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La influencia práctica de la investigación en economía

edifici-barcelonagseLa semana pasada estuvimos celebrando el décimo aniversario de la Barcelona Graduate School of Economics, de la que soy profesora afiliada. Aprovechando que teníamos por aquí al distinguido comité científico, se organizó una mesa redonda sobre “La influencia práctica de la investigación en economía”, en la que se comentaron temas que me parecieron muy relevantes para este blog, que después de todo intenta contribuir a esta influencia práctica, en la medida de nuestras posibilidades.

Quería compartir algunos de los puntos que más me llamaron la atención de los distintos participantes. Abrió la sesión Richard Blundell (de quien ya hemos hablado aquí), planteando que la investigación microeconómica sobre políticas públicas es actualmente mucho más empírica, pero ¿tiene más influencia? Su respuesta es que sí. Como ejemplo nos puso el Mirrlees Review, en el que participó, informe que tuvo bastante influencia en el (re)diseño de políticas públicas en el Reino Unido. Por ejemplo, el análisis de la evolución de la distribución de salarios reales (antes y después de impuestos y transferencias) informó la reforma de los créditos fiscales. El informe también documentó la complejidad del sistema de ayudas sociales y sus múltiples interacciones, lo que llevó al gobierno a simplificarlo. Y el estudio de las diferencias en la imposición de los ingresos de diferentes fuentes (ingresos del trabajo por cuenta ajena vs. por cuenta propia) ayudó a su posterior equiparación.

Richard terminó su exposición con unas lecciones generales que bien podemos aplicarnos en NeG. Para que la investigación en economía tenga influencia práctica, es crucial crear y mantener una reputación de independencia y rigor, y a la vez ser capaces de combinar argumentos económicos accesibles con trabajo empírico cuidadoso. Creo que estas lecciones reflejan bastante bien lo que intentamos hacer en este blog.

Le siguió Matthew Jackson, quien resaltó “la esquizofrenia de la economía”. Diferentes economistas tienen distintas visiones de la disciplina. Para Keynes padre, los economistas eran artistas o “eticistas”, centrados en lo normativo. Samuelson puede considerarse uno de los primeros en ver a los economistas como científicos. Rubinstein, por su parte, nos ve como contadores de fábulas o “cuentacuentos” (donde las fábulas son nuestros modelos). Para alguien como Roth, somos ingenieros (sociales), mientras que Duflo defendía hace pocos meses el valor de los economistas como fontaneros (de lo que ya hablamos aquí). Cada una de estas visiones resalta distintos papeles que la investigación en economía puede jugar en la vida pública, y no me parecen incompatibles.

Anne Krueger también fue bastante positiva a la hora de evaluar la influencia de la economía y los economistas. Según ella, la evidencia (los datos) pueden marcar la diferencia, hacer que un gobierno se incline por una opción de política u otra, y la investigación económica puede proporcionar evidencia creíble, por ejemplo subrayando los costes potenciales, quizá no evidentes, de ciertas políticas. En uno de sus ejemplos se refirió a los costes seguramente para la economía nacional de restringir las importaciones con el objetivo de proteger el empleo local.

Al Roth (Nobel de Economía en 2012) se centró en dos ejemplos en los que él mismo ha trabajado, y en los que la economía como disciplina ha realizado contribuciones prácticas tangibles. Uno es la elección del sistema que se usa para facilitar la elección de colegio a las familias. Existen distintas formas de recoger las preferencias de los padres, agregarlas, y generar una asignación de niños a escuelas de la manera más satisfactoria posible para todos. Algunos economistas han estudiado las propiedades de distintos métodos, y sus resultados han servido para mejorar el sistema en distintos países (ver aquí una discusión relacionada). El segundo ejemplo, en el que Roth ha trabajado extensivamente, es el intercambio de riñones (o “trasplantes cruzados”, bien explicados aquí). Su investigación en este tema ha servido literalmente para salvar vidas, al permitir aumentar las donaciones de riñón “inter vivos”.

Finalmente, Chris Sims (Nobel de Economía en 2011) habló de política monetaria, un tema que me interesa menos, pero dos de sus comentarios me parecieron dignos de reflejar aquí. Habló del fracaso de los economistas a la hora de predecir la crisis financiera de 2008. En este sentido, su visión es que los economistas no son muy diferentes de los seismólogos, que entienden muy bien cómo funcionan los terremotos, pero son incapaces de predecir dónde y cuándo tendrá lugar el próximo. Sin embargo, su investigación puede ayudar, entre otras cosas, a construir edificios que sean más resistentes, para limitar los daños de los siguientes episodios.

También me pareció acertada su reflexión de que la percepción del público sobre lo que hacemos y cómo pensamos los economistas se aleja bastante de la realidad, en el sentido de que se nos percibe como una profesión de miras estrechas, abstracta, basada en modelos rígidos y en supuestos estrictos y poco razonables. Sin embargo, la economía está mucho más abierta a otras disciplinas, puntos de vista y nuevas ideas y enfoques de lo que se piensa, y es (o puede ser) muy práctica. Supongo que es nuestro fracaso el que no seamos capaces de transmitir esto a la sociedad.

Como comentaba Ramón Marimón en la siguiente sesión, los economistas tenemos “the O O problem”: se percibe nuestra investigación, bien como “obscure” (incomprensible), o como “obvia”. Creo que merece la pena que nos esforcemos para combatir esta percepción, con el fin de que la influencia práctica de la investigación en economía pueda jugar en España el papel que ya juega en otros países.