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Desigualdad, Movilidad e Innovación

por Gerard Llobet el 21/01/2016

El libro de Thomas Piketty, el Capital en el Siglo XXI, del que hemos hablado en entradas anteriores (cómo aquí o aquí) es sin duda uno de los trabajos más influyentes de los últimos años en la profesión. Una de las mayores contribuciones de Piketty (y sus co-autores) ha sido obtener datos acerca de la evolución de la distribución de la renta y la riqueza en 20 países (Samuel habló del caso español aquí). De estos datos se ha destacado la gran proporción de la riqueza (y de la renta) en manos del 1% o el 0.1% más ricos. También se constata el incremento de esta proporción en las últimas décadas Pero ¿a qué se debe este incremento? Una de las explicaciones más habituales es la disminución del papel del Estado en la redistribución de los ingresos vía impuestos. Sin embargo, un trabajo reciente de Aghion, Akcigit, Bergeaud, Blundell y Hémous (2015) (AABBH a partir de ahora) indica que el crecimiento de la innovación de las últimas décadas puede explicar una gran parte de este incremento y eso puede tener un lado bueno al aumentar la movilidad social.

AABBH parten de la observación de que en EEUU la proporción de los ingresos yendo al 1% más rico ha aumentado a la par que la innovación (medida como patentes per cápita) que llevan a cabo la empresas (Figura 1 abajo). Y sí, el número de patentes no es la mejor medida del mundo para hablar de innovación pero en el resto del análisis las ponderan por medidas de calidad como número de citas, que han mostrado ser un indicador bastante razonable.
Figura 1

Para explicar esta regularidad desarrollan un modelo clásico a la Schumpeter donde la innovación permite reemplazar a las empresas ya establecidas. Como resultado, cuando las empresas tienen tecnologías parecidas sus beneficios son muy bajos debido a la competencia, pero cuando un innovador las reemplaza obtiene mayores beneficios debido a la mayor calidad de su producto. Estos beneficios se trasladan al innovador/directivo/accionista que entra a formar parte del segmento rico de la sociedad. Con el tiempo este innovador será imitado o reemplazado por otra empresa y sus rentas se disiparan.

Esta explicación de la desigualdad es muy distinta de la que ilustra el libro de Piketty. Para AABBH la innovación genera desigualdad y a la vez movilidad al hacer que los pobres de hoy, con buenas ideas, sean los ricos de mañana. Las referencias de Piketty a Jane Austen y a Honoré de Balzac nos remiten a sociedades de rentistas, que preservan su estatus debido a que el valor de sus propiedades crece más rápido que la economía. Sin embargo, el libro no va sobre rentistas de una novela del siglo XIX como algunos críticos con pocos escrúpulos nos quieren hacer creer. Así, en la práctica la discrepancia entre Piketty y AABBH no es tan grande porque, aunque a menudo se olvida, Piketty dedica una parte de su libro a tratar, aunque de manera menos sistemática, la mayor movilidad que hemos observado en las últimas décadas asociada a la innovación.

El trabajo de AABBH contrasta en los datos las implicaciones de su modelo. La más obvia es si realmente la innovación explica el incremento en la desigualdad y si, como indicaría el modelo, también contribuye a a aumentar la movilidad. Para lo primero utiliza datos de EEUU a nivel de estado entre 1975 y 2007 y relaciona el número de patentes (en logaritmos) con el porcentaje del ingreso que va al 1% más rico. La columna (1) de la siguiente tabla muestra que un incremento en el número de patentes del 1% genera un incremento en la renta del 1% más rico de cerca del 0,17%.

Tabla6

La tabla también muestra otros resultados interesantes. El primero es que la innovación no explica otras medidas de desigualdad más amplias como el ingreso del 10% más rico (columna 3), el coeficiente de Gini (columna 4) o el índice de Atkinson(columna 6). El segundo es que la proporción de ingresos del 1% más rico y algunas de las otras medidas de desigualdad crece con el tamaño del sector financiero y es menor cuando el Estado es más grande. Por cierto, estos resultados se obtienen en una regresión con instrumentos que no voy a discutir aquí (representantes del Estado en el comité de apropiaciones e innovación en estados adyacentes), lo que nos permitiría hacer interpretaciones causales.

La segunda parte del trabajo relaciona innovación y desigualdad. La dificultad en este caso proviene de obtener datos a nivel de Estado, lo que les obliga a analizar áreas metropolitanas para las que sí existen indicadores de desigualdad. Sus resultados muestran que en aquellas áreas en las que la innovación aumenta, la movilidad crece tanto si la medimos como el percentil “esperado” que alcanzará el hijo nacido de un padre en el percentil 25 inferior (AM25) o la probabilidad que tiene este niño de transitar desde el quintíl del ingreso más bajo al más alto (PM1-5) o del segundo más bajo al más alto (PM2-5).

Tabla12

Por supuesto, uno podría argumentar que para que la movilidad aumente como resultado de la innovación está debería ser llevada a cabo por nuevas empresas. Es decir, si las mismas empresas que ya están en el mercado innovan, la posición de sus accionistas/directivos en la distribución del ingreso no se vería afectada (algo así como los rentistas de Austen y Balzac). Para comprobar si este es el caso, los autores diferencian las patentes entre aquellas que pertenecen a entrantes (empresas que no han patentado nada en ese área hasta los últimos tres años) y empresas establecidas (el resto, en inglés “incumbent”). Como la siguiente tabla muestra, sus resultados son consistentes con esta idea y las innovaciones de las empresas ya establecidas no afectan a la movilidad social.

Tabla13

Finalmente, una de las contribuciones más interesantes, sobre todo desde la perspectiva española, es el efecto de los grupos de presión (lobbies) sobre como la innovación afecta la desigualdad y la movilidad. Para ello construyen un indicador de la importancia que tienen los lobbies en cada área metropolitana basado en las contribuciones que las empresas de cada sector hacen a los partidos políticos (ver aquí) y ponderadas por el tamaño que tiene cada sector en ese área metropolitana. Sus resultados, en la siguiente tabla, indican que los grupos de presión reducen el impacto que tiene la innovación sobre los ingresos del 1% más rico. La segunda columna, sin embargo, muestra que esto sucede a través de su efecto sobre los entrantes. Esto podría suceder, por ejemplo, porque los grupos de presión consiguen imponer legislación que beneficia a las empresas establecidas en detrimento de los entrantes (algo parecido a nuestro “capitalismo de amiguetes” y tiene que ver con un comentario de Jesús a su entrada del martes). En cuanto a los efectos sobre la movilidad, los autores separan las áreas metropolitanas entre las que tienen una importancia de los grupos de presión por encima de la mediana (columna 4) o debajo de ésta (columna 5). Los resultados muestran que la innovación por parte de los entrantes solo aumenta la movilidad en el último caso, cuando los grupos de presión son poco importantes.

Tabla15

¿Qué podemos concluir de este trabajo? Aunque la innovación aumenta la ingresos del 1% más rico (y no necesariamente la desigualdad de manera más amplia) también tiene el potencial de incrementar la movilidad social. Para ello, son necesarias instituciones que promuevan la igualdad de oportunidades y mantengan a los grupos de presión (y las empresas establecidas) bajo control.

Ah, ¿y quién es el 1%? Un artículo reciente de la OCDE nos lo muestra para países europeos. Los siguientes gráficos son para el caso español, y lo contrastan con el otro 99%.

Spaintop1

Jorge Bielsa enero 21, 2016 a las 09:35

Muy bueno e instructivo, gracias.
La innovación sería el colesterol bueno de la desigualdad.
Pero hay mucho colesterol malo por ahí. En cuanto hemos tenido un poco de anemia económica, se ha convertido en una verdadera enfermedad. Habrá que desarrollar buenas medidas para medir el colesterol malo (como los grupos de presión) ya que esa que utilizan AABBH me parece un poco difícil de medir (contribuciones empresas a partidos).

Epicureo enero 23, 2016 a las 00:44

Efectivamente, la desigualdad que se produce porque algunos innovan y se enriquecen no es mala, sino que puede ser hasta buena.
Pero el mismo artículo reconoce que no toda la desigualdad viene de ahí: “… la innovación no explica otras medidas de desigualdad más amplias como el ingreso del 10% más rico (columna 3), el coeficiente de Gini (columna 4) o el índice de Atkinson(columna 6).”
Y esta otra desigualdad, la que se produce en detrimento de los más pobres o de la clase media-baja (la mayoría de la población) es la más preocupante por sus efectos sobre la estabilidad política y social (aparte de ser especialmente injusta, claro).
Me encantaría algún artículo que estudiara esto.

Antonio enero 21, 2016 a las 09:42

Muy interesante análisis. Sólo un apunte sobre la frase final. Afirma que “son necesarias instituciones que mantengan a los grupos de presión bajo control”. Lo cual resulta contradictorio, puesto que la principal, si no la única razón, por la que existen grupos de presión, es la existencia de instituciones cuya capacidad de control se busca presionar.

También es llamativa la mención al siglo XIX, cuando en esencia las rentas fruto de la Revolución Industrial y del librecambismo, las innovaciones de la época, son las mismas que las que produce actualmente la innovación, y la desigualdad que producen la misma que hoy. El Sr. Darcy de Jane Austen no era un noble de rancio abolengo, sino un ‘gentleman’ perteneciente a la nueva clase de hombres de negocios que apareció en esa época.

La obra de Piketty, por lo demás, ya ha sido suficientemente desacreditada por parcial y falta de rigor, por lo que no merece la pena hablar mucho más de ella.

http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2543012

Jorge Bielsa enero 21, 2016 a las 10:19

Antonio, con todos los respetos, todos los rentistas de la historia se han considerado a sí mismos “gentleman”. Y me parece que usted ha leído la entrada de Gerard igual que la novela de Austen: a trozos.
Y si me permite un consejo, lea los capítulos que se citan de Piketty por Usted mismo y no se deje llevar por esas apresuradas y vehementes críticas.

Antonio enero 21, 2016 a las 13:30

Con los mismos respetos, no creo que tenga mucho que ver la opinión que una clase pueda tener de si misma para lo que estamos hablando. La cuestión es que el tan denostado, para algunos, siglo XIX, fue en el que se produjo la sustitución de la aristocracia terrateniente como grupo social dominante, por la burguesía industrial y comercial. Y, más importante aún, en el que se vio el nacimiento de la clase media. Cosa inconcebible sólo un siglo antes. Sólo esos dos hitos tan revolucionarios para el bienestar social y el progreso económico debieran bastar para relegar las opiniones dickensianas al lugar que se merecen. Más allá de obras de ficción, es la realidad histórica la que hay que tener clara para aproximarse al tema a tratar.

Lo que, dicho sea de paso, casa perfectamente con lo que dice el artículo sobre desigualdad, innovación y movilidad social. Mi comentario no trata de rebatir nada de lo que se dice, sino de mostrar extrañeza sobre que con la obra de Piketti no haya sucedido lo mismo que con la de Reinhardt y Rogoff, por ejemplo.

Jorge Bielsa enero 21, 2016 a las 20:42

Yo usaba “gentleman” en el contexto verbal de su comentario: contrapuesto a la nobleza de rancio abolengo (y por lo tanto productivo-creativo-no rentista). Los personajes de Balzac y Austen en el fondo añoran ser como los rentistas de toda la vida. ¿Por qué? porque son conscientes de que, por mucho que traten de dedicarse a actividades productivas, nunca alcanzarán la riqueza de los que viven de lo acumulado en el pasado. Por eso los usa Piketty en su ‘particular’ aproximación a la desigualdad (que en ningún momento dice que sea la única).
¿Clase media en el XIX? Es un interesante debate. Lo que hoy entendemos por clase media, como actor político social y económico relevante en una realidad del siglo XX.
A Piketty también le buscaron errores de cálculo (recuerdo un intento que fue inmediatamente publicado en el Financial Times), pero no los encontraron. Otra cosa es la definición y concepto del stock de capital, que efectivamente ha tenido muchas críticas por la inclusión de la vivienda.

Antonio enero 21, 2016 a las 21:46

En las aspiraciones nobiliarias de la burguesía coincido completamente. No tanto en las motivaciones. El matrimonio de conveniencia típico, ya desde el siglo XVIII, se daba entre familia noble económicamente deprimida, y familia burguesa próspera ansiosa de rematar su éxito económico con un título nobiliario. El debate sobre las clases en el XIX sí que es interesante. Supongo que debido a la inercia histórica, la burguesía volvía los ojos hacia la nobleza, cuando en las épocas verdaderamente aristocráticas del feudalismo la existencia de esta nueva clase era entre nula y testimonial.

De igual forma, la clase media (profesionales, trabajadores especializados, pequeños comerciantes, etc) tampoco terminaba de encontrarse cómoda en el nuevo orden social, y en buena medida buscaba ‘consuelo’ en ideologías contrarias al sistema económico que les había creado. Los fundadores del PSOE son todos ejemplos de esta nueva clase, y por más anticapitalistas que fueran, un siglo antes difícilmente habrían sido nada más que campesinos sometidos a cualquier cacique local.

Llama la atención como el desclasamiento que conllevó la revolución industrial, para mejor en todos los casos excepto para la nobleza, cuyo patrimonio agrícola se devaluó enormenente ante la rentabilidad de la industria y el comercio, se percibió de forma traumática por la mayoría de los beneficiados, y ha legado una imagen bastante distorsionada de lo que el siglo XIX supuso en realidad.

Para los errores de Piketty, en el enlace que puse se muestran algunos muy detallados. Tan sorprendentes son que uno no puede sino cuestionarse la obra por completo.

Jorge Bielsa enero 22, 2016 a las 10:15

Queda clara su postura y sus fundamentos. Todo el mundo somos libres de distorsionar las cosas como queramos.
He leído algo el enlace que aporta para desmontar el libro de Piketty y alguna de las (escasas) citas que tiene esa publicación sin peer review. Bueno, ahí están publicadas y todo el mundo las puede juzgar.

Gerard Llobet enero 21, 2016 a las 17:18

Antonio,
Evidentemente mi frase lo que quería capturar es la idea de que necesitamos instituciones que sean menos susceptibles de ser capturadas por los grupos de interés (o por políticos que sean receptivos a sus argumentos). Esto es algo que en el blog hemos discutido en numerosas ocasiones.
En cuanto al trabajo de Piketty, no creo que haya sido desacreditado, ni mucho menos. Si que ha sido lugar a multitud de críticas, algunas de las cuales hemos discutido aquí (y hay referencias en esta entrada a las mismas). Estas críticas son mucho más profundas que la que mencionas en tu comentario, por cierto.

Antonio enero 21, 2016 a las 18:58

Es verdad que puede parecer evicente, pero dicho como refleja en su respuesta queda más claro que en la frase original, gracias. No en vano, cuanta más capacidad de control tengan las instituciones, más incentivos tendrán los grupos de presión para buscar el favor de ese poder.

Y con respecto a Piketty, es verdad que ha sido muy criticado, pero no me pareció apropiado agregar una larga lista de enlaces. Con uno que mostrara la falta de rigor en los datos, cuando no el tratamiento completamente erróneo de los mismos, que pueblan su libro, y que por lo tanto cuestionan sin remedio la validez de las conclusiones basadas en dichos datos, me pareció suficiente.

Además, la fecha de ese paper es posterior a la de las referencias que aparecen en este artículo, por lo que me pareció el más oportuno de citar. Que Piketty continúe teniendo seguidores, no lo dudo. Que las evidencias de la falta de calidad de su trabajo hayan sido rebatidas, sí. Debe ser que los escritores declarados de izquierda tienen mayor bula que los considerados de otra corriente, como señaló en su día el FT al contraponer los errores de Piketty y su falta de autocrítica, con lo ocurrido con el famoso trabajo sobre el crecimiento y la deuda escrito en su día por Reinhart y Rogoff. Quienes no sólo aceptaron sus fallos, sino que poco después publicaron una fe de erratas y una nueva versión corregida.

Gracias por el artículo y por la respuesta. Saludos.

http://www.ft.com/intl/cms/s/2/e1f343ca-e281-11e3-89fd-00144feabdc0.html#axzz3xtjmFyWN

Escéptico enero 21, 2016 a las 11:22

Muy interesante la entrada. Imagino que otra conclusión del estudio es que políticas orientadas a fomentar la innovación podrían favorecer la justicia social (asumiendo que la movilidad es un factor de justicia social).

Alamein enero 21, 2016 a las 15:54

Un problema clásico con el siglo XIX es que NO tenemos estadísticas de los períodos ANTERIORES, ya que en el siglo XVIII no existían estadísticas ni datos del nivel de pobreza y desigualdad, ni sabemos si la mortandad no era lo que bajaba la pobreza simplemente porque morìan muchos pobres y nada más, no por progreso real. (No por nada, Malthus surgío precisamente en el siglo XIX cuando por primera vez bajaba la mortandad considerada como inevitable).

Y dado que no tenemos datos comparativos es fácil presentar el siglo XIX como un universo dickensiano puro, y no tener ni la menor idea de si la pobreza en comparación con los tiempos anteriores.

En cuanto a las clases, es interesante recordar que Dickens repudiabó en toda su obra la teoría de que la pertenencia a una clase social dada predeterminara la ideología o conducta y escala de valores de la gente: hay ricos malos y ricos buenos, hay pobres miserables y ladrones y pobres honestos, hay gente de clase media buena y mala, y hay quienes como Madame Defarge y Scrooge cambian y se transforman de justicieros en mounstros (Madame Defarge) o de monstros en benefactores (Scrooge) en una misma novela…un poco como los personajes de Juego de Tronos que son también muy ambiguos, como buenos seres humanos que son. (Perdón por el símil que a lo mejor no sea muy adecuado, pero no he podido resistir la tentación de ponerlo).

durruti77 enero 21, 2016 a las 17:01

Como soy ingeniero y llevo más de 10 años trabajando en temas de innovación, medir a esta última según las patentes publicadas me da cierto escalofrío, la verdad. Pero quizá no haya otra forma mejor…
Aunque he leído el artículo entero, no sé si se me ha pasado; pero no me queda claro que la proporcionalidad innovación/desigualdad implique causalidad. ¿Se ha extrapolado la hipótesis a otros países? Creo recordar que en Francia no ha aumentado mucho la desigualdad, y seguro que las patentes publicadas han subido (¿hay algún país del mundo en el que no hayan subido las patentes publicadas en las últimas decadas?)
Una hipótesis. La patente es el premio/peaje que pagamos al innovador por su esfuerzo. Sin embargo, muchas veces, los que se forran de verdad (1%) son los inversores que compran la empresa o una participación al emprendedor original. Así que al final la patente sería simplemente otra renta más para el señor Darcy. Es la patente en sí, la que crea desigualdad. La innovación es la que fomenta la movilidad social.

Gerard Llobet enero 21, 2016 a las 17:17

Durruti,
En la entrada digo, explícitamente, que medir la innovación como número de patentes no es una gran idea. También digo que la literatura es consciente de este problema y, como en el caso de este artículo, se utilizan las patentes ponderadas por sus citas, que si que tienen una relación razonable con el valor de la innovación. Esto es algo que estableció por primera vez Manuel Trajtenberg en un artículo “clásico” en la literatura:

http://www.jstor.org/stable/2555502

En cuanto a como se establece la relación entre innovación y desigualdad, en el artículo se basan en la variabilidad de la innovación y la desigualdad entre estados en EEUU. La ventaja de esta estrategia sobre la variación entre países es que entre los estados las diferencias institucionales son menores. Sus regresiones instrumentan la variable relacionada con la innovación, precisamente para que su relación sea causal.

durruti77 enero 21, 2016 a las 17:43

Ok, queda entendido. Muchas gracias por la explicación adicional, y por el artículo.

Ramón García enero 21, 2016 a las 23:40

Discrepo profudamente en usar el número de patentes como indicador de innovación.

El sistema de patentes de USA favorece la concesión de patentes triviales, usadas con frecuencia bien para impedir la competencia, o incluso de forma preventiva antes de otro patente lo que uno hace. Hay incluso patentes de “métodos de negocio” que no es más que la ocurrencia de hacer algo. Por ejemplo, usar carburo de silicio como sustituto de bajo coste del diamante está patentado. Todos los incentivos van en esa dirección: la oficina de patentes se autofinancia con las tasas, y por tanto tiene más recursos cuantas más patentes conceda; los examinadores acaban como abogados de patentes y tendrán más trabajo cuantas más patentes se otorguen. El sistema federal permite que Texas se lucre actuando como jurisdicción de conveniencia favorable a los extorsionistas de patentes triviales (a veces rectifica)

Juan enero 22, 2016 a las 01:11

Podria hacerse el estudio quitando las patentes de software.
Pero la pregunta evidente es que si el porcentaje de patentes triviales cambia con el tiempo. Si no, la correlacion sigue siendo valida.

NaBUru38 enero 23, 2016 a las 17:12

Numerosas innovaciones no se patentan. Unas son secretos (Coca Cola), otras son abiertas (penicilina, Linux, Wikipedia).

El problema de la innovación tecnológica es que requiere gran especialización y gran escala. Esto causa la desigualdad.

polvora enero 25, 2016 a las 11:45

Ya se reconoce en el propio artículo. También se dice que se ponderan por otras medidas. Por ejemplo las citas. No cabe esperar que las patentes irrelevantes tengan muchas …

J. Barquero enero 22, 2016 a las 15:11

Existe un trabajo de Stiglitz en el que trata de explicar los hechos de Piketty, (aumento de la riqueza y de la desigualdad de su reparto, mantenimiento de retorno al capital y bajos salarios, lo cual segun la teoría neoclasica no encaja,…ni Piketty explica).
De hecho, al él diferenciar Riqueza y Bienes de capital, son en gran parte medidas restrictivas de la competencia, (monopolios, excesiva protección de la propiedad intelectual !!!, rent-seeking activities, …etc), las causantes de la desigualdad……vamos al estilo del bloqueo en Bna a la oferta hotelera y el aumento de capitalización de las empresas hoteleras……el efecto distribución es “magnifico”….Sería buenísima idea glosar ese artículo en Nada es Gratis, …..lo dejo aquí así como un video donde presenta el paper:

http://www8.gsb.columbia.edu/faculty/jstiglitz/sites/jstiglitz/files/2015%20New%20Theoretical%20Perspectives.pdf

http://ineteconomics.org/ideas-papers/interviews-talks/new-theoretical-perspectives-on-the-distribution-of-income-and-wealth-among-individuals

Jose Pablo enero 22, 2016 a las 19:10

No deja de ser curiosa la referencia a la falta de innovación del siglo XIX donde “solo” se inventaron/descubrieron: el ferrocarril, el teléfono, el avión, el cine, las vacunas, la fotografía, el fonógrafo …

Hombre, nada comparado con Twitter pero bastante impresionante anyway. Si las innovaciones del XIX no generaban movilidad ese sí que es un gran avance del siglo XX.

Respecto a la desigualdad es difícil escribir más sobre un tema más irrelevante … siempre que sale me acuerdo de Margaret Thatcher

https://www.youtube.com/watch?v=r2TK37ffBOs

Gerard Llobet enero 22, 2016 a las 20:29

José Pablo,
En la entrada no se habla en ningún momento de la innovación (o la falta de la misma) en el siglo XIX. Así que tu comentario está fuera de sitio. Lo único de lo que se habla es del incremento en la actividad innovadora en los últimos cincuenta años.
En cuanto a tu afirmación de que la desigualdad es un tema irrelevante, lo siento pero tampoco me parece un comentario útil. Con el título que tiene la entrada era evidente que iba a hablar de desigualdad, así que con no leerla alcanzaba. No hacía falta una clase de demagogia.

Jose Pablo enero 22, 2016 a las 23:04

Gerard,

la base de la entrada, y del estudio citado, es que “el incremento en la innovación de las últimas décadas puede explicar una gran parte de este aumento [de la desigualdad] y eso puede tener un lado bueno al aumentar la movilidad social”.

Lo que trataba de argumentar, veo que sin éxito, es que es muy difícil, si no totalmente arbitrario asignar causalidad a una variable que no se puede medir. No me refiero solo a las patentes corregidas o no por las citas (como tu mencionas) si no a como se compara la “innovación” que supone Facebook, Twitter o una nueva forma de acanalar el interior de una turbina (marginal) con la introducción de la bombilla incandescente, el agua corriente o el motor de explosión (mucho menos marginal). Por impresionante que pueda ser la biotecnología moderna, creo que todos elegiríamos vivir sin ella antes que sin vacunas o sin Pasteur.

Me parece evidente que debe existe una forma de “ponderar” las innovaciones que vuelve mentira la afirmación “incremento de innovación de las últimas décadas” o incluso en el siglo XX respecto al XIX.

En ese caso el aumento del impacto económico de las “innovaciones marginales” de las últimas décadas y su efecto sobre la desigualdad deberán tener otras causas.

Gerard Llobet enero 23, 2016 a las 18:25

José Pablo,
Pensaba que había quedado claro en la entrada que la identificación del efecto de la innovación sobre la desigualdad no se basa en la dimensión temporal sino en las diferencias entre estados en un momento determinado del tiempo. Es por ello que comparar las innovaciones actuales con las del siglo XIX es totalmente irrelevante para el análisis y creo que tu insistencia en hacerlo introduce confusión en la discusión de este trabajo.
El gráfico inicial lo único que hace es motivar el análisis y en ningún momento se debe interpretar como algo causal.

Jose Pablo enero 24, 2016 a las 02:34

Gracias Gerard por la aclaración. Nada más lejos de mi intención que introducir confusión.

Puesto que, efectivamente, el análisis se basa en diferencias entre estados en un momento determinado del tiempo, lo que a mi me ha confundido (y creo que no soy el único) es mezclarlo con la gráfica inicial, con la afirmación sobre el “incremento de la innovación en las últimas décadas” (por demostrar) y con el libro de Piketty que analiza la evolución de la desigualdad, precisamente, en el tiempo.

Pido disculpas si mi confusión a confundido a otros.

Jesús Fernández-Villaverde enero 22, 2016 a las 21:35

No solo eso Gerard. Incluso un liberal clasico debe de estar preocupado por la desigualdad. Buena parte del incremento de la desigualdad en Estados Unidos ha venido como consecuencia del intervencionismo del gobierno en el sector financiero y en la regulacion urbanistica. Como no va a ser relevante para un liberal clasico hablar de desigualdad y de sus consecuencias en este caso? Hayek seguro que habria escrito articulos preciosos sobre el tema.

Gerard Llobet enero 22, 2016 a las 21:57

Evidentemente que la desigualdad importa. En mi comentario original tenía una frase que decía que algo es irrelevante si no tiene efectos. Y pensar que la desigualdad no tiene efectos parece disparatado (se sea liberal, socialista o lo que sea). Otra cosa es que uno quiera intervenir o no y en qué dirección lo quiera hacer. Pero luego lo he eliminado porque pensaba que eso era obvio…

Jose Pablo enero 22, 2016 a las 23:43

No se trata, quiero pensar, de un tema de escuela. Es solo mi sorpresa por el hincapié que se hace en una variable de dispersión para describir una distribución.

La importancia de las cosas es como la “igualdad” de los animales: todas las cosas son importantes pero algunas son más importantes que otras. Desde la mayor de las inocencias: hablando de distribución de riqueza ¿no sería más relevante la evolución en el tiempo de la media, o de la mediana o del percentil que se elija?.

Y de hecho, (y entiéndase el histrionismo del ejemplo) parece argumentable que la diferencia de calidad de vida entre USA y Guinea para todos los grupos de ingresos viene más marcada por su diferencia en esperanza de vida (79 vs 58) o su renta per capita (55.2000 vs 470 US$) que por su diferencia en coeficientes de Gini (33.7 en Guinea y 41.1 en USA).

Además, como señala Jesús, hay un peligro evidente en convertir la desigualdad en la preocupación fundamental de la acción política: el caso de las “bienintencionadas” políticas de acceso a vivienda en USA o la “pasada de frenada” de las políticas impositivas en las (dos) Francias socialistas o los países nórdicos en los 80s.

(Y eso por no citar los “outlayers” en redistribuciones, que luego JFV regaña. Tal vez con razón, pero uno no puede evitar pensar que si la “bondad” de las redistribuciones es un tema “de grado”, dios nos pille confesados si son los políticos los que no deben “pasarse de la raya”)

urano enero 25, 2016 a las 16:26

Creo que el vídeo que adjunta solo prueba que en el Parlamento británico también sea usa la demagogia a discreción.

RamonM enero 22, 2016 a las 20:06

Innovación.movilidad social, con cambios que se avecinan disruptivos en la actual cuarta revolución industrial, cientifica, cooperativa, anunciada en 1992, por Drucker hace una década que ya esta aqui, esta revolución cientifica disruptiva, que incluye desarrollos en campos previamente inconexos como la inteligencia artificial y la máquina-learning, la robótica, la nanotecnología, la impresión 3-D, y la genética y la biotecnología, provocará la interrupción generalizada no sólo para los modelos de negocio, sino también a los mercados de trabajo más los próximos cinco años, con enormes cambios predichos en el conjunto de habilidades necesarias para prosperar en el nuevo panorama.

Además, cualquier destreza técnica tendrá que ser complementada con fuertes habilidades sociales y de colaboración.

Esta es la conclusión de un nuevo informe, el futuro de los empleos,publicado hoy por el Foro Económico Mundial

The Future of Jobs Employment, Skills and Workforce Strategy for the Fourth Industrial Revolution

Resumen Ejecutivo: Empleo
http://www3.weforum.org/docs/WEF_FOJ_Executive_Summary_Jobs.pdf

Resumen Ejecutivo: brecha de género
http://www3.weforum.org/docs/WEF_FOJ_Executive_Summary_GenderGap.pdf

http://www.weforum.org/reports/the-future-of-jobs

NaBUru38 enero 23, 2016 a las 17:18

A largo plazo, la desigualdad y la pobreza sólo se pueden curar con educación.

Yo digo que necesitamos más ingenieros, investigadores, médicos, maestros, etc. Es la única forma de aumentar la producción económica para abastecer a los miles de millones de personas, y la única forma de brindarles bienestar y iportunidades.

s4nt1r enero 25, 2016 a las 13:39

Me parece que en el artículo se sobrevalora el factor de la innovación como explicación/comprensión de la desigualdad en el siglo XXI, respecto al XIX. El motivo es que las innovaciones del siglo XIX tuvieron un impacto superio si cabe en el crecimiento económico de los países occidentales, que el que están teniendo actualmente. Simplemente señalar cosas como la máquina de vapor, el ferrocarril, la electricidad, las vacunas, etc, etc. Y también tuvieron su reflejo en la aparición de superricos. Y lo mismo que ahora el “laisser faire” del estado fue clave para la acumulación brutal de riqueza. Porque qué contribuye más a la riqueza de Google, Apple, Amazon, etc, sus innovaciones, o la ingeniería fiscal que les permiten los estado, de forma que apenas pagan un 1% de los beneficios que obtienen en los países. ¿Es esa creatividad fiscal un mecanismo legítimo de la desigualdad? No, simplemente es una demostración del capitalismo de amiguetes que impera en la actualidad.

Jose Pablo enero 27, 2016 a las 16:53

No tengo claro de donde sale el dato del 1% que menciona (se agradecería la fuente).

Pero lo que sí esta claro es que las “empresas” no pagan impuestos. Los impuestos que “parecería” que pagan las empresas los “pagan”, en realidad, o sus accionistas o sus clientes o sus empleados, dependiendo de las elasticidades al precio de las respectivas demandas.

Para saber “quien” paga en realidad los impuestos de Google (sean el 1 o el 35%) la reflexión es qué sucedería si ese impuesto se eliminase. Las posibilidades son muchas:
– Se mantendría el precio final y aumentarían los beneficios de los accionistas o los sueldos de los trabajadores
– Se mantendría el beneficio de los accionistas y se reduciría el beneficio final (traspasándose el 1% a los consumidores).
– Cualquier mezcla de las dos anteriores.

Cuestión de elasticidades. La “incidencia impositiva” es un arte delicioso y, muy a menudo, increíblemente descuidado.

De hecho, las dificultades para darse cuenta de quien paga realmente el impuesto de sociedades son la única razón por la que los gobiernos mantienen esa tasa.

La entrada de John H. Cochrane es larga, recomiendo ir a los primeros párrafos del apartado “taxes” sobre lo que nos ocupa.

http://johnhcochrane.blogspot.com/2015/10/economic-growth.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+TheGrumpyEconomist+%28The+Grumpy+Economist%29

O, con su clásica habilidad para el debate Friedman:

https://www.youtube.com/watch?v=YmqoCHR14n8

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