Cuñadismo estilizado (sobre la fracción del PIB que se llevan los trabajadores)

De Pau Pujolas

¡Llegan las fiestas! Uvas, champán… y su cuñado. Este 2017 ha sido fantástico para los opinólogos profesionales, y ambos sabemos que él está aprovechando los últimos días antes de la cena de Navidad para prepararse: Trump, referéndum y elecciones en Cataluña, nazis en el poder en Austria; Cristiano Ronaldo y Messi; la herencia de la abuela...  En fin, que el hermano de su esposa (¡o peor aún! ¡El marido de su hermana!) podrá ilustrarle vehementemente de las informaciones más exactas.  Más allá del hecho de que usted, querido lector, en caso de ser varón y tener un cuñado, lo es también por definición, le quería comentar que de vez en cuando el cuñado tiene razón. ¡Ya lo sé! En esos casos, la cosa es mucho menos agradable, pues no solamente le machaca la insolencia de quien lo cuenta, sino que por si fuera poco... ¡acierta!

La existencia de este ser tan propio de nuestros lares (en América del Norte tal figura no existe; ellos tienen el "Crazy Uncle" o ¨tío loco" — y claro, no está uno para morirse de ganas de darle collejas alguien de la generación de sus padres) me hace pensar en un artículo que en 1957 revolucionó la macroeconomía.  Aquel año se publicó “A Model of Economic Growth” en el Economic Journal. En él, el futuro Lord Nicholas Kaldor, establecía una serie de hechos — seis — que fijaban lo que parecían ser constantes de las economías “capitalistas desarrolladas” (sic).  Al señor Kaldor no le fue necesario mirarse muchos datos para establecer tales hechos (a fin de cuentas, la compilación sistemática de datos macroeconómicos para muchas economías capitalistas justo acababa de empezar). Con que lo gracioso del asunto es que — a pesar de unas cosillas que describo aquí debajo — en el momento en que tuvimos acceso a muchos más datos de muchas más economías capitalistas, descubrimos que el señor Nicholas tenía razón.

Tenía razón, y él lo sabía.  No le hacían falta muchos datos para descubrirlo, pues el hombre era un genio.  Prueba de tal genialidad fue que ocupó plaza de Catedrático en la Universidad de Cambridge.  Hubo quien, en algún momento, osó mostrar algún tipo de discrepancia sobre la existencia de tales “facts”.  Nicholas, quizás menos corto que perezoso, decidió que los seis facts que había descubierto no era debatibles. Estaban allí, y quedaba clarísimo.  De hecho, tal era su aversión a todos cuantos no eran capaces de verlos, que decidió que deberían ser llamados “hechos estilizados” ("stylized facts", en inglés), y la profesión le siguió la nomenclatura.  La importancia de los “Kaldor’s stylized facts” no puede ser menospreciada, pues son centrales en la macroeconomía moderna.

En mi opinión, el más relevante para una distraída comida navideña es el primero de dichos hechos estilizados.  Escribió Kaldor que la fracción de renta nacional que se iba a pagar a trabajadores mostraba “una constancia remarcable en economías capitalistas desarrolladas” (“a remarkable constancy in `developed' capitalist economies”, en inglés, con comillas en “developed” en el texto original).

Si tiene usted unos sobrinos un poco marxistas, siempre les podrá contar, entre bocado y bocado, que los trabajadores siempre se llevan al bolsillo dos tercios de PIB (a precios de factores, claro), independientemente de casi cualquier otra cosa (Prescott, 1986, y sobretodo, Gollin, 2002). El enervamiento del padre de éstos va a valer la pena, se lo garantizo.  Si, por el otro lado, tiene usted sobrinos muy pijos, les puede contar que desde la década de los 80 parece ser que — si bien muy lentamente — la cosa ha ido cambiando (Karabarbounis y Neiman, 2014).  ¡Estos capitalistas se están llevando cada vez una fracción más grande del pastel, con que a ver cuándo toman conciencia de clase! (lo de capitalistas va en serio, en las cuentas nacionales, o el dinero paga al factor trabajo, o paga al factor capital). Finalmente, si tiene usted la suerte de tener sobrinos que estudian el grado de Económicas (o incluso mejor ¡de ADE!) en la Pompeu Fabra (o hasta cierto punto, en la Carlos III) les puede contar que, de hecho, la fracción nunca fue constante, puesto que los productos de propiedad intelectual no entraban en el cómputo del capital. Al hacerlo, hemos visto que la fracción a bolsillos de trabajadores ha caído en el tiempo (Koh, Santaeulalia-Llopis y Zheng, 2016). ¿Y por qué debiera usted regocijarse de tal descubrimiento, sobretodo, si los hijos de su cuñado estudian en la Pompeu Fabra? Pues porque quien lo ha descubierto no es otro que Raul Santaeulalia-Llopis (y coautores), profesor de Economía… en la Universidad Autónoma de Barcelona.

No sería bueno, no obstante, descartar ninguno de los otros hechos estilizados que nos regaló Kaldor, pues todos ellos bien pudieran alegrar la fiesta a los miembros de la familia que vienen a disfrutar del conocimiento ajeno. Como verá el lector, están todos interrelacionados entre sí, lo cual siempre es bueno para poder meter más leña al fuego.  En el segundo, Lord Kaldor establece que la cantidad de capital por trabajador sube a una tasa contante. De forma parecida, el tercero dice que la cantidad de PIB por trabajador también sube de forma constante — y el cuarto que al ser el stock de capital por PIB constante, ambas series, capital y PIB, tienen que crecer a la misma velocidad.  Por si se diera que su cuñado es también de los que vienen a leer Nada Es Gratis, y el hombre le saca una de estas, permítame decirle que hoy en día aparecen voces discordantes, que anuncian que esto del PIB por trabajador ya no sube como antaño.  Y si usted es el primero, no deje que tales detalles le hagan perder en la discusión delante del suegro. Siempre puede rebatir con que en los 70 (una década de poco crecimiento en USA) ya parecía que esto de un crecimiento del PIB por trabajador más o menos constante iba a desaparecer — es lo que tiene el crecimiento a largo plazo, que fijarse en exceso en periodos pequeños bien podría estar nublándonos la vista. O que al medirlo en personas en edad de trabajar (en vez de trabajadores), tal desaceleración es menos clara. Finalmente, en los dos últimos se argumenta que el retorno al capital es constante en el tiempo, y los que se acababan llevando las ganancias del crecimiento económico no son sino los trabajadores en forma de mayores salarios. Como lo ha leído, querido lector: si tiene un cuñado más o menos progre, tiene usted todo el derecho (y se mi apura, la obligación) de hacérselo saber durante este periodo navideño. ¡Felices fiestas!

Disclaimer: Quien les escribe estas líneas ha estudiado la Licenciatura de Economía en la Pompeu Fabra — está muy orgulloso de ello, y agradecido con quienes allá le ensenaron.  Y el Doctorado en la Autónoma de Barcelona, donde orgullo y agradecimiento es igual de grande.  No tengo el placer de conocer a Raul, más que por su interesantísimo trabajo, pues llegó a la UAB de profe después de que yo me fuera como estudiante.  Lo de la rivalidad entre la UPF y la UAB en cosas de Economía es una cuestión de ficción literaria que pensé quedaba bien dentro del texto. La única cosa que sé que hay entre ambas instituciones es la magnífica Barcelona Graduate School of Economics.  Para terminar, si algún cuñado se ofendió con este texto, quisiera pedirle disculpas y desearle una feliz Navidad.

Bibliografia

Gollin, D. (2002) “Getting Income Shares Right,” Journal of Political Economy, 110(2), 458-474.

Kaldor, N. (1957) “A Model of Economic Growth,” Economic Journal, 67(268), 591-624.

Karabarbounis, L. and Neiman, B. (2014) “The Global Decline of the Labor Share,” Quarterly Journal of Economics, 129(1), 61-103.

Koh, D., Santaeulalia-Llopis, R., and Zheng, Y. (2016) “Labor Share Decline and Intellectual Property Products Capital,” Unpublished manuscript.

Prescott, E. C. (1986), “Theory Ahead of Business-Cycle Measurement,” Federal Reserve Bank of Minneapolis Quarterly Review, 10(4), 9-22.

Pedro Rey Biel

Doctor en Economía por University College London (2005). Actualmente es Investigador Ramón y Cajal del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universitat Autònoma de Barcelona. Profesor afiliado de la Barcelona GSE y Research Fellow de MOVE.

Sus campos de Investigación son: economía del comportamiento y economía experimental, diseño de instituciones, incentivos, Economía de la Salud.

Hay 1 comentarios
  • Depende de lo larga que sea la comida en cuestión, si se le acaban los Kaldor facts y sus sobrinos, independientemente de su orientación política, son curiosos, puede querer mencionar que hay (palabra mágica) heterogeneidad entre sectores. Luis Díez-Catalán nos cuenta aquí (https://luisdiezcatalan.weebly.com/uploads/5/3/7/1/53712927/luis_diezcatalan_jmp_dec11.pdf) que en el sector servicios y (casi todos) sus subsectores la cosa (cosa==labor share) tiene la tendencia opuesta y ha estado creciendo desde los 80. Así sí que va a quedar bien con todos en la mesa.

Los comentarios están cerrados.