¿Bajo qué condiciones (no) funcionan los incentivos económicos para modificar el comportamiento?

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de  Pedro Rey Biel

Como se ha dicho frecuentemente en este blog (por ejemplo Manuel Bagués aquí, Antonio Cabrales aquí o Sara de la Rica aquí) los economistas pensamos que los “incentivos importan”. Los incentivos económicos se utilizan con frecuencia para estimular un comportamiento deseado por parte de la persona que los recibe. La “ley básica del comportamiento” implica que cuanto mayor sea el incentivo ofrecido mayor será el esfuerzo de quien lo recibe y mejor su resultado. En muchas empresas se pagan con frecuencia incentivos para motivar a sus empleados a alcanzar ciertos objetivos. En los últimos años, se ha popularizado el uso de incentivos fuera del entorno laboral. Pero, ¿realmente funcionan?. ¿Se debería pagar a los estudiantes por no faltar a clase, por ampliar sus hábitos de lectura o por sacar mejores notas?, ¿conseguirían los incentivos aumentar la contribución individual a ciertos bienes públicos, como la donación de sangre o la donación de órganos? ¿pueden ayudar los incentivos a inculcar hábitos saludables como el dejar de fumar o el hacer ejercicio?

Estas y otras aplicaciones del uso de los incentivos suelen provocar un intenso debate. Quienes defienden su uso en estas áreas argumentan que los incentivos simplemente refuerzan el comportamiento deseado porque añaden razones adicionales para llevar a cabo acciones que hasta cierto punto nos pueden resultar costosas. Por el contrario, sus detractores apuntan que los incentivos pueden sustituir la propia “motivación intrínseca” para esforzarse y que, por tanto, pueden tener efectos negativos. Esta sustitución puede tener especial importancia en el medio plazo, cuando quizá los incentivos económicos no puedan ya ser pagados, y el individuo puede haber perdido su motivación inicial para esforzarse.

El ofrecer un incentivo económico puede afectar al comportamiento de quien lo recibe de una manera que no anticipa por la teoría económica tradicional. La razón fundamental es que el mero hecho de ofrecerlo aporta información que puede influir en decisiones como cuánto esforzarse o cuánto contribuir a un bien público. Los incentivos contienen información sobre quien lo paga, sobre quien lo recibe, sobre lo costosa que es la tarea exigida o sobre la interpretación que otros puedan hacer de nuestras verdaderas motivaciones. Por ello, el diseño óptimo de incentivos es una cuestión compleja que debe tener en cuenta estos aspectos. En particular, la forma en que se ofrecen y la cuantía de los incentivos ofrecidos son fundamentales.

Un incentivo bajo puede enviar una señal de que el esfuerzo requerido no es muy apreciado, e incluso se puede llegar a tomar como un insulto y provocar que alguien se esfuerce aún menos de lo que lo hubiera hecho sin incentivo. Por ejemplo, en un experimento de campo realizado junto con Uri Gneezy, observamos que la tasa de respuesta a un cuestionario sobre hábitos de consumo de una cadena alimentaria se reduce a la mitad (del 7% al 3.5) cuando se ofrece un dólar por contestar, respecto a cuando no se ofrece ningún incentivo. Un incentivo excepcionalmente alto, podría indicar que la tarea que a uno le piden es más costosa de lo esperado, o incluso más peligrosa. Por ejemplo, se ha observado que cuando a los vecinos de un pueblo se les ofreció dinero por aceptar la instalación de una planta de residuos nucleares cerca de su vecindario, la oposición al proyecto creció de forma importante.

Los incentivos pueden cambiar la imagen que otros tienen de nosotros o incluso lo que nosotros pensamos de nosotros mismos. Cuando alguien que realiza actividades altruistas pasa a hacer la misma actividad como parte de un trabajo remunerado, puede ocurrir que pierda parte de su motivación, que quizá esté inducida por la generosidad pura pero quizá también por la buena imagen que proyecta sobre uno mismo y sobre los demás, y pase a esforzarse menos o a intentar beneficiarse, incluso ilícitamente, de su actividad.

En un artículo reciente junto con Uri Gneezy y Stephan Meier, revisamos la evidencia existente sobre los efectos anticipados que pueden provocar los incentivos en algunos de los ámbitos que he señalado. Gran parte de esta evidencia es obtenida de experimentos de campo e intervenciones públicas, que permiten compara, frente a un grupo de control en el que no hay intervención, qué ocurre cuando se ofrecen incentivos de distintos tipos y cuantías con qué ocurre cuando no se ofrecen incentivos. Veamos qué es lo que observamos respecto a las preguntas planteadas al principio de esta entrada:

1)       Pagar a los estudiantes puede ser efectivo si lo que se pretende es que adquieran una nueva capacidad, como aprender a leer, o cuando los alumnos tienen claro cómo su esfuerzo se traslada en un mejor resultado (ser puntual, o llevar uniforme), pero no está tan claro que sea útil cuando los alumnos desconocen hasta qué punto sus horas de estudio se trasladarán a una mejor nota. Por mucho que un estudiante entienda el mensaje de que con un incentivo tiene mayores razones para esforzarse, puede no ser suficiente si no sabe cómo mejorar sus notas para obtener el incentivo. Además, se ha observado que estudiantes de distinto género o nivel de habilidad responden de forma distinta a distintos tipos de incentivos. En todo caso, el debate sobre el uso de incentivos en este campo es importante, pues entronca en un debate más amplio sobre no sólo la posible efectividad de los incentivos, sino también sobre su interacción en contra de una forma extendida de entender la educación, como es el inculcar sentido de responsabilidad en los alumnos, independientemente de que obtengan compensaciones inmediatas por sacar mejores notas.

2)       Los incentivos económicos pueden conseguir que aumenten las donaciones de sangre. Sin embargo, esto podría provocar a la vez un “efecto selección”: aquellos que donan sangre por razones altruistas o de imagen, pueden dejar de hacerlo cuando se les paga por ello. De esta forma, los nuevos donantes serán aquellos que se mueven por razones económicas. Esto puede traer efectos adversos, apartde obvios problemas éticos en el caso de la donación de órganos, si estos individuos son realmente los que tienen menor renta, pues existe hasta cierto punto correlación positiva entre capacidad económica y salud. Por ello, los incentivos económicos pueden provocar una disminución de la calidad de la sangre donada.

3)       Por último, los incentivos económicos pueden ayudar a crear hábitos saludables. Cuando uno decide comenzar a ejercitarse, se observan sólo los costes a corto plazo de dicha decisión (el sudor, el dolor, la pérdida de tiempo libre) y no tanto sus beneficios a largo plazo (mejoras en salud, en estado anímico o en imagen). Por ello, los incentivos pueden dotar de una motivación inicial extra, que no sería necesaria en el medio plazo cuando se empiezan a observar las mejoras. Sin embargo, en ámbitos como el dejar de fumar, la adicción puede llegar a ser tan fuerte, que aunque los incentivos hayan funcionado relativamente bien en el corto plazo, han tenido poco éxito en crear ex_fumadores en el largo. No obstante, en ocasiones el corto plazo es vital si, por ejemplo, con el uso de incentivos podemos logar que las mujeres dejen de fumar durante el embarazo.

Anticipar las consecuencias de ofrecer incentivos implica por tanto comprender no sólo el efecto directo que pueden tener, el que asocia mayor pago a mayor cumplimiento con el comportamiento esperado, sino también los efectos indirectos a través del mensaje que envían.

Si se desea profundizar más:

When and Why Incentives (Don`t) Work to Modify Behavior.” Gneezy, Uri;  Meier, Stephan; Rey-Biel, Pedro. JOURNAL OF ECONOMIC PERSPECTIVES, 25(1): 191-210 (2011).

Hay 37 comentarios
  • ¡Muy interesante!

    Me recuerda a los estudios que ha publicado Dan Ariely (entre otros), en el que distinguen actividades que tienen lugar en "mercados monetarios" y actividades enmarcadas en "mercados sociales"; en las segundas ofrecer un incentivo económico es contraproducente, porque destruye el mercado social y obliga a re-plantearse la tarea en un mercado monetario (en el que el incentivo ofrecido puede no ser suficiente).

  • Los adalides del software libre suelen contar este cuentecillo debido al pedagogo progresista Alfie Kohn, que quizás sea pertinente repetir aquí:

    Un anciano llevaba diez soportando los insultos de una pandilla de niños cada vez que pasaban por su casa a la vuelta del colegio. Una tarde, después de escuchar otra tanda de burlas acerca de lo estúpido, feo y calvoque era, el viejo encontró un plan. El siguiente lunes se reunió con los niños en su jardín y les anunció que cualquiera que volviera al día siguiente y le gritara comentarios groseros recibiría un dólar. Sorprendidos y entusiasmados, el martes se presentaron incluso antes, gritando con todas sus fuerzas. Fiel a su palabra, el viejo se acercó tranquilamente y les pagó a todos. "Haced lo mismo mañana", les dijo, "y os daré veinticinco centavos por las molestias." Los niños pensaron que era un buen trato y el miércoles volvieron para burlarse de él. Al primer silbido se acercó con un rollo de monedas y otra vez pagó a sus provocadores. "A partir de ahora"-anunció-"os puedo dar sólo un centavo por hacer esto". Los niños se miraron con incredulidad. "¿Un centavo?" -repitieron con desdén. "¡Olvídanos!" Y no regresaron jamás. "
    (Alfie Kohn, "Punished by Rewards")

    • Gracias por la historia, que conocía, pero no tan bien resumida. Alfie Kohn se opone de forma firme a los incentivos en educación (los llega a llamar "sobornos"), pero en su libro echo en falta evidencia empírica. Sus argumentos teóricos y éticos son, en mi pontón sólidos, pero a veces enturbian el hecho de que en ocasiones, los incentivos sí cumplen su propósito (sin negar que puedan tener otros efectos secundarios).

  • Michael Sandel, el professor de Harvard, acaba de publican un libro que toca el tema y explora estos ejemplos desde el punto de vista moral tambien. Se llama what money can't buy: the moral limits of markets.

    • Gracias por la referencia. En la entrada he intentado limitarme a hablar de efectividad (si lo incentivos funcionan estimulando el comportamiento buscado) y de posibles efectos no buscados. Obviamente, en muchos casos el pago de incentivos puede implicar problemas éticos importantes. En todo caso, aunque de cara a su implementación es importante tener en cuenta distintos aspectos, creo que es importante no mezclarlos.

  • No creo que los incentivos a estudiantes sirvan, en general, para nada. Es algo que ya existe, de hecho: "si apruebas todo, te compro...". Estoy completamente de acuerdo con la entrada, esto bloquea la responsabilidad individual ("tienes que estudiar por que es tu obligación, lo mejor para tu futuro, esa es tu responsabilidad y nadie premia a nadie por hacer lo que tiene que hacer. Su premio es el esfuerzo de sus padres y el de los que pagan impuestos para mantener el sistema que te forma" Dicho argumento, también vale para profes). Sí se puede incentivar la excelencia, lo que vaya más allá de la obligación. Más que incentivos económicos apuesto por incentivos morales (un reconocimiento unánime de los adultos que los rodean al respecto de que lo están haciendo muy bien funciona estupendamente) y académicos (para cumplir tus objetivos y entender la Edad Media en 2ESO no tienes que leer El nombre de la Rosa, pero si lo haces voluntariamente, tienes un punto más).

  • El impacto del incentivo es muy dificil de controlar. Si tuviese que resumir, creo que los incentivos tienes tres leyes universales.

    "Lo que te incentiva hoy, no tiene por qué incentivar mañana".
    "Lo que te incentiva a ti, no tiene por qué incentivar al prójimo".
    "Dentro de una mismo grupo lo que a unos sirve de incentivo, puede desmotivar a otros".

    Antes de fijar incentivos, debe haber un plan con hitos asociados.

    • Gracias por el resumen, Ignacio. En todo caso, coincido contigo en que cuando se usan incentivos explícitos éstos deben ser claros y deben ir asociados a objetivos concretos para que tengan máxima efectividad. En tu comentario apuntas a que la heterogeneidad entre individuos pueda llevar a que un mismo incentivo sea interpretado de forma distinta por diversos individuos. Esta idea me refuerza en pensar lo importante qué es conocer cómo los mensajes enviados son interpretados por los receptores. Es decir, repitiendo otra idea importante que nos gusta a los economistas, "la información, en este caso sobre preferencias individuales, es valiosa".

  • Gracias por los comentarios. PVN, de hecho creo que los dos libros de Dan Ariely publicados en España ("Las Trampas del Deseo" y "Las Ventajas del Deseo") pueden ser de interés para quién quiera profundizar sobre experimentos con incentivos, aunque algunos de ellos están hechos más desde la perspectiva de la psicología que de la economía. Felipe, la pregunta de si los incentivos dados a estudiantes "sirven o no" es una pregunta empírica, que precisamente debe ser estudiada con datos de forma cuidadosa para no confundirla con otras motivaciones para usarlos o no (si crean otros problemas, si van en contra del objetivo de la educación, razones éticas.... En este sentido, John List y otros coautores están realizando experimentos muy interesantes en escuelas americanas en las que varían a quién se da el incentivo (alumnos, padres o profesores), qué tipo de incentivo se da y en qué cuantía.

    • Muchas gracias por la recomendación de lectura. He estado leyendo un artículo sobre sus experimentos en Chicago y es realmente interesante. Me ha llegado sobre todo su conclusión de que en noveno grado ya era demasiado tarde, o demasiado caro, incluso con incentivos. Acaba actuando en educación infantil, con resultados asombrosos, y, probablemente, esa sería una importante lección a aplicar también aquí. De todos modos, también es cierto que es un experimento inacabado: hace falta tiempo para observar la evolución de esos niños en la adolescencia, aunque parece bien encaminado.
      Lo que sigo sin ver es el trabajo de Fryer. No dudo que pagar por "good behavior, regular attendance, homework completion", produzca resultados a corto plazo, y me parece lógico que sea superior al pago por resultados (atacas la raíz del problema, no la apariencia externa), pero me crea problemas éticos serios. Qué pasa con los chicos que hagan esto sin necesidad de incentivos? Qué sienten? Si nos quedamos sin filántropos privados que donen millones de dólares a la comunidad para tal fin, tenemos alumnos que han adquirido buenos comportamientos y los matienen o una vez desincentivados desaparecen? No sé, creo que es mejor buscar motivaciones no tan relacionadas con lo material y más estables, aunque reconozco que la simple lectura de dos artículos ha hecho que me entren muchas dudas sobre mi punto de vista inicial.

      • Me alegro que las referencias te hayan sido útiles. Es importante tener en cuenta que, al menos de momento, muchas de estas iniciativas se encuentran en fase experimental, y que de lo que se trata es de estudiar los posibles efectos, como tu dices, no sólo a corto plazo. Una vez se tenga evidencia más sólida, el plantearse la aplicación a políticas es una cuestión aún más compleja.

  • Pedro,
    Gracias por la entrada. Por cierto, el tema de los incentivos es central a todas las ciencias sociales, no solo economía. En el caso de economía, aunque la investigación de los últimos 40 años ha enfatizado los incentivos, se debe recordar que el análisis neoclásico está basado en una idea del comportamiento humano que destaca la respuesta del individuo a los beneficios y los costos de sus decisiones. Dejando de lado cuan fino cada individuo hila para tomar en cuenta beneficios y costos, se presume que cuánto mayor es el beneficio neto de costos, mayor es el incentivo a hacer algo (en Econ 101, comprar manzanas si uno es consumidor o venderlas si es productor). Esa relación directa incluye tanto incentivos positivos (compensación para hacer algo) como incentivos negativos (castigo si haces algo). La extensión del análisis neoclásico a una variedad grande de interacciones sociales (no solo la compra-venta de bienes y servicios) ha llevado a una extensión paralela del énfasis en incentivos (por ejemplo, el análisis económico del derecho está plagado de incentivos positivos y negativos).

    Por supuesto, tanto la revisión de aquella idea básica del comportamiento como la extensión del análisis a interacciones sociales basadas en el “poder“ de una de las partes tienen consecuencias para el análisis de los incentivos (sobre lo primero ver trabajos de Emir Kamenica y sobre lo segundo ver Ruth Grant, Strings Attached, 2011). La investigación de esas consecuencias recién está comenzando pero no he sabido de ningún trabajo que proponga una síntesis.

  • Buenas tardes,
    En un trabajo reciente J. Roemer afirma: "In the last thirty or forty years, the economic theorist's view of the market has changed, from being an institution which is primarily a coordination function to one that is primarily harnessing incentives". Entre otras cosas, en ese cambio se encuentra, dice Roemer, el origen del incremento de las desigualdades durante este periodo.
    Recientemente un informe de un grupo de expertos en admin. y gestión de empresas reclamaba "pagar no más de lo que vale" la gestión de los altos ejecutivos (http://www.igopp.org/igopp-calls-for-executive.html), y este tema precisamente fue muy discutido la semana pasada en la prensa española a cuenta de los sueldos e indemnizaciones de los ejecutivos del sector financiero en España. ¿Crees que a veces lo incentivos pueden provocar hábitos poco saludables? ¿Conoces algún trabajo donde se relacionen incentivos y desigualdad (dentro de una empresa, sector...)?
    Saludos,
    Borja

    • Gracias por tu comentario, BorjaBarra. A raiz de lo que dices se me ocurren dos apuntes. El primero es que lo que llamo "incentivos económicos" no tienen por qué ser necesariamente dinero, sino cualquier cosa que provoque una motivación adicional para llevar a cabo una acción. El segundo, y precisamente por ello, es que la misma igualdad puede ser un incentivo económico. En un artículo teórico mio, que te enlazo, discuto cómo los trabajadores de una empresa a los que les importa la igualdad (derivan malestar de que unos ganen o se esfuercen más que otros) pueden ser explotados por quien diseña sus contratos. El que las motivaciones de los trabajadores sean dobles (sueldo e igualdad) da dos instrumentos al contratador: quizá puede utilizar menos de uno (menor sueldo) a cambio de dar más del otro (mayor igualdad). La forma óptima de hacer ésto es amenazando con crear grandes desigualdades si algún trabajador no hace un esfuerzo requerido. Esa desigualdad fuera de equilibrio se puede crear o prometiendo premiar mucho al que se esfuerce más que los demás (promociones...que en equilibrio no se pagan porque todos se esfuerzan), o castigando a todos cuando alguno se esfuerza menos (incentivos de equipo). El que se usen más torneos o equipos puede depender de qué sentimiento por la igualdad sea más fuerte: la envidia o el altruismo.
      Obviamente, mi estudio de estas cuestiones tiene un enfoque positivo, pues no estoy preparado para hacer juicios normativos.
      Aquí tienes el enlace:

      http://pareto.uab.es/prey/IATIPUB.pdf

  • En casa teníamos un sistema de incentivos primitivo.

    Si en Dieciembre, Semana Santa y Junio, sacábamos notable o más de media elegíamos --de entre los sitios disponibles en el círculo de la familia-- dónde trabajar durante vacaciones. Si alguien sacaba menos pero aprobaba perdía la vez, elegían después de los mejores.
    Si alguno suspendía decidía mi padre y se lo llevaba a la obra. Las niñas que suspendían iban a la cocina de casa y la plancha del taller de ropa. Otros tiempos. Las niñas no cargaban sacos de 50 kgs o cajas de 30.

    No sé por qué a mi lo de la obra me horrorizaba y prefería ir la embotadora de sardinas y bonito. Esto siempre me estimuló muchísimo.
    La competencia es un gran estímulo pero creo que el mejor de todos es la sensación de tener éxito en lo que has hecho. Estas dos mueven montañas y no son dinerarias. El reconocimiento y las consecuencias de tus actos.

    • Gracias por la historia, Manu Oquendo. Obviamente tanto el palo como la zanahoria pueden funcionar, dependiendo de a qué tipo de incentivo uno responda mejor. Insisto en que los incentivos no tienen por qué ser siempre "dinerarios", sino que simplemente deben englobar todo aquello que nos motive. Otro tema es si deben usarse o si tienen efectos no anticipados, que es lo que he intentado explicar en mi artículo.

  • me interesa la economía de la conducta y desde hace 2 años he leído algo sobre el tema. Sé que algunos de ellos defienden una especie de 'paternalismo económico' para forzar a los agentes a que se conduzca de una forma que ellos mismos no son capaces de implementar: prohibiciones e incentivos son algunas de las formas de aplicarlo. Creo que en general es gente asociada a Kahneman estilo Camerer, Loewenstein, Thaler, etc.
    Existen aquí varios problemas que varios de vosotros habéis apuntado ya, uno es moral: existen gentes libertarias que se oponen porque supone una intromisión en la esfera de decisión del individuo y otros, de la otra acera, que atacan los incentivos porque suponen la promoción de motivos egoístas. Y existe prueba empírica de esto último: Bowles 2008, en la revista Science, vol. 320, nº 5883. (disponible online: Policies Designed for Self-Interested Citizens May Undermine "The Moral Sentiments": Evidence from Economic Experiments). Describe un experimento en el que en una guardería existen padres que llegan tarde a buscar a sus hijos, por lo que se diseña un incentivo (una multa al que llegue tarde). Entonces la cifra de padres incumplidores se incrementa... seguramente por que entonces tienes la excusa del dinero que pagas para ir tarde a recoger a los niños. No sé si es por la vergüenza, por el sentimiento de culpa... pero siempre me ha dado que pensar y no consigo una conclusión que me satisfaga. ¿Con qué se relaciona el dinero en ese caso?

    • Gracias por tu interés en la economía del comportamiento, abilio. Entender las complejas motivaciones que nos llevan a tomar unas decisiones y no otras, es clave a la hora de diseñar políticas y, como todo, ese conocimiento puede llevar a abusos. pero cuidado, pues los individuos son también capaces de "leer" cuando se les está intentando llevar por un camino a base de incentivos, y pueden reaccionar de la forma contraria. Sobre el hecho de que las intenciones detrás de los incentivos son importantes, puedes leer los trabajos teóricos y experimentales de Martin Dufwenberg (http://www.u.arizona.edu/~martind1/ ). Respecto al trabajo de las guarderías que citas, el trabajo original es de mi coautor Uri Gneezy y de Aldo Rustichini. En su mismo título "A Fine is a Price" puedes encontrar la explicación más probable: dado que la multa por llegar tarde no era muy elevada, los padres interpretaban que el coste de su acción no era excesivo para el colegio, por lo que los que ya llegaban tarde, lo hacián aún más tarde y muchos de los que eran puntuales dejaron de serlo. Además, una vez se dejó de poner una multa, no se volvió a la situación inicial pues el mensaje, que no estaba tan mal llegar tarde, ya había sido enviado. Puedes encontrar esta publicación aquí:

      http://rady.ucsd.edu/faculty/directory/gneezy/docs/fine.pdf

  • Buen artículo
    Creo que la mayoría de las actitudes vitales, la creatividad o la "forma" futura en que operarán los incentivos se deciden en una época del desarrollo mental donde no operan los incentivos económicos, en la infancia, donde priman los aspectos emocionales, y en particular los "modelos", que definirán cómo se va a sustentar la forma del "reconocimiento" (en el sentido hegeliano)
    De hecho son la adscripción a modelos vitales económicamente orientados lo que hará más sensibles a las personas a incentivos de ese tipo, y eso cambia mucho entre sociedades

    Existe la "leyenda" de que la creatividad se promueve con incentivos económicos, como si se pudiese "incentivar" un Mozart o Einstein, eso en cualquier grado

    Los sistemas sociales pueden proporcionar el "lenguaje" en que se expresa la creatividad y aprovechan, en mayor o menor grado, la que existe, con fines económicos, pero los incentivos no la pueden crear. Hay sociedades cuyos creadores más destacados son artistas o juegan al fútbol como los ángeles, y otras que inventan artefactos o desarrollan las ciencias, de ahí la gran inercia socio-económica de las sociedades

    Por otro lado desde la Ilustración las formas del "reconocimiento" ahondan en el aspecto "cuantitativo", de tal forma que es el número lo que importa, y no la forma en que se ha conseguido

    Los Médicis usaban su fortuna para sus exquisitos palacios y obras de arte, disfrutaban el lado sensual de la vida y se hicieron inmortales, los nuevos magnates sólo "viven" para los números, a El Magnífico les parecerían pobres

    • Gracias por tu comentario. En el artículo no he tratado el tema de cómo incentivar a individuos que ya son excepcionales, sino de los efectos no anticipados que puede tener el incentivar a individuos medios. En todo caso, tu comentario sobre los Mèdicis, me sugiere que precisamente su labor consistía en proveer a los artistas de unos incentivos (estabilidad económica, apreciación de su trabajo) para estimularles a crear.

  • Esto es la misma historia de siempre: ¿qué es mejor: repartir peces o enseñar a pescar? Lo de dar incentivos en el fondo es una forma de ingeniera social, sobre la cual soy bastante escéptico. Quizás es mejor enseñar a las personas a producir sus propios incentivos. Es una idea difícil de desarrollar, pero intuitivamente diría que tiene sentido.

    • Ernest,
      Desde el nacimiento hasta los 20-25 años el desarrollo de la personalidad de cada individuo incluye la motivación en general y los incentivos en particular. Hablar de incentivos supone la coexistencia --esto es, dos o más personas que pueden interactuar-- y a su vez la coexistencia implica que unos pueden influir (en un sentido amplio de la palabra) sobre la conducta de los otros. Esa influencia se puede intentar de diversas maneras, y hablamos de incentivos cuando usamos compensaciones ( premios) para que otros hagan algo y castigos para que otros no hagan algo. Dadas las limitaciones de la prédica y los costos del uso de la fuerza, los incentivos aparecen como la mejor alternativa en muchos casos --el asunto es determinar esos casos y la complementariedad con los otros medios.

  • Estadística para la anécdota

    Este año la consejeria de educación de la CCAA de Madrid ha repartido entre los centros de secundarias estadísticas con los porcentajes de aprobados en Selectividad en diferentes tipos de colegios comparados con el propio.

    Una de las estadísticas que más me llamó la atención y que bien pudiera estar relacionada con el tema del artículo fue; mientras que los institutos privados obtienen 3 o 4 puntos por encima de los públicos en la mayoría de las materias, tienen resultados mucho peores que los públicos en materias artísticas como música (que para selectividad es básicamente análisis de audiciones), dibujo y alguna más que no recuerdo.

    Existen muchas interpretaciones posibles. Por ejemplo que en la privada exista una probabilidad de un profesor de una materia que no le es propia.

    Pero existe otra posibilidad evidente;

    Que las materias artísticas son especialmente vocacionales y por tanto, la ausencia de incentivos derivados de la competencia laboral son innecesarios.

    El artista viene motivado "de fábrica"

  • Para Pedro Rey.

    En uno de tus comentarios usas la expresión "economía del comportamiento". Un acierto que nos lleva a páginas que los interesados en la "oikonomia" disfrutarán a pesar de su aparente lejanía de los derroteros actuales de la profesión.

    Se trata de "El Reino y la Gloria" de Giorgio Agamben. 1942. Agamben es profesor de filosofía en Verona y fue el traductor italiano de Walter Benjamin.
    Mientras que Alemania parece haberse descapitalizado un tanto nuestros vecinos italianos siguen manteniendo un nivel en humanidades que los convierten en indiscutibles líderes mundiales. Nuestro vínculo con las raíces.

    "Oikos" no es la casa unifamiliar moderna sino el complejo conjunto de relaciones que van desde el "despotès" de la gestión de la hacienda agrícola a las paternas (padres hijos) y las "gáminas" entre los esposos. Es esencialmente un paradigma de gestión.
    Para Aristóteles es más un "modo de ser" que una ciencia.
    Es "la ordenada disposición de los asuntos hacia un fin" en expresión de Jenofonte que nos lleva a la disciplina que con más profundidad recoge esta acepción desde hasta el siglo VI: Las disputas teológicas que en torno a la Trinidad llenan la Patrística durante 4 siglos y que siguen siendo muy actuales. (De ellas el Episkopos Epis-Kepsis --Control)

    El significado perdido de las palabras es tremendo y muchas veces nos obliga a reinventar la rueda a causa de un olvido que, a fuer de reiterativo, parece buscado por el sistema cultural.

    Un saludo y enhorabuena.

    • Gracias por el comentario. Creo que "economía del comportamiento" es la traducción má sapropiada de "behavioral economics".

  • Recomiendo al efecto un buen libro que estoy leyendo donde publican estudios y casos sobre la inutilidad de los incentivos en cierto volumen y dependiendo del trabajo a recompensar:
    Las Ventajas del deseo. Autor: Dan Airely
    @manpalomares

  • Garcias, AMnolo. Estoy de acuerdo en que los libros de Dan Ariely pueden ser interesantes para estudiar estos temas. Otros autores interesantes pueden ser Dick Thaler ("Nudge"), John List, Steve Levitt ("Freakonomics") o Rachel Kranton ("The Economics of Identity").

  • Como filóloga y historiadora aficionada no puedo menos de sorprenderme por la amplitud de conocimientos que se pueden ver en este blog.
    Que alguien cite a estas alturas a los padres de la Iglesia en sus disputas acerca de la economía del misterio y el misterio de la economía en su versión griega tan relevante en una visión generalista y trascendente del mundo es señal de que no todo se ha perdido y de que hay gente capaz de ver en la historia una línea continua en vez de una serie de eventos mal o dudosamente concatenados.

  • Estimado Pedro, no creo que se trate de "los mejores" sino de opciones vitales que incluso en un mundo hipereconomizado com el nuestro (loor al mercado) hay personas que adoptan. Me da la impresión de que a veces hay que quitarse las gafas de economista un rato, la Teoría Economía moderna no lo puede explicar TODO, y menos aplicarse sin más en tiempos con otras condiciones y valores. David, tu última frase sobre los Medici creo que es un ejemplo de lo que quiero decir. Lejos de pontificar, no es más que una opinión, que además me andaba dando bueltas por la cabeza desde hace unos cuantos posts. Y no me olvido de que éste es un blog de economía
    Salud

    • Pues yo voy a aprovechar el interín y la generosa generalidad en la que se ha convertido esta entrada (con la venia) para quitarme las gafas un minuto y volver a ponérmelas enseguidita. Creo que lo que olvidamos a veces es cuál es el objeto de nuestras cuitas y en qué consiste ello. El objeto es la riqueza, ¿no?, y cómo alcanzarla. Además existen restricciones morales que hemos de tener en cuenta: imaginemos un mundo en el que la esclavitud fuese muy productiva...
      La riqueza y el valor no son lo mismo. Dicen por ahí que se puede saber de qué va un economista por su teoría del valor; existe una tendencia a descontar estas cuestiones como si aquello que es valor estiviera resuelto desde hace 130 años.
      Estoy leyendo un libro magnífico que me gustaría recomendar a quien siga sintiendo cierta picazón al respecto: "Tiempo, trabajo y dominación social". Es, evidentemente, de un marxista: Moishe Postone, profesor de historia en la Universidad de Chicago. Contradice la teoría tradicional marxista del valor como tiempo de trabajo incorporado. El libro es magnífico y la traducción española muy buena.
      La actual crisis evidencia que los mecanismos de elección social que poseemos no siempre resuelven acertadamente aquello que es valor, y que la riqueza que generan se puede volver pauperismo en cuestión de meses. Y esta es también una cuestión de incentivos.

    • Gracias por tus comentarios, Ernesto. En todo caso, me preocupa la visión sesgada que creo incluyen. En primer lugar "las gafas de economista" no tienen nada que ver con pensar que los mercados (imagino que te refieres a "desregulados") lo resuelven todo. Si en algo destaca la economía del Comportamiento es en aceptar que los seres humanos nos movemos por motivaciones más amplias que las asumidas por modelos económicos más tradicionales. La teoría económica nunca ha pretendido explicar todo, sino intentar derivar conclusiones lógicas a partir de supuestos de comportamiento que se han ido ampliando y haciendo más realistas. Insisto en que con la palabra "incentivo" nos referimos a cualquier posible motivación que pueda suponer un estímulo para un determinado comportamiento.

  • Al margen del" bueltas" quizá la expresión gafas de economista no haya sido la más afortunada porque puede llevar a pensar que lo que quería decir es que solo miráis por un agujerito, dejando al margen todo lo demás. Así que lo borraría Pero, y espero no malinterpretar ¿por qué el objetivo es la riqueza? ¿ estamos predeterminados a buscar la riqueza y si no lo hacemos es porque debe haber algo que nos lo impide?. ¿desde Adán y Eva? Y el esclavismo ha sido productivo, eficiente, rentable y moralmente aceptado durante muchos siglos, muchos más de los que hemos vivido los que lo vemos como una aberración anti natura humana. Pedro, seguramente la culpa no la tenga la teoría económica. De acuerdo con lo que indicas sobre incentivo. Pero a veces no puedo evitar tener la sensación de que existe la creencia de que todo se puede explicar desde una óptica económica de tiempo presente. A veces cuando leo a alguien hablar de fallos de mercado para explicar el problema del saneamiento digamos de las ciudades (pueblos) medievales, no puedo evitar que me chirríe un poco la cosa. Pero, vamos, que no es más que eso. Simplemente que no lo veo, Y también os recomiendo un libro. The Poverty of Clio, en el que se presenta y explica mucho mejor lo que quiero decir y no sé explicarlo mejor.

  • Para los que piensen que escribir es fácil. Lo fácil es hacerlo mal. Ya "mis" pruebas y reiteraciones me remito. Las prisas no son buenas, ciertamente

  • Para que los incentivos funcionen, imagino que los beneficiados tienen que saber exactamente qué hacer para obtener el beneficio. "Si sacás buena nota te premamos" no funcionará si el beneficiado no tiene la capacidad para sacar buena nota. Premiar la dedicación, la puntualidad y actitudes tiene sentido, premiar resultados derivados no.

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