, o por lo que conoce del sistema o del autor, puede deducirse si gente como yo puede esperar a corto plazo nuevas reformas del sistema que contemplen nuestra situación o no (de forma propocional, naturalmente, no como ahora que es a todo o nada). O sea, si PODREMOS decir que esto del pacto intergeneracional no ha sido un timo…

EB mayo 27, 2014 a las 17:36

Sí, hoy el pacto es un timo. Peor todavía, el sistema de reparto seguirá empeorando y lo único por determinar es la velocidad del deterioro. No hay forma alguna que España pueda mejorar su sistema de reparto para beneficiar a personas que hoy no cumplen estrictamente sus requisitos o para aumentar los beneficios a personas ya pensionadas o que cumplirán los requisitos en los próximos 100 años. El problema es controlar el deterioro.

Si tiene alguna duda, ojalá alguien le pueda explicar la historia del sistema argentino de reparto desde 1958. A nivel personal, le cuento que la semana pasada visité mi ciudad natal (La Plata) y un taxista que intentaba evitar marchas de protestas de maestros y policías de la Pcia. de Bs.As. me contaba que si les daban lo que pedían los pensionados no recibirían aumento alguno (la inflación está entre 20 y 30% anual, aunque es errática). Por supuesto, el taxista era jubilado y tenía que trabajar para sobrevivir (cuando se introdujo la reforma en 1958, se prometió que la pensión sería equivalente al 82% del salario debidamente ajustado por la inflación y se prohibió a los jubilados trabajar).

vi23 mayo 27, 2014 a las 15:58

¿Algo que comentar a la propuesta de que todos nos jubilemos a los 60 manteniendo el poder adquisitivo?

Suena muy bien, ¿no?

marcel mayo 27, 2014 a las 17:36

Demasiado bien para ser factible, ¿no?

J. Ignacio Conde-Ruiz mayo 28, 2014 a las 15:59

Ojalá la propuesta de Podemos sobre jubilarnos a los 60, y por qué no a los 50, fuera factible. Pero gobierne Podemos, o quien sea, las cuentas no salen. En mi libro hay un capitulo dedicado al respecto. Espero que sea útil para resolver estas dudas…

pumuki mayo 28, 2014 a las 17:36

¿No se puede aplicar aquello de que la gente no es perfectamente racional, pero actúa como si lo fuera?

Dondondadin mayo 27, 2014 a las 19:14

Hola, una de las propuestas del partido Podemos habla de reducir la edad de jubilación y de reducir la jornada laboral a 35 horas. Puede parecer una locura populista o un suicidio, pero me gustaría saber técnicamente las razones.
No se podrían financiar perfectamente las pensiones apoyadas por un sistema fiscal justo y fuerte? El FMI pide subir el IVA y reducir el impuesto de sociedades… Reducirlo mas? vale, que lo bajen al 20% pero eliminen TODAS las deducciones. Respecto al IVA, si existe un tipo reducido para bienes básicos (que por lo visto el papel higiénico no lo es), porqué no un tipo impositivo elevado para vienes de lujo?

Daniel Carrascosa mayo 27, 2014 a las 20:04

Todo intento de analizar las pensiones desde una perspectiva técnica y no populista es de agradecer. Necesitamos información fiable y no mantras políticos.
No puedo resistir la tentación de añadir este enlace:
http://blogs.elconfidencial.com/economia/valor-anadido/2014-05-05/a-los-politicos-se-la-pelan-nuestras-pensiones_125280/

KEyNES mayo 27, 2014 a las 20:47

No he leído el libro, pero me resisto a pensar que un experto en el tema indique que el principal riesgo del sistema sea el demográfico y que la solución sea congelar/reducir las pensiones y que el que quiera mejorar su jubilación que ahorre y se compre un plan de pensiones privado. El servicio de estudios de la Caixa- o del BBVA- no lo harían mejor.

Cualquier informe debidamente documentado-ver el excelente libro de Barr y Diamond- señalaría que, además del indudable riesgo demográfico, hay un riesgo de PIB-bajo crecimiento económico, baja productividad, alto desempleo…- un riesgo “político” –el gobierno incumple sus obligaciones. Además, en el caso de sistemas de capitalización, hay también un riesgo de “mercado”, pues los activos de estas compañías suelen cotizar en las Bolsas. Y, en fin, las soluciones son múltiples, pues, además de bajar/congelar pensiones-la “solución” mas fácil- se pueden adoptar políticas que aumenten la productividad, reduzcan el desempleo (aumenten el empleo), fomenten el ahorro privado etc. Tampoco se debe olvidar que los impuestos, además de dedicarse a rescatar entidades financieras incompetentes, pueden emplearse para pagar pensiones, que, actualmente, están manteniendo a familias enteras, incluyendo los nietos.

Saludos.

Vaya tela mayo 28, 2014 a las 19:48

Bueno, es que tampoco hay mucha diferencia entre un servicio de estudios de un banco o aseguradora y algún “experto” autor del libro. De hecho está en nómina de uno de ellos. Es lo que tienen los “expertos”, ¿que falta dinero para pensiones? Pues se reducen las pensiones y vámos a tomarnos el tentenpié del workshop. ¿Natalidad, inmigración, productividad, empleo, impuestos, eficiencia del gasto…?

P.D.: Lo de empezar el medio decálogo alabando un sistema de reparto para acabarlo alabando las cuentas nocionales es chanante. Si llega a diez nos propone planes de capitalización privados.

Daniel Garcia mayo 27, 2014 a las 21:53

Este blog cada vez se parece más a
https://www.youtube.com/watch?v=9yzQXkHHR_s

Pabloj mayo 28, 2014 a las 08:10

A mi me suena mejor jubilarnos a los 30 años incrementando el poder adquisitivo. Solo tengo que cambiar el lema del partido: ¡ También Podemos ¡
Así seguro seguro seguro que consigo el pleno empleo en una semana.
En serio, hay una opinión cerril enla izquierda que se basa en Marx y en Keynes de que la variable estrella de todo el sistema económico es el trabajo – hasta aquí puede entenderse si se interpreta bien – pero de ahí a que por lo tanto haya que maximizar el trabajo como sea va un mundo de sandeces sin fin.
De hecho, mi resúmen de la Teoría General de Keynes es: Consumid como cerdos para que podáis trabajar como burros. ¡¡ Brillante ¡¡

Picasso mayo 28, 2014 a las 13:44

Pienso que tendemos a olvidar algo importante siempre que discutimos la sostenibilidad del sistema de pensiones público: el envejecimiento de la población es una variable demográfica. Pero la edad de jubilación no lo es – es una variable política.

Si aumentamos la edad de jubilación en linea con el aumento de la esperanza media de vida que ha occurido en las últimas 5-6 décadas el problema (en gran medida) se soluciona.

Aqui un link para un tema algo relacionado: http://cubismeconomics.blogspot.co.uk/2014/05/piketty-right-or-wrong.html

Gregorio Melekhov mayo 28, 2014 a las 16:08

Hay algo que no entiendo. Una y otra vez se propone disminuir las pensiones, para complementarlas con más ahorro. ¿No sería posible subir por ejemplo la parte de las cotizaciones a la Seguridad Social que paga el trabajador y con esos ingresos extras montar un sistema público de capitalización, quedando un sistema mixto?

Claro que seguramente no sea lo que más interese a los bancos…

Luis junio 1, 2014 a las 09:41

Es interesante comprobar que la palabra “productividad” (y su compañero inseparable “modelo productivo”) no se menciona en ningún momento a lo largo del post (supongo que sí se mencionará en el libro). Lo que sí se menciona expresamente es la “regulación laboral” o el “cambio demográfico”, circunstancias ambas con las que se pretende asustar al público, como si, respectivamente, se solucionase todo con el mirífico contrato único o como si viviéramos aún en el siglo XIV, en el cual el tamaño de la mano de obra era ciertamente muy importante. Asimismo, el post también menciona expresamente “otras fuentes de renta” y sus “ayudas fiscales”, es decir, subvenciones por parte de todos los españoles a un negocio privado posibilitado por la reducción de las pensiones públicas.

Da la impresión de que hay quien considera el modelo productivo español (y sus niveles de productividad) algo dado e intocable, por lo que hay que abandonar cualquier veleidad de política industrial, por ejemplo, y resignarse al turismo y a la construcción por siempre jamás. Desde este punto de vista, es comprensible y de hecho obligado realizar devaluaciones de salarios y pensiones y recortes en el gasto público asistencial.

Por último, no me parece muy prudente seguir las recomendaciones de alguien que fue vocal-asesor en la Oficina Económica del Presidente del Gobierno en 2004-2006 y director de Política Económica de la misma Oficina en 2008-2010, es decir, en plena burbuja inmobiliaria, esa que causó la más grave crisis económica en España desde los años 30.

analfabeto junio 1, 2014 a las 22:46

A veces pienso que los verdaderos beneficiarios de mi pensión serán mis herederos y que si pudiéramos evitarlo ¿cómo? tal vez el sistema volvería a ser sostenible.

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