El retorno de los chamanes

por admin el 04/11/2015

de Víctor Lapuente

Señores de Nada es Gratis, ¿por qué los políticos no os hacen caso?

¿Por qué uno tiene la sensación de que en España existe un profundo desfase entre, por una parte, los claros análisis de las políticas públicas hechos por expertos, profesionales y académicos de reputación internacional (como los de Nada es Gratis), y, por otra, las políticas que efectivamente se llevan a cabo? ¿”Por qué España siempre se reforma tarde, mal y nunca”? ¿Por qué, incluso en la actual coyuntura de recuperación económica, siempre quedan tantas “reformas importantes que hacer”, asignaturas pendientes y nos vemos condenados a “volver a empezar”?

No tengo una respuesta sólida. No puedo construir una explicación en un modelo económico formal, con hipótesis derivadas de ecuaciones matemáticas. Sólo tengo intuiciones. Que tampoco puedo someter a un test empírico riguroso, con una buena estrategia de identificación causal. Pero sí puedo hilvanar esas intuiciones en un relato informal que quizás pueda inspirar a otros más sabios que yo, como los colaboradores y lectores de NEG, para desarrollar una tesis más formal.

El relato se llama El retorno de los chamanes (Ed. Península) y, si estáis interesados, podéis leer un extracto aquí. En este relato exploro de forma muy libre qué tienen en común las políticas exitosas, como la flexiguridad y las icónicas políticas de bienestar de los países nórdicos, pero también alguna española, como nuestra sanidad. Y lo comparo con qué tienen en común las políticas sub-óptimas, como algunas políticas de “rigi-inseguridad” de nuestro Spaghetti Welfare, pero también las nefastas políticas nórdicas en muchos momentos de su historia, como la hiperestatalización de los años 70-80.

Lo que encuentro es que el éxito de las buenas políticas no parece estar escrito ni en la cultura ni en la religión ni en la ideología ni en unas instituciones democráticas particulares. Aunque, obviamente, estos factores pueden influir. La sugerencia del libro es que el éxito depende críticamente del framing o encuadre con el que discutimos un problema político. Y es ahí donde entran los dos personajes principales del relato: el chamán y, su némesis, la exploradora.

Ni el relato ni los personajes son originales. Me inspiro en una larga serie de científicos sociales en distintas disciplinas que ha elaborado argumentos parecidos y más rigurosos. Pero espero que la mezcla entretenga y ayude a mentes más preclaras a formular hipótesis más sólidas.

Antonio noviembre 4, 2015 a las 08:37

Supongo que la respuesta será la misma a por qué la gestión pública es tan ajena a los avances en gestión organizacional, a pesar de las evidencias de su utilidad, y de la extensísima literatura sobre el particular. Falta de incentivos, de cualificación de los responsables públicos, y ausencia de presión exterior en forma de, no ya competencia que sería candidez esperar, sino al menos de la opinión pública, que no se pronuncia hasta que se hace palmario el fracaso. Y aún así no siempre demanda soluciones distintas a las fracasadas. Pocos premios Nobel tan merecidos como el de James Buchanan y su teoría de la elección pública.

JesusR noviembre 4, 2015 a las 09:50
Greg noviembre 4, 2015 a las 13:02

Las reformas se resisten porque los grupos beneficiados por el status quo consiguen defender sus derechos adquiridos. Un caso típico en España es la siempre eterna reforma laboral. Con un paro altísimo y endémico, nadie se atreve a reformar de verdad el sistema. Además, muchas veces ni siquiera los marginados entienden que una reforma determinada les podría beneficiar. En España, también hay una tendencia de creer demasiado en el poder del estado de legislar la prosperidad. Por ejemplo, volviendo a una reforma laboral, el convencimiento generalizado de que al prohibir los despidos por ley, se mejoraría la tasa de paro. También se analiza todo problema usando una óptica determinada: la derecha y la izquierda, la gente y la casta, o independentistas y españoles. Cualquier propuesta de reforma está rechazada de entrada dependiendo de su origen. El primer paso es mejorar la formación económica en las escuelas, pero incluso una iniciativa así será sospechosa de entrada dependiendo de su origen. Recuerdo un programa de “Salvados” que criticaba la formación económica del estado en Andalucía porque enseñaba que hay que priorizar el pago de la hipoteca (obviamente, un complot de parte de la derecha y la banca). Mucho mejor una ley anti-desahucios que una decisión informada sobre el riesgo de contratar una hipoteca.

Mancuso noviembre 4, 2015 a las 14:39

Lo primero sería aceptar que el desempleo se debe a la normativa laboral. Recuerdo que con el inicio de la crisis el FMI publicó un artículo en el que evidenciaba que la mayor o menor facilidad para el despido tenía un efecto residual en los niveles de empleo (curiosamente este trabajo fue muy poco difundido); más aún, añadía que el poco efecto consistía en que se contrababa muy poco menos en etapas de crecimiento y se despedía un poco más en situaciones de crisis (en el contexto de aquel entonces, por tanto, parece que una mayor facilidad para despedir no era lo recomendado).
Cuando España crecía más que el resto de Europa en España se creaban uno de cada dos puestos de trabajo de la UE. Si el sistema es tan malo para la creación de empleo esto no se entiende. Por otro lado la misma norma laboral es de aplicación en el País Vasco y en Canarias y no parece que los efectos de la normativa sean muy perjudiciales en el primero.
Lo que si parece claro es que con políticas que fomenten el crecimiento económico se crea empleo. Creo que es aquí dónde se debe profundizar.

David noviembre 5, 2015 a las 16:35

“Cuando España crecía más que el resto de Europa en España se creaban uno de cada dos puestos de trabajo de la UE. Si el sistema es tan malo para la creación de empleo esto no se entiende.”
¿De verdad no se entiende que se creaba tanto trabajo porque nos pasamos siete u ocho años creciendo al 3 o al 4% merced a una descomunal burbuja inmobiliaria, toneladas de crédito barato y brutal endeudamiento privado, situación extraordinaria (no por buena) que no se volverá a repetir jamás, al menos mientras vivamos?

Excepto durante unos pocos años cerca del pico de la burbuja, en los que casi llegamos a converger (en gran parte ilusoriamente) con Europa en % de parados, llevamos 35 años doblando la media de paro de la UE. Es evidente que el mercado laboral en España es enormemente disfuncional, y claro que la legislación al respecto algo tendrá que ver. No solo, pero algo (o quizás más que solo “algo”).

Mancuso noviembre 6, 2015 a las 21:40

Buenas tardes David! Mucho me temo que no me ha comprendido, quizá me haya expresado mal. Una cosa es que determinado tipo de crecimiento sea sostenible (crecimiento basado en la creación de una burbuja que se sostiene sobre un endeudamiento creciente) y otra cosa distinta que el elevado desempleo se deba a la normativa laboral. Para hacer esta atribución habrá que exponer los razonamientos y ver, si la hay, evidencia empírica. La única que conozco es la del FMI y va en el sentido ya expuesto (que tiene una importancia poco relevante). Por otro lado, parece razonable pensar que un empresario no va a contratar a un trabajador si no tiene demanda suficiente por mucho que el mercado laboral sea todo lo flexible que se quiera. Durante el boom inmobiliario había demanda y las empresas contrataban. Creo que se puede extraer la conclusión de que si crecimiento es sano no existe motivo para que las empresas actúen de otro modo.

David noviembre 10, 2015 a las 12:38

Hola, Mancuso. Coincido contigo en que no es únicamente una cuestión de normativa laboral, aunque sí creo que ayudaría. Mi respuesta venía por la frase entrecomillada en sí, más que nada porque se la he oido a más de un dirigente como excusa para no tocar demasiado el mercado laboral, y no es una buena excusa.
¿Es cuestión de más flexibilidad en el mercado laboral? ¿De poner los incentivos correctos? ¿De productividad? ¿Tamaño de las empresas? ¿Buscar ser competitivo en sectores con mayor valor añadido? ¿Una lucha más decidida contra el trabajo en negro?

No me atrevería a dar una respuesta a ninguna de estas cuestiones porque el tema es complejo y excede con mucho mis “entendederas” del asunto, pero es evidente que el mercado laboral en España es una anomalía trágica y las causas van más allá del crecimiento económico, con aumentos del PIB similares a los de otros países nuestro desempleo lleva 35 años doblando la media de paro europea. Pero sí creo que cambios legislativos y, quizás, mejores diseños institucionales, podrían ayudar bastante a corregir esa anomalía.

¿Qué cambios exactamente? Pues ahí es donde debería estar el debate político, lo trágico es que ahí es donde nunca está, lo habitual en este tema en nuestros representantes es un cruce de reproches y propuestas basadas en lugares comunes, con una gran carga de dogmatismo ideológico en uno u otro sentido, y así no vamos a ninguna parte.

Un saludo.

Greg noviembre 5, 2015 a las 18:04

En ningún momento diría que el desempleo en España fuese exclusivamente un tema de la normativa laboral. También, por ejemplo, tendría que existir personas con la formación demandada por las empresas entre las filas de los desempleados o una cultura de riesgo para crear empresas y hacerlas crecer, etc . Tampoco se puede legislar la prosperidad, solamente crear un ambiente donde el crecimiento económico sea posible.

Dicho esto, con la óptica de extranjero, empresario y trabajador en España desde los años 90, sigo alucinado a pesar del paso de los años con normativas que promueven: el activismo ideológico de los tribunales laborales, la división del mercado entre “insiders” y “outsiders” vía el tipo de contrato (además por ley), la indemnización con la función exclusiva de hucha de ahorro, la total inutilidad desde siempre de los servicios públicos de empleo, los convenios sectoriales obligatorios, los sindicatos verticales y patronal subvencionados por los contribuyentes, la ineficacia (y corrupción) de la formación oficial para desempleados y la discriminación contra los mayores de 45 años (y contra mujeres, por raza, etc.). Pleno empleo en España quiere decir estar cerca del 10% de paro (una emergencia en otros países) y en cada crisis se dispara por encima del 20% porque lo que se ha promovido en el pasado con la normativa laboral son los despidos y el cierre de las empresas.

Mancuso noviembre 6, 2015 a las 21:52

Creo que sigue enfocando en problema fundamentalmente desde el punto de vista de la normativa laboral.
Me gustaría saber cuantas empresas no encuentran el personal demandado. Y si son muchas creo que sólo sería cuestión de información. Muchos egresados universitarios (y de otros ámbitos) están deseosos de trabajar.
En España, si no ha cambiado, el 80% de las empresas cierran a los cinco años de su apertura. No sé si esto corresponde con falta de asumir riesgos.
La prosperidad se puede legislar y fomentar. No se entiende el crecimiento alemán, coreano o japonés (entre otros) sin el papel desempeñado por el Estado de forma más o menos directa. Las ayudas a las empresas farmacéuticas el los EEUU son enormes (un sólo ejemplo).
Cada uno de los puntos que menciona supongo que deben ser desarrollados para poder estar de acuerdo o no. Pero me sorprende, por ejemplo, lo que dice para los mayores de 45 años. Desde que he estudiado derecho laboral (hace ya bastante) este colectivo siempre ha tenido ayudas para su contratación. Desde el inico de la crisis no sólo no ha disminuido el número de trabajadores de esta edad sino que ha crecido (los menores de 25 años en cambio han caído a la mitad).
Vuelve en su ultima frase a cargar contra el derecho laboral como causante del nivel de desempleo. Yo le hablo como español que siempre ha vivido en España y puedo afirmar que, en la práctica, la inmensa mayoría de las empresas tienen total libertad para imponer las condiciones laborales.

Mancuso noviembre 4, 2015 a las 14:33

Pues las explicaciónes pueden ser muchas y variadas, incluso contrarias y parcialmente verdaderas. Un ejemplo, puede que el modelo de gestión de personal de empresas como Goldman Sach sea bueno para la empresa e incluso (en parte) para los trabajadores que continúan en ella. Pero puede que la sociedad en general no acepte como modelo empresarial uno que cada año despide al 10% de los trabajadores para forzarles a una guerra de todos contra todos. Entre otras cosas porque, por muy eficientes que lleguen a ser, siempre habrá un 10% que se quede delcolgado. Por lo tanto parece razonable que el fin justifique el medio. La políticas públicas deben trascender lo puramente económico.
En otros caso, claro está, la adopción de determinadas medidas pueden no tener justificación alguna.

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