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Los costes económicos de las desigualdades de género en el mercado laboral

Por David Cuberes y Marc Teignier

En Nada es Gratis se han discutido ampliamente diferentes aspectos sobre desigualdad de género (ver aquí). Una de las conclusiones evidentes de estas discusiones es que las desigualdades de género son una realidad en la mayoría de países. Las mujeres han estado (y siguen estando en muchos casos) históricamente infrarrepresentadas en muchas dimensiones, incluyendo diferentes aspectos relacionados con la educación (ver aquí y aquí), el acceso a crédito, el poder de decisión en el hogar, así como en su participación y compensación en el mercado laboral (ver aquí y aquí).

Existe una amplia literatura- principalmente empírica - que estudia la relación entre algunos de estos indicadores de desigualdad de género y la tasa de crecimiento económico de un país (ver aquí). La mayoría de estos estudios encuentran que países con más desigualdad de género en educación o en participación en el mercado laboral tienden a tener tasas de crecimiento menores. Desde un punto de vista teórico, existen varios mecanismos que pueden explicar esta relación negativa. En primer lugar, si las mujeres reciben menores salarios que los hombres, el coste de oportunidad de su tiempo disminuye, lo que las puede llevar a tener un mayor número de hijos y/o a no participar en el mercado de trabajo. Esto, a su vez, reduce la inversión en cada uno de los hijos y su nivel de educación y, por tanto, la productividad del país en el futuro. Por otro lado, si las mujeres tienen menos poder de decisión en el hogar o menos recursos económicos, el ahorro familiar y en particular los recursos que se transmiten a los hijos pueden verse reducidos, lo que también conlleva a un menor crecimiento económico. Finalmente, si las mujeres no pueden participar libremente en el mercado de trabajo o acceder a ciertas ocupaciones, es posible que su talento se vea desperdiciado y la asignación de ocupaciones en la economía sea ineficiente y, por tanto, el tamaño de la economía se vea reducido.

En un trabajo que publicamos recientemente en el Journal of Human Capital y discutido en el The Economist (ver aquí), simulamos un modelo de elección de ocupación en el que, basados en su talento empresarial innato, hombres y mujeres deciden si trabajan como empresarios, trabajadores por cuenta propia o trabajadores asalariados. En el modelo, los individuos que tienen más “talento” son capaces de producir de forma más eficiente. Por lo tanto, en un mercado sin distorsiones, hombres y mujeres con mucho talento empresarial eligen crear una empresa y contratar a muchos trabajadores. Los individuos con talento empresarial intermedio, eligen crear empresas pequeñas, y aquellos con un menor talento deciden ser trabajadores por cuenta propia. Finalmente, los individuos con menos talento empresarial de la sociedad eligen ser trabajadores y cobrar un salario que es independiente de este talento.

Nuestro siguiente paso es introducir barreras que limitan las elecciones de las mujeres en este mercado de trabajo, con el objetivo de calcular el coste económico de las mismas. Supongamos que hombres y mujeres tienen el mismo talento empresarial innato y asumamos que un porcentaje aleatorio de las mujeres no pueden trabajar en ninguna ocupación y que solo una fracción (también aleatoria) del resto de mujeres pueden convertirse en emprendedoras (es decir, empresarias o trabajadoras por cuenta propia).

Este sencillo modelo nos permite calcular la caída de la producción por cápita como consecuencia de estas distorsiones. Los costes asociados con la no-participación laboral de las mujeres son más obvios, ya que a menor fuerza laboral, menor producción. Los costes asociados con la menor propensión a ser emprendedor son menos claros y apenas han sido estudiados en la literatura. Nuestros cálculos sugieren que, si una economía pasa de una situación en la que todas las mujeres pueden ser emprendedoras a una en la que ninguna de ellas puede hacerlo, la economía se reduce en un 10%. Intuitivamente, cuando una mujer con un alto talento empresarial no puede crear una empresa, es probable que un hombre con menor talento “ocupe su lugar”, lo cual implica una menor productividad agregada y menores ingresos totales.

Usando datos de la OCDE (Organización para la cooperación y el desarrollo) para países ricos y de la ILO (International Labor Organization) para países en desarrollo, nuestro modelo puede usarse fácilmente para estimar el porcentaje de los ingresos de mercado perdido por cada país debido a las desigualdades de género en trabajos de carácter empresarial y participación laboral. Nuestros resultados sugieren importantes diferencias entre diferentes regiones del mundo. Los países con mayores costes asociados a estas desigualdades se encuentran en el Oriente Medio y norte de África. Por ejemplo, en Turquía, por cada cien hombres que trabajan como directivos, hay solamente 19 mujeres, mientras que solo un 39% de las mujeres participan en el mercado de trabajo. Estos bajos ratios explican los elevados costes de mercado asociados a las diferencias de género en esta región: alrededor del 38% del PIB per capita, de los cuales una quinta parte son causados por los costes asociados a la poca representación de las mujeres en puestos empresariales. Los costes más bajos, de acuerdo con nuestros cálculos, se encuentran en Europa y Asia Central, aunque para esta última región tenemos solamente información de cinco países. Tal vez sorprendentemente, África subsahariana tiene también bajos costes asociados a esta desigualdad. Una posible explicación es que las mujeres participan casi tan activamente como los hombres en el mercado de trabajo, a pesar de que sus salarios y condiciones son probablemente peores que las de los hombres.

De acuerdo con nuestros cálculos, en una muestra de 132 países, España ocupa la posición 71 en cuanto a pérdidas totales por estas desigualdades de género en el mercado laboral (es decir, en nuestra muestra hay 70 países con pérdidas menores y 61 países con pérdidas superiores): la perdida de ingreso en España es del 15,2%, la media de la OCDE 15,5% y la media mundial 16,7%.

Si miramos solamente las pérdidas de ingreso debidas a las desigualdades en el acceso a trabajos empresariales (es decir, sin tener cuenta las pérdidas debidas a la menor participación laboral de las mujeres), el mercado laboral español puntúa algo mejor en comparación con otros países, ocupando la posición 38. La pérdida en España es del 4,8%, comparado con una media de 5,7% para la OCDE y una media mundial de 6,4%.

El PIB per capita de España fue de 22.780 euros en 2014 (datos del INE). Por lo tanto, nuestro estudio concluye que, eliminando todas desigualdades de género que nosotros analizamos, el PIB per cápita de España en 2014 habría sido de 26.869,5 euros (es decir, en promedio, unos 4100 euros más para cada español). Si elimináramos las desigualdades relacionadas con ocupaciones empresariales pero no las de participación laboral, el PIB per cápita de España en 2014 habría sido de 23.926,06; es decir, en promedio, cada español podría haber disfrutado de unos 1150 euros más ese año.

En conclusión, nuestro estudio encuentra considerables pérdidas asociadas a la menor participación de las mujeres en el mercado de trabajo y, en particular, en ocupaciones de carácter empresarial. Estos costes van más allá de cuestiones de equidad o justicia y sugieren que es deseable una mayor integración de las mujeres en los mercados de trabajo, especialmente en un contexto de un aumento en los ratios de dependencia en países ricos. Para mejorar esta participación de las mujeres, futuros estudios deben profundizar en el estudio de los motivos por los que éstas tienen tasas de participación más bajas que las de los hombres. Entre las posibles causas cabría destacar desigualdades de género en educación, diferencias en acceso al crédito para las mujeres, diferencias entre preferencias de hombres y mujeres, así como discriminación contra las mujeres en el mercado laboral.