Francisco Tomás y Valiente, in memoriam

tomas

Un amigo me ha preguntado hoy sobre la desamortización en España y entre los libros que le he recomendado estaba El marco político de la desamortización en España de Francisco Tomás y Valiente, que aunque publicado en 1972, sigue siendo una buena introducción a muchos de los aspectos de la misma. Recuerdo como leí el libro con tremendo interés durante la clase de estructura económica de España de tercero de la (antigua) carrera. Por ahí anda mi copia en la estantería de la oficina de mi casa, en la sección de historia de España del siglo XIX, a la derecha de mi mesa, abajo.

Y cuando escribía el correo con la recomendación caí que hace ya 20 años que la barbarie y la sinrazón acabaron con la vida de Francisco Tomás y Valiente. Aunque el aniversario fue en febrero, he de reconocer que se me escapó. Pero en estos días en los que algunos parecen querer olvidar lo que pasó en España o, casi peor, justificarlo con ejercicios de malabarismo dialéctico que solo esconden las miserias propias, no he podido resistir la tentación de escribir una breve entrada.

Esta noche, en mi propio homenaje de día de difuntos, sacaré el libro de Tomás y Valiente y releeré un par de capítulos. La locura salvaje pudo acabar con su vida, pero no con el recuerdo que muchos tenemos todavía de la obra y contribuciones de Tomás y Valiente. Quizás al profesor le gustaría saber que, 20 años después, le seguimos leyendo.

Hay 5 comentarios
  • Gracias Jesús por esta breve reseña. Me acuerdo muy bien del asesinato de tomás y Valiente, estaba yo por entonces vinculado a la Universidad Carlos III (creo que era profesor asociado, pero asociado de los de España, no de los de allí).

    Que violaran el espacio universitario me pareció además un agravante. Recuerdo también a Luis Alberto Belloch en la TV hablando de su asesino y la manifestación que transcurrió por las calles de Madrid y a la que asistí. A muchos este asesinato nos dejó marcados.

    Tienes razón, seguro que le gustaría saber que segumos leyendo sus libros.

    • Gracias.

      Yo volvia de una examen en ICADE, a casa, a comer y puse las noticias de la tele, que empezaron con su asesinato (fue a las 10.48 am creo). Me quede de piedra. Una desgracia tan grande como la de cualquier otro muerto (no por ser catedratico la vida de uno vale mas que la de un policia o un guardia civil), pero, por haber tenido una relacion indirecta con el por medio de muchos de sus libros (historia del derecho, la tortura en España,...), me afecto mucho.

      La muerte de Ernest Lluch, del que tambien habia leido cosas, ya me pillo en Estados Unidos y la distancia minimizo el efecto. Pero tambien merece ser recordado (como todas las demas restantes victimas).

      • Tienes razón, no trataba de diferenciar entre las víctimas, solo hablaba en alto sobre mi reacción, absolutamente subjetiva.

        • 😉 No habia reproche alguno en mis palabras. A mi tambien me afecto mucho mas la muerte de Tomas y Valiente que la de muchos otros. Hay cosas que nos llegan mas que otras por nuestra vida, nuestra experiencia, etc. Y asesinar a Tomas y Valiente en la universidad era disparar contra lo que se supone que es un centro de dialogo, critica y razon. Fue barbarie en su estado mas puro. Solo queria acordarme de todos.

  • Es muy oportuno recordar a Tomás y Valiente y las oleadas desamortizadoras del XIX español. Todo vuelve siempre, aunque nunca igual en los detalles...

    Al igual que, en los últimos años, hemos asistido a la resurrección de debates que se creían muertos para siempre (proteccionismo, ludismo, "depression economics"), intuyo que renacerá el debate sobre la "desamortización" en un sentido amplio, es decir, sobre la conveniencia de que el estado expropie y después reprivatice riqueza que no está activa o lo está insuficientemente.

    La solución por vía de impuestos (à la Piketty) a nuestros problemas ya endémicos de paro, caídas salariales, déficit público, reducción de las coberturas sociales, etc. (problemas que en gran medida se realimentan entre sí) presenta dos conocidos inconvenientes: la evasión y (más grave aún) el efecto desincentivador (los impuestos disuaden al propietario de explotar el activo en vista de que «al final casi todo se lo va a llevar el estado").

    Por otra parte, el pequeño propietario es más propenso a explotar plenamente sus activos, puesto que necesita el rendimiento «para comer».

    De lo anterior, ¿no se deduciría que es más eficaz redistribuir los activos, y no las rentas? O sea, liberalizar mucho más la economía, pero, esta vez, «por arriba».

    En esto, como en todo, la izquierda sigue en Babia.

Los comentarios están cerrados.