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Capital humano y salarios en España… pero en el siglo XVIII

Por Begoña Álvarez y Fernando Ramos-Palencia

Goya (1801-1805), Los Ideales de la Ilustración -agricultura, ciencia, comercio e industria

En pleno siglo XXI, la importancia del capital humano en el mercado laboral es un hecho avalado por multitud de estudios empíricos. Este vínculo, sin embargo, no es tan evidente en las etapas preindustriales de nuestras sociedades. En ese mundo de escaso desarrollo tecnológico, ¿qué le aportaba a un zapatero o un labrador educarse o, en los términos actuales, mejorar sus competencias? ¿Se premiaba de alguna forma a los trabajadores con mejor nivel de formación o realmente solo importaba la fuerza física y la destreza manual?

 

Responder a esta pregunta es difícil debido a la escasez de fuentes de información que combinen datos individuales de capital humano y salarios antes del siglo XIX. Gran parte de lo que sabemos se basa en estudios sobre países del norte de Europa y, en particular, sobre el Reino Unido. En general, predomina la visión de que el nivel de cualificación profesional importaba ya que, por ejemplo, ascender de aprendiz a oficial o maestro suponía claras mejoras salariales. Sin embargo, el papel de la educación formal es más controvertido. Para algunos especialistas, saber leer o escribir no era más que un símbolo de estatus o un mero requerimiento de algunas ocupaciones, sin un efecto relevante en la productividad (aquí o aquí). Algunas investigaciones, sin embargo, sugieren que la alfabetización y las habilidades numéricas no sólo importaban en las transacciones económicas, el establecimiento de relaciones contractuales, sino que también estaban vinculadas a mejoras de productividad en la agricultura o incluso en el sector naval (aquí, aquí o aquí).

¿Qué conocemos sobre el papel del capital humano en la España preindustrial? No mucho. Sin embargo, es un aspecto importante para entender las diferencias o similitudes de nuestro país con las naciones europeas que nos dejaron atrás en el proceso de industrialización. Los primeros registros de niveles educativos para el país proceden de censos estadísticos del siglo XIX (excelentes ejemplos en entradas anteriores aquí, aquí, aquí y aquí). Pero esos registros no incluyen datos individuales de renta o salarios. Sorprendentemente, un siglo antes, disponemos de una valiosísima fuente histórica, el Catastro de Ensenada, que ofrece información sobre cómo era la sociedad castellana en ese periodo. En un reciente artículo hemos utilizado el Catastro para cuantificar el capital humano en la sociedad castellana (c. 1750) y su relación con la estructura de ingresos laborales.

A comienzos del siglo XVIII, España constituía una economía atrasada respecto a sus competidores del norte de Europa y políticamente muy debilitada tras la Guerra de Sucesión y el Tratado de Utrecht. Sin embargo, seguía conservando sus colonias americanas lo cual le confería un rango de potencia mundial. En este contexto, el Marqués de La Ensenada propuso (sin éxito) mejorar la eficiencia del régimen fiscal de la antigua Corona de Castilla sustituyendo el complejo sistema de impuestos vigente por una “única contribución” proporcional a la renta individual de cada contribuyente, incluyendo a la Iglesia y a la Nobleza, algo inaudito hasta entonces. Esto supuso registrar los ingresos y la riqueza de todos los hogares castellanos (más información aquí). Podríamos decir que el Catastro de Ensenada es la versión-siglo XVIII de los microdatos actuales del IRPF.

El Catastro es una fuente de información única en la Europa preindustrial, con un gran potencial para el análisis cuantitativo (ejemplo aquí). Su inconveniente es que requiere paciencia y minuciosidad, ya que hay que extraer manualmente los datos de los archivos microfilmados (desde aquí nuestro agradecimiento a las personas que trabajan en el SRDAE). ¿Qué hay en el Catastro de Ensenada? Contiene las denominadas Respuestas Generales que describen las características demográficas y socio-económicas de cada municipio. Pero, además, incluye las Respuestas Particulares, que son las declaraciones individuales de los/las cabeza de familia sobre su profesión, lugar de residencia, edad, estado civil, composición del hogar y todas las fuentes de ingresos (laborales y no laborales).

Nosotros utilizamos las Respuestas Particulares de 3,657 hombres, cabeza de familia que formaban parte del censo de doce localidades de las provincias de Palencia, Guadalajara y Madrid (ver el mapa). Estas localidades reflejan bastante bien las características de la sociedad y economía del norte y centro de Castilla en esa época: rural, básicamente agrícola, con bajos niveles de ingresos y un sector secundario centrado en la producción textil en el que coexistían gremios, producción doméstica y las Reales Fábricas, que abastecían a la Corona y exportaban a otros países.

                             Catastro de Ensenada, c. 1750                            Muestra utilizada

En primer lugar, cuantificamos el capital humano utilizando tres indicadores -alfabetización, habilidad numérica y cualificación profesional- … y un poco de creatividad. La alfabetización se aproxima por la capacidad de firmar o no las declaraciones del Catastro. La habilidad numérica explota la idea de que las personas con mayor dificultad para contar tienden a redondear la edad en múltiplos de 5 (age heaping). Nosotros solo observamos tendencia al redondeo en múltiplos de 10. De modo que consideramos que aquellos que reportan una edad terminada en 0 tenían, con mayor probabilidad, menor facilidad de cálculo que el resto. Finalmente, como disponemos de las ocupaciones de cada cabeza de familia, hemos podido asignar un nivel de cualificación ocupacional (no cualificado, cualificación baja, media o alta) utilizando la clasificación histórica HISCO/HISCLASS.

A mediados del siglo XVI, en pleno Siglo de Oro de la literatura española, las tasas de alfabetización masculinas (basadas en registros de firmas) en la península eran similares a las francesas o a las británicas. Dos siglos después, con una tasa de firmas de 45.5%, ya íbamos rezagados respecto a Inglaterra (64%), Alemania o Países Bajos (detalles aquí y aquí). El indicador ABCC, que estima el porcentaje de individuos que reportan su edad sin redondeos, era también menor en Castilla (75.3%) que en Reino Unido (93%) o Francia (89%). En nuestra muestra, un 72% de los trabajadores tenían ocupaciones no cualificadas o que requerían bajo nivel de cualificación. En Reino Unido, en el mismo periodo, se estima en el 59%, utilizando la misma clasificación.

El segundo objetivo fue cuantificar la relación entre el nivel y estructura de rentas laborales y los indicadores de capital humano. Para ello estimamos ecuaciones tipo Mincer, en las que controlamos por la edad (como aproximación de la experiencia) y otras variables para análisis de robustez. ¿Qué foto de la sociedad castellana del siglo XVIII obtenemos?:

1.- Las rentas laborales de los trabajadores con mejores niveles de capital humano eran, en media, más elevadas que las de trabajadores menos formados con la misma edad. El diferencial  de salario asociado a la alfabetización era el 51% y el de la habilidad numérica, 7.4%. Ascender en la cualificación profesional iba acompañado de mayores incrementos salariales: un trabajador de cualificación baja (tejedor, portero) ganaba, en media, 59% más que un no cualificado (jornalero, sirviente), y ascender al nivel medio-alto (maestro artesano, médico) aportaba un incremento medio adicional del 61%.

2.- Las diferencias salariales asociadas al capital humano eran mayores en zonas urbanas que en rurales y heterogéneas por sector de actividad (ver Gráfico 1). La habilidad numérica marcaba diferencias estadísticamente significativas en la agricultura y la alfabetización en el sector terciario, pero no en las manufacturas. Alcanzar el nivel de cualificación profesional más elevado estaba mejor remunerado en los sectores primario y terciario que en el secundario, lo cual es coherente con el bajo nivel de desarrollo tecnológico de las manufacturas castellanas (centradas principalmente en textiles bastos).

Gráfico 1. Heterogeneidad por sector de actividad

                               Panel A: Basic skills                               Panel B: Occupational skills

Nota: Los segmentos indican intervalos de confianza al 95%. Las estimaciones proceden de regresiones sobre ingresos laborales totales que incluyen como controles adicionales edad, edad cuadrado, dummies de sector de actividad y sus interacciones con el resto de variables.

3.- La diversificación de rentas laborales constituía una estrategia de subsistencia de muchos hogares, especialmente en las zonas rurales. Encontramos que los hombres con mejores indicadores de capital humano tenían una mayor probabilidad de conseguir trabajos complementarios y, además, eran los que más ganaban en estas actividades.

4.- El efecto del capital humano no era igual para los trabajadores de las colas altas y bajas de la distribución de ingresos. Los diferenciales asociados al capital humano eran, en general, crecientes a lo largo de la distribución. Este resultado sugiere que, ya en la Castilla preindustrial, el capital humano pudo haber contribuido a la desigualdad de los ingresos (y por tanto de la renta de los hogares), replicando un patrón que también se observa hoy en día.

Interpretar estas relaciones como causales es complicado debido a problemas de endogeneidad que discutimos en el artículo. Aun así, el Catastro de Ensenada permite mostrar vínculos que están escasamente documentados en periodos preindustriales y que, en nuestro caso, apoyan la idea de que, ya entonces, el capital humano introducía diferencias económicas dentro de la sociedad.