El legado de Douglass North: Instituciones, superación e interdisciplinariedad

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de Álvaro La Parra-Pérez (@AlvaroLaParra)

Douglass North falleció el pasado 23 de noviembre a los 95 años de edad. Para los economistas y el público en general es conocido por su trabajo pionero en Economía Institucional y por haber sido uno de los galardonados con el Premio Nobel de Economía en 1993 junto con Robert Fogel. El reconocimiento tiene un mérito especial dado que los historiadores económicos no gozamos de demasiada popularidad en Economía. Un dato al respecto: entre los 1282 anuncios de trabajos para doctorandos en la web de la American Economic Association, tan sólo 21 (un 1,6%) buscan explícitamente historiadores económicos (datos consultados el 26 de noviembre). El primer gran mérito de North consistió, pues, en abrirse paso y ganarse el reconocimiento de sus colegas en un campo “minoritario”.Los escritos de North me motivaron durante mis años de licenciatura. Años después, realicé mi tesis bajo la dirección de John Wallis, discípulo aventajado del Premio Nobel. Mi relación con North es, pues, indirecta. No puedo añadir gran cosa a lo que ya se ha apuntado sobre la entrañable personalidad de North en todas las facetas de su intensa vida, pero sí me gustaría señalar, a modo de introducción para el lector no especializado y de homenaje desde mi modesta posición de “nieto académico”, algunas de sus principales contribuciones. Me centraré en tres: el desarrollo de la Economía Institucional, su capacidad de superación a partir de la autocrítica y su decidida apuesta por la interdisciplinariedad.

En su discurso de aceptación del premio Nobel, North define la tarea principal del historiador económico como el estudio del cambio y comportamiento (performance) de las economías a través del tiempo. Para afrontar esta tarea, tan titánica como ambiciosa, North pronto apuntó a la importancia de las instituciones. “Instituciones” es seguramente uno de los términos más usados (y abusados) en Economía y en las Ciencias Sociales en general. De hecho Robert Bates ha llegado a afirmar irónicamente que “si, como algunos proclaman, las instituciones reinan (…) uno querría pensar que no es porque cualquier cosa es una institución”. El principal mérito de North estriba en dotar al concepto de “institución” de un sentido muy preciso que nos permite avanzar en el desarrollo de una teoría institucional más allá de conceptos vagos que gobiernan porque pueden ser usados capciosamente por el autor de turno. Utilizando un símil deportivo, North define las instituciones como las reglas del juego (formales o informales) y los medios disponibles para su aplicación. Esta definición diferencia “instituciones” (reglas y medios para aplicarlas) y “organizaciones” (los equipos que juegan entre sí con las reglas como trasfondo). ¿Goza la definición de North de consenso general en la profesión? Desgraciadamente, no. La Economía Institucional es una disciplina relativamente joven en el seno de la Economía. Los problemas de consenso en la definición de algunos de sus conceptos básicos son evidentes y de hecho, si bien todos están dispuestos a aceptar que se trata de “Economía”, lo de “Institucional” aún significa cosas distintas dependiendo del autor al que leamos. Pero, batallas conceptuales al margen, los estudios empíricos más recientes han confirmado su intuición pionera y esencial: las instituciones son clave para entender el desarrollo económico (aunque no faltan los escépticos sobre estos resultados empíricos).

Su segunda aportación tiene que ver con su capacidad para la autocrítica y el uso productivo de ésta. Una de las características más singulares del economista de Cambridge fue su inteligencia para reconocer los errores de sus trabajos y su talento para usar como aliciente para superar dichas limitaciones en proyectos posteriores. En una profesión como la académica, en la que el principal problema de espacio a menudo consiste en acomodar nuestros egos en el departamento, North era un ser atípico en su humildad y reconocimiento de las equivocaciones. Tal vez por eso, el lector puede sentirse algo desconcertado al acercarse a sus múltiples obras. No hay un solo Douglass North, sino varios (recomiendo la lectura de este artículo de John Wallis como una introducción concisa pero muy completa al pensamiento y evolución de su maestro). Y lo que es peor: a menudo, los múltiples North son contradictorios entre sí o niegan lo proclamado por sus “yo antiguos”. Su primer libro, The Economic Growth of the United States, 1790–1860, (1961) es una obra netamente económica y neoclásica en la que el desarrollo económico de los Estados Unidos se explica a través de un modelo basado en las exportaciones. Los precios (y no las ideas o la iniciativa empresarial) gozan de todo el protagonismo. Incluso cuando North empieza a virar hacia la economía institucional en los años 70, lo hace a través de un enfoque puramente neoclásico en el que los agentes económicos y políticos -en ese ejercicio tan racional pero que roza la tautología- cambian las instituciones solo cuando los beneficios son superiores a los costes. El discurso de 1974 como presidente de la Economic History Association marca un punto de inflexión en su carrera. En él, critica la teoría neoclásica por ser insuficiente para entender el proceso de cambio institucional y económico. Todo esto se ve reflejado fundamentalmente en Structure and Change in Economic History, que muchos consideran el mejor libro de North. Structure and Change mantiene algunos elementos claves de la teoría neoclásica (que se defienda que la economía neoclásica no sirve por sí sola para responder a la pregunta principal de la Historia Económica no significa que sea totalmente inútil y debamos prescindir de ella), pero North defiende que el cambio institucional no siempre da pie a las mejores instituciones para promover el crecimiento económico y señala la necesidad de desarrollar una teoría de la ideología (creencias) de la se carecía por entonces y seguimos careciendo actualmente. Structure and Change contiene los elementos principales que estructurarán el resto de la obra de North hasta nuestros días. Después vendrá Institutions, Institutional Change, and Economic Performance (1990), donde expone su famosa definición de instituciones como reglas del juego y la diferencia con las organizaciones (o los jugadores). Understanding the Process of Economic Change (libro publicado en 2005) supone el principal intento del autor para adentrarse en el proceso de formación de ideas (creencias) y aprendizaje. Y por último, Violence and Social Orders (escrito con John Wallis y Barry Weingast) explora las interacciones entre instituciones y organizaciones. En esta última obra, los autores proponen un nuevo marco conceptual que combina política y economía para entender cómo las sociedades han controlado la violencia a través de la historia y esbozar una teoría del cambio institucional similar (pero para mi gusto más sofisticada y rigurosa) a la popularizada por Acemoglu y Robinson en Why Nations Fail tres años después.

La tercera gran contribución de North –la interdisciplinariedad- ya es evidente a estas alturas. Ahora que las Ciencias Sociales y Humanidades tienden a vivir de espaldas las unas de las otras (y, por desgracia, la Economía parece ser un buen ejemplo de ello), la carrera de Douglass North es un continuo esfuerzo por no constreñirse a una única disciplina para poder responder mejor a las preguntas que le interesan: ¿por qué las economías se comportan de un modo tan distinto y cambian a lo largo del tiempo? Sus primeros textos pudieron tener un carácter puramente económico y neoclásico, pero nuestro economista nunca dudó de la importancia de la Historia para entender el presente. Sus últimos libros han tratado temas tradicionalmente asociados a la Psicología, la Politología, la Antropología o la Sociología. Seguramente, en este terreno de la interdisciplinariedad, North será recordado como uno de los precursores de la Cliometría (a veces llamada “Nueva Historia Económica), esto es, el esfuerzo por aplicar modelos económicos y técnicas estadísticas al estudio de la Historia. La Cliometría nace en los años 70 y fue inicialmente aceptada por los partidarios de una Historia e Historia Económica menos cuantitativa. Por desgracia, las relaciones entre “cliómetras” e historiadores pronto se hicieron más tirantes y tal vez North no es inocente de haber promovido un revisionismo cuantitativo que, aun necesario, fue algo agresivo y displicente con respecto a otras metodologías y enfoques en el estudio de la Historia Económica y de la Historia. Pero, errores de arrogancia juvenil al margen, sabemos que el pensamiento de North es de todo menos monolítico y estático. Su evolución lo alejó progresivamente de cualquier fanatismo metodológico y lo convirtió en un necesario “Pepito Grillo”, un agitador de la conciencia de historiadores y economistas por igual. North nos recuerda a unos y a otros que no sabemos nada, que las preguntas importantes aún no tienen respuesta y que nos faltan elementos fundamentales (teoría de la ideología o del cambio institucional, por ejemplo) para responder adecuadamente a algunos de los retos más importantes que afrontamos como historiadores económicos o científicos sociales en general: ¿cómo cambian las sociedades?, ¿por qué algunas sociedades han evolucionado hacia un orden social más pacífico y eficiente que otras? Difícilmente alcanzaremos algo parecido a una respuesta satisfactoria para estas preguntas desde nuestros reinos de taifas disciplinares. La obra de North, su evolución y su enfoque, tan heterodoxo como ecléctico, constituyen una motivación inmejorable para promover la colaboración entre disciplinas y luchar contra nuestra abrumadora ignorancia.

Las Ciencias Sociales (no solo la Economía) se quedan huérfanas tras la muerte de North. Nos queda sin embargo su impresionante legado y, por difícil que sea, nos toca seguir batallando con las preguntas cruciales que este menudo economista de mente inquieta puso sobre la mesa. Gracias por todo, Doug.

Hay 2 comentarios
  • Muchas gracias por la entrada, ha sido un resumen amplio, completo y accesible para los que solo conocíamos cuestiones muy puntuales e introductorias. Excelente.

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